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la hija del infierno en Mystic Falls

Fandom: THE VAMIPRE DIARIE, The originals

Criado: 26/02/2026

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FantasiaRomanceDramaAçãoSombrioAlmas GêmeasCenário CanônicoRealismo MágicoEstudo de PersonagemCiúmes
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El Diablo Viste de Prada, y Llega a Mystic Falls

La noche en Mystic Falls siempre había tenido un velo de misterio, una promesa de lo sobrenatural acechando en las sombras. Pero la noche en que Pamela Estrella de la Mañana y sus amigas llegaron, el velo no se levantó; se rasgó, revelando un infierno de neón y risas descaradas.

Desde el momento en que su Lamborghini Huracán Evo Spyder rugió por las calles empedradas, la ciudad entera pareció contener el aliento. No era el tipo de coche que se veía a menudo por esos lares, y mucho menos conducido por una rubia de ojos claros que brillaban con una luz propia, casi antinatural. Pamela, con su cabello dorado ondeando al viento y una sonrisa que prometía tanto travesura como destrucción, sentía la familiar vibración de la expectación.

"¿Estás segura de que este es el lugar, Pam?" Kira, la morena de mirada segura y voz autoritaria, se inclinó desde el asiento trasero, su tono una mezcla de curiosidad y un ligero escepticismo. Llevaba un vestido de seda que se movía con cada respiración, un contraste con su personalidad directa.

Pamela se encogió de hombros, el brillo rojizo de sus ojos parpadeando con una emoción contenida. "Es lo que papá dijo. Un lugar tranquilo, sin mucha interferencia sobrenatural. Quería que tuviéramos una 'experiencia universitaria normal'." Su voz se tiñó de un sarcasmo dulce y peligroso. "Como si algo en nuestra vida pudiera ser 'normal'."

A su lado, Nara, de cabello negro lacio y expresión serena, consultaba su tablet. "Los registros indican una baja concentración de actividad sobrenatural a gran escala. Mayormente vampiros y un aquelarre local de brujas. Nada que no podamos manejar." Su tono era calmado, casi aburrido, pero Pamela sabía que debajo de esa fachada tranquila se escondía una mente analítica y una fuerza letal.

Lara se rió desde el asiento trasero, su cabello claro rebotando con el movimiento. "¡Aburrido, dices! Pam, necesito un poco de drama en mi vida. ¿No podemos ir a un lugar con más... emoción?" Su sonrisa era constante, su energía contagiosa.

Prada, siempre impecable, alisó su vestido de diseñador. "Preferiría un lugar con mejores tiendas y menos polvo. ¿Segura que no hay un centro comercial de alta gama por aquí?" Su mirada era la de una modelo, observando el mundo con un aire de superioridad innata.

Mal, con su cabello oscuro y una vibra inquietante, simplemente sonrió, sus ojos fijos en la oscuridad que se cernía sobre los árboles. "Me gusta. Huele a miedo. Un miedo antiguo y olvidado." Su voz era un susurro, pero llevaba una promesa de pesadillas.

Poli, con su aspecto dulce y sus ojos grandes e inocentes, suspiró soñadoramente. "Quizás haya chicos lindos. Siempre he querido un novio vampiro. ¿Creen que muerden bonito?" Su aura de inocencia era una máscara perfecta para la manipuladora maestra de emociones que era.

Y Molí, la más sensual de todas, se estiró en su asiento, su mirada seductora ya explorando los alrededores. "No me importa dónde estemos, mientras haya alguien interesante para jugar. Y este lugar... tiene potencial." Su sonrisa provocadora era una invitación abierta, una promesa de lujuria que pocos podrían resistir.

Pamela las observó a todas, una sonrisa genuina asomando en sus labios. A pesar de sus quejas y sus peculiaridades, eran su familia, sus hermanas de pecado. "Chicas, relájense. Es un nuevo comienzo. Y si las cosas se ponen demasiado aburridas, siempre podemos incendiarlas, ¿no?"

El guiño que les dio fue la señal. Un coro de risas resonó en el Lamborghini mientras Pamela pisaba el acelerador, dirigiéndose a la mansión que su padre les había "prestado" para su estancia.

***

Mientras tanto, en la mansión Mikaelson, la atmósfera era tan tensa como siempre, pero con un matiz de curiosidad. Klaus, con su ceño fruncido habitual, sostenía una copa de sangre, sus ojos intensos fijos en un mapa de la ciudad.

"¿Sentiste eso, Elijah?" Su voz era un gruñido bajo, un preludio de su temperamento volátil.

Elijah, impecable en su traje, asintió con calma, aunque su mirada también reflejaba una intriga inusual. "Una perturbación considerable en el velo. Una energía que no se parece a nada que hayamos encontrado antes. No es magia de bruja, no es licántropo, y ciertamente no es vampírica."

