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Campistas no tan felices parte 1

Fandom: Total Drama island

Criado: 03/04/2026

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UA (Universo Alternativo)DramaPsicológicoEstudo de PersonagemSobrevivênciaNoir GóticoLirismoCenário Canônico
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Sombras bajo el Reflector

El muelle de la Vergüenza crujía bajo el peso de las botas de combate de Ryan, un sonido rítmico que parecía desentonar con la música alegre y estridente que emanaba de los altavoces instalados por la producción. El sol de Muskoka era implacable, una esfera dorada que amenazaba con derretir cualquier rastro de compostura, pero Ryan no sudaba. Su piel, de una palidez casi traslúcida, contrastaba violentamente con la chaqueta azul oscuro que llevaba abierta sobre una camiseta blanca de cuello ancho.

Chris McLean, con su eterna sonrisa de porcelana y una actitud que gritaba narcisismo, lo observó acercarse. Ryan no llevaba una maleta convencional; cargaba una mochila de cuero negro desgastado y un estuche rígido que, por su forma, delataba la presencia de un bajo eléctrico.

—¡Vaya, vaya! —exclamó Chris, extendiendo los brazos como si estuviera dando la bienvenida a un viejo amigo y no a una futura víctima de sus sádicos juegos—. ¡Miren ese estilo! ¿Eres un vampiro que se escapó de una película de adolescentes o simplemente te perdiste de camino a un concierto de rock gótico?

Ryan se detuvo frente a él. Sus ojos, de un rojo intenso que recordaba al vino tinto bajo la luz de las velas, se fijaron en Chris con una parsimonia que incomodó al anfitrión por una fracción de segundo. El joven acomodó un mechón de su cabello blanco plateado, cuyas puntas azuladas brillaban con el sol, y dejó que su mirada lánguida recorriera el campamento Wawanakwa.

—El sol es demasiado brillante para mi gusto —respondió Ryan con una voz profunda y aterciopelada, cargada de un sarcasmo tan sutil que Chris tardó un momento en procesarlo—. Y el aroma a pino y desesperación es... refrescante.

—¡Me gusta! —rio Chris, recuperando el control—. Ryan, el chico misterioso. Directo a la plataforma con los demás. ¡Intenta no incinerarte antes de que empecemos el primer desafío!

Ryan caminó hacia el grupo de campistas que ya se encontraban reunidos al final del muelle. Podía sentir las miradas sobre él. Era natural; su apariencia no buscaba pasar desapercibida, aunque su personalidad sí lo hiciera. Los aros negros en sus orejas tintinearon levemente con el movimiento, y la pequeña cruz de plata que colgaba de su cuello se balanceó contra su pecho.

—¿Eres real? —preguntó una chica de cabello negro y expresión amargada. Gwen lo miraba con una mezcla de curiosidad y escepticismo—. O sea, ¿los ojos son lentes de contacto o realmente vienes de un ataúd?

Ryan se detuvo a su lado, observando el horizonte boscoso antes de dedicarle una mirada de reojo.

—Genética y una pizca de mala suerte —contestó Ryan con una media sonrisa que apenas curvó sus labios—. Pero no te preocupes, no muerdo... a menos que haya una buena razón para hacerlo.

Gwen soltó una risa seca, la primera que alguien lograba sacarle en todo el día.

—Me agradas. Soy Gwen.

—Ryan —dijo él, simplemente, antes de sumirse de nuevo en su silencio observador.

A su alrededor, el caos habitual de Total Drama comenzaba a gestarse. Owen gritaba de emoción, Duncan lanzaba miradas desafiantes a los pasantes, y Heather ya estaba intentando establecer una jerarquía basada en el miedo y la moda. Ryan, sin embargo, permanecía como una estatua de mármol en medio de una tormenta de arena. Para él, el ruido era solo estática. Prefería analizar los hilos invisibles que comenzaban a conectar a los presentes: las alianzas potenciales, las debilidades evidentes y los secretos que cada uno intentaba ocultar tras sus fachadas de estereotipos televisivos.

—¡Atención, campistas! —gritó Chris desde el megáfono, rompiendo la breve burbuja de paz de Ryan—. Ahora que están todos aquí, es hora de asignar las cabañas. Los que mencioné antes irán a los Topos Gritones, y el resto... bueno, prepárense para ser los Bagres Asesinos.

