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Fandom: CORTIS

Criado: 03/04/2026

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RomanceDramaFatias de VidaEstudo de PersonagemOmegaversoHistória DomésticaAngústiaMpreg
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La Gravedad de los Silencios

La relación entre James y Juhoon se había convertido en un ecosistema privado, un mundo con sus propias leyes de gravedad donde los demás miembros de CORTIS solo eran satélites lejanos. Ya no se trataba únicamente de la protección física o del silencio compartido en la habitación; era una atmósfera densa que se instalaba entre ellos cada vez que sus miradas se cruzaban en un ensayo o cuando sus hombros se rozaban "accidentalmente" en la furgoneta. Juhoon sentía que su percepción de James se había transformado de forma irreversible. El respeto que sentía por el mayor se había teñido de una admiración que le quemaba por dentro, una necesidad constante de buscar su aprobación, de sentir su cercanía. James, por su parte, se había vuelto aún más observador, pero sus ojos ya no analizaban el entorno para proteger a Juhoon del mundo, sino que se perdían en los detalles del menor: la forma en que mordía su labio cuando estaba nervioso, la elegancia de su cuello, o la suavidad de su risa contenida.

Era un sábado por la noche y el dormitorio estaba inusualmente tranquilo. Martin, Seonghyeon y Keonho habían salido a celebrar el cumpleaños de un amigo trainee de otra compañía, dejando a los dos mayores solos. El silencio era una invitación peligrosa. Decidieron, en un intento de normalidad, ver una película en la sala de estar para relajarse de la semana de grabaciones.

—Puse una que recomendaron en el foro de cine —dijo James, acomodándose en el sofá con una manta ligera—. Dicen que es un drama psicológico europeo, algo profundo.

—Me parece bien, hyung —respondió Juhoon, sentándose a una distancia prudente, aunque su cuerpo gritaba por acortar ese espacio—. Necesito algo que me haga pensar en otra cosa que no sea la coreografía de "Nova".

La película comenzó con paisajes fríos y diálogos pausados. Sin embargo, a medida que la trama avanzaba, la tensión emocional de los protagonistas se desbordó. Lo que empezó como un drama intelectual giró bruscamente hacia una intimidad cruda y explícita. De pronto, la pantalla se llenó de cuerpos entrelazados, de suspiros pesados y de una sensualidad que no dejaba nada a la imaginación.

El aire en la sala pareció agotarse de golpe.

Juhoon sintió cómo la sangre subía en una marea abrasadora por su cuello hasta teñir sus mejillas de un rojo intenso. Sus manos, apoyadas sobre sus muslos, empezaron a temblar ligeramente. Nunca había visto algo así en compañía de nadie, y mucho menos con James. Intentó desviar la mirada hacia sus propios pies, pero el sonido de la televisión —los jadeos rítmicos y el roce de la piel— era imposible de ignorar.

James, que usualmente mantenía una máscara de hierro, estaba rígido. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar el control remoto. Tras unos minutos que parecieron horas, donde el erotismo de la escena alcanzó su punto álgido, James reaccionó. Con un movimiento brusco, apagó la televisión.

La oscuridad de la sala, solo interrumpida por la luz de la ciudad que se filtraba por el ventanal, se volvió asfixiante. Ninguno de los dos se movió. El silencio tras el ruido de la película era ensordecedor, cargado de una electricidad que hacía que los vellos de los brazos de Juhoon se erizaran.

Lentamente, James giró la cabeza hacia Juhoon. El menor también lo miró, incapaz de contener la curiosidad y el deseo que empezaban a brotar de su pecho.

—Eso fue... inesperado —murmuró James. Su voz no era la habitual; estaba rota, cargada de una vibración baja que hizo que Juhoon se estremeciera.

—Sí... —respondió Juhoon en un hilo de voz—. No sabía que sería así.

En la penumbra, los ojos de James brillaban con una intensidad depredadora y dulce a la vez. No se alejó; al contrario, se inclinó hacia Juhoon, invadiendo ese espacio personal que ambos habían respetado con tanto cuidado hasta ahora. Juhoon no retrocedió. Su respiración se había vuelto agitada, superficial, y su corazón golpeaba contra sus costillas con tal fuerza que temía que James pudiera escucharlo.

Por primera vez en su vida, Juhoon sintió una reacción fisiológica que lo dejó desconcertado y aterrado. En su entrepierna, esa parte de su cuerpo que siempre había visto con conflicto y timidez, comenzó a brotar una sensación de calor punzante, una plenitud desconocida que le recordaba su naturaleza única pero que, en ese momento, se sentía simplemente como deseo puro. Sus muslos se tensaron y un pequeño gemido ahogado quedó atrapado en su garganta. Sabía lo que era, lo había leído, pero experimentarlo bajo la mirada de James era algo que lo hacía sentir al borde del colapso.

