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Hogwarts Mistery
Fandom: Harry Potter
Criado: 31/03/2026
Tags
RomanceDramaAngústiaCenário CanônicoCiúmesEstudo de PersonagemDivergência
Entre el Verde y el Rojo
El Gran Comedor bullía con el murmullo habitual del desayuno. Los platos de oro tintineaban, las lechuzas sobrevolaban las mesas dejando caer correspondencia y el aroma a tostadas y café llenaba el aire. Lauren Hasgrove, sentada en la mesa de Slytherin, jugueteaba con su colgante de plata mientras observaba, por encima del hombro, la mesa de Gryffindor.
Llevaba el uniforme impecable, con la corbata verde esmeralda perfectamente anudada. Lauren era una anomalía en su casa. No buscaba la pureza de sangre ni despreciaba a los nacidos de muggles; de hecho, sus mejores amigos eran el "Trío de Oro" y la etérea Luna Lovegood. Pero esa mañana, su habitual sonrisa dulce estaba ausente.
—¿Otra vez mirando hacia allá, Lauren? —arrastró la voz Draco Malfoy, sentado a unos metros de ella. Su tono era burlón, pero sus ojos grises la observaban con una curiosidad inusual.
—No estoy mirando nada, Draco —respondió ella con firmeza, aunque sin la agresividad típica de las disputas entre casas.
Lauren se levantó, recogió sus libros y caminó hacia la mesa de Gryffindor. Al llegar, se sentó entre Hermione y Harry.
—Hola, chicos —saludó, tratando de recuperar su calidez habitual.
—¡Lauren! —exclamó Hermione, levantando la vista de un pesado tomo de Runas Antiguas—. Justo hablábamos de la excursión a Hogsmeade.
—Sí, va a ser genial —añadió Ron con la boca medio llena de tarta de melaza—. Hanny dice que conoce un atajo nuevo hacia la tienda de plumas.
El nombre cayó como un balde de agua fría sobre Lauren. Hanny, una chica de cuarto año de Ravenclaw, se había integrado al grupo hacía apenas unas semanas. Era inteligente, reía de forma melodiosa y, para desgracia de Lauren, parecía caerle bien a todo el mundo.
—¿Hanny vendrá con nosotros? —preguntó Lauren, intentando que su voz no sonara tensa.
—¡Claro! Es muy divertida —dijo Harry con sinceridad—. El otro día me ayudó con un encantamiento de defensa que no me salía.
En ese momento, la mencionada apareció. Hanny cruzó el comedor con su melena castaña perfectamente peinada y esa expresión de "no he roto un plato en mi vida" que Lauren tanto detestaba.
—¡Hola a todos! —saludó Hanny, ocupando el espacio vacío que quedaba frente a ellos—. Hola, Lauren. Qué bonita está tu corbata hoy, el verde realmente resalta tus ojos.
—Gracias —respondió Lauren cortante, sin devolverle la sonrisa.
Sintió una mano cálida sobre su hombro. Era Fred. Se había acercado por detrás y le dio un beso rápido en la sien antes de sentarse a su lado.
—Buenos días, mi pequeña serpiente favorita —susurró Fred al oído de Lauren.
Normalmente, aquello habría hecho que Lauren se derritiera, pero la presencia de Hanny, que miraba a Fred con una sonrisa demasiado amplia, la ponía de los nervios.
—Fred, ¿recuerdas lo que hablamos de la broma para Filch? —intervino Hanny, inclinándose hacia delante—. Tengo los ingredientes de la poción de hipo que mencionaste.
—¡Genial, Hanny! Eres una estrella —respondió Fred con entusiasmo.
Lauren sintió un pinchazo de celos en el pecho. Fred y ella llevaban meses saliendo, y aunque él era un bromista nato, Lauren sentía que últimamente pasaba demasiado tiempo "planeando travesuras" con la Ravenclaw.
—Fred, ¿podemos hablar un momento? —preguntó Lauren, levantándose de la mesa.
Fred pareció sorprendido, pero la siguió hacia el vestíbulo, lejos del bullicio de los desayunos.