Rebekah, sentada con una pierna cruzada, se abanicaba con una revista, pero sus ojos azules estaban pegados a sus hermanos. "Oh, ¿otra amenaza del fin del mundo? ¿No podemos tener una semana tranquila? Estaba planeando ir de compras."

Kol, siempre el caos personificado, sonrió, sus ojos brillando con diversión. "Quizás sea algo nuevo y emocionante, hermana. Algo que nos dé un poco de diversión. Aburrirse es un pecado, ¿sabes?"

Klaus ignoró a sus hermanos, su mente ya trabajando en escenarios. "Esta energía es... diferente. Poderosa. Y parece haberse asentado justo en el corazón de Mystic Falls." Se acercó a la ventana, observando la noche. "Quiero saber qué es, y quiero saberlo ahora."

La decisión fue rápida. Los Mikaelson, con su habitual eficiencia y falta de sutileza, se pusieron en marcha. Su plan era sencillo: localizar la fuente de la perturbación, secuestrar a quienquiera que fuera responsable y obtener respuestas. Un procedimiento estándar para la familia original.

***

Pamela y sus amigas habían estado en la mansión por apenas una hora, desempacando y discutiendo sobre qué película ver, cuando la alarma de seguridad de la mansión se disparó. No era una alarma normal; era una que solo reaccionaba a presencias sobrenaturales de alto nivel.

Kira fue la primera en reaccionar, sus ojos oscuros brillando con advertencia. "Tenemos compañía. Y no son precisamente amigables."

Molí se rió, su mirada seductora ya anticipando la diversión. "Parece que nuestra 'vida normal' no durará mucho."

Pamela suspiró dramáticamente. "Ya lo sabía. ¿Por qué siquiera lo intentamos?" Se levantó de su asiento, sus ojos claros ya teñidos de un brillo rojizo. "Muy bien, chicas. Hora de jugar."

La puerta principal de la mansión explotó hacia adentro con una fuerza tremenda, revelando a los Mikaelson. Klaus, con su aura intimidante, lideraba el grupo, sus ojos fijos en Pamela. Elijah, calmado pero alerta, observaba a las demás. Rebekah y Kol, con una mezcla de curiosidad y agresividad, escudriñaban la habitación.

"Así que, vosotras sois la fuente de la perturbación," Klaus gruñó, su voz profunda y amenazante. "No parecéis gran cosa."

Pamela se cruzó de brazos, una ceja arqueada, su sonrisa sarcástica en su lugar. "Y vosotros parecéis un montón de vampiros con un complejo de superioridad. ¿A qué debemos el placer de esta entrada tan... dramática?"

Kira dio un paso adelante, poniéndose ligeramente delante de Pamela. "Sugiero que se identifiquen antes de seguir haciendo el ridículo en nuestra propiedad."

Elijah, siempre el diplomático, dio un paso adelante. "Mi nombre es Elijah Mikaelson. Y estos son mis hermanos. Venimos en paz, pero necesitamos saber qué sois y por qué vuestra presencia ha causado tal... disrupción."

Pamela se rió, un sonido melódico pero lleno de burla. "Disrupción. Me encanta. Y en cuanto a quiénes somos... digamos que somos estudiantes de intercambio. ¿No es obvio?"

Klaus gruñó de nuevo, su paciencia ya agotándose. "No estamos para juegos, niña. Habla, o te haremos hablar."

Antes de que pudiera reaccionar, Pamela chasqueó los dedos. Las luces de la mansión parpadearon, y un momento después, los Mikaelson se encontraron inmovilizados, sus cuerpos tensos y sus expresiones de sorpresa.

"¡Qué demonios!" exclamó Rebekah, forcejeando contra la fuerza invisible que la retenía.

Pamela se acercó a Klaus, su rostro a pocos centímetros del suyo, sus ojos brillando con una intensidad roja que no dejaba lugar a dudas sobre su poder. "Mira, cariño. No me gusta que me den órdenes. Y definitivamente no me gusta que irrumpan en mi casa. Así que, ¿por qué no te tomas un momento para reflexionar sobre tus modales?"

Un escalofrío recorrió a Klaus. No era solo el poder de la chica; era algo más. Una sensación extraña, como si una parte de su propia alma reconociera algo en ella. Una conexión visceral e inexplicable.

Sin esperar una respuesta, Pamela chasqueó los dedos de nuevo. Los Mikaelson fueron liberados, pero antes de que pudieran reaccionar, una ráfaga de viento demoníaco los envolvió, lanzándolos fuera de la mansión y aterrizándolos bruscamente en el jardín.

