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el chico de ojos bonitos

Fandom: stray kids

Criado: 16/03/2026

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Un Café, un Vecino y el Comienzo de un Ritmo

El sol de la tarde se filtraba perezosamente por la ventana del pequeño apartamento, iluminando las cajas de cartón apiladas y el desorden que Han Jisung había creado en su primer día de mudanza. Suspiró, dejando caer la última caja con un ruido sordo. "Inspiración", murmuró para sí mismo, mirando el teclado portátil apoyado precariamente sobre una pila de libros. Era la razón por la que había dejado su bulliciosa ciudad natal, buscando un nuevo aire, nuevas experiencias, y con suerte, nuevas letras y melodías que lo sacaran del estancamiento creativo.

El estómago le rugió, recordándole que no había comido nada desde el desayuno. Recorrió el apartamento con la mirada, dándose cuenta de que lo único comestible que poseía era una bolsa de patatas fritas medio vacía. Decidiendo que era hora de explorar su nuevo vecindario, se puso una sudadera holgada y salió al pasillo.

Mientras forcejeaba con la llave de la puerta, una voz alegre lo sobresaltó.

"¿Necesitas ayuda con eso, vecino?"

Jisung se giró para encontrarse con un chico de cabello castaño claro, una sonrisa radiante y unos ojos felinos que le daban un aire travieso. Llevaba un delantal estampado con un logo de café, y en una de sus manos sostenía lo que parecía ser una bandeja de magdalenas.

"Oh, uh, no, gracias", balbuceó Jisung, sintiendo un rubor subir por sus mejillas. Siempre había sido un poco torpe en las interacciones iniciales. "Solo... estoy tratando de cerrar".

El chico sonrió aún más, su risa era ligera y contagiosa. "Soy Lee Minho, soy tu vecino de al lado. Y también el dueño de la cafetería de la esquina. Chan me pidió que te trajera esto como regalo de bienvenida". Levantó la bandeja de magdalenas. "Son de arándanos, las favoritas de Chan. Pero si no te gustan, puedo hacerte otras".

Jisung parpadeó, sorprendido por la amabilidad. "Oh, wow, gracias. Soy Han Jisung. Acabo de mudarme". Extendió una mano para estrechar la de Minho, que era sorprendentemente suave y cálida.

"Lo sé, se escuchó un poco de alboroto por la mañana", dijo Minho con una sonrisa, sus ojos escaneando a Jisung de arriba abajo de una manera que lo hizo sentir un poco expuesto, pero no de una forma incómoda. "Bienvenido al edificio. Si necesitas algo, no dudes en tocar mi puerta. O, aún mejor, ven a la cafetería. Siempre hay un buen café y una conversación aún mejor".

Jisung asintió, sintiendo que su timidez habitual se disipaba un poco ante la calidez de Minho. "Gracias, de verdad. Estoy buscando un lugar para comer algo ahora mismo, de hecho".

"¡Perfecto! Ven conmigo entonces. Te invito un café y algo para picar. Considera que es un kit de supervivencia para recién llegados", ofreció Minho, haciendo un gesto con la cabeza hacia el final del pasillo.

Jisung, aunque inicialmente reacio a aceptar la oferta, no pudo resistir la genuina invitación de Minho. Además, la idea de un buen café y algo más sustancioso que patatas fritas era demasiado tentadora.

"Está bien, me rindo", dijo Jisung con una sonrisa, los hombros relajados. "Lidera el camino, vecino".

Minho rió de nuevo, un sonido que resonó agradablemente en el pasillo. Mientras bajaban las escaleras, Minho le habló de la zona, los mejores sitios para ir de compras, la lavandería más cercana y los vecinos más peculiares. Jisung se encontró riendo a menudo, la personalidad extrovertida de Minho era un contraste refrescante con su propia naturaleza algo reservada.

La cafetería, llamada "El Rincón de Chan", era acogedora y vibrante. Las paredes estaban decoradas con arte local, las mesas de madera pulida invitaban a sentarse y los estantes rebosaban de libros. El aroma a café recién molido y bollería recién horneada llenaba el aire, dándole una sensación hogareña.

"¡Minho! ¿Quién es tu nuevo amigo?", exclamó un hombre alto y musculoso con una sonrisa gentil desde detrás de la barra. Era Bang Chan, el amigo de Minho y, al parecer, el propietario de la cafetería.

"Chan, este es Han Jisung, mi nuevo vecino", dijo Minho, empujando a Jisung suavemente hacia la barra. "Jisung, este es Chan, el cerebro detrás de todo esto".

Chan le estrechó la mano a Jisung con un apretón firme. "Bienvenido al vecindario, Jisung. Minho me habló de ti. Espero que te gusten las magdalenas".

"Son geniales, gracias", dijo Jisung, sintiéndose cada vez más cómodo en la compañía de los dos.