—¿Qué pasa, Love? Estás muy seria —dijo Fred, intentando tomar sus manos.
Lauren se apartó sutilmente.
—Es Hanny, Fred. Está en todas partes. En nuestras comidas, en nuestras charlas... incluso ahora te ayuda con las bromas. Se supone que eso lo hacíamos nosotros.
Fred soltó una carcajada ligera, lo que solo sirvió para irritar más a Lauren.
—Vamos, no seas tonta. Hanny es solo una amiga. Es buena en pociones, eso es todo. No me digas que la gran Lauren Hasgrove tiene celos de una Ravenclaw sabelotodo.
—No son celos, Fred. Es que me ignora cuando estás tú delante y se hace la santa cuando están Harry y los demás. No me gusta —sentenció ella con el carácter que rara vez mostraba, pero que en Slytherin todos conocían.
—Estás exagerando —dijo Fred, perdiendo un poco la paciencia—. Tengo clase de Transformaciones. Hablamos luego, ¿vale?
Se alejó con paso rápido, dejando a Lauren sola en el pasillo, con el corazón latiendo con fuerza por la rabia.
Las semanas siguientes no fueron mejores. Lauren se sentía cada vez más desplazada. En la biblioteca, Hermione y Hanny estudiaban juntas. En el campo de Quidditch, Hanny animaba a Harry y Ron. Y Fred... Fred parecía estar siempre riendo de algo que Hanny había dicho.
Algo en Lauren empezó a cambiar. La dulzura que la caracterizaba se fue tornando en una coraza de frialdad. Si sus amigos preferían a la "perfecta" Ravenclaw, ella les recordaría por qué pertenecía a la casa de las serpientes.
Una tarde, mientras caminaba por el patio interior, se encontró con Draco Malfoy. Estaba apoyado contra una columna, observando cómo la nieve empezaba a caer.
—Vaya, vaya —dijo Draco cuando ella se acercó—. La traidora a su sangre parece que ha sido abandonada por los leones.
Lauren no le gritó. En lugar de eso, se acercó a él y le dedicó una sonrisa de lado, una que nunca habría usado con Harry o Hermione.
—No me han abandonado, Draco. Simplemente me he dado cuenta de que el aire aquí fuera es mucho más puro que en la sala común de Gryffindor —respondió ella, suavizando el tono de su voz.
Draco arqueó una ceja, sorprendido por el cambio de actitud.
—¿Ah, sí? ¿Y a qué se debe este cambio de aires, Hasgrove?
Lauren se acercó un poco más, reduciendo el espacio personal entre ellos. Draco era arrogante y cruel, sí, pero en ese momento, Lauren solo quería herir a Fred de la misma forma que él la estaba hiriendo a ella, aunque fuera de forma inconsciente. O quizás, simplemente quería sentirse valorada en su propia casa.
—Digamos que he recordado que los Slytherin cuidamos de los nuestros —dijo ella, pasando una mano por el brazo de la túnica de Draco para quitar una mota de polvo inexistente—. Tienes razón en algo, Draco. A veces soy demasiado amable.
Draco soltó una risa seca, pero no se alejó. Al contrario, se inclinó hacia ella.
—Siempre supe que había algo de fuego bajo esa fachada de amabilidad, Lauren.
—Tal vez deberías ayudarme a descubrir cuánto —susurró ella, lanzándole una mirada cargada de una intención que nunca antes había mostrado.
Lo que Lauren no sabía era que, detrás de una de las estatuas del corredor, Hanny estaba observando la escena. La Ravenclaw no perdió el tiempo. Con una expresión de fingida preocupación, corrió hacia la torre de Gryffindor.
Esa noche, Lauren estaba en el Gran Comedor, sentada de nuevo en la mesa de Slytherin, riendo de un comentario mordaz de Pansy Parkinson. Se sentía extraña, como si estuviera interpretando un papel, pero la atención de sus compañeros de casa era un bálsamo para su ego herido.
De repente, las puertas del comedor se abrieron de par en par. Fred Weasley entró con paso firme, seguido de cerca por George y una Hanny que intentaba parecer pequeña y asustada.
Fred caminó directamente hacia la mesa de verde y plata. Los murmullos cesaron de inmediato.
