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El parque mágico
Fandom: stay
Criado: 18/03/2026
Tags
FantasiaMistérioAventuraDor/ConfortoFofuraRomanceRealismo MágicoUA (Universo Alternativo)PsicológicoConsertoIsekai / Fantasia PortalFatias de VidaHistória Doméstica
El Laberinto de las Luces Inertes
El cartel a la entrada del parque "Ethereal" chirriaba bajo la brisa nocturna, balanceándose con un sonido metálico que erizaba la piel. No era un parque de atracciones convencional. No había música alegre, ni olor a palomitas de maíz, ni multitudes gritando en montañas rusas. En su lugar, el aire estaba impregnado de un aroma a ozono y madera vieja, y las luces de neón parpadeaban en tonos violetas y verdes que no terminaban de iluminar las sombras.
Bang Chan se detuvo frente a la verja de hierro forjado, ajustándose la chaqueta negra. Su mirada intensa recorrió el lugar, contando mentalmente a los siete chicos que lo acompañaban. Como líder del grupo, su instinto de protección estaba siempre en alerta máxima, especialmente en lugares como este, donde la realidad parecía doblarse un poco en las esquinas.
— ¿Seguros de que queremos entrar? —preguntó Chan, aunque su voz denotaba que él ya había tomado la decisión de ser el primero en cruzar el umbral—. Este lugar no sale en los mapas digitales, y los lugareños dicen que las casetas cambian de posición cada hora.
Seungmin, a su lado, ajustó sus gafas y observó la estructura del parque con ojos analíticos. Su cabello naranja claro brillaba débilmente bajo la luna.
— Según las coordenadas que encontré, el parque existe en un estado de flujo —explicó Seungmin con calma, entrelazando sus dedos con los de Chan para tranquilizarlo—. No es peligroso si seguimos las reglas que están escritas en la entrada. Chan, estaré bien si tú estás conmigo.
Chan sonrió suavemente, sintiendo que la tensión en sus hombros disminuía gracias a la presencia serena de su pareja. Seungmin siempre sabía qué decir para mantenerlo centrado.
— ¡Vamos, no puede ser tan malo! —exclamó Han, aunque se aferraba con fuerza al brazo de Lee Know. Su cabello plateado se agitaba mientras miraba hacia una caseta cercana que parecía vender máscaras de porcelana que parpadeaban—. Solo son... cosas raras. A nosotros nos gustan las cosas raras, ¿verdad, Minho?
Lee Know, con su cabello negro veteado de azul, observaba un rincón oscuro detrás de una de las casetas. Sus ojos afilados captaron un movimiento que nadie más vio: una sombra que no correspondía a ningún objeto físico.
— Quédate cerca de mí, Hannie —dijo Lee Know con un tono sarcástico pero cargado de una lealtad inquebrantable—. Si algo intenta comerte, usaré mis habilidades de baile para distraerlo mientras tú corres. O simplemente te usaré de escudo humano.
— ¡Oye! —protestó Han, aunque se pegó aún más al costado de Lee Know, sabiendo que el mayor moriría antes de dejar que algo le pasara.
El grupo avanzó por el sendero principal. A medida que se adentraban, el ambiente cambiaba. Lo que de día parecía ser un parque abandonado con puestos de juegos polvorientos, de noche se transformaba en un mercado de lo inexplicable. Las casetas no tenían vendedores humanos. En una de ellas, unas marionetas de hilos invisibles representaban escenas de la vida cotidiana de los visitantes.
Hyunjin se detuvo en seco frente a una caseta decorada con telas de seda roja que flotaban sin viento. Su sensibilidad artística le permitía percibir las emociones que emanaban del lugar: una mezcla de melancolía y una curiosidad antigua.
— Felix, mira esto —susurró Hyunjin, atrayendo al chico de cabello azul hacia él—. Los colores de estas telas... cambian según lo que sientes.
Felix, cuya sonrisa cálida solía ser la luz que guiaba al grupo en la oscuridad, miró las telas. Al acercar su mano, la seda se volvió de un color dorado brillante con destellos plateados, reflejando su naturaleza dulce y pura.
