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Secret
Fandom: CORTIS
Criado: 04/04/2026
Tags
RomanceDramaAngústiaDor/ConfortoFatias de VidaPsicológicoEstudo de PersonagemCenário Canônico
Ecos en el Silencio de la Medianoche
La mañana siguiente al incidente en el sofá trajo consigo una luz grisácea y una pesadez en el aire que Juhoon no sabía cómo gestionar. El dormitorio compartido de los dos mayores de CORTIS se sentía más pequeño que de costumbre, como si las paredes hubieran decidido cerrarse unos centímetros durante la noche.
Juhoon se despertó antes que James, algo inusual. Se quedó inmóvil bajo las sábanas, escuchando la respiración acompasada del mayor. El sonido, que antes le resultaba reconfortante y le ayudaba a conciliar el sueño, ahora le provocaba un hormigueo eléctrico en la base de la columna. Cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar la imagen de James inclinándose sobre él, pero su cuerpo tenía mejor memoria que su mente. Todavía podía sentir el calor fantasma de aquellas manos grandes y firmes en su cintura.
Se levantó con cuidado, tratando de no hacer ruido. Al mirarse al espejo del baño, notó que sus facciones, usualmente suaves y elegantes, lucían cansadas. Sus ojos castaños, profundos y expresivos, delataban una agitación que no podía ocultar con agua fría. Se pasó una mano por el cabello largo, suspirando. Su condición de intersexual siempre lo había hecho sentir como si caminara por la cuerda floja, pero la reacción de su cuerpo ante James la noche anterior había sido una revelación abrumadora. No era solo una confusión hormonal; era un anhelo de pertenencia, de ser visto y tomado por el hombre que ahora dormía a pocos metros de él.
Cuando salió del baño, James ya estaba sentado en el borde de su cama, frotándose el rostro bajo los lentes. Su cabello castaño estaba revuelto y su torso robusto se tensaba bajo la camiseta de algodón.
—Buenos días, Jju —dijo James. Su voz era profunda, todavía ronca por el sueño, y ese apodo cariñoso sonó como una caricia prohibida.
—Buenos días, hyung —respondió Juhoon, evitando la mirada intensa que sabía que James le estaba dedicando.
James se levantó y caminó hacia él. Juhoon se quedó petrificado cerca de la puerta. James era solo un poco más bajo, pero su presencia física, esa agilidad musculosa que ocultaba bajo la ropa, llenaba todo el espacio. Se detuvo frente a él, lo suficientemente cerca como para que Juhoon pudiera oler el aroma familiar de su piel.
—¿Dormiste bien? —preguntó James, observando el ligero temblor en las manos del menor.
—No mucho —confesó Juhoon con sinceridad—. Había... mucho en qué pensar.
James dejó escapar un suspiro corto, una especie de risa seca y sin humor que era característica de su personalidad analítica.
—Entiendo. Yo tampoco pude dejar de darle vueltas.
Antes de que la conversación pudiera profundizar en el territorio peligroso que ambos deseaban y temían, la puerta del dormitorio se abrió de par en par. Martin entró con una energía que resultaba casi violenta para la atmósfera que intentaban construir.
—¡Arriba, abuelos! —exclamó Martin, ajeno a la tensión—. El mánager dice que tenemos que estar en el estudio en una hora. La coreografía de "Nova" no se va a perfeccionar sola, y Keonho todavía se equivoca en el segundo estribillo.
James recuperó su máscara de seriedad en un parpadeo. Asintió a Martin y comenzó a organizar sus cosas con la eficiencia que lo convertía en el pilar del grupo. Juhoon, por su parte, aprovechó la interrupción para escapar hacia la cocina, buscando refugio en la rutina de preparar café.
El ensayo fue un suplicio. "Nova" era una canción intensa, con movimientos que requerían una sincronización perfecta y mucho contacto físico. Cada vez que James tenía que sostener a Juhoon o pasar cerca de él, la electricidad volvía a saltar. James, siempre observador, notaba cada vez que Juhoon mordía su labio inferior por el nerviosismo. La elegancia de los movimientos del menor, la forma en que su cuerpo delgado se movía con una gracia casi etérea, estaba volviendo loco al mayor.