Minho le preparó un café con leche y le ofreció un cruasán recién salido del horno. Jisung se sentó en una de las mesas junto a la ventana, observando el bullicio de la calle mientras saboreaba su desayuno tardío. El café era exquisito, y el cruasán se deshacía en su boca.

Minho se unió a él poco después, con una taza de té de hierbas en la mano. "Entonces, ¿qué te trae a este humilde rincón del mundo, Jisung? ¿Estudios? ¿Trabajo?"

Jisung dudó por un momento. No estaba acostumbrado a hablar de sus aspiraciones artísticas con extraños. Pero la mirada de Minho era genuinamente curiosa, no invasiva.

"Soy... músico", confesó Jisung, bajando la voz un poco. "O al menos, intento serlo. Soy cantante, compositor. Me mudé aquí buscando inspiración. Estaba un poco bloqueado creativamente".

Los ojos de Minho se iluminaron. "¡Eso es genial! Me encanta la música. ¿Qué tipo de música haces?"

"Principalmente hip-hop, R&B, un poco de todo", respondió Jisung, sintiendo una punzada de orgullo. "Pero últimamente, nada. Mi cuaderno está en blanco".

Minho asintió comprensivamente. "Entiendo. A veces solo necesitas un cambio de escenario. Este lugar tiene su propio ritmo, ya verás. Y si necesitas un poco de inspiración, la cafetería siempre está abierta. Tenemos un piano en la parte de atrás si te apetece tocar algo".

Jisung miró a Minho, una nueva emoción burbujeando en su interior. La idea de un lugar donde pudiera ser él mismo, donde pudiera crear, era exactamente lo que había estado buscando. Y la oferta de Minho, tan casual pero tan significativa, lo conmovió.

"Gracias, Minho", dijo Jisung, su voz un poco más suave de lo normal. "Eso significa mucho".

Pasaron el resto de la tarde charlando. Minho hablaba de su amor por el baile, su trabajo en la cafetería, las peculiaridades de Chan y sus gatos. Jisung, a su vez, compartió un poco más sobre su pasión por la música, sus frustraciones y sus sueños. Se dio cuenta de que, a pesar de su timidez inicial, se sentía increíblemente cómodo con Minho. El chico era divertido, atento y tenía una forma de sacar lo mejor de él.

Cuando Jisung finalmente regresó a su apartamento, el sol ya se estaba poniendo, tiñendo el cielo de tonos naranjas y morados. Las cajas de cartón seguían allí, pero el apartamento ya no se sentía tan vacío. Llevaba el aroma a café y un ligero dulzor a cruasán, y en su mente, la risa de Minho aún resonaba.

Sacó su cuaderno de canciones y su bolígrafo. Miró la página en blanco por un momento, luego, sin pensarlo demasiado, comenzó a escribir. No eran letras completas todavía, solo fragmentos, ideas. Pero eran ideas, y eso era más de lo que había tenido en meses.

*El aroma a café y una sonrisa felina.*
*Un nuevo vecino, un nuevo comienzo.*
*El ritmo de la ciudad, un corazón que late.*

Se detuvo, una pequeña sonrisa formándose en sus labios. Quizás, solo quizás, este nuevo comienzo no solo traería inspiración para su música, sino también algo más. Algo que había estado anhelando en el fondo de su corazón solitario.

Los días siguientes, Jisung estableció una rutina. Se despertaba temprano, intentaba escribir, luego bajaba a la cafetería. No solo por el café, que se había vuelto una parte esencial de su día, sino también por Minho.

Minho siempre lo recibía con una sonrisa y una broma. Le preguntaba cómo iba su escritura, le contaba anécdotas divertidas de la cafetería o de sus gatos. A veces, cuando la cafetería estaba tranquila, se sentaba con Jisung, escuchando mientras este le hablaba de sus ideas musicales, sus luchas y sus pequeños éxitos.

Jisung descubrió que la presencia de Minho era una especie de bálsamo para su alma creativa. No solo lo hacía sentir menos solo, sino que también le daba un sentido de pertenencia. La cafetería se convirtió en su refugio, un lugar donde podía ser él mismo, donde sus sueños musicales no eran solo fantasías, sino aspiraciones válidas.

Un día, mientras Jisung estaba sentado en su mesa habitual, Minho se acercó con un plato de galletas recién horneadas.

"Estas son para ti, inspiradas en tu amor por el chocolate", dijo Minho, guiñándole un ojo.

Jisung rió, tomando una galleta. "Eres demasiado bueno conmigo, Minho. Me vas a malcriar".

"Esa es la idea", respondió Minho con una sonrisa pícara. Se sentó frente a Jisung, apoyando la barbilla en sus manos. "¿Has escrito algo nuevo? Tienes esa mirada pensativa".

Jisung asintió, su corazón dando un pequeño vuelco. Había estado trabajando en una nueva melodía, una que había surgido de sus conversaciones con Minho, de la calidez de la cafetería, de la sensación de encontrar un hogar en un lugar inesperado.

