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Un sanador en Zero no Tsukaima
Fandom: Chiyu Mahou no Machigatta Tsukaikata y Zero no Tsukaima
Criado: 18/01/2026
Tags
Isekai / Fantasia PortalFantasiaAçãoAventuraDramaHumorEstudo de Personagem
El Pacto de la Rosa Curativa
El aire vibraba con una tensión casi palpable. Los estudiantes de la Academia de Magia de Tristain se apiñaban en el patio, sus murmullos como el zumbido de un enjambre de abejas. Hoy era el día del Ritual de Convocación, un evento que definiría el futuro de muchos y que, para Louise Françoise le Blanc de la Vallière, significaba la última oportunidad de demostrar su valía.
Louise, pequeña y con el cabello rosa que contrastaba con la palidez de su rostro, se mordía el labio inferior. La apodaban "Louise la Zero" por su incapacidad para realizar cualquier hechizo que no fuera una explosión ruidosa y desastrosa. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas, una mezcla de miedo y desesperación. Si fallaba en convocar a un familiar, sería expulsada de la academia y deshonraría a su noble familia.
"¡Siguiente! ¡Louise Françoise le Blanc de la Vallière!" La voz del profesor Colbert, grave y resonante, la sacó de sus pensamientos.
Con las piernas temblorosas, Louise se adelantó al círculo de invocación. El profesor Colbert le ofreció su varita. "Concéntrate, Louise. Recuerda las palabras del ritual."
Louise asintió, su mente en blanco. Miró el pergamino, las palabras grabadas en su memoria, pero el pánico amenazaba con ahogarla. Cerró los ojos, respiró hondo y, con un grito de desesperación más que de convicción, pronunció las palabras ancestrales:
"Mi siervo que existe en algún lugar de este vasto universo... ¡Mi divino, hermoso y fuerte siervo! ¡Te invoco a ti, mi familiar!"
Un estallido ensordecedor sacudió el patio. Más fuerte que cualquiera de sus explosiones anteriores, este levantó una nube de humo y polvo que cubrió a Louise por completo. Los estudiantes tosieron y retrocedieron, algunos cubriéndose los ojos. Cuando el humo comenzó a disiparse, todos contuvieron la respiración.
En el centro del círculo, donde debería haber aparecido una majestuosa bestia mágica o, al menos, alguna criatura exótica, yacía un chico. No era un familiar alado ni un espíritu elemental. Era un adolescente de aspecto perfectamente normal, tal vez de la misma edad que Louise, con el cabello azul oscuro y unos ojos del mismo color que miraban a su alrededor con una mezcla de confusión y asombro. Llevaba una camiseta blanca, unos vaqueros y unas zapatillas deportivas, ropa que nadie en Tristain había visto jamás.
"¿Eh? ¿Dónde estoy?" preguntó el chico, incorporándose y frotándose la cabeza. Su voz era normal, ni mágica ni bestial.
El silencio que siguió a su pregunta fue sepulcral. Luego, los murmullos estallaron de nuevo, esta vez con una intensidad diez veces mayor.
"¡Es un plebeyo!"
"¡Louise la Zero ha invocado a un humano!"
"¡Qué vergüenza!"
Louise se quedó boquiabierta, su rostro pasando del rojo al blanco. No podía creerlo. Había invocado a un... ¡humano! Y uno que ni siquiera parecía ser un mago. Esto era peor que cualquier explosión. Esto era una humillación pública total.
"¡Profesor Colbert!" gritó Louise, su voz aguda por la indignación. "¡Esto es un error! ¡No puede ser mi familiar!"
El profesor Colbert, con su expresión habitualmente serena, también parecía desconcertado. Se acercó al chico, quien lo miraba con curiosidad.
"Joven, ¿es usted de este mundo?" preguntó Colbert, examinando la ropa extraña del chico.
El chico parpadeó. "¿Este mundo? ¿De qué está hablando? Estaba en casa, a punto de jugar un videojuego, y de repente... ¡boom! Aquí estoy."
Colbert frunció el ceño. "Parece que ha sido convocado de otro mundo. ¿Cuál es su nombre, joven?"
