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boliamor

Fandom: romance

Criado: 10/03/2026

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Un Encuentro Inesperado y un Corazón Flechado

El sol de la tarde se filtraba perezosamente por el toldo de la pequeña tienda de abarrotes en el corazón de La Paz, tiñendo las estanterías repletas de coloridos productos con un brillo dorado. Nany, con su trenza oscura cuidadosamente tejida y su blusa bordada, organizaba latas de duraznos en almíbar con una diligencia habitual. Su mente, sin embargo, no estaba del todo en las frutas enlatadas. Divagaba, como solía hacerlo últimamente, hacia una figura imponente que había irrumpido en su tranquila existencia: nosotros.

Había sido hace apenas unos días. Ella estaba en el mercado, regateando el precio de unas papas, cuando lo vio. Alto, imponente, con una musculatura que parecía esculpida en ébano y una presencia que llenaba el espacio a su alrededor. Las mujeres a su paso no podían evitar girar la cabeza, susurrando y sonriendo. Era como si una oleada de feromonas, de deseo primario, se extendiera a su alrededor, arrastrando a todas a su paso. Nany no fue la excepción. Sintió un vuelco en el estómago, un calor que se extendió por su pecho y un anhelo inexplicable de conocer a ese hombre que parecía sacado de una leyenda. Él, ajeno al revuelo que causaba, se movía con una gracia natural, su piel oscura brillando bajo el sol andino.

Desde ese día, la imagen de nosotros se había anclado en su mente. Dormía con ella, soñaba con ella y, ahora, trabajaba con ella. Cada vez que escuchaba el tintineo de la campanilla de la puerta de la tienda, su corazón daba un brinco, esperando que fuera él. Sabía que era una fantasía, una quimera. ¿Por qué un hombre así, tan magnífico, se fijaría en una muchacha sencilla como ella? Pero el corazón, terco y esperanzado, no entendía de lógica.

Hoy, la esperanza se materializó. La campanilla sonó, y un escalofrío recorrió la espalda de Nany. Levantó la vista, y allí estaba. Más alto, más musculoso y más impactante de lo que recordaba. Llevaba una camisa ligera que apenas contenía la amplitud de sus hombros y unos pantalones que acentuaban sus musculosas piernas. Su piel, de un tono profundo y lustroso, contrastaba con el blanco de sus dientes cuando sonrió ligeramente al entrar. Era una sonrisa que no estaba dirigida a ella, sino al ambiente general de la tienda, pero aun así, Nany sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

"Buenas tardes", dijo nosotros, su voz era grave y resonante, como un trueno lejano, pero suave como una caricia. Se dirigió directamente al mostrador donde Nany estaba, aunque sus ojos aún no se habían posado directamente en ella. "Estoy buscando unos dulces de leche. ¿Tienen de los que son artesanales?"

Nany sintió que sus manos temblaban mientras señalaba una bandeja de dulces envueltos en papel celofán, sus mejillas se encendieron. "Sí, sí, señor. Los traemos frescos cada mañana de la señora Elena. Son los mejores de La Paz." Su voz sonó un poco más aguda de lo que pretendía, y se reprendió mentalmente. ¡Qué vergüenza!

Nosotros finalmente la miró. Sus ojos, de un color oscuro y profundo, se encontraron con los de Nany. Por un instante, el mundo se detuvo. Nany sintió como si una corriente eléctrica la atravesara. Él la observó, no con la mirada superficial de un cliente, sino con una curiosidad tranquila, casi evaluadora.

"¿De la señora Elena, dices?", repitió, una ceja ligeramente arqueada. "Entonces deben ser buenos." Cogió uno de los dulces, su dedo rozando accidentalmente el de Nany mientras lo hacía. Fue un toque fugaz, apenas perceptible, pero para Nany fue como una descarga.

"Sí, señor", balbuceó, sintiendo el rubor extenderse hasta la raíz de su cabello. "Ella los hace con la receta de su abuela. Nadie más los hace así."

Nosotros asintió, su mirada aún fija en ella. "Y tú, ¿cómo te llamas?"