— Es hermoso, Jinnie —dijo Felix, apoyando la cabeza en el hombro de Hyunjin—. Pero también se siente... triste. Como si el parque estuviera intentando recordar cómo es ser feliz.
Hyunjin rodeó la cintura de Felix con su brazo, protector.
— No dejes que te absorba esa tristeza, Lixie. Estamos aquí juntos.
Un poco más adelante, Changbin y Jeongin examinaban una caseta que parecía un juego de fuerza, pero en lugar de un mazo, había un espejo que mostraba "el peso del corazón".
Changbin, con su físico imponente y su cabello castaño, se puso frente al espejo, bloqueando cualquier posible amenaza para el más joven.
— Innie, no mires demasiado —advirtió Changbin con voz grave—. Estos lugares suelen jugar con la mente.
Jeongin, con su cabello blanco y esa sonrisa que escondía una inteligencia aguda, soltó una pequeña risa y apretó el brazo de su novio.
— No soy un niño, hyung. Sé que el parque intenta asustarnos porque se alimenta de la incertidumbre. Pero mientras tú estés aquí, no tengo miedo.
Changbin se sonrojó ligeramente, agradecido de que la luz fuera escasa.
— Solo... mantente detrás de mí si algo se mueve.
De repente, una campana sonó en la distancia, un tañido profundo que pareció vibrar en los huesos de todos. Las luces del parque pasaron de violeta a un rojo intenso.
— Chicos, agrupense —ordenó Chan de inmediato, extendiendo el brazo para atraer a Seungmin hacia su pecho—. Algo está cambiando.
Las casetas a su alrededor comenzaron a deslizarse sobre el suelo de piedra, reordenándose como piezas de un rompecabezas gigante. El camino por el que habían venido desapareció, reemplazado por una hilera de puestos que exhibían frascos con susurros atrapados.
— El diseño ha cambiado —observó Lee Know, sin soltar la mano de Han—. Estamos en el sector de las "Cosas Perdidas". Miren esos frascos.
Han se acercó a uno, curioso a pesar de su miedo.
— Dice "El primer recuerdo de un niño" —leyó Han en voz baja—. Esto es realmente extraño, incluso para nuestros estándares de exploración.
— No toques nada, Han —advirtió Seungmin, analizando la estructura de la nueva plaza en la que se encontraban—. Si este parque funciona bajo leyes no euclidianas, cualquier acción podría desencadenar una reacción en la salida. Chan, tenemos que encontrar el eje central. Si las casetas giran, debe haber un punto fijo.
Chan asintió, impresionado una vez más por la mente brillante de su pareja.
— Tienes razón. Busquemos la estructura más alta o la que no se haya movido.
Mientras caminaban, una caseta particularmente aterradora apareció frente a ellos. Tenía la forma de una enorme boca abierta y el letrero decía: "El Teatro de las Sombras Propias".
— Siento que algo nos observa desde ahí —dijo Felix, estremeciéndose. Sus pecas parecían palidecer bajo la luz roja—. No es una persona, es... una intención.
Hyunjin apretó su agarre.
— Pasaremos de largo. No necesitamos ver nuestras sombras hoy.
Pero antes de que pudieran avanzar, la sombra de Jeongin se desprendió ligeramente del suelo, estirándose hacia la caseta. El menor soltó un jadeo de sorpresa.
— ¡Bin-hyung! —exclamó Jeongin.
Changbin reaccionó en un milisegundo. Se interpuso entre Jeongin y la caseta, rugiendo con una valentía que silenció el ambiente.
— ¡Ni se te ocurra tocarlo! —le gritó a la oscuridad del puesto.
Extrañamente, la sombra de Jeongin regresó a su lugar y la caseta cerró sus cortinas de golpe, como si se hubiera sentido intimidada por la ferocidad del protector.
— Gracias, hyung —susurró Jeongin, abrazando a Changbin por la espalda, ocultando su rostro en su cuello—. Sabía que me protegerías.
— Siempre, Innie. Siempre.