"Soy Usato. Ken Usato."
Louise se llevó las manos a la cabeza. "¡Usato! ¡Un plebeyo de otro mundo! ¡Esto es inaceptable!"
Usato, que hasta ahora había estado tranquilo, se giró hacia Louise. "¿Plebeyo? ¿Y tú quién eres, enana de cabello rosa? ¿Y por qué me has traído aquí?"
La ira de Louise se encendió. "¡Soy Louise Françoise le Blanc de la Vallière! ¡Y te he convocado para que seas mi familiar, pero no eres más que un error! ¡Un inútil!"
Usato se puso de pie, su expresión volviéndose de confusión a una de ligera molestia. "Espera un segundo. ¿Familiar? ¿Me estás diciendo que me has teletransportado de mi casa para ser tu mascota o algo así?"
"¡No eres una mascota! ¡Eres mi siervo! ¡Y si no te comportas, te castigaré!" Louise levantó su varita, pero el profesor Colbert intervino.
"Louise, el ritual es inquebrantable. El familiar que se convoca es el familiar que te es asignado. Debes completar el pacto."
"¿Pacto?" Usato miró a Colbert, luego a Louise. "Esto es una locura. Quiero volver a casa."
"¡No puedes, plebeyo!" Louise replicó. "¡Ahora eres mi familiar!"
Colbert suspiró. "Louise, el ritual requiere que le des un beso a tu familiar para sellar el pacto. Es la única forma de que la magia del familiar se active y se establezca el vínculo."
Louise palideció aún más. "¿Besar a este... a este plebeyo?"
Los estudiantes comenzaron a reír. Las burlas eran crueles y punzantes. Louise se sintió al borde de las lágrimas. Pero la idea de la expulsión era aún peor.
"¡Bien!" espetó, con los dientes apretados. "¡Pero que quede claro que es solo por el ritual!"
Louise se acercó a Usato, quien la miraba con una expresión de incredulidad. Ella se puso de puntillas y, con un rápido y poco ceremonioso movimiento, presionó sus labios contra los de él. Fue un beso rápido y torpe, que duró apenas un segundo.
En el instante en que sus labios se tocaron, una explosión de energía verde brillante surgió de Usato, envolviéndolo en un aura luminosa. Los estudiantes retrocedieron, algunos gritando de asombro. La luz se intensificó por un momento, luego se desvaneció tan rápido como había aparecido, dejando a Usato de pie, aparentemente ileso, pero con una sensación extraña.
"¿Qué fue eso?" preguntó Usato, sintiendo un hormigueo inusual en sus manos.
Colbert se acercó, sus ojos brillando con un interés inusual. "Un familiar que manifiesta su elemento inherente al sellar el pacto... Interesante. Usato, ¿siente algo diferente?"
Usato cerró los ojos, concentrándose. Podía sentirlo. Una energía cálida y vibrante fluía por sus venas, diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. Era como si una parte de él que había estado dormida, ahora hubiera despertado.
"Me siento... diferente," admitió. "Como si pudiera... ¿hacer algo?"
Louise lo miró con escepticismo. "Tonterías. Eres un plebeyo. No tienes magia."
Pero Colbert no estaba de acuerdo. "La explosión de energía fue innegable. Y el color... verde. ¡La magia de curación!"
Todos los ojos se volvieron hacia Usato. La magia de curación era rara y muy valorada. Un familiar con esa habilidad sería un activo increíble.
"¿Magia de curación?" Usato levantó una ceja. "Nunca he oído hablar de eso."
"Es una rama de la magia muy especializada. Permite reparar heridas, enfermedades e incluso restaurar el vigor," explicó Colbert. "Usato, ¿podrías intentar concentrarte en esa energía verde y ver si puedes manifestarla?"
Usato asintió, aunque se sentía ridículo. Cerró los ojos de nuevo y se concentró en la sensación cálida y pulsante dentro de él. Imaginó que esa energía salía de sus manos. Lentamente, una tenue luz verde comenzó a emanar de sus palmas.
Los murmullos de los estudiantes se convirtieron en exclamaciones de asombro. Louise, por primera vez, no tuvo palabras.