—¡Corte! —gritó el coreógrafo—. Juhoon, estás un tiempo atrás. James, tu mirada está en cualquier parte menos en la cámara. ¿Qué les pasa hoy? Parece que estuvieran en planetas diferentes.
—Lo siento —dijo James, secándose el sudor de la frente con el antebrazo, un gesto que hizo que sus músculos se marcaran bajo la luz del estudio—. Estaremos más concentrados.
Juhoon sintió la mirada de James sobre su cuello y un escalofrío lo recorrió. Necesitaba aire. Necesitaba distancia. Pero en CORTIS, la distancia era un lujo que no se podían permitir.
Al finalizar el día, el agotamiento físico no fue suficiente para aplacar la tensión. De regreso en la furgoneta, el azar —o quizás el destino— hizo que terminaran sentados juntos en la última fila. Los demás miembros hablaban ruidosamente sobre qué cenar, pero en la parte trasera, el silencio era absoluto.
James movió su pierna, rozando "accidentalmente" el muslo de Juhoon. El menor no se apartó. Al contrario, dejó caer su peso ligeramente hacia el lado de James. Fue un contacto mínimo, filtrado por la tela de los pantalones, pero para ellos fue como un incendio.
—Juhoon —susurró James, aprovechando que el ruido de las risas de Seonghyeon cubría su voz—. Tenemos que hablar. No podemos seguir fingiendo que no pasó nada.
—Aquí no, hyung —respondió Juhoon, con la voz quebrada—. Los chicos...
—Esta noche —sentenció James—. Cuando todos se duerman. En la terraza.
Juhoon asintió, sintiendo que su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas. La idea de estar a solas con James, fuera de los límites del dormitorio compartido, lo aterraba y lo excitaba a partes iguales.
La medianoche llegó con una lentitud agónica. Juhoon esperó hasta que los ronquidos de Keonho se escucharon desde la habitación contigua y luego se deslizó fuera de su cama. James ya no estaba allí. Había salido unos minutos antes para asegurarse de que nadie sospechara.
El aire en la terraza del edificio era frío, pero Juhoon apenas lo sintió. James estaba apoyado en la barandilla, mirando las luces de Seúl. Al escuchar la puerta, se giró. Se había quitado los lentes y su mirada intensa parecía capaz de despojar a Juhoon de todos sus secretos.
—Viniste —dijo James, suavizando su expresión al ver al menor envuelto en una chaqueta demasiado grande para él.
—Dijiste que teníamos que hablar —respondió Juhoon, acercándose con pasos lentos y elegantes—. Aunque no sé si las palabras sirvan de mucho ahora.
James se enderezó, acortando la distancia entre ellos. La luz de la luna bañaba sus facciones marcadas, dándole un aire casi escultural.
—He pasado todo el día analizando esto —comenzó James, su tono volviéndose serio—. Sabes que soy así. Intento encontrarle la lógica a todo. Pero lo que siento cuando te miro... lo que sentí anoche en ese sofá... no tiene una explicación lógica. No eres solo mi compañero de grupo, Juhoon. Ni siquiera eres solo mi mejor amigo.
Juhoon bajó la mirada, sintiendo que el calor subía de nuevo por su cuello.
—Hyung, soy... diferente. Sabes lo que eso implica. Mi cuerpo, mis sentimientos... a veces siento que soy un error en el sistema.
James dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Juhoon con una determinación que dejó al menor sin aliento. Tomó el mentón de Juhoon con delicadeza, obligándolo a mirarlo a los ojos.
—Nunca vuelvas a decir eso —dijo James con una firmeza que no admitía réplicas—. No hay nada de error en ti. Eres la persona más hermosa que he conocido, por dentro y por fuera. Tu... naturaleza... no cambia lo que provocas en mí. Solo me hace querer protegerte más, y al mismo tiempo, me hace desearte de una forma que me asusta.
Juhoon soltó un suspiro tembloroso. Las manos de James bajaron desde su rostro hasta sus hombros, y luego, con una lentitud tortuosa, se deslizaron por sus brazos delgados.
—Me siento tan expuesto contigo —confesó Juhoon en un susurro—. Siento que puedes ver cada parte de mí, incluso las que trato de ocultar.