—¿Lauren? ¿Podemos hablar? —preguntó Fred. Su voz no era la de siempre; estaba cargada de una mezcla de dolor y decepción.
Lauren se levantó con elegancia, manteniendo su nueva máscara de frialdad.
—Claro, Fred. ¿Pasa algo?
Salieron al pasillo. Harry, Ron y Hermione también habían salido al vestíbulo, alertados por la tensión.
—Hanny me ha contado lo que vio hoy en el patio —soltó Fred sin rodeos—. Me dijo que estabas... muy cariñosa con Malfoy.
Lauren miró de reojo a Hanny, que se escondía detrás de Hermione. La rabia estalló en su interior.
—¿Y le crees a ella? —preguntó Lauren, elevando la voz—. ¿Después de semanas de ignorarme, de dejarme de lado por sus "bromas" y sus "consejos", te fías de lo que ella dice?
—¡Lo vi con mis propios ojos, Lauren! —intervino Hanny, con la voz temblorosa—. Estabas tocándole el brazo, le sonreías de esa manera... Yo solo quería que Fred supiera la verdad.
—¡Tú no sabes nada de la verdad! —gritó Lauren, dando un paso hacia ella. Hermione se puso en medio.
—Lauren, cálmate —dijo Hermione con suavidad—. Hanny solo estaba preocupada.
—¡Oh, por supuesto! La perfecta Hanny está preocupada —escupió Lauren con sarcasmo—. ¿No lo veis? Ha estado metiéndose entre nosotros desde que llegó. Y vosotros, mis "mejores amigos", le habéis abierto la puerta de par en par mientras a mí me dejabais fuera.
—Eso no es cierto, Lauren —dijo Harry, aunque su voz sonaba dudosa.
—¡Es totalmente cierto! —Lauren se volvió hacia Fred—. Sí, Fred. Estaba coqueteando con Draco. ¿Sabes por qué? Porque él, por muy imbécil que sea, me mira cuando hablo. Él no me hace sentir como un mueble viejo mientras se ríe con una Ravenclaw que acaba de conocer.
Fred dio un paso atrás, como si lo hubieran golpeado.
—Lauren... yo no sabía que te sentías así. Pero irte con Malfoy... es el peor golpe que podrías haberme dado.
—Quizás es que me he cansado de ser la Slytherin buena que todos aceptan mientras no moleste —dijo ella, con lágrimas de rabia asomando a sus ojos—. Si queréis a Hanny, quedaos con ella. Parece que encaja mucho mejor en vuestro mundo de perfección.
—Lauren, espera —pidió Ron, pero ella ya se había dado la vuelta.
—No —dijo ella con firmeza—. No voy a esperar más a que os deis cuenta de quién es ella. O de quién soy yo.
Lauren caminó hacia las mazmorras sin mirar atrás. Su corazón estaba roto, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que no tenía que fingir. Al llegar a la entrada de su sala común, se detuvo frente al muro de piedra.
—Pura sangre —pronunció la contraseña con voz amarga.
Al entrar, vio a Draco sentado en uno de los sillones de cuero frente a la chimenea. Él levantó la vista y, al ver su expresión, no se burló. Simplemente señaló el asiento vacío a su lado.
Lauren se sentó. El fuego verde de la chimenea proyectaba sombras alargadas en las paredes. Sabía que había cometido un error al usar a Draco, y sabía que probablemente había perdido a sus amigos y a Fred. Pero mientras miraba las llamas, Lauren Hasgrove comprendió que la dulzura tiene un límite, y que incluso la serpiente más mansa muerde si se siente acorralada.
—¿Problemas en el paraíso? —preguntó Draco en voz baja.
—El paraíso está sobrevalorado, Draco —respondió ella, apoyando la cabeza en el respaldo del sillón—. Creo que prefiero el infierno. Al menos aquí las llamas son verdes.
Draco esbozó una sonrisa auténtica, algo raro en él.
—Bienvenida a casa, Hasgrove.