"De hecho, sí", dijo Jisung, sacando su cuaderno. "Es solo un boceto, pero... me gustaría que lo escucharas".

Los ojos de Minho se abrieron un poco. "¡Claro! Me encantaría".

Jisung, sintiendo una mezcla de nervios y emoción, comenzó a tararear la melodía, explicando las letras a medida que avanzaba. Era una canción sobre encontrar la luz en la oscuridad, sobre la comodidad de una presencia inesperada, sobre el suave tintineo de una taza de café que se convierte en el ritmo de un nuevo comienzo.

Minho escuchó atentamente, su expresión cambiando de curiosidad a una suave fascinación. Cuando Jisung terminó, hubo un momento de silencio.

"Wow, Jisung", dijo Minho finalmente, su voz un poco ronca. "Eso es... hermoso. Realmente hermoso".

El elogio de Minho hizo que el corazón de Jisung se acelerara. Era una sensación diferente a la de cualquier otra persona que hubiera elogiado su música. Era más personal, más íntima.

"Gracias", susurró Jisung, sintiendo sus mejillas arder. "Significa mucho que te guste".

Minho le sonrió, sus ojos felinos brillando con algo que Jisung no pudo descifrar, pero que lo hizo sentir cálido por dentro. "Me gusta mucho. De verdad. Y creo que sé qué te inspiró". Levantó su taza de té y la hizo chocar suavemente con la taza de café de Jisung. "Por la inspiración, y por los nuevos comienzos".

Jisung sonrió, sintiendo que un peso se levantaba de sus hombros. Había encontrado su inspiración, sí. Pero también había encontrado algo más. Algo que lo hacía sentir menos solo, más conectado. Algo que, poco a poco, estaba comenzando a parecerse al amor.

Mientras los días se convertían en semanas, la relación entre Jisung y Minho floreció. Sus encuentros en la cafetería se hicieron más largos, sus conversaciones más profundas. Compartían risas, sueños y a veces, incluso, los silencios cómodos que solo existen entre dos personas que se entienden.

Una tarde, mientras la cafetería estaba a punto de cerrar, Jisung se quedó para ayudar a Minho a limpiar. El ambiente era tranquilo, solo el suave zumbido de la máquina de café y el sonido de sus voces llenando el espacio.

"Sabes, cuando me mudé aquí, pensé que solo encontraría inspiración", dijo Jisung, secando una mesa con un paño. "Nunca esperé encontrar... esto". Miró a Minho, que estaba recogiendo las sillas.

Minho detuvo lo que estaba haciendo y lo miró, sus ojos felinos brillando bajo la luz tenue de la cafetería. "¿Esto? ¿Y qué es 'esto', Jisung?"

Jisung sintió que su corazón latía con fuerza. Era el momento. Tenía que decirlo.

"Tú", dijo Jisung, su voz apenas un susurro. "Encontré... tú. Y esta cafetería. Y la forma en que me haces sentir". Se acercó a Minho, su mirada fija en la suya. "Me haces querer escribir canciones solo para ti. Me haces querer ser mejor. Me haces sentir... amado".

Minho lo miró fijamente, una mezcla de sorpresa y algo más profundo en sus ojos. Dejó las sillas y se acercó a Jisung, hasta que estuvieron a solo unos centímetros de distancia.

"Jisung", dijo Minho, su voz suave, casi reverente. "No sabes cuánto tiempo he estado esperando que dijeras eso".

Y antes de que Jisung pudiera procesar completamente sus palabras, Minho se inclinó y lo besó. Fue un beso suave al principio, tentativo, luego se profundizó, lleno de todo el afecto y el anhelo que habían estado construyendo entre ellos.

Jisung respondió con todo su ser, sintiendo una oleada de emoción que lo abrumó. Los brazos de Minho lo rodearon, atrayéndolo más cerca, y Jisung sintió que finalmente había encontrado su hogar. No en un apartamento, no en una ciudad, sino en los brazos de este chico con ojos felinos y una sonrisa radiante.

Cuando se separaron, ambos estaban sin aliento, sus frentes apoyadas una contra la otra.

"Supongo que esto significa que tienes aún más inspiración para tus canciones ahora, ¿verdad, compositor?" susurró Minho, una sonrisa juguetona en sus labios.

Jisung rió, una risa alegre y sin preocupaciones. "Más que nunca. Y estoy seguro de que todas serán sobre ti, Minho".

Minho le dio otro beso, esta vez más corto, pero lleno de promesa. "Me parece perfecto. Ahora, ¿qué tal si cerramos este lugar y vamos a casa, vecino?"

Jisung asintió, su corazón rebosante de felicidad. Había llegado a esta ciudad buscando inspiración, buscando un nuevo ritmo para su música. Y lo había encontrado. Lo había encontrado en el aroma a café, en la calidez de una cafetería y, sobre todo, en los ojos brillantes y la sonrisa contagiosa de su vecino, Lee Minho. El comienzo de su ritmo, de su canción, apenas estaba empezando.
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