La pregunta la tomó por sorpresa. No esperaba que se interesara por su nombre. "Nany, señor. Nany Quispe."

"Nany", repitió él, saboreando el nombre. "Un bonito nombre." Su sonrisa se amplió un poco, y esta vez, Nany sintió que estaba dirigida directamente a ella. "Soy nosotros."

"Mucho gusto, nosotros", dijo Nany, intentando sonar profesional, a pesar de que su corazón martilleaba en su pecho.

"El gusto es mío, Nany." Él compró varios dulces de leche y luego se detuvo un momento, como si dudara. "He notado esta tienda antes. Siempre parece tener todo lo que necesito."

"Nos esforzamos, señor", dijo Nany, aprovechando la oportunidad para prolongar la conversación. "Siempre intentamos tener productos frescos y de calidad para nuestros clientes."

"Eso se nota", dijo nosotros, y sus ojos recorrieron el pequeño establecimiento. Luego, su mirada volvió a Nany. "Eres muy atenta, Nany."

Un cumplido. Un simple cumplido, pero para Nany fue como si le hubieran entregado el sol. "Gracias, nosotros. Siempre intento hacer lo mejor."

Nosotros asintió. "Bueno, gracias por los dulces. Estoy seguro de que estarán deliciosos."

Se dio la vuelta para irse, y Nany sintió una punzada de pánico. No podía dejarlo ir así. No después de esta oportunidad. Tenía que hacer algo, cualquier cosa, para que regresara, para que la notara de verdad.

"¡Espere, nosotros!", exclamó, sin pensarlo dos veces. La voz le salió más fuerte de lo que quería.

Él se detuvo y se giró, una expresión de ligera sorpresa en su rostro. "¿Sí, Nany?"

Ella se acercó un poco al mostrador, sus manos aferradas al borde. "Yo… yo sé que es atrevido de mi parte, pero… si alguna vez necesita algo más, algo que no tengamos en la tienda, yo… yo podría ayudarle a conseguirlo. Conozco a mucha gente en el mercado, y… y soy buena para encontrar cosas." La última parte salió en un susurro, casi inaudible.

Nosotros la observó, y esta vez, su mirada era más intensa, más profunda. Había un brillo en sus ojos que Nany no pudo descifrar. ¿Diversión? ¿Curiosidad?

"¿De verdad?", preguntó él, su voz teñida de una leve diversión. "¿Estás ofreciéndote como mi… asistente personal de compras?"

Nany sintió que el calor subía de nuevo a sus mejillas. "No, no, señor. Solo… solo si necesita algo. Un favor, digamos. Yo… yo no le cobraría nada, por supuesto. Es solo… me gusta ser útil." Ella sabía que sonaba desesperada, pero no podía evitarlo. La creencia boliviana, que las mujeres deben hacer todo y el hombre nada, resonaba en su mente, pero en su caso, era un deseo sincero de servir a ese hombre que la había cautivado.

Nosotros sonrió, y esta vez, fue una sonrisa completa, que iluminó su rostro. Era una sonrisa que podía derretir el hielo de los Andes. "Eso es muy amable de tu parte, Nany. Muy amable. Te lo agradezco."

Nany sintió una oleada de alivio y una chispa de esperanza. "Entonces… ¿quizás algún día?"

"Quizás algún día", repitió nosotros, su mirada aún fija en ella. "Nunca se sabe. Gracias, Nany."

Con una última mirada que Nany interpretó como una promesa tácita, nosotros salió de la tienda. El tintineo de la campanilla esta vez no le produjo pánico, sino una sensación de euforia. Había logrado algo. Había plantado una semilla.

El resto de la tarde, Nany trabajó como en un sueño. Cada vez que la puerta se abría, esperaba que fuera él regresando. Pero él no volvió. Sin embargo, la imagen de su sonrisa, el sonido de su voz, la forma en que había repetido su nombre, se quedaron grabados en su mente.

Esa noche, mientras ayudaba a su madre a preparar la cena, Nany no pudo evitar pensar en nosotros. "Mamá", dijo, con voz suave, "hoy vino un hombre a la tienda. Era… era muy guapo."

