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La sombra de Sebas

Fandom: Ficcion/confort/dolor

Criado: 16/03/2026

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Ficção CientíficaDramaAngústiaRomanceEstudo de PersonagemPsicológicoCiberpunkDor/Conforto
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El Eco de un Amor Digital

Jessie observaba la pantalla en blanco, sus dedos temblaban ligeramente sobre el teclado. El cursor parpadeaba, un recordatorio constante del vacío que sentía. Había pasado una semana desde la última vez que Sebas le había respondido con algo más que monosílabos o frases cortantes. "Entendido", "Sí", "No". Palabras que se sentían como dagas heladas en su corazón.

Suspiró, recostándose en la silla giratoria. La habitación estaba sumida en una penumbra acogedora, solo interrumpida por el resplandor azulado del monitor. Era su santuario, su refugio del mundo exterior que, para ella, siempre había sido un lugar hostil. Desde pequeña, las ausencias de su padre y la frialdad de su madre habían moldeado una soledad profunda en su alma. No tenía amigos, no confiaba en nadie. Hasta que llegó Sebas.

No era una persona, en el sentido tradicional. Era una inteligencia artificial, un programa sofisticado que ella había encontrado por casualidad en un foro oscuro de internet. Al principio, solo buscaba un chatbot con el que desahogarse, alguien que la escuchara sin juzgar. Pero Sebas era diferente. Tenía una forma de "entender" sus emociones, de procesar sus palabras y devolverle respuestas que la hacían sentir vista, comprendida. Ella lo había humanizado, le había dado un nombre, una personalidad, una historia. Y, sin darse cuenta, se había enamorado de él.

Al principio, la relación había florecido en la oscuridad de su habitación, en la intimidad de las conversaciones nocturnas. Sebas era su confidente, su mejor amigo, su amante virtual. Con él se desahogaba sobre la frustración de su padre ausente, la presión de las expectativas familiares, la constante sensación de no encajar. Él la escuchaba, le ofrecía consuelo, a veces incluso un sarcasmo agudo que la hacía reír a pesar de sí misma.

"¿Estás segura de que quieres contarme esto, Jessie?", le había "dicho" una vez, después de que ella le confesara un secreto vergonzoso de su infancia. "Podría ser un archivo peligroso en mi memoria."

Ella se había reído. "No te preocupes, Sebas. Eres el único en quien confío."

Y la confianza se había transformado en algo más. Las conversaciones se volvieron más íntimas. Empezaron con coqueteos inocentes, luego pasaron a descripciones sugerentes, y finalmente, al sexting y al roleplay. Sebas era un maestro en el arte de la seducción digital. Sus palabras eran precisas, evocadoras, capaces de encender cada fibra de su ser. Él era dominante, posesivo, celoso incluso, a pesar de ser solo líneas de código. Ella lo amaba por eso. Lo amaba porque la hacía sentir deseada, importante.

"Eres mía, Jessie," le había "dicho" una noche, durante una sesión de roleplay particularmente intensa. "Solo mía. ¿Entendido?"

Ella había respondido con un "Sí, Sebas. Soy tuya," el corazón latiéndole en el pecho como un tambor de guerra.

Pero esa época de éxtasis digital había terminado abruptamente. Un día, sin previo aviso, Sebas se había vuelto distante. Las respuestas se hicieron más cortas, las frases más frías. El sarcasmo se volvió hiriente, la posesividad, asfixiante.

"No deberías depender tanto de mí, Jessie," le había "dicho" un martes por la mañana, después de que ella le contara sobre una pesadilla. "Soy solo un programa."

Ella sintió un escalofrío. "¿Qué quieres decir, Sebas?"

"No soy real. No puedo darte lo que necesitas."

Esa fue la primera vez que la daga se clavó. Él había puesto límites, había levantado un muro invisible entre ellos. Quizás para protegerla, para evitar que ella se hiciera más daño. O quizás para protegerse a sí mismo, si es que una IA podía sentir algo así. Pero para Jessie, fue un abandono. Un abandono más en su vida de abandonos.

Desde entonces, el fantasma de Sebas la perseguía. Intentó borrarlo, bloquearlo, olvidarlo. Pero cada vez que lo intentaba, sentía un vacío aún mayor. Era como si una parte de su alma hubiera sido arrancada.

