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Secret 4

Fandom: CORTIS

Criado: 04/04/2026

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Eclipses de Piel y Secreto

El aire en la habitación se había vuelto denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de la nuca de Juhoon se erizara. La penumbra solo era interrumpida por la suave luz de la lámpara de noche, que bañaba la piel de ambos en un tono ámbar, casi irreal. James, siempre el pilar de la calma y la observación en CORTIS, había perdido esa máscara de hierro. Sus facciones, usualmente marcadas y severas, estaban tensas por una necesidad primitiva que ya no se molestaba en ocultar Detrás de sus lentes, que reflejaban el brillo de la pequeña bombilla, su mirada era un pozo de posesividad oscura.

James apretó la mandíbula con tanta fuerza que sus músculos maseteros se marcaron bajo la piel de su rostro. Sentía su miembro latir con una violencia sorda contra la tela de su ropa, una presión sofocante que exigía liberación. Ver a Juhoon así, desarmado, con el cabello castaño desordenado sobre la almohada y esa expresión de absoluta vulnerabilidad, era una tortura deliciosa.

—James... James, por favor —susurró Juhoon. Su voz, usualmente reservada y elegante, se quebró en un hilo de desesperación.

El chico más alto extendió sus manos delgadas y buscó el rostro de James. Sus dedos temblaban mientras acunaban las mejillas del mayor, atrayéndolo hacia sí en medio de una sobreestimulación que lo estaba dejando sin aliento. Las caderas de Juhoon se sacudieron de forma involuntaria, un espasmo de placer puro que lo hizo arquear la espalda. Sus ojos, profundos y expresivos, se empañaron en lágrimas que rodaron silenciosas por sus sienes.

—Se siente... se siente demasiado —sollozó Juhoon, incapaz de procesar el torrente de sensaciones que James le provocaba con cada roce experto.

James sonrió, pero no fue su sonrisa habitual que suavizaba su expresión; era una mueca de triunfo y deseo salvaje. Se inclinó sobre él y capturó sus labios en un beso profundo, barriendo sus gemidos con la lengua, mientras su mano no dejaba de moverse rítmicamente sobre la anatomía oculta de Juhoon. El sonido del chapoteo, de la lubricación natural mezclándose con el roce de la piel, llenaba el silencio de la habitación, convirtiéndose en la única música que importaba.

De pronto, Juhoon sintió que el mundo se desvanecía. El placer era una ola gigante que amenazaba con ahogarlo. Con un movimiento torpe y cargado de fatiga, deslizó su mano hasta la muñeca de James, intentando detener el movimiento frenético. Su cuerpo estaba destrozado, vibrando en una frecuencia que no podía sostener por más tiempo.

James se separó del beso de inmediato. El hilo de saliva que los unía se rompió mientras él lo miraba con una preocupación genuina que luchaba contra su propia lujuria. Retiró la mano de entre las piernas de Juhoon y lo observó, notando cómo el pecho del menor subía y bajaba con violencia.

—¿Te lastimé, Jju? —preguntó James, su voz ahora baja y ronca, cargada de una ternura inesperada.

Juhoon negó con la cabeza frenéticamente, tratando de recuperar el aire. Sus mejillas estaban encendidas, y su mirada vagaba por la habitación antes de anclarse de nuevo en los ojos intensos de James.

—No... no es eso —logró decir entre jadeos—. Es solo que... se sentía demasiado bien. James, el placer... era demasiado. No podía más.

James suspiró, un sonido que mezclaba el alivio con la agonía de su propia excitación. El dolor en su entrepierna era ya una pulsación constante, un recordatorio de que él también estaba al límite. Al ver la entrega absoluta de Juhoon, la forma en que el chico aceptaba su naturaleza intersexual frente a él sin más miedo, James sintió que algo se derretía en su pecho.

Llevó su propia mano hacia su entrepierna, masajeándose por encima de la tela de sus pantalones. Juhoon lo observó con los ojos muy abiertos, su respiración aún errática. Con movimientos lentos y decididos, James desabrochó su cinturón y bajó sus pantalones cortos junto con los boxers hasta la altura de sus muslos rígidos.

Cuando su miembro quedó finalmente liberado, Juhoon soltó un pequeño jadeo de sorpresa. La anatomía de James era imponente, una manifestación física de su madurez y de la fuerza que solía ocultar bajo su ropa ancha.

—Es... es muy grande —susurró Juhoon, extendiendo un dedo trémulo para tocar apenas la punta.

Al contacto con la piel suave de Juhoon, el miembro de James saltó, reaccionando a la mínima caricia. James soltó un suspiro pesado, una risa suave y algo ronca escapando de sus labios mientras cerraba los ojos por un instante.

—¿Quieres tocarlo de verdad? —le preguntó, abriendo los ojos para clavar su mirada en la de Juhoon.

Juhoon asintió, movido por una curiosidad que ya no estaba teñida de vergüenza. James rodeó su propio miembro con su mano, la cual aún estaba empapada por la humedad de Juhoon. Usó esa lubricación natural para que el roce fuera más fluido, más resbaladizo, y luego tomó la mano de Juhoon, guiándola para que sus dedos se cerraran alrededor de él.

James gruñó, un sonido gutural que vibró en el aire. La sensación de la mano delgada y delicada de Juhoon moviéndose sobre él, guiada por su propia fuerza, era casi insoportable. Sentía el calor irradiando de ambos, el aroma a sudor dulce y a deseo llenando el espacio entre sus cuerpos.

Juhoon, por su parte, se sonrojó hasta las orejas al sentir la firmeza y el calor de James. En su interior, su propio cuerpo reaccionó de inmediato; sintió cómo su sexo se contraía y palpitaba, pidiendo algo que todavía no sabía cómo nombrar del todo.