James, observando el rostro desencajado y hermoso de Juhoon, sintió que su propio autocontrol se desmoronaba. La cercanía de Juhoon, el olor a su jabón y el calor que desprendía su cuerpo joven, provocaron en James una reacción inmediata. Sintió cómo sus pantalones se volvían incómodamente estrechos, una urgencia masculina que lo avergonzó pero que no pudo reprimir. Sus ojos bajaron a los labios entreabiertos de Juhoon, que brillaban bajo la tenue luz.

—Juhoon... —susurró James, y su mano se alzó, rozando la mejilla del menor con el dorso de los dedos.

—Hyung... me siento extraño —confesó Juhoon, cerrando los ojos ante el contacto. El roce de James era como fuego sobre hielo—. Siento que... que me quema todo.

—A mí también —admitió James, acortando la distancia hasta que sus frentes se tocaron.

El mundo se redujo a ese contacto. James podía sentir el aliento cálido de Juhoon contra su boca. Sus manos bajaron hasta la cintura de Juhoon, atrayéndolo un poco más, rompiendo la última barrera física. El contacto de sus cuerpos, incluso a través de la ropa, fue una explosión. Juhoon soltó un suspiro trémulo, apoyando sus manos en los hombros de James, aferrándose a él como si fuera su único ancla en medio de una tormenta.

James estaba maravillado. La belleza de Juhoon en ese estado de vulnerabilidad y deseo era algo que superaba cualquier cosa que hubiera analizado antes. Quería besarlo, quería explorar cada rincón de ese cuerpo que había jurado proteger, quería entender cada secreto de su piel. Sus labios estaban a milímetros de los de Juhoon, podía sentir el calor que emanaban, la invitación silenciosa.

Juhoon humedeció sus labios, esperando el contacto final. Su mente estaba nublada, sus sentidos enfocados únicamente en la presión de las manos de James sobre su cadera y en la promesa de ese beso que cambiaría sus vidas para siempre.

De repente, el sonido estridente de una llave girando en la cerradura principal rompió el hechizo.

—¡Llegamos! ¡Keonho casi se cae en el ascensor porque Martin lo hizo dar vueltas! —La voz chillona y alegre de Seonghyeon resonó desde el pasillo, seguida de las risas estrepitosas de los demás.

El impacto de la realidad fue como un balde de agua fría.

James y Juhoon se separaron de un salto, como si hubieran recibido una descarga eléctrica. James se pasó una mano por el cabello, tratando desesperadamente de recuperar su compostura y de ocultar la evidencia de su excitación bajo la manta que todavía colgaba de sus piernas. Juhoon se giró hacia el otro lado, cubriéndose el rostro con las manos, intentando calmar su respiración errática y el rubor que parecía no querer abandonar su piel.

—¡Oigan! ¿Por qué están a oscuras? —preguntó Martin, entrando a la sala y encendiendo la luz principal sin piedad.

La luz blanca cegadora los obligó a parpadear. Martin, Keonho y Seonghyeon entrenaron con bolsas de comida y una energía caótica que contrastaba violentamente con la tensión sexual que todavía flotaba en el aire.

—Estábamos... viendo una película y nos quedamos medio dormidos —dijo James con una voz sorprendentemente estable, aunque sus ojos todavía tenían un brillo salvaje que no lograba ocultar del todo tras sus lentes.

—Sí, una película muy aburrida —añadió Juhoon, sin atreverse a mirar a nadie a los ojos, manteniendo sus manos en los bolsillos de su sudadera para ocultar su propio temblor.

—¡Vaya caras tienen! —rio Keonho, acercándose a Juhoon para darle un empujón juguetón—. Parece que hubieran visto un fantasma. ¿Seguro que no era de terror?

—Algo así, Keonho. Algo así —respondió James, levantándose con cuidado y caminando hacia la cocina para servirse un vaso de agua, necesitando el frío del cristal para aterrizar sus sentidos.

Juhoon se quedó sentado un momento más, sintiendo el eco de las manos de James en su cintura. El deseo seguía allí, latente, una corriente subterránea que ahora sabía que era mutua. Miró hacia la cocina y vio la espalda de James, tensa y poderosa.

Esa noche, cuando finalmente regresaron a su habitación compartida, el silencio ya no era de protección, sino de una confesión muda. No se dijeron nada. No se besaron. Pero mientras Juhoon se acostaba y sentía la mirada de James sobre él desde la otra cama, supo que el vínculo se había transformado en algo que las palabras no podrían contener por mucho tiempo. La percepción de James como un hermano mayor había muerto definitivamente esa noche en el sofá, reemplazada por una verdad mucho más intensa y perturbadora: se deseaban, y ese deseo era tan real y biológico como el secreto que Juhoon llevaba en su cuerpo.