"¡La próxima vez, tocad el timbre!" gritó Pamela desde la puerta, antes de cerrarla de un portazo.

Klaus se levantó, sacudiéndose la tierra de su ropa, su rostro una máscara de furia y confusión. "¡Esa mocosa! ¿Qué diablos era eso?"

Elijah, a pesar de la humillación, parecía más intrigado que enojado. "Un poder considerable. Y una insolencia... refrescante."

Kol se rió, frotándose el brazo. "Me gusta esta chica. Tiene estilo."

Rebekah se cruzó de brazos, una sonrisa asomando en sus labios. "Admito que ver a Klaus volar por los aires fue bastante entretenido."

***

Al día siguiente, la "normalidad" de Mystic Falls se vio aún más perturbada. Pamela y sus amigas se habían inscrito en el instituto local, causando un revuelo instantáneo. Sus atuendos modernos y provocadores, su aura de confianza y su belleza innegable las convertían en el centro de atención.

Pamela, con gafas de sol y una actitud despreocupada, se dirigía a su primera clase cuando chocó con alguien en el pasillo.

"¡Oye, ten cuidado!" exclamó una voz familiarmente arrogante.

Pamela levantó la vista y se encontró con Damon Salvatore, su sonrisa ladeada y sus ojos azules brillando con un interés depredador.

"¿Disculpa?" Pamela arqueó una ceja, sus ojos brillando con un destello rojizo apenas perceptible. "El que no miraba eras tú, guapo."

Damon se rió, su encanto vampírico en pleno efecto. "Parece que tenemos una nueva estudiante. Damon Salvatore, un placer." Extendió una mano, su mirada fija en ella.

Pamela tomó su mano, sintiendo la familiar chispa de la atracción. "Pamela. Y el placer es todo mío, por supuesto." Su sonrisa era un juego de seducción y peligro.

Justo en ese momento, Klaus apareció al final del pasillo, su mirada ya oscura por la ira al ver a Damon coqueteando con "su" nueva obsesión. La noche anterior, la conexión que había sentido con Pamela había sido innegable, perturbadora. Y ahora, verla con otro vampiro, uno tan descarado como Damon, encendió una chispa de celos posesivos que no había sentido en siglos.

"Salvatore," Klaus gruñó, su voz resonando en el pasillo. "Mantente alejado de lo que es mío."

Damon soltó la mano de Pamela, una sonrisa desafiante en su rostro. "Oh, ¿y desde cuándo esta belleza es tuya, Klaus? Creí que era una chica con libre albedrío."

Pamela se rió, disfrutando del drama. "Chicos, chicos, no hay necesidad de pelear por mí. Hay suficiente Pamela para todos... o para nadie." Miró a Klaus, una chispa de provocación en sus ojos. "Aunque admito que me gustan los hombres que saben lo que quieren."

El clima en el pasillo pareció cambiar, las luces parpadearon de nuevo, y una ráfaga de viento frío recorrió el pasillo, a pesar de que las ventanas estaban cerradas. Los ojos de Pamela brillaron con un rojo más intenso.

Klaus sintió la punzada. Esa chica. Lo sacaba de quicio, lo provocaba, y, sin embargo, no podía apartar los ojos de ella. Había algo en su caos que lo atraía, una fuerza que lo llamaba como nada lo había hecho antes.

"Tenemos que hablar," Klaus le dijo a Pamela, ignorando a Damon por completo.

Pamela se encogió de hombros con indiferencia. "Estoy ocupada. Tengo clase. Quizás más tarde, si me siento de humor." Se dio la vuelta, dejando a los dos vampiros con una mezcla de frustración y un deseo innegable.

Damon silbó. "Esa chica es un problema con patas, Klaus. Y me encanta."

Klaus lo miró con una furia silenciosa. "Aléjate de ella, Salvatore. O te juro que te arrepentirás."

***

Los días siguientes fueron un torbellino de caos y tensión. La presencia de Pamela y sus amigas había encendido un polvorín en Mystic Falls. Los vampiros se sentían incómodos con su energía, las brujas sentían un desequilibrio en la magia, y los demonios, pequeños y grandes, comenzaron a aparecer en la ciudad, atraídos por la presencia de la hija de Lucifer.

Kira, Nara, Lara, Prada, Mal, Poli y Molí se habían integrado, a su manera, en la vida escolar. Kira se convirtió en la delegada de clase, manejando las situaciones con una autoridad natural. Nara se pasaba el tiempo en la biblioteca, absorbiendo todo el conocimiento que podía, su mente analítica trabajando sin descanso. Lara se unió al equipo de animadoras, inyectando una dosis de diversión y travesura a cada práctica. Prada, por supuesto, se convirtió en la reina de la moda de la escuela, dictando tendencias con cada atuendo que usaba. Mal se deleitaba en asustar a los estudiantes más tímidos, su vibra inquietante haciendo que algunos se desmayaran. Poli, con su aspecto dulce, manipulaba a los profesores para obtener las mejores notas, siempre con una sonrisa angelical. Y Molí... Molí había puesto sus ojos en Kol Mikaelson.