Ryan fue asignado a los Bagres Asesinos. Mientras caminaba hacia su cabaña, cargando su bajo como si fuera un tesoro sagrado, sintió una presencia a su lado. Era Courtney, quien caminaba con paso decidido y una lista en la mano.

—Escucha, Ryan —dijo ella, sin siquiera mirarlo directamente—, he estado analizando tu perfil. Pareces alguien tranquilo, pero este programa requiere iniciativa. Espero que no seas de los que se quedan sentados en un rincón meditando mientras el resto hacemos el trabajo sucio. Necesitamos ganar para evitar la eliminación.

Ryan se detuvo frente a la puerta de la cabaña de madera vieja, que olía a moho y humedad. Se giró lentamente hacia Courtney, permitiendo que sus ojos rojos se encontraran con los de ella.

—La prisa es el enemigo de la precisión, Courtney —dijo Ryan con una calma que hizo que la chica frunciera el ceño—. No me quedaré sentado, pero tampoco correré en círculos como un pollo degollado solo para dar la impresión de que soy útil. Observar es la mitad de la victoria.

—Eso suena a una excusa para ser perezoso —replicó ella, aunque dio un paso atrás, intimidada involuntariamente por la intensidad de su mirada.

—Llamalo como quieras —concluyó Ryan, entrando en la cabaña y dejando a Courtney con la palabra en la boca.

El interior de la cabaña era deprimente. Literas chirriantes y un ventilador que solo servía para mover el aire caliente de un lado a otro. Ryan eligió una litera en la esquina más oscura, lejos de la ventana. Dejó su estuche sobre el colchón y se sentó, cerrando los ojos por un momento. El peso de su pasado, ese enigma que lo perseguía incluso en los confines de un reality show, parecía más ligero aquí, rodeado de extraños que solo lo veían como "el chico gótico".

—¿Tocas eso? —La voz de Geoff lo sacó de sus pensamientos. El chico del sombrero de vaquero señalaba el estuche del bajo con una sonrisa genuina.

—A veces —respondió Ryan, abriendo un ojo—. Ayuda a silenciar el mundo.

—¡Eso es genial, viejo! —Geoff se sentó en la litera de enfrente—. Deberías tocar algo para nosotros esta noche en la fogata. ¡Sería una vibra increíble!

—Ya veremos —murmuró Ryan. No era de los que hacían espectáculos, pero había algo en la energía despreocupada de Geoff que no le resultaba molesta.

Poco después, la campana del comedor resonó por todo el campamento. El primer encuentro con la "comida" del Chef Hatchet fue una prueba de resistencia en sí misma. Ryan observó su plato con una mezcla de fascinación y horror. Lo que fuera que le habían servido parecía tener vida propia.

—Creo que esto intentó morderme —comentó Harold, ajustándose los lentes.

Ryan, que apenas había probado un bocado de pan seco, dejó el tenedor a un lado.

—Es una metáfora de la vida en este lugar, supongo —dijo Ryan, atrayendo la atención de los que estaban en su mesa—. Nos dan algo indigerible y esperan que sonriamos para la cámara mientras intentamos no morir en el proceso.

—¡Vaya, qué profundo! —exclamó Lindsay desde la mesa de los Topos, aunque estaba claro que no había entendido ni la mitad de lo que Ryan dijo—. ¿Eres poeta o algo así?

—Solo alguien que ha leído demasiados libros y ha dormido muy poco —respondió él, ofreciéndole una cortesía distante.

El primer desafío no se hizo esperar. Chris los llevó a la cima de un acantilado de mil metros de altura. El objetivo era simple y aterrador: saltar al agua infestada de tiburones.

—¿Estás bromeando? —gritó Leshawna—. ¡Esa caída es mortal!

Ryan se acercó al borde. El viento agitaba su cabello blanco, y por un momento, su expresión melancólica se transformó en algo parecido a la curiosidad. El vacío no le asustaba; había algo poético en la caída libre, un momento de silencio absoluto antes del impacto.

—¿Vas a saltar, Drácula? —Duncan se burló, cruzándose de brazos mientras esperaba su turno—. ¿O tienes miedo de que se te corra el maquillaje?

Ryan se quitó la chaqueta azul, revelando sus brazos delgados pero definidos, y se la entregó a una sorprendida Bridgette.

