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Relación secreta

Fandom: Los Diarios de la Boticaria, Senran Kagura

Criado: 18/01/2026

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RomanceSombrioDramaLinguagem ExplícitaProsa RoxaHistóricoEstudo de PersonagemSilkpunk
Índice

La Dulzura Prohibida de la Orquídea

El aire de los aposentos de Lady Lihua siempre estaba impregnado de una mezcla embriagadora de incienso de sándalo y jazmín, una fragancia que a Minori, su joven dama de compañía, le resultaba a la vez fascinante y ligeramente intimidante. Aquella tarde, sin embargo, el aroma parecía más denso, más opresivo, como una niebla perfumada que prometía secretos.

Minori, con sus dieciséis años y su figura menuda envuelta en el kimono de cian claro adornado con flores de cerezo, se sentía aún más pequeña al lado de la imponente presencia de Lady Lihua. La consorte imperial, con su cabello azul oscuro que caía como una cascada de noche y sus ojos magenta que parecían ver más allá de lo evidente, era una visión de madurez y gracia inalcanzables. Su vestimenta, un suntuoso kimono de seda azul zafiro con bordados plateados que imitaban las olas del mar, realzaba la voluptuosidad de su figura, una que los rumores decían había cautivado al mismísimo Emperador.

"Minori, acércate, querida", la voz de Lady Lihua era como el susurro de la seda, suave pero firme, envolvente.

Minori obedeció, sus pequeños pies descalzos y pálidos moviéndose con una gracia innata sobre las esteras de tatami. Se acercó a la mesa baja donde Lady Lihua estaba sentada, rodeada de delicados cuencos de porcelana y una tetera humeante. La luz de las lámparas de papel proyectaba sombras danzantes sobre las paredes, creando una atmósfera íntima y casi irreal.

"¿Desea algo, mi señora?", preguntó Minori, su voz apenas un murmullo. Evitaba mirar directamente a los ojos de Lady Lihua, no por falta de respeto, sino porque la intensidad de su mirada la hacía sentir expuesta, vulnerable.

Lady Lihua sonrió, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, pero que, aun así, era increíblemente hermosa. "Solo tu compañía, por ahora. Y un poco de té. El té de loto que tanto te gusta".

Minori asintió, sintiendo un leve rubor en sus mejillas. Que Lady Lihua recordara sus gustos más triviales era algo que la sorprendía y la conmovía a partes iguales. Sirvió el té con manos temblorosas, la delicada porcelana tintineando ligeramente. Mientras lo hacía, no pudo evitar que su mirada se posara en el escote generoso de Lady Lihua, que el kimono azul no podía sino realzar. Un calor inesperado se extendió por su propio cuerpo.

"Minori", dijo Lady Lihua, su voz ahora más cercana, más personal. "Has estado conmigo por un tiempo, ¿no es así? Eres la más joven de mis damas, pero también la más diligente. Y la más... pura".

La palabra "pura" hizo que Minori se sonrojara aún más. No sabía cómo interpretar aquello. ¿Era un cumplido o una advertencia?

Lady Lihua se inclinó ligeramente, su mirada de magenta oscuro clavada en la de Minori. "Ven aquí, a mi lado".

Minori dudó un instante, pero la orden implícita en la voz de la consorte era ineludible. Se arrodilló junto a ella, el olor a sándalo y jazmín intensificándose a medida que se acercaba. Podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Lady Lihua, una calidez que contrastaba con la frescura de la noche que se colaba por las ventanas.

"Tus manos son tan suaves", murmuró Lady Lihua, tomando una de las manos pálidas de Minori entre las suyas. Sus dedos, largos y elegantes, se entrelazaron con los de Minori, enviando una corriente eléctrica por el brazo de la joven. "Como pétalos de jazmín".

Minori no supo qué decir. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas, una bandada de mariposas revoloteando en su estómago. Nunca antes una mujer la había tocado de esa manera, con tanta... delicadeza.

"Dime, Minori", continuó Lady Lihua, su voz bajando a un tono casi imperceptible. "¿Alguna vez te has preguntado sobre las cosas que no se dicen en la corte? Sobre los deseos que se ocultan detrás de las sonrisas y los velos?"

Minori tragó saliva. "No... no, mi señora. Mi deber es servirla".

Lady Lihua soltó una risa suave, casi un suspiro. "Y lo haces a la perfección. Pero hay más en la vida que el deber, pequeña flor. Mucho más. Hay placer, hay éxtasis, hay... conocimiento".