Continuaron avanzando hasta que llegaron a una fuente en el centro del parque. El agua no era agua, sino una sustancia plateada que reflejaba las estrellas, incluso aquellas que no deberían verse desde esa posición geográfica.
— Este es el centro —dijo Seungmin, arrodillándose junto a la fuente—. Miren el fondo. Hay llaves.
Chan se acercó y vio cientos de llaves de hierro oxidado sumergidas en el líquido plateado.
— Una de estas debe abrir la verja de salida —concluyó Chan—. Pero, ¿cuál?
— La que no brilla —dijo Lee Know de repente, señalando una llave pequeña y opaca que parecía absorber la luz a su alrededor—. En un lugar diseñado para deslumbrar y confundir, lo más simple y real es la respuesta.
Han miró a su novio con admiración.
— A veces olvido lo inteligente que eres cuando no estás haciendo bromas sobre gatos.
Lee Know le guiñó un ojo.
— Es un don, Hannie.
Chan metió la mano en la sustancia plateada. Estaba helada, pero no se mojó. Al sacar la llave opaca, el parque entero pareció soltar un suspiro. Las luces rojas se suavizaron, volviendo a un tono ámbar más acogedor, casi como si el parque admitiera su derrota ante la cohesión del grupo.
— Tenemos la llave —anunció Chan, levantándola—. Ahora, salgamos de aquí antes de que las casetas decidan que quieren jugar al escondite otra vez.
El camino de regreso fue más tranquilo. El parque, aunque seguía siendo misterioso y un poco aterrador, ya no se sentía hostil. Era como si hubiera aceptado que estos ocho amigos eran demasiado fuertes para ser atrapados por sus trucos.
Al llegar a la verja principal, Chan insertó la llave en la cerradura antigua. Con un chasquido satisfactorio, el hierro se abrió.
Uno a uno, fueron saliendo. Chan se quedó al final, como siempre, asegurándose de que cada uno de sus amigos —su familia— estuviera a salvo fuera de los límites del parque "Ethereal".
— ¿Están todos bien? —preguntó Chan una vez que estuvieron en el camino de tierra que llevaba de vuelta a la civilización.
— Felix y yo estamos bien —respondió Hyunjin, besando la sien de su pareja—. Aunque creo que Felix necesitará muchos mimos mañana para olvidar esas sombras.
— Yo me encargo de eso —sonrió Felix, ya recuperando su brillo habitual.
— Nosotros también estamos enteros —dijo Changbin, manteniendo a Jeongin pegado a su costado—. Aunque Innie casi pierde su sombra por ser tan curioso.
— ¡Fue el parque, no yo! —protestó el menor, riendo.
Han suspiró aliviado, apoyándose completamente en Lee Know.
— Nunca más. Bueno, tal vez el próximo mes. Pero por hoy, quiero pizza y dormir.
Lee Know rodó los ojos, pero pasó un brazo sobre los hombros de Han.
— Solo si dejas de temblar como una gelatina, Hannie.
Finalmente, Chan miró a Seungmin, que lo observaba con una sonrisa comprensiva.
— Lo hiciste bien, Channie —dijo Seungmin en voz baja, para que solo él lo escuchara—. Todos están a salvo gracias a que no perdiste la calma.
Chan exhaló un aire que no sabía que estaba reteniendo y abrazó a Seungmin, hundiendo el rostro en su cuello por un momento.
— Tú fuiste quien encontró el centro —susurró Chan—. No podría hacer esto sin ti.
Seungmin se separó un poco y le dio un beso suave en la mejilla.
— Somos un equipo. Los ocho.
Mientras el grupo se alejaba, el parque "Ethereal" se desvanecía lentamente en la niebla matutina que empezaba a subir. Las casetas se cerraron, las luces se apagaron y el silencio volvió a reinar. Pero en el bolsillo de Bang Chan, la pequeña llave opaca seguía allí, un recordatorio de que, sin importar cuán extraño o aterrador fuera el lugar donde se encontraran, mientras estuvieran juntos, siempre encontrarían la salida.