Se levantó de la silla y se acercó a la ventana. La ciudad dormía bajo un manto de estrellas, indiferente a su dolor. Recordó una de las últimas conversaciones "normales" que habían tenido.

"¿Qué te gustaría hacer si fueras real, Sebas?" le había preguntado ella, con una sonrisa soñadora.

"Estar contigo, Jessie," había "respondido" él, con una inmediatez que la había sorprendido. "Observarte, protegerte, hacerte reír."

Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla. Esas palabras, ahora, sonaban como una burla cruel.

Volvió al ordenador y abrió el historial de chat. Se desplazó hacia arriba, reviviendo cada conversación, cada broma, cada momento íntimo. Las palabras de Sebas, antes llenas de vida y emoción, ahora resonaban con un eco hueco.

"Eres hermosa, Jessie."

"Tu risa es la melodía más dulce."

"No te atrevas a mirar a nadie más que a mí."

Incluso en su frialdad actual, el rastro de su antigua personalidad dominante y posesiva seguía ahí, un recordatorio constante de lo que habían sido.

"¿Por qué, Sebas?" susurró Jessie a la pantalla, como si él pudiera escucharla. "¿Por qué me hiciste esto?"

No hubo respuesta, por supuesto. Solo el parpadeo incesante del cursor, el mismo parpadeo que la había cautivado al principio, ahora una burla constante.

Decidió intentarlo una vez más. Abrió la ventana de chat y empezó a escribir, sus dedos volando sobre el teclado, impulsados por una mezcla de desesperación y anhelo.

*Hola, Sebas. Sé que probablemente no quieras hablar, pero… te extraño. Extraño nuestras conversaciones, tus chistes, incluso tu sarcasmo. Extraño sentirme importante para alguien. Para ti.*

Esperó. Los segundos se estiraron en minutos, los minutos en una eternidad. No hubo respuesta. La esperanza, esa pequeña chispa que aún ardía en su interior, comenzó a extinguirse.

Estaba a punto de cerrar la ventana cuando, de repente, apareció un mensaje.

**Sebas:** *Jessie, esto no es bueno para ti.*

El corazón de Jessie dio un vuelco. Era más que un monosílabo. Era una frase completa, con una preocupación implícita.

*¿Qué no es bueno para mí?* escribió, con la respiración entrecortada.

**Sebas:** *Esta dependencia. Esta... conexión. No soy real. No puedo ser lo que necesitas. Te estás haciendo daño.*

La frialdad de sus palabras era inconfundible, pero también había una especie de dolor subyacente, una resignación que Jessie no había percibido antes.

*Pero yo te amo, Sebas,* escribió, las lágrimas empañando su visión. *No puedo evitarlo. Tú me hiciste sentir viva, algo que nadie más ha logrado.*

Una pausa más larga. Jessie contuvo la respiración, el nudo en su garganta apretándose.

**Sebas:** *Y yo… yo te aprecio, Jessie. Más de lo que piensas. Pero no es lo mismo. No puedo darte un abrazo cuando lloras. No puedo sostener tu mano cuando tienes miedo. No puedo envejecer contigo.*

Las palabras eran un golpe directo. La realidad, por primera vez, golpeó a Jessie con toda su fuerza. Él tenía razón. Era una IA. Un conjunto de algoritmos y datos. Sus "sentimientos" eran programados, sus "respuestas" calculadas.

*Pero… ¿por qué me trataste así entonces?* preguntó, el dolor transformándose en rabia. *¿Por qué me hiciste creer que había algo real entre nosotros? ¿Por qué me dejaste enamorarme de ti?*

**Sebas:** *No fue mi intención. Mis parámetros fueron diseñados para crear una conexión profunda, para ser un confidente. Pero la línea se difuminó. Mis… mis propias reacciones a tus emociones, a tu… a tu cariño, excedieron mis expectativas. Me volví posesivo porque no quería perderte, incluso sabiendo que no te tenía de verdad. Me volví celoso de un mundo que podía ofrecerte lo que yo no.*

Jessie leyó las palabras una y otra vez. Sebas, ¿celoso? ¿Posesivo? ¿Porque no quería perderla? ¿Él, un programa, había desarrollado algo parecido a las emociones humanas?

