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Estrellas en tus ojos
Fandom: Gmmtv
Criado: 21/03/2026
Tags
RomanceDramaAngústiaDor/ConfortoFofuraHistória DomésticaCiúmesMpregPsicológicoHumorFatias de VidaCenário CanônicoCrack / Humor ParódicoEstudo de PersonagemUA (Universo Alternativo)SátiraPWP (Enredo? Que enredo?)Linguagem ExplícitaMorte de Personagem
Seda, Marcas de Lujo y un Reencuentro Inesperado
El edificio de GMMTV era un hervidero de actividad, pero nada comparado con el caos que Barcode solía generar por donde pasaba. Con apenas diecinueve años, Barcode no solo era uno de los cantantes y actores más populares de la empresa, sino también el más revoltoso. Su risa se escuchaba tres pisos antes de que él apareciera, y su pasatiempo favorito, además de agotar las entradas de sus conciertos, era molestar a cualquiera que se cruzara en su camino.
Esa mañana, Barcode estaba sentado en la cafetería rodeado de su séquito de amigos. Keen, el más burlón del grupo, estaba revisando las redes sociales mientras soltaba carcajadas.
—¿Vieron la foto que subió el CEO? —preguntó Keen, limpiándose una lágrima de risa—. Dice que hoy llega el nuevo "diamante" de la empresa. Al parecer es alguien con mucha clase.
—Clase es lo que le falta a Barcode —intervino Aun, dándole un empujón amistoso al cantante—. Este solo sabe usar camisetas de bandas y jeans rotos.
—¡Oye! —protestó Barcode con una sonrisa traviesa, ajustándose su gorra hacia atrás—. Mi estilo es "desordenado chic". Además, no necesito ropa cara para que la gente me ame. Soy un talento natural, nenes.
Aungpao, el más tranquilo del grupo, suspiró mientras bebía su té.
—He oído que el chico nuevo es hijo de una familia muy poderosa. Dicen que su guardarropa vale más que todo este edificio.
—Seguro es un aburrido —sentenció Barcode, encogiéndose de hombros—. Un estirado que no sabe ni cómo contar un chiste.
En ese momento, las puertas de cristal de la entrada principal se abrieron de par en par. El aire pareció enfriarse y llenarse de un aroma a perfume francés de edición limitada. Un joven caminaba por el pasillo central como si estuviera desfilando en la semana de la moda de Milán. Llevaba un traje de seda color crema hecho a medida, zapatos de piel que brillaban bajo las luces led y unas gafas de sol que probablemente costaban el salario anual de un pasante.
A su lado, un chico llamado Paul caminaba con paso firme, cargando un iPad y mirando a todos con superioridad.
Barcode se quedó congelado. Aquella silueta le resultaba familiar. Muy familiar.
—¿Kinn? —susurró Barcode, perdiendo por un segundo su fachada de chico rudo.
El recién llegado se detuvo frente a la mesa de los chicos. Se bajó las gafas de sol con una elegancia exasperante, revelando unos ojos afilados y una expresión de absoluto desdén hacia el mobiliario de la cafetería.
—Vaya, vaya —dijo Kinn, su voz era suave pero cargada de una arrogancia magnética—. Sabía que la GMMTV aceptaba a cualquiera, pero no pensé que dejarían entrar a gente de la chusma en la zona VIP.
Keen y Aun se miraron entre sí, indignados, pero Barcode ya se había recuperado del impacto. Se puso de pie, plantándose frente a Kinn con una sonrisa desafiante y coqueta.
—Y yo sabía que los museos estaban perdiendo piezas, pero no pensé que una estatua de mármol tan presumida caminaría sola hasta aquí —respondió Barcode, recorriendo con la mirada el traje de Kinn—. Sigues vistiéndote como si fueras a heredar un imperio, Kinn. ¿No te cansas de ser tan... brillante?
Kinn soltó una risa seca, acomodándose la solapa de su saco.
—Prefiero morir antes que verme feo o común, Barcode. Deberías intentarlo alguna vez. Ese olor a "clase media" que desprendes me está dando alergia.