Fuera, en los pasillos de Hogwarts, el grupo de Gryffindor permanecía en silencio, dándose cuenta, quizás demasiado tarde, de que en su afán por incluir a alguien nuevo, habían dejado marchar a la única persona que siempre había estado allí para ellos. Y Fred, mirando hacia el camino que llevaba a las mazmorras, supo que recuperar a su pequeña serpiente no sería tan fácil como inventar una nueva broma.
Llevaba el uniforme impecable, con la corbata verde esmeralda perfectamente anudada. Lauren era una anomalía en su casa. No buscaba la pureza de sangre ni despreciaba a los nacidos de muggles; de hecho, sus mejores amigos eran el "Trío de Oro" y la etérea Luna Lovegood. Pero esa mañana, su habitual sonrisa dulce estaba ausente.
—¿Otra vez mirando hacia allá, Lauren? —arrastró la voz Draco Malfoy, sentado a unos metros de ella. Su tono era burlón, pero sus ojos grises la observaban con una curiosidad inusual.
—No estoy mirando nada, Draco —respondió ella con firmeza, aunque sin la agresividad típica de las disputas entre casas.
Lauren se levantó, recogió sus libros y caminó hacia la mesa de Gryffindor. Al llegar, se sentó entre Hermione y Harry.
—Hola, chicos —saludó, tratando de recuperar su calidez habitual.
—¡Lauren! —exclamó Hermione, levantando la vista de un pesado tomo de Runas Antiguas—. Justo hablábamos de la excursión a Hogsmeade.
—Sí, va a ser genial —añadió Ron con la boca medio llena de tarta de melaza—. Hanny dice que conoce un atajo nuevo hacia la tienda de plumas.
El nombre cayó como un balde de agua fría sobre Lauren. Hanny, una chica de cuarto año de Ravenclaw, se había integrado al grupo hacía apenas unas semanas. Era inteligente, reía de forma melodiosa y, para desgracia de Lauren, parecía caerle bien a todo el mundo.
—¿Hanny vendrá con nosotros? —preguntó Lauren, intentando que su voz no sonara tensa.
—¡Claro! Es muy divertida —dijo Harry con sinceridad—. El otro día me ayudó con un encantamiento de defensa que no me salía.
En ese momento, la mencionada apareció. Hanny cruzó el comedor con su melena castaña perfectamente peinada y esa expresión de "no he roto un plato en mi vida" que Lauren tanto detestaba.
—¡Hola a todos! —saludó Hanny, ocupando el espacio vacío que quedaba frente a ellos—. Hola, Lauren. Qué bonita está tu corbata hoy, el verde realmente resalta tus ojos.
—Gracias —respondió Lauren cortante, sin devolverle la sonrisa.
Sintió una mano cálida sobre su hombro. Era Fred. Se había acercado por detrás y le dio un beso rápido en la sien antes de sentarse a su lado.
—Buenos días, mi pequeña serpiente favorita —susurró Fred al oído de Lauren.
Normalmente, aquello habría hecho que Lauren se derritiera, pero la presencia de Hanny, que miraba a Fred con una sonrisa demasiado amplia, la ponía de los nervios.
—Fred, ¿recuerdas lo que hablamos de la broma para Filch? —intervino Hanny, inclinándose hacia delante—. Tengo los ingredientes de la poción de hipo que mencionaste.
—¡Genial, Hanny! Eres una estrella —respondió Fred con entusiasmo.
Lauren sintió un pinchazo de celos en el pecho. Fred y ella llevaban meses saliendo, y aunque él era un bromista nato, Lauren sentía que últimamente pasaba demasiado tiempo "planeando travesuras" con la Ravenclaw.
—Fred, ¿podemos hablar un momento? —preguntó Lauren, levantándose de la mesa.
Fred pareció sorprendido, pero la siguió hacia el vestíbulo, lejos del bullicio de los desayunos.
—¿Qué pasa, Love? Estás muy seria —dijo Fred, intentando tomar sus manos.
Lauren se apartó sutilmente.
—Es Hanny, Fred. Está en todas partes. En nuestras comidas, en nuestras charlas... incluso ahora te ayuda con las bromas. Se supone que eso lo hacíamos nosotros.