El lunes siguiente, la rutina del grupo parecía la misma de siempre, pero para Juhoon, cada segundo en la sala de práctica era una tortura de autoconciencia. James estaba allí, marcando los pasos con su fuerza habitual, su cuerpo robusto moviéndose con una agilidad que siempre dejaba a los instructores impresionados. Juhoon, por el contrario, se sentía más torpe que nunca. Su mente no dejaba de repetir la sensación de las manos de James en su cadera.

—Jju, estás un tiempo fuera —dijo el coreógrafo, deteniendo la música—. ¿Estás bien? Estás muy pálido.

—Lo siento, solo... me distraje —murmuró Juhoon, bajando la mirada.

Sintió la mirada de James sobre él. No era una mirada de reproche, sino esa observación profunda y analítica que solía dedicarle, pero ahora cargada de un conocimiento nuevo. James dio un paso hacia él, ofreciéndole una botella de agua.

—Toma un descanso —dijo James. Su voz era tranquila, pero para Juhoon, cada palabra vibraba con el recuerdo de la noche del sábado—. Estás trabajando demasiado duro.

—Gracias, hyung —respondió Juhoon, evitando rozar sus dedos al tomar la botella. Sin embargo, el aire entre ellos volvió a espesarse, volviéndose casi sólido.

Durante el resto del día, el juego de evitarse y buscarse continuó. Juhoon se refugiaba en su silencio, observando a James desde lejos. Admiraba la forma en que el mayor manejaba al grupo, su seriedad que transmitía calma, y esa musculatura que, aunque oculta bajo sudaderas anchas, Juhoon ahora podía imaginar con una claridad que lo asustaba. Recordaba la firmeza de sus brazos y cómo se sentía estar rodeado por ellos.

Por la noche, cuando el resto de los miembros de CORTIS estaban distraídos jugando videojuegos en la sala, James se acercó a Juhoon, que estaba leyendo en un rincón de la cocina.

—¿Podemos hablar? —preguntó James, ajustándose los lentes.

Juhoon cerró el libro, sintiendo que su corazón comenzaba a galopar de nuevo.

—Claro.

—En el balcón —sentenció James, haciendo un gesto con la cabeza.

El aire nocturno de Seúl era fresco, pero no lo suficiente como para enfriar la tensión que los seguía. Se apoyaron en la barandilla, mirando las luces de la ciudad.

—Sobre lo que pasó el sábado... —empezó James, su tono serio pero sin rastro de arrepentimiento—. No quiero que te sientas incómodo conmigo, Juhoon.

Juhoon guardó silencio por un momento, jugando con el borde de su manga. Su naturaleza reservada luchaba contra la necesidad de ser directo.

—No me siento incómodo, hyung. Me siento... asustado. Pero no por ti.

James se giró hacia él, su mirada intensa suavizándose bajo la luz de la luna.

—¿Por qué entonces?

—Porque nunca me había sentido así —confesó Juhoon en un susurro—. Porque sé que soy diferente, y me da miedo que lo que sentí... que lo que tú sentiste, sea solo por la película.

James soltó una risa seca, un sonido breve que sorprendió a Juhoon.

—Juhoon, te he estado observando mucho antes de esa película. No soy un hombre que se deje llevar por un momento de ficción. Lo que siento por ti... es algo que he estado tratando de analizar y contener durante meses.

Juhoon levantó la vista, encontrándose con los ojos de James. La calma que el mayor siempre transmitía estaba allí, pero también había una honestidad brutal que desarmó al menor.

—Eres especial para mí —continuó James, dando un paso más cerca, rompiendo de nuevo la distancia de seguridad—. Y no me refiero solo a tu situación, o a que seas el segundo mayor. Me refiero a ti. A cómo piensas, a cómo te mueves... a todo.

Juhoon se sintió pequeño bajo esa declaración, pero al mismo tiempo, una plenitud cálida empezó a llenar el vacío de sus dudas.

—Yo también, hyung —dijo Juhoon, su voz ganando firmeza—. Te admiro tanto que a veces duele. Y el sábado... el sábado deseé que los chicos no llegaran.

James sonrió, y esa sonrisa transformó su expresión intimidante en algo de una ternura desgarradora. Extendió la mano y, esta vez, no se detuvo en la mejilla. Acarició suavemente el cabello castaño de Juhoon, dejando que sus dedos se perdieran en los mechones un poco largos.

—No tenemos que apresurarnos —dijo James—. Pero tampoco voy a fingir que no quiero volver a tenerte así de cerca.

Juhoon asintió, recostando su cabeza ligeramente contra la mano de James. En ese balcón, lejos de las cámaras y de los demás miembros, el ecosistema privado de James y Juhoon se fortaleció. Ya no eran solo dos compañeros de grupo, o un protector y su protegido. Eran dos personas descubriendo una gravedad nueva, una que los atraía irremediablemente el uno al otro, aceptando que, a partir de ahora, nada volvería a ser igual en el mundo de CORTIS.
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