"¡Impresionante!" exclamó Colbert. "Un familiar con aptitud innata para la magia de curación. Esto es una bendición para ti, Louise."
Pero Louise no lo veía así. Estaba avergonzada de haber invocado a un humano, y ahora, este humano resultaba tener una habilidad mágica que ella ni siquiera podía soñar con poseer. Su frustración hirvió.
"¡No me importa si puede curar! ¡Sigue siendo un plebeyo inútil! ¡Yo quería un dragón, un grifo! ¡No a este... a este Usato!"
Usato se cruzó de brazos, su paciencia comenzando a agotarse. "Mira, enana, no sé qué es un dragón o un grifo, pero no soy inútil. Y si me has traído aquí, lo mínimo que puedes hacer es explicarme qué demonios está pasando."
La discusión se prolongó durante varios minutos, con Louise gritando y Usato defendiéndose con una calma sorprendentemente sarcástica. Finalmente, Colbert intervino, poniendo fin al espectáculo.
"Por ahora, Usato es tu familiar, Louise. Debes asumir la responsabilidad de él. Y Usato, aunque entiendo su confusión, debe aceptar su nuevo rol. Permítame llevarlo a un lugar donde pueda descansar y donde le explicaremos todo."
Usato suspiró, sabiendo que no tenía otra opción. Louise lo miró con desprecio, pero no dijo nada más.
Mientras Usato seguía al profesor Colbert, no pudo evitar sentir una extraña mezcla de miedo y emoción. Había sido arrastrado a un mundo completamente nuevo, con magia y nobles y una chica de cabello rosa que lo odiaba. Pero también había sentido algo nuevo dentro de sí mismo, una energía que nunca supo que poseía. Quizás, este "otro mundo" no sería tan malo después de todo. Quería volver a casa, sí, pero también sentía una curiosidad latente. Después de todo, siempre había anhelado algo más que la monotonía de su vida normal.
Los días siguientes fueron una vorágine de información para Usato. Colbert le explicó sobre Halkeginia, los nobles, los plebeyos y la magia. Usato escuchó atentamente, absorbiendo cada detalle. Descubrió que los familiares eran seres místicos que juraban lealtad a un mago, obteniendo a cambio ciertos poderes y una conexión mágica con su amo. La marca de familiar, que apareció en el dorso de su mano derecha, era una serie de runas que brillaban con un tenue resplandor verde: "Sanador de la Rosa Curativa".
Louise, por otro lado, se mostraba hostil y distante. Lo trataba como a un sirviente, obligándolo a dormir en el suelo de su habitación, a lavar su ropa y a realizar tareas domésticas. Intentó usarlo para sus propios propósitos, pero Usato, a pesar de su inexperiencia, demostró ser sorprendentemente resistente. Su aptitud para la magia curativa era innegable, pero aún no sabía cómo controlarla.
Un día, mientras Usato limpiaba el establo, escuchó un alboroto. Varios estudiantes se habían reunido alrededor de la enfermería, sus rostros llenos de preocupación. Usato se acercó y vio a un estudiante herido, con una pierna rota y sangrando profusamente. Los magos curativos de la academia estaban haciendo lo que podían, pero la herida era grave y el estudiante sufría mucho.
Louise estaba allí, observando con una expresión de impotencia. Aunque lo negaba, a Usato le pareció ver una pizca de preocupación en sus ojos.
"¡No hay suficiente magia para curarlo por completo!" gritó una de las curanderas. "¡Necesitamos más tiempo!"
Usato sintió un tirón en su interior. Esa energía verde que había sentido desde el ritual comenzó a vibrar con más fuerza. Sin pensarlo dos veces, se acercó al estudiante herido.
"¡Eh, tú! ¿Qué crees que estás haciendo, plebeyo?" gritó Louise. "¡Aléjate de él!"
Pero Usato no la escuchó. Se arrodilló junto al estudiante, extendió sus manos y se concentró. La luz verde de sus palmas se intensificó, volviéndose más brillante y cálida. Colocó sus manos sobre la pierna rota del estudiante.