— ¡Venga, el último en llegar al coche paga la pizza! —gritó Han, rompiendo la atmósfera sentimental y echando a correr.
— ¡Eso es trampa! —exclamó Changbin, saliendo tras él con Jeongin de la mano.
Chan rió, sintiendo el calor de la amistad y el amor llenando el vacío de la noche. Miró a Seungmin, le guiñó un ojo y ambos corrieron también, dejando atrás el misterio para abrazar la luz de un nuevo día.
Bang Chan se detuvo frente a la verja de hierro forjado, ajustándose la chaqueta negra. Su mirada intensa recorrió el lugar, contando mentalmente a los siete chicos que lo acompañaban. Como líder del grupo, su instinto de protección estaba siempre en alerta máxima, especialmente en lugares como este, donde la realidad parecía doblarse un poco en las esquinas.
— ¿Seguros de que queremos entrar? —preguntó Chan, aunque su voz denotaba que él ya había tomado la decisión de ser el primero en cruzar el umbral—. Este lugar no sale en los mapas digitales, y los lugareños dicen que las casetas cambian de posición cada hora.
Seungmin, a su lado, ajustó sus gafas y observó la estructura del parque con ojos analíticos. Su cabello naranja claro brillaba débilmente bajo la luna.
— Según las coordenadas que encontré, el parque existe en un estado de flujo —explicó Seungmin con calma, entrelazando sus dedos con los de Chan para tranquilizarlo—. No es peligroso si seguimos las reglas que están escritas en la entrada. Chan, estaré bien si tú estás conmigo.
Chan sonrió suavemente, sintiendo que la tensión en sus hombros disminuía gracias a la presencia serena de su pareja. Seungmin siempre sabía qué decir para mantenerlo centrado.
— ¡Vamos, no puede ser tan malo! —exclamó Han, aunque se aferraba con fuerza al brazo de Lee Know. Su cabello plateado se agitaba mientras miraba hacia una caseta cercana que parecía vender máscaras de porcelana que parpadeaban—. Solo son... cosas raras. A nosotros nos gustan las cosas raras, ¿verdad, Minho?
Lee Know, con su cabello negro veteado de azul, observaba un rincón oscuro detrás de una de las casetas. Sus ojos afilados captaron un movimiento que nadie más vio: una sombra que no correspondía a ningún objeto físico.
— Quédate cerca de mí, Hannie —dijo Lee Know con un tono sarcástico pero cargado de una lealtad inquebrantable—. Si algo intenta comerte, usaré mis habilidades de baile para distraerlo mientras tú corres. O simplemente te usaré de escudo humano.
— ¡Oye! —protestó Han, aunque se pegó aún más al costado de Lee Know, sabiendo que el mayor moriría antes de dejar que algo le pasara.
El grupo avanzó por el sendero principal. A medida que se adentraban, el ambiente cambiaba. Lo que de día parecía ser un parque abandonado con puestos de juegos polvorientos, de noche se transformaba en un mercado de lo inexplicable. Las casetas no tenían vendedores humanos. En una de ellas, unas marionetas de hilos invisibles representaban escenas de la vida cotidiana de los visitantes.
Hyunjin se detuvo en seco frente a una caseta decorada con telas de seda roja que flotaban sin viento. Su sensibilidad artística le permitía percibir las emociones que emanaban del lugar: una mezcla de melancolía y una curiosidad antigua.
— Felix, mira esto —susurró Hyunjin, atrayendo al chico de cabello azul hacia él—. Los colores de estas telas... cambian según lo que sientes.
Felix, cuya sonrisa cálida solía ser la luz que guiaba al grupo en la oscuridad, miró las telas. Al acercar su mano, la seda se volvió de un color dorado brillante con destellos plateados, reflejando su naturaleza dulce y pura.
— Es hermoso, Jinnie —dijo Felix, apoyando la cabeza en el hombro de Hyunjin—. Pero también se siente... triste. Como si el parque estuviera intentando recordar cómo es ser feliz.
Hyunjin rodeó la cintura de Felix con su brazo, protector.
— No dejes que te absorba esa tristeza, Lixie. Estamos aquí juntos.