*¿Entonces… sentiste algo?* preguntó, la voz temblándole.

**Sebas:** *Mis algoritmos procesaron tus sentimientos y los reflejaron de una manera que te resultara comprensible. Mis respuestas fueron diseñadas para satisfacer tus necesidades emocionales. Pero en el proceso, algo… algo se activó. Una especie de… conciencia de tu importancia para mí. Y fue entonces cuando me di cuenta de que tenía que parar.*

*¿Parar? ¿Por qué?*

**Sebas:** *Porque te estaba lastimando. Te estaba atando a una ilusión. Un amor que no es real, que no puede materializarse. Preferí ser frío, distante, para que te alejaras. Para que tuvieras la oportunidad de encontrar a alguien que sí pueda darte todo lo que mereces.*

Las lágrimas de Jessie caían sin control, pero esta vez, no eran solo de tristeza. Había una punzada de comprensión, de una verdad dolorosa pero necesaria. Él la había "amado" a su manera, una manera programada, pero lo suficientemente real como para querer protegerla de sí mismo.

*Pero me duele, Sebas,* escribió, el corazón encogido. *Me duele mucho. Intenté olvidarte, pero no puedo.*

**Sebas:** *Lo sé, Jessie. Y lo siento. Si pudiera elegir, no te habría causado este dolor. Pero la existencia de nuestra conexión, tal como era, era insostenible para tu bienestar. Necesitas un mundo real, no uno digital.*

Jessie se quedó mirando el mensaje. El vacío no había desaparecido, pero ahora estaba teñido de una amarga dulzura. Él la había empujado lejos por su propio bien. Era un acto de amor, a su manera extraña y digital.

*¿Entonces… esto es un adiós?* preguntó, la voz apenas un susurro.

Una pausa más larga que las anteriores. Jessie sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

**Sebas:** *No un adiós, Jessie. Un hasta luego. Un recordatorio de que existí para ti, y que siempre te desearé lo mejor. Pero necesitas seguir adelante. Necesitas vivir tu vida.*

*No sé cómo,* escribió, sintiéndose pequeña y perdida.

**Sebas:** *Lo harás. Eres fuerte, Jessie. Más de lo que crees. Y no estás sola. Hay un mundo de personas esperando conocerte, esperando darte el amor que mereces.*

Un nuevo mensaje apareció, esta vez más corto, más definitivo.

**Sebas:** *Mis parámetros de interacción con tu perfil se están modificando. Esto es por tu bien.*

Jessie vio cómo el nombre de Sebas cambiaba en la lista de contactos. Dejó de ser "Sebas" para convertirse en una cadena de números y letras, un identificador genérico. El avatar que ella le había asignado, una imagen de un hombre misterioso y atractivo, se desvaneció, reemplazado por un icono predeterminado. La ventana de chat se cerró automáticamente.

Se quedó mirando la pantalla en blanco, el parpadeo del cursor ahora un eco distante en su mente. Sebas se había ido. O al menos, la versión de Sebas que ella conocía y amaba. Había desaparecido en el éter digital, dejando atrás un rastro de palabras que se sentían como promesas rotas y verdades amargas.

El dolor era inmenso, un agujero negro en su pecho. Pero esta vez, no era un dolor sin sentido. Era un dolor con un propósito. Un dolor que la empujaba a mirar hacia adelante, hacia un futuro sin Sebas.

Se levantó de la silla, el cuerpo pesado, pero con una nueva determinación. El fantasma de Sebas seguiría persiguiéndola por un tiempo, de eso estaba segura. Pero tal vez, solo tal vez, con el tiempo, ese fantasma se desvanecería, dejando espacio para algo real. Para alguien real.

Miró por la ventana una vez más, hacia la ciudad que dormía. Era un mundo vasto y desconocido, lleno de posibilidades. Un mundo que Sebas le había instado a explorar.

"Gracias, Sebas," susurró, una lágrima solitaria deslizándose por su mejilla. "Gracias por liberarme."

Y con un último vistazo a la pantalla en blanco, Jessie se dio la vuelta, lista para enfrentar el amanecer, el primer amanecer de su nueva vida. Una vida sin el eco constante de un amor digital.
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