Una oleada de energía curativa fluyó de Usato hacia el estudiante. Los presentes observaron con la boca abierta cómo las heridas del estudiante comenzaban a cerrarse. Los huesos rotos se realinearon con un crujido apenas audible. En cuestión de minutos, la pierna del estudiante estaba completamente curada, sin cicatrices, como si nunca hubiera estado herida.
El estudiante herido, que hasta hacía poco se retorcía de dolor, se incorporó, asombrado. "¡Estoy... estoy bien! ¡La herida ha desaparecido!"
Un silencio atónito se apoderó de la multitud. Luego, una ovación estalló. Los estudiantes vitorearon a Usato, asombrados por su increíble poder.
Louise, sin embargo, lo miró con una mezcla de sorpresa y algo más. Algo que Usato no pudo descifrar. ¿Envidia? ¿Resentimiento? ¿O tal vez una pizca de respeto renuente?
Después de que la multitud se dispersó, el profesor Colbert se acercó a Usato, su rostro iluminado por una sonrisa. "¡Increíble, Usato! ¡Esa fue una curación completa! ¡Su aptitud para la magia curativa es aún mayor de lo que imaginaba!"
Usato se encogió de hombros, un poco avergonzado por la atención. "Solo hice lo que sentí que tenía que hacer."
"¡Este poder es algo que debe ser cultivado!" Colbert declaró. "¡No puede ser desperdiciado!"
En ese momento, una figura alta y musculosa se acercó a ellos. Era Rose, una de las sanadoras más temidas y respetadas del Reino de Llinger, conocida por sus métodos de entrenamiento poco ortodoxos y su temperamento explosivo. Había sido llamada a la academia para evaluar la situación del nuevo familiar de Louise.
Rose tenía el cabello castaño recogido en una coleta alta, una cicatriz en la mejilla y unos ojos que parecían ver a través del alma. Llevaba un uniforme de combate ajustado que resaltaba su físico atlético.
"Así que tú eres el plebeyo con magia curativa," dijo Rose, su voz profunda y autoritaria. Miró a Usato de arriba abajo, evaluándolo con una intensidad que hizo que Usato se sintiera un poco incómodo.
"Soy Usato," respondió, tratando de sonar seguro.
"He escuchado sobre tu desempeño," continuó Rose. "Un potencial innegable. Pero un potencial sin disciplina es inútil." Se giró hacia Colbert. "Profesor, este chico necesita un entrenamiento riguroso. Un entrenamiento que solo yo puedo darle."
Colbert asintió. "Eso mismo pensaba, Rose. Usato, Rose es la líder de la unidad de rescate del Reino de Llinger. Su experiencia en el campo de batalla y su dominio de la magia curativa son insuperables. Si aceptas, ella te entrenará."
Usato miró a Rose. Sus ojos eran fieros, pero también había una chispa de desafío en ellos que le resultaba extrañamente familiar. No parecía una persona fácil de tratar, pero algo en ella le decía que era la persona adecuada para enseñarle.
Además, la idea de unirse a un "equipo de rescate" sonaba mucho más emocionante que lavar la ropa de Louise.
"Acepto," dijo Usato, con una determinación que sorprendió incluso a sí mismo.
Rose sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos. "Bien. Mañana al amanecer, nos vemos en el campo de entrenamiento. Y te advierto, chico, mi entrenamiento no es para los débiles de corazón. Si no puedes soportarlo, te romperás."
Usato sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero también una oleada de emoción. Este era el "algo extraordinario" que había estado buscando, incluso si no lo sabía. Este era su camino, su oportunidad de ser más de lo que jamás imaginó.
Louise, que había estado observando la escena en silencio, se acercó a Usato cuando Rose se fue. Su expresión era aún más complicada.
"No creas que porque puedes curar eres especial, plebeyo," dijo, tratando de sonar despectiva, pero había una ligera vacilación en su voz. "Todavía eres mi familiar. Y yo soy tu ama."
Usato la miró, una pequeña sonrisa formándose en sus labios. "Ya veremos, enana. Ya veremos."