Fred soltó una carcajada ligera, lo que solo sirvió para irritar más a Lauren.
—Vamos, no seas tonta. Hanny es solo una amiga. Es buena en pociones, eso es todo. No me digas que la gran Lauren Hasgrove tiene celos de una Ravenclaw sabelotodo.
—No son celos, Fred. Es que me ignora cuando estás tú delante y se hace la santa cuando están Harry y los demás. No me gusta —sentenció ella con el carácter que rara vez mostraba, pero que en Slytherin todos conocían.
—Estás exagerando —dijo Fred, perdiendo un poco la paciencia—. Tengo clase de Transformaciones. Hablamos luego, ¿vale?
Se alejó con paso rápido, dejando a Lauren sola en el pasillo, con el corazón latiendo con fuerza por la rabia.
Las semanas siguientes no fueron mejores. Lauren se sentía cada vez más desplazada. En la biblioteca, Hermione y Hanny estudiaban juntas. En el campo de Quidditch, Hanny animaba a Harry y Ron. Y Fred... Fred parecía estar siempre riendo de algo que Hanny había dicho.
Algo en Lauren empezó a cambiar. La dulzura que la caracterizaba se fue tornando en una coraza de frialdad. Si sus amigos preferían a la "perfecta" Ravenclaw, ella les recordaría por qué pertenecía a la casa de las serpientes.
Una tarde, mientras caminaba por el patio interior, se encontró con Draco Malfoy. Estaba apoyado contra una columna, observando cómo la nieve empezaba a caer.
—Vaya, vaya —dijo Draco cuando ella se acercó—. La traidora a su sangre parece que ha sido abandonada por los leones.
Lauren no le gritó. En lugar de eso, se acercó a él y le dedicó una sonrisa de lado, una que nunca habría usado con Harry o Hermione.
—No me han abandonado, Draco. Simplemente me he dado cuenta de que el aire aquí fuera es mucho más puro que en la sala común de Gryffindor —respondió ella, suavizando el tono de su voz.
Draco arqueó una ceja, sorprendido por el cambio de actitud.
—¿Ah, sí? ¿Y a qué se debe este cambio de aires, Hasgrove?
Lauren se acercó un poco más, reduciendo el espacio personal entre ellos. Draco era arrogante y cruel, sí, pero en ese momento, Lauren solo quería herir a Fred de la misma forma que él la estaba hiriendo a ella, aunque fuera de forma inconsciente. O quizás, simplemente quería sentirse valorada en su propia casa.
—Digamos que he recordado que los Slytherin cuidamos de los nuestros —dijo ella, pasando una mano por el brazo de la túnica de Draco para quitar una mota de polvo inexistente—. Tienes razón en algo, Draco. A veces soy demasiado amable.
Draco soltó una risa seca, pero no se alejó. Al contrario, se inclinó hacia ella.
—Siempre supe que había algo de fuego bajo esa fachada de amabilidad, Lauren.
—Tal vez deberías ayudarme a descubrir cuánto —susurró ella, lanzándole una mirada cargada de una intención que nunca antes había mostrado.
Lo que Lauren no sabía era que, detrás de una de las estatuas del corredor, Hanny estaba observando la escena. La Ravenclaw no perdió el tiempo. Con una expresión de fingida preocupación, corrió hacia la torre de Gryffindor.
Esa noche, Lauren estaba en el Gran Comedor, sentada de nuevo en la mesa de Slytherin, riendo de un comentario mordaz de Pansy Parkinson. Se sentía extraña, como si estuviera interpretando un papel, pero la atención de sus compañeros de casa era un bálsamo para su ego herido.
De repente, las puertas del comedor se abrieron de par en par. Fred Weasley entró con paso firme, seguido de cerca por George y una Hanny que intentaba parecer pequeña y asustada.
Fred caminó directamente hacia la mesa de verde y plata. Los murmullos cesaron de inmediato.
—¿Lauren? ¿Podemos hablar? —preguntó Fred. Su voz no era la de siempre; estaba cargada de una mezcla de dolor y decepción.
Lauren se levantó con elegancia, manteniendo su nueva máscara de frialdad.