La atracción entre Molí y Kol era inmediata y explosiva. Cada encuentro era un juego de coqueteo y provocación, una danza de dos almas caóticas que se reconocían en la otra.

"¿No eres un poco demasiado... intensa para un simple vampiro?" Molí le susurró a Kol en un pasillo, su mirada seductora haciendo que la sangre del original se calentara.

Kol sonrió, su mirada traviesa. "Y tú eres un poco demasiado... tentadora para un simple mortal. Qué pena que no lo sea."

Mientras tanto, Pamela y Klaus libraban su propia guerra de voluntades. Los encuentros eran frecuentes, llenos de sarcasmo, tensión sexual y el brillo rojizo de los ojos de Pamela cada vez que Klaus intentaba controlarla.

Un día, Klaus la acorraló en un aula vacía después de clase, su rostro marcado por la frustración. "Dime qué eres. ¿Qué eres que me provoca de esta manera?"

Pamela se rió, su voz baja y seductora. "Soy lo que tú quieras que sea, cariño. O lo que no quieras que sea." Se acercó a él, su aliento en su cuello. "Pero lo que sí sé es que te vuelvo loco."

Klaus sintió una punzada de deseo y furia. "Eres un problema. Un problema hermoso y peligroso."

"¿Y te gusta, no es así?" Pamela lo provocó, sus dedos rozando su mandíbula. "Te gusta el peligro. Te gusta el caos."

De repente, la atmósfera se volvió eléctrica. Los ojos de Klaus se encontraron con los de Pamela, y en ese momento, algo cambió. La tensión acumulada estalló. Él la empujó contra la pared, sus labios encontrando los suyos en un beso desesperado y salvaje.

Pamela respondió con la misma intensidad, sus manos en su cabello, su cuerpo presionándose contra el suyo. El beso era una colisión de mundos, una mezcla de ira, deseo, frustración y una conexión innegable que los consumía a ambos.

Cuando se separaron, ambos estaban sin aliento, sus ojos brillando con una emoción cruda. Los ojos de Pamela eran de un rojo intenso, y el clima exterior se había vuelto sombrío, las nubes se arremolinaban amenazadoramente.

"¿Qué fue eso?" Klaus susurró, su voz ronca.

Pamela sonrió, una sonrisa de victoria y un poco de miedo. "Eso, mi querido híbrido, fue el comienzo de nuestro propio infierno personal."

***

La noticia del beso entre Klaus y Pamela se extendió como un reguero de pólvora entre los sobrenaturales. Los Mikaelson estaban en shock. Rebekah se reía a carcajadas, disfrutando del caos que su hermano había encontrado. Elijah observaba a Pamela con una intriga aún mayor, consciente de que había algo mucho más profundo en ella de lo que parecía.

Damon Salvatore, al enterarse, solo sonrió. "Parece que el viejo Klaus finalmente encontró a su pareja. Una pareja que lo hará sufrir."

Pero la verdadera preocupación comenzó cuando los demonios empezaron a ser más audaces, las brujas sentían la magia descontrolarse, y una sensación de algo antiguo despertando se cernía sobre Mystic Falls.

Pamela, sentada en el techo de su mansión con sus amigas, observaba la ciudad, el brillo rojizo en sus ojos más constante que nunca.

"El infierno está llegando a la tierra, ¿no es así, Pam?" Kira dijo, su voz tranquila.

Pamela asintió. "Papá siempre dijo que mi presencia podría causar un poco de... desorden. Y parece que mi 'experiencia universitaria normal' va a ser todo menos normal."

Mal se rió, un sonido escalofriante. "Me gusta el desorden. Es divertido."

Molí suspiró. "Y Kol es tan... delicioso. Creo que me voy a divertir mucho con él."

Pamela sonrió, una sonrisa que prometía tanto travesura como peligro. "Prepárense, chicas. Esto apenas comienza."

En el fondo, una pregunta resonaba en la mente de todos los seres sobrenaturales de Mystic Falls: ¿Qué pasa cuando la hija de Lucifer se enamora de un híbrido original? La respuesta, estaban a punto de descubrir, sería un caos de proporciones épicas, un torbellino de pasión, poder y destrucción que cambiaría el destino de todos. Y Pamela, en el centro de todo, solo quería una cosa: vivir su vida como una chica normal, aunque el infierno tuviera otros planes para ella y su alma vinculada.
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