Sabía que su relación con Louise sería complicada, pero en ese momento, no le importaba. Su mente estaba fija en el entrenamiento, en la promesa de convertirse en algo más. El pacto con Louise lo había traído a este mundo, pero el pacto con la Rosa Curativa, con Rose, era el que lo forjaría en el sanador y luchador formidable que estaba destinado a ser. Su aventura en Halkeginia apenas había comenzado.
Louise, pequeña y con el cabello rosa que contrastaba con la palidez de su rostro, se mordía el labio inferior. La apodaban "Louise la Zero" por su incapacidad para realizar cualquier hechizo que no fuera una explosión ruidosa y desastrosa. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas, una mezcla de miedo y desesperación. Si fallaba en convocar a un familiar, sería expulsada de la academia y deshonraría a su noble familia.
"¡Siguiente! ¡Louise Françoise le Blanc de la Vallière!" La voz del profesor Colbert, grave y resonante, la sacó de sus pensamientos.
Con las piernas temblorosas, Louise se adelantó al círculo de invocación. El profesor Colbert le ofreció su varita. "Concéntrate, Louise. Recuerda las palabras del ritual."
Louise asintió, su mente en blanco. Miró el pergamino, las palabras grabadas en su memoria, pero el pánico amenazaba con ahogarla. Cerró los ojos, respiró hondo y, con un grito de desesperación más que de convicción, pronunció las palabras ancestrales:
"Mi siervo que existe en algún lugar de este vasto universo... ¡Mi divino, hermoso y fuerte siervo! ¡Te invoco a ti, mi familiar!"
Un estallido ensordecedor sacudió el patio. Más fuerte que cualquiera de sus explosiones anteriores, este levantó una nube de humo y polvo que cubrió a Louise por completo. Los estudiantes tosieron y retrocedieron, algunos cubriéndose los ojos. Cuando el humo comenzó a disiparse, todos contuvieron la respiración.
En el centro del círculo, donde debería haber aparecido una majestuosa bestia mágica o, al menos, alguna criatura exótica, yacía un chico. No era un familiar alado ni un espíritu elemental. Era un adolescente de aspecto perfectamente normal, tal vez de la misma edad que Louise, con el cabello azul oscuro y unos ojos del mismo color que miraban a su alrededor con una mezcla de confusión y asombro. Llevaba una camiseta blanca, unos vaqueros y unas zapatillas deportivas, ropa que nadie en Tristain había visto jamás.
"¿Eh? ¿Dónde estoy?" preguntó el chico, incorporándose y frotándose la cabeza. Su voz era normal, ni mágica ni bestial.
El silencio que siguió a su pregunta fue sepulcral. Luego, los murmullos estallaron de nuevo, esta vez con una intensidad diez veces mayor.
"¡Es un plebeyo!"
"¡Louise la Zero ha invocado a un humano!"
"¡Qué vergüenza!"
Louise se quedó boquiabierta, su rostro pasando del rojo al blanco. No podía creerlo. Había invocado a un... ¡humano! Y uno que ni siquiera parecía ser un mago. Esto era peor que cualquier explosión. Esto era una humillación pública total.
"¡Profesor Colbert!" gritó Louise, su voz aguda por la indignación. "¡Esto es un error! ¡No puede ser mi familiar!"
El profesor Colbert, con su expresión habitualmente serena, también parecía desconcertado. Se acercó al chico, quien lo miraba con curiosidad.
"Joven, ¿es usted de este mundo?" preguntó Colbert, examinando la ropa extraña del chico.
El chico parpadeó. "¿Este mundo? ¿De qué está hablando? Estaba en casa, a punto de jugar un videojuego, y de repente... ¡boom! Aquí estoy."
Colbert frunció el ceño. "Parece que ha sido convocado de otro mundo. ¿Cuál es su nombre, joven?"
"Soy Usato. Ken Usato."
Louise se llevó las manos a la cabeza. "¡Usato! ¡Un plebeyo de otro mundo! ¡Esto es inaceptable!"
Usato, que hasta ahora había estado tranquilo, se giró hacia Louise. "¿Plebeyo? ¿Y tú quién eres, enana de cabello rosa? ¿Y por qué me has traído aquí?"