—Eso es porque no hay nada que ocultar de mí, Jju —James se inclinó, buscando su frente—. Anoche, cuando se apagó la televisión... deseé que los demás nunca llegaran. Deseé tener el valor de hacer lo que voy a hacer ahora.
James no esperó más. Selló la distancia y unió sus labios con los de Juhoon en un beso que llevaba meses gestándose en las sombras de los ensayos y los silencios compartidos. Fue un beso lento, exploratorio, cargado de una urgencia contenida que finalmente encontraba una salida.
Juhoon soltó un pequeño jadeo de sorpresa que se transformó rápidamente en un gemido de alivio. Sus manos subieron instintivamente al pecho de James, aferrándose a la tela de su sudadera, sintiendo el latido errático y potente del corazón del mayor. El sabor de James era a café y a algo puramente masculino que embriagó los sentidos de Juhoon.
James profundizó el beso, su lengua pidiendo permiso para entrar, y Juhoon se lo concedió con una entrega total. El mundo alrededor desapareció. Ya no había CORTIS, ni cámaras, ni mánagers, ni miedos sobre su identidad intersexual. Solo existía el roce de sus labios y la forma en que sus cuerpos parecían encajar a la perfección, a pesar de sus diferencias físicas.
Cuando se separaron para tomar aire, sus frentes permanecieron unidas. La respiración de ambos era agitada, creando pequeñas nubes de vapor en el aire frío de la noche.
—Hyung... —murmuró Juhoon, con los ojos brillantes y los labios hinchados—. Esto... esto lo cambia todo.
—Lo sé —respondió James, acariciando la mejilla de Juhoon con el pulgar—. Y no me importa. He pasado demasiado tiempo siendo el observador, el que analiza desde fuera. Quiero estar dentro de tu mundo, Juhoon. Quiero que este "ecosistema privado" que tenemos sea lo único que importe.
Juhoon se abrazó a él, escondiendo el rostro en el cuello de James. El mayor lo rodeó con sus brazos robustos, ofreciéndole esa calma que siempre transmitía, pero que ahora estaba teñida de una pasión compartida.
—Tengo miedo —admitió Juhoon en voz baja.
—Yo también —confesó James, besando la coronilla del menor—. Pero estamos juntos en esto. Nadie tiene por qué saberlo todavía. Será nuestro secreto, uno más profundo que cualquier otro.
Se quedaron así durante un largo rato, refugiados el uno en el otro bajo el cielo estrellado de Seúl. Sabían que el camino por delante sería complicado. La industria del K-pop no era amable con los secretos, y mucho menos con relaciones que desafiaran las normas establecidas. Pero en ese momento, en la soledad de la terraza, la conexión entre el analítico James y el sensible Juhoon era lo único real.
—Deberíamos bajar antes de que alguien se despierte —dijo Juhoon finalmente, aunque no hizo ningún movimiento para soltarse.
—Un minuto más —pidió James, apretándolo un poco más contra su cuerpo—. Solo un minuto más de este silencio.
Esa noche, cuando regresaron a su habitación, no hubo necesidad de palabras. Se acostaron en sus respectivas camas, pero sus manos se buscaron en el espacio que separaba los colchones, entrelazando los dedos en la oscuridad. El silencio ya no era una invitación peligrosa, sino una promesa.
Juhoon cerró los ojos, sintiendo el calor de la mano de James. Por primera vez en mucho tiempo, la sensación en su cuerpo no era de conflicto, sino de plenitud. Sabía que James lo aceptaba tal como era, con su agilidad, su elegancia y su naturaleza única. Y James, mientras observaba la silueta de Juhoon en la penumbra, supo que su papel de protector había evolucionado. Ya no solo protegería a Juhoon del mundo; lo protegería para sí mismo, atesorando cada parte de ese ser misterioso y hermoso que ahora llamaba suyo.
El ecosistema privado de CORTIS se había expandido, y aunque los demás miembros seguían siendo satélites lejanos, el sol en el centro de ese universo ahora brillaba con una luz compartida que nada podría apagar.