—Cuídala por mí —le pidió con suavidad—. No me gustaría que se arruinara con el agua salada.

Sin decir una palabra más, y sin tomar impulso, Ryan se dejó caer hacia atrás. Sus ojos permanecieron abiertos, fijos en el cielo que se alejaba, mientras su cuerpo cortaba el aire con una elegancia antinatural. No hubo gritos, ni braceos desesperados. Fue una caída limpia.

El impacto con el agua fue frío y violento, pero Ryan emergió segundos después, apartando el cabello de su rostro con un movimiento fluido. Nadó hacia la zona segura, ignorando los gritos de los tiburones que eran repelidos por la red.

Cuando llegó a la orilla, Chris lo esperaba con el cronómetro en la mano.

—¡Impresionante! ¡Cero puntos por estilo de clavado, pero diez puntos por pura falta de instinto de preservación! —exclamó Chris.

Ryan subió a la plataforma, goteando agua, y recuperó su chaqueta de manos de Bridgette.

—Gracias —le dijo con un ligero asentimiento.

—Fue... increíble —susurró Bridgette, todavía un poco aturdida por la frialdad del chico—. Ni siquiera parpadeaste.

—El miedo es una opción —respondió Ryan mientras se ponía la chaqueta, ignorando el hecho de que su camiseta blanca ahora era casi transparente debido al agua—. Y hoy no tengo ganas de elegirla.

Esa noche, durante la primera ceremonia de eliminación, Ryan se sentó en los troncos, observando el fuego. El resplandor de las llamas bailaba en sus ojos rojos, dándole un aspecto casi místico. Los Bagres Asesinos habían perdido el desafío, y la tensión se sentía en el aire. Courtney estaba nerviosa, Ezekiel parecía ya saber su destino por sus comentarios desafortunados, y Ryan... Ryan simplemente estaba allí, presente pero distante.

Cuando Chris comenzó a repartir los malvaviscos, Ryan recibió el suyo entre los primeros. No lo comió; simplemente lo sostuvo entre sus dedos largos y finos, observando cómo el azúcar se derretía lentamente por el calor residual.

—Ezekiel, el muelle de la vergüenza te espera —sentenció Chris.

Mientras el chico abandonaba el campamento, Ryan se levantó y se dirigió hacia el borde del bosque, lejos del bullicio de la celebración de los supervivientes. Necesitaba el silencio. Se sentó en una roca vieja, sacó su bajo del estuche y comenzó a tocar una melodía lenta y sombría. Las notas graves vibraban en el aire nocturno, mezclándose con el susurro de los árboles.

—Tocas bien —dijo una voz detrás de él.

Ryan no dejó de tocar. Sabía que era Gwen. La reconoció por el ritmo de sus pasos.

—La noche es el mejor momento para la música —respondió él sin mirarla—. No hay distracciones. Solo la verdad de las cuerdas.

Gwen se sentó a unos metros de él, abrazando sus rodillas.

—Este lugar es un circo, Ryan. Todos están actuando, todos quieren algo.

—Incluyéndote a ti —dijo Ryan, finalmente deteniendo la música y mirándola—. Todos queremos algo, Gwen. Algunos quieren dinero, otros fama... y otros, simplemente queremos ver si podemos sobrevivir a nosotros mismos en un lugar como este.

Gwen guardó silencio, procesando sus palabras. Ryan volvió a tocar, pero esta vez la melodía era un poco menos triste, un poco más rítmica, como el latido de un corazón que, a pesar de todo, aún tenía ganas de seguir latiendo.

—¿Crees que llegaremos lejos? —preguntó ella.

Ryan miró hacia la luna plateada que se filtraba entre las nubes, el mismo color de su propio cabello.

—Eso depende de cuánto estemos dispuestos a perder en el camino —contestó con su elocuencia reservada—. Pero por ahora, el silencio de la noche es suficiente para mí.

En ese momento, Ryan no era solo el "Observador Melancólico" o el chico de los ojos rojos. Era un jugador, uno que se movía en las sombras, esperando el momento justo para demostrar que, bajo esa apariencia frágil y poética, se escondía una voluntad de hierro. Total Drama Island acababa de empezar, y Ryan estaba listo para observar cómo el mundo se consumía, mientras él seguía tocando su propia canción.
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