La ira de Louise se encendió. "¡Soy Louise Françoise le Blanc de la Vallière! ¡Y te he convocado para que seas mi familiar, pero no eres más que un error! ¡Un inútil!"
Usato se puso de pie, su expresión volviéndose de confusión a una de ligera molestia. "Espera un segundo. ¿Familiar? ¿Me estás diciendo que me has teletransportado de mi casa para ser tu mascota o algo así?"
"¡No eres una mascota! ¡Eres mi siervo! ¡Y si no te comportas, te castigaré!" Louise levantó su varita, pero el profesor Colbert intervino.
"Louise, el ritual es inquebrantable. El familiar que se convoca es el familiar que te es asignado. Debes completar el pacto."
"¿Pacto?" Usato miró a Colbert, luego a Louise. "Esto es una locura. Quiero volver a casa."
"¡No puedes, plebeyo!" Louise replicó. "¡Ahora eres mi familiar!"
Colbert suspiró. "Louise, el ritual requiere que le des un beso a tu familiar para sellar el pacto. Es la única forma de que la magia del familiar se active y se establezca el vínculo."
Louise palideció aún más. "¿Besar a este... a este plebeyo?"
Los estudiantes comenzaron a reír. Las burlas eran crueles y punzantes. Louise se sintió al borde de las lágrimas. Pero la idea de la expulsión era aún peor.
"¡Bien!" espetó, con los dientes apretados. "¡Pero que quede claro que es solo por el ritual!"
Louise se acercó a Usato, quien la miraba con una expresión de incredulidad. Ella se puso de puntillas y, con un rápido y poco ceremonioso movimiento, presionó sus labios contra los de él. Fue un beso rápido y torpe, que duró apenas un segundo.
En el instante en que sus labios se tocaron, una explosión de energía verde brillante surgió de Usato, envolviéndolo en un aura luminosa. Los estudiantes retrocedieron, algunos gritando de asombro. La luz se intensificó por un momento, luego se desvaneció tan rápido como había aparecido, dejando a Usato de pie, aparentemente ileso, pero con una sensación extraña.
"¿Qué fue eso?" preguntó Usato, sintiendo un hormigueo inusual en sus manos.
Colbert se acercó, sus ojos brillando con un interés inusual. "Un familiar que manifiesta su elemento inherente al sellar el pacto... Interesante. Usato, ¿siente algo diferente?"
Usato cerró los ojos, concentrándose. Podía sentirlo. Una energía cálida y vibrante fluía por sus venas, diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado. Era como si una parte de él que había estado dormida, ahora hubiera despertado.
"Me siento... diferente," admitió. "Como si pudiera... ¿hacer algo?"
Louise lo miró con escepticismo. "Tonterías. Eres un plebeyo. No tienes magia."
Pero Colbert no estaba de acuerdo. "La explosión de energía fue innegable. Y el color... verde. ¡La magia de curación!"
Todos los ojos se volvieron hacia Usato. La magia de curación era rara y muy valorada. Un familiar con esa habilidad sería un activo increíble.
"¿Magia de curación?" Usato levantó una ceja. "Nunca he oído hablar de eso."
"Es una rama de la magia muy especializada. Permite reparar heridas, enfermedades e incluso restaurar el vigor," explicó Colbert. "Usato, ¿podrías intentar concentrarte en esa energía verde y ver si puedes manifestarla?"
Usato asintió, aunque se sentía ridículo. Cerró los ojos de nuevo y se concentró en la sensación cálida y pulsante dentro de él. Imaginó que esa energía salía de sus manos. Lentamente, una tenue luz verde comenzó a emanar de sus palmas.
Los murmullos de los estudiantes se convirtieron en exclamaciones de asombro. Louise, por primera vez, no tuvo palabras.
"¡Impresionante!" exclamó Colbert. "Un familiar con aptitud innata para la magia de curación. Esto es una bendición para ti, Louise."
Pero Louise no lo veía así. Estaba avergonzada de haber invocado a un humano, y ahora, este humano resultaba tener una habilidad mágica que ella ni siquiera podía soñar con poseer. Su frustración hirvió.