—¡Oh, lo siento mucho, su alteza! —exclamó Barcode dramáticamente, acercándose un paso más al espacio personal de Kinn—. ¿Quieres que pida que traigan una alfombra roja para que tus pies de porcelana no toquen este suelo tan vulgar?
Paul, el amigo de Kinn, intervino con una mueca.
—Kinn, tenemos una reunión con los productores. No pierdas el tiempo con este... ruidoso.
—Tienes razón, Paul —dijo Kinn, volviendo a ponerse las gafas—. Pero es difícil ignorar el ruido cuando es tan... persistente.
Kinn comenzó a caminar, pero antes de pasar al lado de Barcode, se inclinó hacia su oído y susurró algo que solo él pudo escuchar:
—Te ves fatal con esa gorra, pero tus labios siguen siendo igual de provocadores que cuando nos despedimos en la otra ciudad.
Barcode sintió un escalofrío recorrer su espalda. Antes de que pudiera responder, Kinn ya se alejaba con Paul, dejando tras de sí una estela de arrogancia y lujo.
—¡Vaya! —exclamó Keen, rompiendo el silencio—. ¿Ese era el famoso Kinn? Es un idiota integral.
—Un idiota muy guapo y muy rico —añadió Aun, ganándose una mirada asesina de Barcode.
—Es un presumido —declaró Barcode, aunque sus ojos no se apartaban de la figura de Kinn—. Siempre lo ha sido. Desde que éramos niños en el vecindario rico, antes de que yo me mudara. Se cree el centro del universo.
—Pero son novios, ¿no? —preguntó Aungpao con calma—. Lo fueron antes de que te mudaras y, según recuerdo, se vieron la semana pasada cuando él fue a visitarte.
Barcode se puso rojo de inmediato.
—¡Eso es privado, Aungpao! —gritó, aunque no pudo evitar sonreír—. Y sí, técnicamente somos... algo. Pero eso no quita que sea un insoportable que prefiere su bolso Gucci antes que a su propio novio.
***
Más tarde ese día, la tensión aumentó cuando se anunció que Barcode y Kinn trabajarían juntos en una nueva serie de alto presupuesto. La noticia corrió como pólvora por los pasillos de GMMTV. Los otros actores, como Joong y Dunk, se acercaron a curiosear.
—Buena suerte, Barcode —le dijo Joong con una palmadita en la espalda—. He oído que Kinn ha pedido que su camerino tenga aire acondicionado con fragancia de rosas naturales.
—Es un caprichoso —refunfuñó Barcode—. Pero ya verá. Si cree que me va a intimidar con su ropa de marca, está muy equivocado.
La primera lectura de guion fue un campo de batalla. Kinn llegó con un conjunto diferente, esta vez un traje azul noche con hilos de plata. Se sentó en la mesa principal, revisando el guion con una expresión de aburrimiento.
—Este diálogo es demasiado vulgar —dijo Kinn, señalando una línea—. Mi personaje no diría "hola, ¿cómo va?". Debería decir algo como "es un placer contar con su presencia".
Barcode, que estaba sentado justo enfrente, soltó una carcajada estrepitosa.
—Kinn, estamos interpretando a dos estudiantes de universidad, no a dos condes de la época victoriana. Baja de tu nube de seda.
—Se llama tener estilo, chico chusma —replicó Kinn, mirándolo por encima del guion—. Algo que tú claramente no entiendes con esos pantalones que tienen más agujeros que tela.
—¡Son tendencia! —gritó Barcode, golpeando la mesa de forma juguetona—. Y al menos yo puedo sentarme sin miedo a que se me rompa una costura de cinco mil dólares.
—Si se rompe, compro otro. No todos somos tan limitados de recursos como tú —dijo Kinn con una sonrisa de suficiencia.
—¡Eres un presumido insufrible!
—¡Y tú un ruidoso sin clase!