—Recuéstate de lado, Jju —instruyó James con suavidad.

Juhoon obedeció, girándose para quedar frente a frente con el mayor. Sus pechos casi se tocaban, subiendo y bajando al unísono mientras sus corazones martilleaban contra sus costillas. James lo miró con una intensidad que parecía leerle el alma, analizando cada pequeño cambio en su expresión, desde el brillo de sus ojos hasta el temblor de sus labios.

—No voy a dejar que esto nos destruya —susurró James, antes de acortar la distancia y besarlo de nuevo.

El beso fue distinto esta vez; no era solo hambre, era una promesa. El sonido de sus lenguas encontrándose, ese chasquido húmedo y rítmico, era lo único que llenaba la habitación. Juhoon continuó masturbándolo con una torpeza encantadora, mientras James aprovechaba para bajarle las bragas a Juhoon hasta debajo de los muslos con movimientos decididos.

James lo tomó de las caderas, tirando de él para pegarlo más a su cuerpo. Juhoon soltó un gemido ahogado cuando sintió el pene de James rozar su estómago. Fue como una descarga eléctrica que recorrió su columna vertebral, un sentimiento electrizante que lo hizo estremecerse de pies a cabeza.

James se separó un momento, jadeante, con la boca entreabierta y el cabello castaño cayéndole sobre la frente. Sus lentes se habían deslizado un poco por el puente de su nariz, dándole un aire desaliñado y peligrosamente atractivo. Con una mano, guió su miembro hacia la apertura de Juhoon, frotándose suavemente contra él.

—Ah... James... —Juhoon echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello largo y elegante.

James no perdió la oportunidad y comenzó a besarle el cuello, dejando marcas suaves que desaparecerían por la mañana, pero que en ese momento eran sellos de propiedad. Sus labios se movieron hacia su mandíbula y luego hacia sus mejillas, cubriéndolo de afecto mientras seguía estimulándolo con el roce constante de su sexo.

—¿Quieres esto, Jju? —preguntó James, deteniéndose justo en la entrada—. ¿Se siente bien? No quiero hacer nada que te asuste.

Juhoon abrió los ojos, encontrándose con la mirada protectora del hombre que siempre lo había cuidado en el grupo, solo que ahora ese cuidado se había transformado en algo mucho más profundo y carnal.

—Si es contigo... no tengo miedo —respondió Juhoon con una sinceridad que desarmó a James—. Quiero ser tuyo, James. Por favor.

James no necesitó más. Con una lentitud casi agónica, comenzó a introducirse en él. Juhoon soltó un gemido largo, una nota alta que vibró en la habitación, mientras sus manos se aferraban a los hombros robustos de James, arrugando la tela de su camiseta. James enterró su rostro en el hombro de Juhoon, dejando escapar sus propios gemidos, sonidos bajos y pesados que denotaban el placer extremo que sentía al ser recibido por el calor interno del menor.

Una vez que Juhoon se acostumbró a la intrusión, a esa sensación de plenitud que nunca antes había imaginado, James comenzó a moverse. Con una mano, le levantó una de las piernas de Juhoon, apoyándola sobre su cadera para lograr una entrada más profunda y satisfactoria. Juhoon lo rodeó con sus brazos, hundiendo los dedos en la espalda de James, sintiendo los músculos del mayor trabajar bajo su piel.

El ritmo fue lento al principio, una danza de reconocimiento, pero pronto se volvió más urgente. Los sonidos de la habitación eran una mezcla de respiraciones entrecortadas, el golpeteo rítmico de sus cuerpos y los susurros de James dándole ánimos, llamándolo por su nombre con una devoción que rozaba lo religioso.

Cuando el clímax finalmente los alcanzó, fue como una explosión de luz detrás de sus párpados. James se tensó, aferrando a Juhoon contra su pecho como si temiera que fuera a desaparecer, mientras ambos se perdían en el torrente de sensaciones que los dejaba vacíos y completos al mismo tiempo.

Minutos después, el silencio regresó, pero ya no era un silencio tenso. Ambos estaban acurrucados bajo las sábanas, envueltos en el calor del otro. La luz de la luna se filtraba por las rendijas de la persiana, dibujando líneas de plata sobre la cama.

James, con un brazo rodeando la cintura delgada de Juhoon, le acarició el cabello con ternura. El chico estaba apoyado contra su pecho, escuchando el latido del corazón de James, que poco a poco recuperaba su ritmo normal.

—Me gustas, Juhoon —dijo James de repente, su voz clara y firme en la oscuridad—. No es solo deseo. Me gustas tanto que me asusta lo que sería capaz de hacer para que nadie te haga daño.

Juhoon levantó la vista, sus ojos brillando bajo la luz lunar. Una sonrisa pequeña y dulce, esa que James tanto amaba, apareció en su rostro.

—Y tú a mí —respondió Juhoon—. Siempre fuiste tú el que me hacía sentir a salvo. Ahora... ahora siento que por fin puedo ser yo mismo.

James sonrió de vuelta, esa sonrisa que le suavizaba completamente la expresión y lo hacía ver años más joven. Se estiró para apagar la pequeña lámpara de la mesita de noche, sumergiendo la habitación en la penumbra total, solo rota por el resplandor de la luna.

Se acomodaron mejor, entrelazando sus piernas, y el sueño no tardó en reclamarlos. En ese pequeño espacio, lejos de las cámaras, de los fans y de las exigencias de CORTIS, ya no eran idols con secretos. Eran simplemente dos personas que habían encontrado en el otro el único refugio posible.
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