"¡No me importa si puede curar! ¡Sigue siendo un plebeyo inútil! ¡Yo quería un dragón, un grifo! ¡No a este... a este Usato!"
Usato se cruzó de brazos, su paciencia comenzando a agotarse. "Mira, enana, no sé qué es un dragón o un grifo, pero no soy inútil. Y si me has traído aquí, lo mínimo que puedes hacer es explicarme qué demonios está pasando."
La discusión se prolongó durante varios minutos, con Louise gritando y Usato defendiéndose con una calma sorprendentemente sarcástica. Finalmente, Colbert intervino, poniendo fin al espectáculo.
"Por ahora, Usato es tu familiar, Louise. Debes asumir la responsabilidad de él. Y Usato, aunque entiendo su confusión, debe aceptar su nuevo rol. Permítame llevarlo a un lugar donde pueda descansar y donde le explicaremos todo."
Usato suspiró, sabiendo que no tenía otra opción. Louise lo miró con desprecio, pero no dijo nada más.
Mientras Usato seguía al profesor Colbert, no pudo evitar sentir una extraña mezcla de miedo y emoción. Había sido arrastrado a un mundo completamente nuevo, con magia y nobles y una chica de cabello rosa que lo odiaba. Pero también había sentido algo nuevo dentro de sí mismo, una energía que nunca supo que poseía. Quizás, este "otro mundo" no sería tan malo después de todo. Quería volver a casa, sí, pero también sentía una curiosidad latente. Después de todo, siempre había anhelado algo más que la monotonía de su vida normal.
Los días siguientes fueron una vorágine de información para Usato. Colbert le explicó sobre Halkeginia, los nobles, los plebeyos y la magia. Usato escuchó atentamente, absorbiendo cada detalle. Descubrió que los familiares eran seres místicos que juraban lealtad a un mago, obteniendo a cambio ciertos poderes y una conexión mágica con su amo. La marca de familiar, que apareció en el dorso de su mano derecha, era una serie de runas que brillaban con un tenue resplandor verde: "Sanador de la Rosa Curativa".
Louise, por otro lado, se mostraba hostil y distante. Lo trataba como a un sirviente, obligándolo a dormir en el suelo de su habitación, a lavar su ropa y a realizar tareas domésticas. Intentó usarlo para sus propios propósitos, pero Usato, a pesar de su inexperiencia, demostró ser sorprendentemente resistente. Su aptitud para la magia curativa era innegable, pero aún no sabía cómo controlarla.
Un día, mientras Usato limpiaba el establo, escuchó un alboroto. Varios estudiantes se habían reunido alrededor de la enfermería, sus rostros llenos de preocupación. Usato se acercó y vio a un estudiante herido, con una pierna rota y sangrando profusamente. Los magos curativos de la academia estaban haciendo lo que podían, pero la herida era grave y el estudiante sufría mucho.
Louise estaba allí, observando con una expresión de impotencia. Aunque lo negaba, a Usato le pareció ver una pizca de preocupación en sus ojos.
"¡No hay suficiente magia para curarlo por completo!" gritó una de las curanderas. "¡Necesitamos más tiempo!"
Usato sintió un tirón en su interior. Esa energía verde que había sentido desde el ritual comenzó a vibrar con más fuerza. Sin pensarlo dos veces, se acercó al estudiante herido.
"¡Eh, tú! ¿Qué crees que estás haciendo, plebeyo?" gritó Louise. "¡Aléjate de él!"
Pero Usato no la escuchó. Se arrodilló junto al estudiante, extendió sus manos y se concentró. La luz verde de sus palmas se intensificó, volviéndose más brillante y cálida. Colocó sus manos sobre la pierna rota del estudiante.
Una oleada de energía curativa fluyó de Usato hacia el estudiante. Los presentes observaron con la boca abierta cómo las heridas del estudiante comenzaban a cerrarse. Los huesos rotos se realinearon con un crujido apenas audible. En cuestión de minutos, la pierna del estudiante estaba completamente curada, sin cicatrices, como si nunca hubiera estado herida.