Juhoon se despertó antes que James, algo inusual. Se quedó inmóvil bajo las sábanas, escuchando la respiración acompasada del mayor. El sonido, que antes le resultaba reconfortante y le ayudaba a conciliar el sueño, ahora le provocaba un hormigueo eléctrico en la base de la columna. Cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar la imagen de James inclinándose sobre él, pero su cuerpo tenía mejor memoria que su mente. Todavía podía sentir el calor fantasma de aquellas manos grandes y firmes en su cintura.
Se levantó con cuidado, tratando de no hacer ruido. Al mirarse al espejo del baño, notó que sus facciones, usualmente suaves y elegantes, lucían cansadas. Sus ojos castaños, profundos y expresivos, delataban una agitación que no podía ocultar con agua fría. Se pasó una mano por el cabello largo, suspirando. Su condición de intersexual siempre lo había hecho sentir como si caminara por la cuerda floja, pero la reacción de su cuerpo ante James la noche anterior había sido una revelación abrumadora. No era solo una confusión hormonal; era un anhelo de pertenencia, de ser visto y tomado por el hombre que ahora dormía a pocos metros de él.
Cuando salió del baño, James ya estaba sentado en el borde de su cama, frotándose el rostro bajo los lentes. Su cabello castaño estaba revuelto y su torso robusto se tensaba bajo la camiseta de algodón.
—Buenos días, Jju —dijo James. Su voz era profunda, todavía ronca por el sueño, y ese apodo cariñoso sonó como una caricia prohibida.
—Buenos días, hyung —respondió Juhoon, evitando la mirada intensa que sabía que James le estaba dedicando.
James se levantó y caminó hacia él. Juhoon se quedó petrificado cerca de la puerta. James era solo un poco más bajo, pero su presencia física, esa agilidad musculosa que ocultaba bajo la ropa, llenaba todo el espacio. Se detuvo frente a él, lo suficientemente cerca como para que Juhoon pudiera oler el aroma familiar de su piel.
—¿Dormiste bien? —preguntó James, observando el ligero temblor en las manos del menor.
—No mucho —confesó Juhoon con sinceridad—. Había... mucho en qué pensar.
James dejó escapar un suspiro corto, una especie de risa seca y sin humor que era característica de su personalidad analítica.
—Entiendo. Yo tampoco pude dejar de darle vueltas.
Antes de que la conversación pudiera profundizar en el territorio peligroso que ambos deseaban y temían, la puerta del dormitorio se abrió de par en par. Martin entró con una energía que resultaba casi violenta para la atmósfera que intentaban construir.
—¡Arriba, abuelos! —exclamó Martin, ajeno a la tensión—. El mánager dice que tenemos que estar en el estudio en una hora. La coreografía de "Nova" no se va a perfeccionar sola, y Keonho todavía se equivoca en el segundo estribillo.
James recuperó su máscara de seriedad en un parpadeo. Asintió a Martin y comenzó a organizar sus cosas con la eficiencia que lo convertía en el pilar del grupo. Juhoon, por su parte, aprovechó la interrupción para escapar hacia la cocina, buscando refugio en la rutina de preparar café.
El ensayo fue un suplicio. "Nova" era una canción intensa, con movimientos que requerían una sincronización perfecta y mucho contacto físico. Cada vez que James tenía que sostener a Juhoon o pasar cerca de él, la electricidad volvía a saltar. James, siempre observador, notaba cada vez que Juhoon mordía su labio inferior por el nerviosismo. La elegancia de los movimientos del menor, la forma en que su cuerpo delgado se movía con una gracia casi etérea, estaba volviendo loco al mayor.
—¡Corte! —gritó el coreógrafo—. Juhoon, estás un tiempo atrás. James, tu mirada está en cualquier parte menos en la cámara. ¿Qué les pasa hoy? Parece que estuvieran en planetas diferentes.
—Lo siento —dijo James, secándose el sudor de la frente con el antebrazo, un gesto que hizo que sus músculos se marcaran bajo la luz del estudio—. Estaremos más concentrados.
Juhoon sintió la mirada de James sobre su cuello y un escalofrío lo recorrió. Necesitaba aire. Necesitaba distancia. Pero en CORTIS, la distancia era un lujo que no se podían permitir.
Al finalizar el día, el agotamiento físico no fue suficiente para aplacar la tensión. De regreso en la furgoneta, el azar —o quizás el destino— hizo que terminaran sentados juntos en la última fila. Los demás miembros hablaban ruidosamente sobre qué cenar, pero en la parte trasera, el silencio era absoluto.