Mientras hablaba, los dedos de Lady Lihua comenzaron a trazar patrones suaves sobre la palma de Minori, luego subieron por su muñeca, rozando la piel sensible. Minori sintió un escalofrío que no era de frío.

"Tu kimono es hermoso", dijo Lady Lihua, sus ojos de magenta ahora fijos en el delicado tejido cian. Sus dedos abandonaron la mano de Minori y se dirigieron al lazo del obi que sujetaba el kimono de la joven. "Pero quizás te sea un poco restrictivo, ¿no crees?"

Antes de que Minori pudiera responder, los dedos expertos de Lady Lihua deshicieron el lazo con una facilidad sorprendente. El obi, de un rosa claro con detalles de costura, se deslizó suavemente, cayendo sobre el tatami con un suave susurro. El kimono de Minori se aflojó, revelando aún más su escote, la piel pálida de su pecho ahora más expuesta a la luz de las lámparas.

Minori sintió el aire fresco en su piel y un calor que se extendía por todo su cuerpo. Quería protestar, quería preguntar qué estaba haciendo Lady Lihua, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Estaba paralizada por una mezcla de miedo, curiosidad y una extraña excitación.

Lady Lihua no le dio tiempo a reaccionar. Sus manos se posaron suavemente sobre los hombros de Minori, y con un movimiento lento y deliberado, comenzó a deslizar el kimono hacia abajo. El tejido de seda se deslizó por sus brazos, revelando la blancura de su piel, el nacimiento de sus hombros delicados. Los ojos de Lady Lihua brillaban con una intensidad hipnotizante mientras observaba cada centímetro de piel que se descubría.

"Eres tan exquisita, Minori", susurró Lady Lihua, su voz ahora un ronroneo bajo y gutural. "Como una flor de loto que acaba de abrir sus pétalos al sol".

El kimono cayó hasta la cintura de Minori, dejando al descubierto su busto generoso, apenas cubierto por la fina tela de su ropa interior. Minori se llevó las manos al pecho en un gesto instintivo de pudor, sus mejillas ardiendo.

Lady Lihua sonrió, una sonrisa plena esta vez, una sonrisa que irradiaba confianza y deseo. "No te avergüences, pequeña orquídea. La belleza debe ser admirada".

Con una mano, Lady Lihua apartó suavemente las manos de Minori de su pecho, y con la otra, desató el último lazo que sujetaba la ropa interior de la joven. La tela cayó, revelando la plenitud de sus senos, redondos y firmes, con pezones rosados que se endurecieron ligeramente ante la mirada de Lady Lihua y el aire fresco.

Minori cerró los ojos, incapaz de soportar la intensidad de la situación. Su respiración se volvió errática, su corazón martilleaba en sus oídos.

"Abre los ojos, Minori", ordenó Lady Lihua, su voz suave pero con un matiz de autoridad que no permitía la desobediencia. "Quiero que veas lo que te hago sentir. Quiero que veas el deseo en mis ojos, y el tuyo en el reflejo".

Minori, con un esfuerzo supremo, abrió los ojos. Se encontró con la mirada de Lady Lihua, una mirada que era un abismo de deseo y fascinación. La consorte no apartaba la vista de su cuerpo, sus ojos de magenta recorriendo cada curva, cada detalle.

"Hermosa", volvió a susurrar Lady Lihua, y esta vez, su mano se elevó para acariciar uno de los senos de Minori.

El toque fue tan suave, tan inesperado, que Minori soltó un pequeño gemido. La palma de Lady Lihua era cálida y firme, y sus dedos comenzaron a rodear la base de su seno, subiendo lentamente hasta el pezón. Cuando lo alcanzó, lo frotó suavemente con el pulgar, enviando una ola de placer por todo el cuerpo de Minori.

Minori arqueó la espalda ligeramente, sus labios entreabiertos, su respiración convirtiéndose en jadeos. La sensación era abrumadora, una mezcla de placer y vergüenza que la hacía querer huir y, al mismo tiempo, desear que no terminara nunca.

Lady Lihua observó su reacción con una satisfacción evidente. Se inclinó más cerca, su aliento cálido rozando el cuello de Minori. "Te gusta, ¿verdad, pequeña flor? No tienes que fingir. Tu cuerpo te delata".

Minori no pudo negarlo. El placer era demasiado intenso, demasiado nuevo. Sus pezones se endurecieron aún más bajo el toque de Lady Lihua, y un hormigueo se extendió por su vientre.

Lady Lihua bajó su boca hasta el lóbulo de la oreja de Minori, y susurró: "Déjame enseñarte los placeres que el mundo te ha negado. Déjame abrirte los ojos a un mundo de sensaciones que jamás imaginaste".