El estudiante herido, que hasta hacía poco se retorcía de dolor, se incorporó, asombrado. "¡Estoy... estoy bien! ¡La herida ha desaparecido!"
Un silencio atónito se apoderó de la multitud. Luego, una ovación estalló. Los estudiantes vitorearon a Usato, asombrados por su increíble poder.
Louise, sin embargo, lo miró con una mezcla de sorpresa y algo más. Algo que Usato no pudo descifrar. ¿Envidia? ¿Resentimiento? ¿O tal vez una pizca de respeto renuente?
Después de que la multitud se dispersó, el profesor Colbert se acercó a Usato, su rostro iluminado por una sonrisa. "¡Increíble, Usato! ¡Esa fue una curación completa! ¡Su aptitud para la magia curativa es aún mayor de lo que imaginaba!"
Usato se encogió de hombros, un poco avergonzado por la atención. "Solo hice lo que sentí que tenía que hacer."
"¡Este poder es algo que debe ser cultivado!" Colbert declaró. "¡No puede ser desperdiciado!"
En ese momento, una figura alta y musculosa se acercó a ellos. Era Rose, una de las sanadoras más temidas y respetadas del Reino de Llinger, conocida por sus métodos de entrenamiento poco ortodoxos y su temperamento explosivo. Había sido llamada a la academia para evaluar la situación del nuevo familiar de Louise.
Rose tenía el cabello castaño recogido en una coleta alta, una cicatriz en la mejilla y unos ojos que parecían ver a través del alma. Llevaba un uniforme de combate ajustado que resaltaba su físico atlético.
"Así que tú eres el plebeyo con magia curativa," dijo Rose, su voz profunda y autoritaria. Miró a Usato de arriba abajo, evaluándolo con una intensidad que hizo que Usato se sintiera un poco incómodo.
"Soy Usato," respondió, tratando de sonar seguro.
"He escuchado sobre tu desempeño," continuó Rose. "Un potencial innegable. Pero un potencial sin disciplina es inútil." Se giró hacia Colbert. "Profesor, este chico necesita un entrenamiento riguroso. Un entrenamiento que solo yo puedo darle."
Colbert asintió. "Eso mismo pensaba, Rose. Usato, Rose es la líder de la unidad de rescate del Reino de Llinger. Su experiencia en el campo de batalla y su dominio de la magia curativa son insuperables. Si aceptas, ella te entrenará."
Usato miró a Rose. Sus ojos eran fieros, pero también había una chispa de desafío en ellos que le resultaba extrañamente familiar. No parecía una persona fácil de tratar, pero algo en ella le decía que era la persona adecuada para enseñarle.
Además, la idea de unirse a un "equipo de rescate" sonaba mucho más emocionante que lavar la ropa de Louise.
"Acepto," dijo Usato, con una determinación que sorprendió incluso a sí mismo.
Rose sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos. "Bien. Mañana al amanecer, nos vemos en el campo de entrenamiento. Y te advierto, chico, mi entrenamiento no es para los débiles de corazón. Si no puedes soportarlo, te romperás."
Usato sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero también una oleada de emoción. Este era el "algo extraordinario" que había estado buscando, incluso si no lo sabía. Este era su camino, su oportunidad de ser más de lo que jamás imaginó.
Louise, que había estado observando la escena en silencio, se acercó a Usato cuando Rose se fue. Su expresión era aún más complicada.
"No creas que porque puedes curar eres especial, plebeyo," dijo, tratando de sonar despectiva, pero había una ligera vacilación en su voz. "Todavía eres mi familiar. Y yo soy tu ama."
Usato la miró, una pequeña sonrisa formándose en sus labios. "Ya veremos, enana. Ya veremos."
Sabía que su relación con Louise sería complicada, pero en ese momento, no le importaba. Su mente estaba fija en el entrenamiento, en la promesa de convertirse en algo más. El pacto con Louise lo había traído a este mundo, pero el pacto con la Rosa Curativa, con Rose, era el que lo forjaría en el sanador y luchador formidable que estaba destinado a ser. Su aventura en Halkeginia apenas había comenzado.