Los productores se miraron entre sí, preocupados, hasta que notaron algo. A pesar de los insultos, debajo de la mesa, el pie de Kinn estaba rozando suavemente la pantorrilla de Barcode, y Barcode, lejos de apartarse, estaba dibujando círculos con su zapato sobre el zapato de piel de Kinn.
—Bueno —intervino el director—, la química es... explosiva. Continuemos.
Al terminar la sesión, todos salieron de la sala, dejando a los dos protagonistas solos. La fachada de arrogancia de Kinn se desmoronó ligeramente cuando cerró la puerta.
—¿De verdad tienes que ser tan molesto frente a todos? —preguntó Kinn, quitándose el saco y colgándolo con cuidado en una silla.
—Es mi trabajo, Kinn —dijo Barcode, acercándose a él con paso lento y seguro—. Además, me encanta ver cómo se te hincha la vena del cuello cuando te contradigo. Te hace ver menos "perfección de catálogo" y más humano.
Kinn lo tomó por la cintura, atrayéndolo hacia él. La diferencia de estilos era cómica: Barcode con su ropa holgada y desaliñada, y Kinn envuelto en lujo.
—Eres un desastre, Barcode —susurró Kinn, acariciando la mejilla del cantante—. Un desastre encantador que me saca de quicio.
—Y tú eres un presumido que gasta demasiado en perfume —respondió Barcode, enredando sus dedos en el cabello perfectamente peinado de Kinn—. Pero supongo que puedo soportarlo si me dejas usar tu tarjeta de crédito de vez en cuando.
—Ni en tus sueños más locos —dijo Kinn, aunque su sonrisa lo delataba—. Mi ropa es sagrada.
—Ya veremos —desafió Barcode, antes de besarlo con la misma intensidad con la que se peleaban.
En el pasillo, Paul y los amigos de Barcode escuchaban tras la puerta.
—¿Creen que se estén matando? —preguntó Keen con una sonrisa burlona.
—O se están matando, o están planeando cómo gastarse el presupuesto de la serie en zapatos —respondió Paul con un suspiro.
Aungpao sonrió, ajustándose las gafas.
—No importa cuánto peleen por la marca de la ropa o por quién es más popular. Al final del día, esos dos solo saben hablar el mismo idioma, aunque uno lo hable en seda y el otro en algodón.
Dentro de la sala, las risas de Barcode y las protestas elegantes de Kinn confirmaban que, a pesar de las diferencias de clase y los insultos juguetones, el "chico chusma" y el "presumido" estaban exactamente donde querían estar.
Esa mañana, Barcode estaba sentado en la cafetería rodeado de su séquito de amigos. Keen, el más burlón del grupo, estaba revisando las redes sociales mientras soltaba carcajadas.
—¿Vieron la foto que subió el CEO? —preguntó Keen, limpiándose una lágrima de risa—. Dice que hoy llega el nuevo "diamante" de la empresa. Al parecer es alguien con mucha clase.
—Clase es lo que le falta a Barcode —intervino Aun, dándole un empujón amistoso al cantante—. Este solo sabe usar camisetas de bandas y jeans rotos.
—¡Oye! —protestó Barcode con una sonrisa traviesa, ajustándose su gorra hacia atrás—. Mi estilo es "desordenado chic". Además, no necesito ropa cara para que la gente me ame. Soy un talento natural, nenes.
Aungpao, el más tranquilo del grupo, suspiró mientras bebía su té.
—He oído que el chico nuevo es hijo de una familia muy poderosa. Dicen que su guardarropa vale más que todo este edificio.
—Seguro es un aburrido —sentenció Barcode, encogiéndose de hombros—. Un estirado que no sabe ni cómo contar un chiste.
En ese momento, las puertas de cristal de la entrada principal se abrieron de par en par. El aire pareció enfriarse y llenarse de un aroma a perfume francés de edición limitada. Un joven caminaba por el pasillo central como si estuviera desfilando en la semana de la moda de Milán. Llevaba un traje de seda color crema hecho a medida, zapatos de piel que brillaban bajo las luces led y unas gafas de sol que probablemente costaban el salario anual de un pasante.