—Claro, Fred. ¿Pasa algo?
Salieron al pasillo. Harry, Ron y Hermione también habían salido al vestíbulo, alertados por la tensión.
—Hanny me ha contado lo que vio hoy en el patio —soltó Fred sin rodeos—. Me dijo que estabas... muy cariñosa con Malfoy.
Lauren miró de reojo a Hanny, que se escondía detrás de Hermione. La rabia estalló en su interior.
—¿Y le crees a ella? —preguntó Lauren, elevando la voz—. ¿Después de semanas de ignorarme, de dejarme de lado por sus "bromas" y sus "consejos", te fías de lo que ella dice?
—¡Lo vi con mis propios ojos, Lauren! —intervino Hanny, con la voz temblorosa—. Estabas tocándole el brazo, le sonreías de esa manera... Yo solo quería que Fred supiera la verdad.
—¡Tú no sabes nada de la verdad! —gritó Lauren, dando un paso hacia ella. Hermione se puso en medio.
—Lauren, cálmate —dijo Hermione con suavidad—. Hanny solo estaba preocupada.
—¡Oh, por supuesto! La perfecta Hanny está preocupada —escupió Lauren con sarcasmo—. ¿No lo veis? Ha estado metiéndose entre nosotros desde que llegó. Y vosotros, mis "mejores amigos", le habéis abierto la puerta de par en par mientras a mí me dejabais fuera.
—Eso no es cierto, Lauren —dijo Harry, aunque su voz sonaba dudosa.
—¡Es totalmente cierto! —Lauren se volvió hacia Fred—. Sí, Fred. Estaba coqueteando con Draco. ¿Sabes por qué? Porque él, por muy imbécil que sea, me mira cuando hablo. Él no me hace sentir como un mueble viejo mientras se ríe con una Ravenclaw que acaba de conocer.
Fred dio un paso atrás, como si lo hubieran golpeado.
—Lauren... yo no sabía que te sentías así. Pero irte con Malfoy... es el peor golpe que podrías haberme dado.
—Quizás es que me he cansado de ser la Slytherin buena que todos aceptan mientras no moleste —dijo ella, con lágrimas de rabia asomando a sus ojos—. Si queréis a Hanny, quedaos con ella. Parece que encaja mucho mejor en vuestro mundo de perfección.
—Lauren, espera —pidió Ron, pero ella ya se había dado la vuelta.
—No —dijo ella con firmeza—. No voy a esperar más a que os deis cuenta de quién es ella. O de quién soy yo.
Lauren caminó hacia las mazmorras sin mirar atrás. Su corazón estaba roto, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que no tenía que fingir. Al llegar a la entrada de su sala común, se detuvo frente al muro de piedra.
—Pura sangre —pronunció la contraseña con voz amarga.
Al entrar, vio a Draco sentado en uno de los sillones de cuero frente a la chimenea. Él levantó la vista y, al ver su expresión, no se burló. Simplemente señaló el asiento vacío a su lado.
Lauren se sentó. El fuego verde de la chimenea proyectaba sombras alargadas en las paredes. Sabía que había cometido un error al usar a Draco, y sabía que probablemente había perdido a sus amigos y a Fred. Pero mientras miraba las llamas, Lauren Hasgrove comprendió que la dulzura tiene un límite, y que incluso la serpiente más mansa muerde si se siente acorralada.
—¿Problemas en el paraíso? —preguntó Draco en voz baja.
—El paraíso está sobrevalorado, Draco —respondió ella, apoyando la cabeza en el respaldo del sillón—. Creo que prefiero el infierno. Al menos aquí las llamas son verdes.
Draco esbozó una sonrisa auténtica, algo raro en él.
—Bienvenida a casa, Hasgrove.
Fuera, en los pasillos de Hogwarts, el grupo de Gryffindor permanecía en silencio, dándose cuenta, quizás demasiado tarde, de que en su afán por incluir a alguien nuevo, habían dejado marchar a la única persona que siempre había estado allí para ellos. Y Fred, mirando hacia el camino que llevaba a las mazmorras, supo que recuperar a su pequeña serpiente no sería tan fácil como inventar una nueva broma.