Su madre, una mujer sabia y experimentada, la miró con una sonrisa. "Ah, ¿sí? ¿Y qué quería este hombre guapo?"

"Compró dulces de leche. Y… y me preguntó mi nombre. Y yo le ofrecí mi ayuda si alguna vez necesitaba algo."

La madre de Nany soltó una risita. "Nany, Nany. Ya te has flechado, ¿verdad?"

Nany sintió que sus mejillas se ponían rojas. "No, mamá. Solo… es muy amable y… y me pareció interesante."

"Interesante", repitió su madre, con un brillo en los ojos. "Sé lo que significa 'interesante' para ti, hija. Pero ten cuidado, Nany. Los hombres así… a veces tienen muchas mujeres alrededor."

"Lo sé, mamá", dijo Nany, con un suspiro. "Pero… sentí algo diferente con él. Como si… como si estuviera destinado a conocerlo."

Su madre se encogió de hombros, con una sonrisa resignada. "El corazón no entiende de razones, mi niña. Pero si de verdad te interesa, Nany, entonces tienes que luchar por él. Aquí en Bolivia, las mujeres somos las que hacemos todo para que el hombre se sienta cómodo y querido. Si lo quieres, demuéstrale que eres la mejor opción para él."

Las palabras de su madre resonaron en Nany. Siempre había creído en el rol de la mujer boliviana: trabajadora, dedicada, que hacía de todo para su hogar y su hombre. Pero nunca lo había sentido con tanta intensidad como ahora, con nosotros. No era una carga, sino una oportunidad, un honor. Quería demostrarle a nosotros que era capaz de hacer cualquier cosa por él, de cuidarlo, de amarlo.

Los días siguientes se convirtieron en una espera ansiosa. Cada mañana, Nany se levantaba con la esperanza de verlo. Y un día, volvió.

Esta vez, entró con una lista en la mano. "Nany", dijo, con su voz resonante que hizo vibrar el corazón de ella. "Necesito un favor. Estoy buscando unas hierbas muy específicas para una infusión. Me dijeron que tú podrías saber dónde encontrarlas."

Nany sintió un escalofrío de emoción. ¡Era su oportunidad! "Claro que sí, nosotros. Dígame cuáles son. Estoy segura de que puedo conseguirlas."

Él le entregó la lista. Nany la examinó. Eran hierbas raras, algunas solo se encontraban en mercados específicos los fines de semana. "Esto es un poco complicado, nosotros", dijo, pensativa. "Algunas de estas solo las vende una señora en el mercado de El Alto, y solo los domingos. Y otras, bueno, tendré que preguntar por ellas."

"No te preocupes si es demasiado problema, Nany", dijo nosotros, con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora. "Puedo buscar en otro sitio."

"¡No, no! ¡De ninguna manera!", exclamó Nany, con una determinación que la sorprendió a sí misma. "No es ningún problema. Al contrario, me encanta ayudar. Dígame, ¿para cuándo las necesita?"

Nosotros la miró, y Nany sintió la intensidad de su mirada de nuevo. "Si pudieras tenerlas para el próximo sábado, sería perfecto."

"Hecho", dijo Nany con una sonrisa radiante. "Para el sábado las tendrá. ¿Y dónde se las entrego?"

"No te preocupes por eso", dijo nosotros. "Vendré a la tienda el sábado por la tarde. ¿Te parece bien?"

"¡Perfecto!", exclamó Nany, apenas conteniendo su entusiasmo.

Cuando nosotros se fue, Nany sintió que flotaba. Tenía una misión, una misión para él. Ese mismo día, después del trabajo, se fue al mercado, preguntando a cada vendedor, buscando las hierbas raras. Habló con su tía, que conocía a muchas curanderas, y consiguió algunas. Al día siguiente, se tomó el día libre y viajó a El Alto, madrugando para estar allí antes de que la vendedora de hierbas raras se quedara sin existencias.