A su lado, un chico llamado Paul caminaba con paso firme, cargando un iPad y mirando a todos con superioridad.
Barcode se quedó congelado. Aquella silueta le resultaba familiar. Muy familiar.
—¿Kinn? —susurró Barcode, perdiendo por un segundo su fachada de chico rudo.
El recién llegado se detuvo frente a la mesa de los chicos. Se bajó las gafas de sol con una elegancia exasperante, revelando unos ojos afilados y una expresión de absoluto desdén hacia el mobiliario de la cafetería.
—Vaya, vaya —dijo Kinn, su voz era suave pero cargada de una arrogancia magnética—. Sabía que la GMMTV aceptaba a cualquiera, pero no pensé que dejarían entrar a gente de la chusma en la zona VIP.
Keen y Aun se miraron entre sí, indignados, pero Barcode ya se había recuperado del impacto. Se puso de pie, plantándose frente a Kinn con una sonrisa desafiante y coqueta.
—Y yo sabía que los museos estaban perdiendo piezas, pero no pensé que una estatua de mármol tan presumida caminaría sola hasta aquí —respondió Barcode, recorriendo con la mirada el traje de Kinn—. Sigues vistiéndote como si fueras a heredar un imperio, Kinn. ¿No te cansas de ser tan... brillante?
Kinn soltó una risa seca, acomodándose la solapa de su saco.
—Prefiero morir antes que verme feo o común, Barcode. Deberías intentarlo alguna vez. Ese olor a "clase media" que desprendes me está dando alergia.
—¡Oh, lo siento mucho, su alteza! —exclamó Barcode dramáticamente, acercándose un paso más al espacio personal de Kinn—. ¿Quieres que pida que traigan una alfombra roja para que tus pies de porcelana no toquen este suelo tan vulgar?
Paul, el amigo de Kinn, intervino con una mueca.
—Kinn, tenemos una reunión con los productores. No pierdas el tiempo con este... ruidoso.
—Tienes razón, Paul —dijo Kinn, volviendo a ponerse las gafas—. Pero es difícil ignorar el ruido cuando es tan... persistente.
Kinn comenzó a caminar, pero antes de pasar al lado de Barcode, se inclinó hacia su oído y susurró algo que solo él pudo escuchar:
—Te ves fatal con esa gorra, pero tus labios siguen siendo igual de provocadores que cuando nos despedimos en la otra ciudad.
Barcode sintió un escalofrío recorrer su espalda. Antes de que pudiera responder, Kinn ya se alejaba con Paul, dejando tras de sí una estela de arrogancia y lujo.
—¡Vaya! —exclamó Keen, rompiendo el silencio—. ¿Ese era el famoso Kinn? Es un idiota integral.
—Un idiota muy guapo y muy rico —añadió Aun, ganándose una mirada asesina de Barcode.
—Es un presumido —declaró Barcode, aunque sus ojos no se apartaban de la figura de Kinn—. Siempre lo ha sido. Desde que éramos niños en el vecindario rico, antes de que yo me mudara. Se cree el centro del universo.
—Pero son novios, ¿no? —preguntó Aungpao con calma—. Lo fueron antes de que te mudaras y, según recuerdo, se vieron la semana pasada cuando él fue a visitarte.
Barcode se puso rojo de inmediato.
—¡Eso es privado, Aungpao! —gritó, aunque no pudo evitar sonreír—. Y sí, técnicamente somos... algo. Pero eso no quita que sea un insoportable que prefiere su bolso Gucci antes que a su propio novio.
***
Más tarde ese día, la tensión aumentó cuando se anunció que Barcode y Kinn trabajarían juntos en una nueva serie de alto presupuesto. La noticia corrió como pólvora por los pasillos de GMMTV. Los otros actores, como Joong y Dunk, se acercaron a curiosear.
—Buena suerte, Barcode —le dijo Joong con una palmadita en la espalda—. He oído que Kinn ha pedido que su camerino tenga aire acondicionado con fragancia de rosas naturales.