Con esa promesa, Lady Lihua bajó su cabeza, su boca ahora buscando el seno de Minori. Sus labios se cerraron alrededor de un pezón, y comenzó a succionar suavemente, su lengua caliente lamiendo y acariciando.

Minori soltó un grito ahogado, su cuerpo convulsionando. El placer era exquisito, un fuego que se extendía desde su pecho hasta sus entrañas. Sus manos se aferraron a los hombros de Lady Lihua, sus uñas clavándose ligeramente en la seda de su kimono.

Lady Lihua continuó succionando el pezón de Minori, alternando la succión con mordiscos suaves y caricias de su lengua. Mientras lo hacía, su otra mano se aventuró más abajo, deslizándose por el vientre plano de Minori, rozando la suave piel.

El cuerpo de Minori temblaba incontrolablemente. Estaba completamente a merced de Lady Lihua, una sensación que era a la vez aterradora y embriagadora. El mundo se había reducido a las sensaciones que Lady Lihua le provocaba, el olor de su perfume, el calor de su boca, la suavidad de su piel.

"Eres tan dulce, Minori", murmuró Lady Lihua, levantando la vista por un momento, sus ojos de magenta brillando con un deseo insaciable. "Como la miel más pura".

Dejó el primer seno y se dirigió al otro, repitiendo el proceso, succionando y lamiendo con una habilidad que hacía que Minori se retorciera de placer. La joven no pudo evitarlo; sus caderas comenzaron a moverse en un ritmo involuntario, buscando más, deseando más de aquel placer desconocido.

Mientras Lady Lihua se deleitaba con sus senos, su mano libre continuó su exploración. Se deslizó entre los muslos de Minori, rozando la tela de su ropa interior que aún cubría sus partes íntimas. El roce fue suficiente para que Minori sintiera un estallido de calor entre sus piernas.

"Parece que estás ansiosa, mi pequeña orquídea", dijo Lady Lihua con una sonrisa traviesa. Sus dedos hábiles se movieron para deshacer el último trozo de tela que cubría la intimidad de Minori.

La ropa interior cayó, revelando la delicada flor de Minori, ligeramente húmeda y sonrosada. Minori cerró los ojos de nuevo, la vergüenza y la excitación luchando dentro de ella.

Pero Lady Lihua no le dio tiempo a la vergüenza. Sus dedos se posaron sobre el clítoris de Minori, y con un movimiento lento y deliberado, comenzó a acariciarlo.

El efecto fue instantáneo y devastador. Minori soltó un gemido ahogado, su cuerpo arqueándose violentamente. Nunca antes había sentido un placer tan intenso, tan concentrado. Era como un choque eléctrico que se extendía por cada fibra de su ser.

Lady Lihua continuó acariciando su clítoris, sus dedos expertos moviéndose con un ritmo constante, aumentando la presión gradualmente. Minori jadeaba, sus piernas temblaban, su mente nublada por la avalancha de sensaciones.

"Así es, pequeña flor", susurró Lady Lihua, su voz áspera de deseo. "Déjate llevar. Siente el placer. Es tuyo para tomar".

Minori no pudo resistir. Sus caderas se elevaron, buscando el contacto de los dedos de Lady Lihua. Sus manos se aferraron a la seda del kimono de la consorte, arrugándola. Sus gemidos llenaron la habitación, una melodía de placer y rendición.

Lady Lihua sonrió, una sonrisa de triunfo. Sabía que había capturado a Minori, no solo su cuerpo, sino también su alma. Con una última caricia prolongada, Minori sintió una explosión de placer que la sacudió hasta lo más profundo de su ser. Un grito ahogado escapó de sus labios mientras su cuerpo se convulsionaba en un orgasmo abrumador.

Se dejó caer sobre Lady Lihua, su cuerpo temblaba, su respiración agitada. El olor a sándalo y jazmín se mezclaba con el de su propio deseo, creando una fragancia aún más embriagadora.

Lady Lihua la sostuvo, acariciando su cabello castaño claro. "Bienvenida al mundo del placer, Minori. Esto es solo el principio".

Minori, exhausta pero eufórica, no pudo responder. Solo se aferró a Lady Lihua, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, sabiendo que su vida, su inocencia, jamás volverían a ser las mismas. La dulzura prohibida de la orquídea había florecido, y Lady Lihua la había cosechado con una maestría inigualable. El incienso de sándalo y jazmín seguía flotando en el aire, ahora con un matiz nuevo, el de una promesa silenciosa y pecaminosa.
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