Un poco más adelante, Changbin y Jeongin examinaban una caseta que parecía un juego de fuerza, pero en lugar de un mazo, había un espejo que mostraba "el peso del corazón".
Changbin, con su físico imponente y su cabello castaño, se puso frente al espejo, bloqueando cualquier posible amenaza para el más joven.
— Innie, no mires demasiado —advirtió Changbin con voz grave—. Estos lugares suelen jugar con la mente.
Jeongin, con su cabello blanco y esa sonrisa que escondía una inteligencia aguda, soltó una pequeña risa y apretó el brazo de su novio.
— No soy un niño, hyung. Sé que el parque intenta asustarnos porque se alimenta de la incertidumbre. Pero mientras tú estés aquí, no tengo miedo.
Changbin se sonrojó ligeramente, agradecido de que la luz fuera escasa.
— Solo... mantente detrás de mí si algo se mueve.
De repente, una campana sonó en la distancia, un tañido profundo que pareció vibrar en los huesos de todos. Las luces del parque pasaron de violeta a un rojo intenso.
— Chicos, agrupense —ordenó Chan de inmediato, extendiendo el brazo para atraer a Seungmin hacia su pecho—. Algo está cambiando.
Las casetas a su alrededor comenzaron a deslizarse sobre el suelo de piedra, reordenándose como piezas de un rompecabezas gigante. El camino por el que habían venido desapareció, reemplazado por una hilera de puestos que exhibían frascos con susurros atrapados.
— El diseño ha cambiado —observó Lee Know, sin soltar la mano de Han—. Estamos en el sector de las "Cosas Perdidas". Miren esos frascos.
Han se acercó a uno, curioso a pesar de su miedo.
— Dice "El primer recuerdo de un niño" —leyó Han en voz baja—. Esto es realmente extraño, incluso para nuestros estándares de exploración.
— No toques nada, Han —advirtió Seungmin, analizando la estructura de la nueva plaza en la que se encontraban—. Si este parque funciona bajo leyes no euclidianas, cualquier acción podría desencadenar una reacción en la salida. Chan, tenemos que encontrar el eje central. Si las casetas giran, debe haber un punto fijo.
Chan asintió, impresionado una vez más por la mente brillante de su pareja.
— Tienes razón. Busquemos la estructura más alta o la que no se haya movido.
Mientras caminaban, una caseta particularmente aterradora apareció frente a ellos. Tenía la forma de una enorme boca abierta y el letrero decía: "El Teatro de las Sombras Propias".
— Siento que algo nos observa desde ahí —dijo Felix, estremeciéndose. Sus pecas parecían palidecer bajo la luz roja—. No es una persona, es... una intención.
Hyunjin apretó su agarre.
— Pasaremos de largo. No necesitamos ver nuestras sombras hoy.
Pero antes de que pudieran avanzar, la sombra de Jeongin se desprendió ligeramente del suelo, estirándose hacia la caseta. El menor soltó un jadeo de sorpresa.
— ¡Bin-hyung! —exclamó Jeongin.
Changbin reaccionó en un milisegundo. Se interpuso entre Jeongin y la caseta, rugiendo con una valentía que silenció el ambiente.
— ¡Ni se te ocurra tocarlo! —le gritó a la oscuridad del puesto.
Extrañamente, la sombra de Jeongin regresó a su lugar y la caseta cerró sus cortinas de golpe, como si se hubiera sentido intimidada por la ferocidad del protector.
— Gracias, hyung —susurró Jeongin, abrazando a Changbin por la espalda, ocultando su rostro en su cuello—. Sabía que me protegerías.
— Siempre, Innie. Siempre.
Continuaron avanzando hasta que llegaron a una fuente en el centro del parque. El agua no era agua, sino una sustancia plateada que reflejaba las estrellas, incluso aquellas que no deberían verse desde esa posición geográfica.
— Este es el centro —dijo Seungmin, arrodillándose junto a la fuente—. Miren el fondo. Hay llaves.
Chan se acercó y vio cientos de llaves de hierro oxidado sumergidas en el líquido plateado.