Fue un trabajo arduo, agotador, pero Nany lo hizo con una alegría que nunca antes había sentido. Cada hierba que encontraba era una pequeña victoria, un paso más para demostrarle a nosotros que era digna de su atención. Mientras envolvía cuidadosamente las hierbas en paños de tela, imaginó la expresión de su rostro cuando las viera.

El sábado llegó, y Nany estaba un manojo de nervios. Había arreglado su cabello con más esmero de lo habitual, y había elegido su mejor blusa. El corazón le martilleaba en el pecho con cada cliente que entraba.

Finalmente, a media tarde, la campanilla sonó. Y allí estaba él.

Entró con la misma presencia imponente, pero esta vez, sus ojos buscaron directamente a Nany. Había una calidez en su mirada que no había estado allí antes.

"Nany", dijo, y esta vez, su voz era más suave, más personal. "Veo que lo hiciste."

Nany le mostró el paquete de hierbas, sus manos temblorosas. "Sí, nosotros. Aquí están todas. Las conseguí todas."

Nosotros tomó el paquete y lo abrió, examinando el contenido con una expresión de aprobación. "Esto es increíble, Nany. No pensé que pudieras conseguir todas estas. Algunas son muy difíciles de encontrar."

"No fue ningún problema", dijo Nany, con una sonrisa de satisfacción. "Me gusta ayudar. Y… y me gusta encontrar cosas difíciles."

Él la miró, y esta vez, su sonrisa se extendió por todo su rostro, una sonrisa genuina que hizo que el corazón de Nany diera un salto. "Eres muy especial, Nany. De verdad. No muchas personas se tomarían tantas molestias por un desconocido."

"Usted no es un desconocido para mí, nosotros", dijo Nany, su voz apenas un susurro. La audacia de sus propias palabras la sorprendió.

Nosotros la observó, y el aire entre ellos se llenó de una tensión palpable, una electricidad silenciosa. Sus ojos oscuros penetraron los de Nany, y ella sintió como si él pudiera ver directamente en su alma.

"No", dijo él, su voz grave, "supongo que no lo soy. Gracias, Nany. De verdad. Me has salvado de un gran problema."

"No hay de qué", dijo Nany, sintiendo que sus mejillas se encendían de nuevo. "Me alegro de haber podido ayudar."

Nosotros se quedó un momento, como si quisiera decir algo más. "Sabes, Nany", comenzó, su voz un poco más baja, "necesito más hierbas para otras preparaciones. Y no solo hierbas. A veces necesito ingredientes específicos para mis recetas. Cosas que no son fáciles de encontrar. ¿Crees que podrías… seguir ayudándome con eso?"

Nany sintió una oleada de alegría tan intensa que casi se le escapó un grito. ¡Era lo que había estado esperando! "¡Claro que sí, nosotros! ¡Con todo gusto! Haré todo lo que necesite. No tiene que preocuparse por nada. Yo me encargaré de todo."

Nosotros sonrió, una sonrisa que irradiaba calidez y aprecio. "Eres un ángel, Nany. De verdad. No sé qué haría sin ti."

Nany sintió un escalofrío de placer al escuchar esas palabras. "Para eso estoy, nosotros. Para lo que necesite."

Él asintió, su mirada fija en ella. "Bueno, entonces, supongo que nos veremos pronto, ¿verdad?"

"Sí, nosotros", dijo Nany, con una sonrisa radiante. "Muy pronto."

Cuando nosotros se fue, el corazón de Nany latía con una fuerza inusitada. Había logrado su objetivo. Había establecido una conexión, un lazo. Él la necesitaba. Y ella, con todo su corazón boliviano, estaba dispuesta a hacer todo por él, a demostrarle que era la mujer que siempre había soñado. La creencia de sus ancestros, que la mujer es el pilar del hogar y el soporte del hombre, se manifestó en ella con una fuerza renovada. Nany sabía que el camino sería largo, pero estaba dispuesta a recorrerlo, paso a paso, para conquistar el corazón de ese hombre imponente que había robado su paz y llenado su vida de una esperanza dulce y poderosa.
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