—Es un caprichoso —refunfuñó Barcode—. Pero ya verá. Si cree que me va a intimidar con su ropa de marca, está muy equivocado.
La primera lectura de guion fue un campo de batalla. Kinn llegó con un conjunto diferente, esta vez un traje azul noche con hilos de plata. Se sentó en la mesa principal, revisando el guion con una expresión de aburrimiento.
—Este diálogo es demasiado vulgar —dijo Kinn, señalando una línea—. Mi personaje no diría "hola, ¿cómo va?". Debería decir algo como "es un placer contar con su presencia".
Barcode, que estaba sentado justo enfrente, soltó una carcajada estrepitosa.
—Kinn, estamos interpretando a dos estudiantes de universidad, no a dos condes de la época victoriana. Baja de tu nube de seda.
—Se llama tener estilo, chico chusma —replicó Kinn, mirándolo por encima del guion—. Algo que tú claramente no entiendes con esos pantalones que tienen más agujeros que tela.
—¡Son tendencia! —gritó Barcode, golpeando la mesa de forma juguetona—. Y al menos yo puedo sentarme sin miedo a que se me rompa una costura de cinco mil dólares.
—Si se rompe, compro otro. No todos somos tan limitados de recursos como tú —dijo Kinn con una sonrisa de suficiencia.
—¡Eres un presumido insufrible!
—¡Y tú un ruidoso sin clase!
Los productores se miraron entre sí, preocupados, hasta que notaron algo. A pesar de los insultos, debajo de la mesa, el pie de Kinn estaba rozando suavemente la pantorrilla de Barcode, y Barcode, lejos de apartarse, estaba dibujando círculos con su zapato sobre el zapato de piel de Kinn.
—Bueno —intervino el director—, la química es... explosiva. Continuemos.
Al terminar la sesión, todos salieron de la sala, dejando a los dos protagonistas solos. La fachada de arrogancia de Kinn se desmoronó ligeramente cuando cerró la puerta.
—¿De verdad tienes que ser tan molesto frente a todos? —preguntó Kinn, quitándose el saco y colgándolo con cuidado en una silla.
—Es mi trabajo, Kinn —dijo Barcode, acercándose a él con paso lento y seguro—. Además, me encanta ver cómo se te hincha la vena del cuello cuando te contradigo. Te hace ver menos "perfección de catálogo" y más humano.
Kinn lo tomó por la cintura, atrayéndolo hacia él. La diferencia de estilos era cómica: Barcode con su ropa holgada y desaliñada, y Kinn envuelto en lujo.
—Eres un desastre, Barcode —susurró Kinn, acariciando la mejilla del cantante—. Un desastre encantador que me saca de quicio.
—Y tú eres un presumido que gasta demasiado en perfume —respondió Barcode, enredando sus dedos en el cabello perfectamente peinado de Kinn—. Pero supongo que puedo soportarlo si me dejas usar tu tarjeta de crédito de vez en cuando.
—Ni en tus sueños más locos —dijo Kinn, aunque su sonrisa lo delataba—. Mi ropa es sagrada.
—Ya veremos —desafió Barcode, antes de besarlo con la misma intensidad con la que se peleaban.
En el pasillo, Paul y los amigos de Barcode escuchaban tras la puerta.
—¿Creen que se estén matando? —preguntó Keen con una sonrisa burlona.
—O se están matando, o están planeando cómo gastarse el presupuesto de la serie en zapatos —respondió Paul con un suspiro.
Aungpao sonrió, ajustándose las gafas.
—No importa cuánto peleen por la marca de la ropa o por quién es más popular. Al final del día, esos dos solo saben hablar el mismo idioma, aunque uno lo hable en seda y el otro en algodón.
Dentro de la sala, las risas de Barcode y las protestas elegantes de Kinn confirmaban que, a pesar de las diferencias de clase y los insultos juguetones, el "chico chusma" y el "presumido" estaban exactamente donde querían estar.