— Una de estas debe abrir la verja de salida —concluyó Chan—. Pero, ¿cuál?
— La que no brilla —dijo Lee Know de repente, señalando una llave pequeña y opaca que parecía absorber la luz a su alrededor—. En un lugar diseñado para deslumbrar y confundir, lo más simple y real es la respuesta.
Han miró a su novio con admiración.
— A veces olvido lo inteligente que eres cuando no estás haciendo bromas sobre gatos.
Lee Know le guiñó un ojo.
— Es un don, Hannie.
Chan metió la mano en la sustancia plateada. Estaba helada, pero no se mojó. Al sacar la llave opaca, el parque entero pareció soltar un suspiro. Las luces rojas se suavizaron, volviendo a un tono ámbar más acogedor, casi como si el parque admitiera su derrota ante la cohesión del grupo.
— Tenemos la llave —anunció Chan, levantándola—. Ahora, salgamos de aquí antes de que las casetas decidan que quieren jugar al escondite otra vez.
El camino de regreso fue más tranquilo. El parque, aunque seguía siendo misterioso y un poco aterrador, ya no se sentía hostil. Era como si hubiera aceptado que estos ocho amigos eran demasiado fuertes para ser atrapados por sus trucos.
Al llegar a la verja principal, Chan insertó la llave en la cerradura antigua. Con un chasquido satisfactorio, el hierro se abrió.
Uno a uno, fueron saliendo. Chan se quedó al final, como siempre, asegurándose de que cada uno de sus amigos —su familia— estuviera a salvo fuera de los límites del parque "Ethereal".
— ¿Están todos bien? —preguntó Chan una vez que estuvieron en el camino de tierra que llevaba de vuelta a la civilización.
— Felix y yo estamos bien —respondió Hyunjin, besando la sien de su pareja—. Aunque creo que Felix necesitará muchos mimos mañana para olvidar esas sombras.
— Yo me encargo de eso —sonrió Felix, ya recuperando su brillo habitual.
— Nosotros también estamos enteros —dijo Changbin, manteniendo a Jeongin pegado a su costado—. Aunque Innie casi pierde su sombra por ser tan curioso.
— ¡Fue el parque, no yo! —protestó el menor, riendo.
Han suspiró aliviado, apoyándose completamente en Lee Know.
— Nunca más. Bueno, tal vez el próximo mes. Pero por hoy, quiero pizza y dormir.
Lee Know rodó los ojos, pero pasó un brazo sobre los hombros de Han.
— Solo si dejas de temblar como una gelatina, Hannie.
Finalmente, Chan miró a Seungmin, que lo observaba con una sonrisa comprensiva.
— Lo hiciste bien, Channie —dijo Seungmin en voz baja, para que solo él lo escuchara—. Todos están a salvo gracias a que no perdiste la calma.
Chan exhaló un aire que no sabía que estaba reteniendo y abrazó a Seungmin, hundiendo el rostro en su cuello por un momento.
— Tú fuiste quien encontró el centro —susurró Chan—. No podría hacer esto sin ti.
Seungmin se separó un poco y le dio un beso suave en la mejilla.
— Somos un equipo. Los ocho.
Mientras el grupo se alejaba, el parque "Ethereal" se desvanecía lentamente en la niebla matutina que empezaba a subir. Las casetas se cerraron, las luces se apagaron y el silencio volvió a reinar. Pero en el bolsillo de Bang Chan, la pequeña llave opaca seguía allí, un recordatorio de que, sin importar cuán extraño o aterrador fuera el lugar donde se encontraran, mientras estuvieran juntos, siempre encontrarían la salida.
— ¡Venga, el último en llegar al coche paga la pizza! —gritó Han, rompiendo la atmósfera sentimental y echando a correr.
— ¡Eso es trampa! —exclamó Changbin, saliendo tras él con Jeongin de la mano.
Chan rió, sintiendo el calor de la amistad y el amor llenando el vacío de la noche. Miró a Seungmin, le guiñó un ojo y ambos corrieron también, dejando atrás el misterio para abrazar la luz de un nuevo día.