James movió su pierna, rozando "accidentalmente" el muslo de Juhoon. El menor no se apartó. Al contrario, dejó caer su peso ligeramente hacia el lado de James. Fue un contacto mínimo, filtrado por la tela de los pantalones, pero para ellos fue como un incendio.
—Juhoon —susurró James, aprovechando que el ruido de las risas de Seonghyeon cubría su voz—. Tenemos que hablar. No podemos seguir fingiendo que no pasó nada.
—Aquí no, hyung —respondió Juhoon, con la voz quebrada—. Los chicos...
—Esta noche —sentenció James—. Cuando todos se duerman. En la terraza.
Juhoon asintió, sintiendo que su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas. La idea de estar a solas con James, fuera de los límites del dormitorio compartido, lo aterraba y lo excitaba a partes iguales.
La medianoche llegó con una lentitud agónica. Juhoon esperó hasta que los ronquidos de Keonho se escucharon desde la habitación contigua y luego se deslizó fuera de su cama. James ya no estaba allí. Había salido unos minutos antes para asegurarse de que nadie sospechara.
El aire en la terraza del edificio era frío, pero Juhoon apenas lo sintió. James estaba apoyado en la barandilla, mirando las luces de Seúl. Al escuchar la puerta, se giró. Se había quitado los lentes y su mirada intensa parecía capaz de despojar a Juhoon de todos sus secretos.
—Viniste —dijo James, suavizando su expresión al ver al menor envuelto en una chaqueta demasiado grande para él.
—Dijiste que teníamos que hablar —respondió Juhoon, acercándose con pasos lentos y elegantes—. Aunque no sé si las palabras sirvan de mucho ahora.
James se enderezó, acortando la distancia entre ellos. La luz de la luna bañaba sus facciones marcadas, dándole un aire casi escultural.
—He pasado todo el día analizando esto —comenzó James, su tono volviéndose serio—. Sabes que soy así. Intento encontrarle la lógica a todo. Pero lo que siento cuando te miro... lo que sentí anoche en ese sofá... no tiene una explicación lógica. No eres solo mi compañero de grupo, Juhoon. Ni siquiera eres solo mi mejor amigo.
Juhoon bajó la mirada, sintiendo que el calor subía de nuevo por su cuello.
—Hyung, soy... diferente. Sabes lo que eso implica. Mi cuerpo, mis sentimientos... a veces siento que soy un error en el sistema.
James dio un paso más, invadiendo el espacio personal de Juhoon con una determinación que dejó al menor sin aliento. Tomó el mentón de Juhoon con delicadeza, obligándolo a mirarlo a los ojos.
—Nunca vuelvas a decir eso —dijo James con una firmeza que no admitía réplicas—. No hay nada de error en ti. Eres la persona más hermosa que he conocido, por dentro y por fuera. Tu... naturaleza... no cambia lo que provocas en mí. Solo me hace querer protegerte más, y al mismo tiempo, me hace desearte de una forma que me asusta.
Juhoon soltó un suspiro tembloroso. Las manos de James bajaron desde su rostro hasta sus hombros, y luego, con una lentitud tortuosa, se deslizaron por sus brazos delgados.
—Me siento tan expuesto contigo —confesó Juhoon en un susurro—. Siento que puedes ver cada parte de mí, incluso las que trato de ocultar.
—Eso es porque no hay nada que ocultar de mí, Jju —James se inclinó, buscando su frente—. Anoche, cuando se apagó la televisión... deseé que los demás nunca llegaran. Deseé tener el valor de hacer lo que voy a hacer ahora.
James no esperó más. Selló la distancia y unió sus labios con los de Juhoon en un beso que llevaba meses gestándose en las sombras de los ensayos y los silencios compartidos. Fue un beso lento, exploratorio, cargado de una urgencia contenida que finalmente encontraba una salida.
Juhoon soltó un pequeño jadeo de sorpresa que se transformó rápidamente en un gemido de alivio. Sus manos subieron instintivamente al pecho de James, aferrándose a la tela de su sudadera, sintiendo el latido errático y potente del corazón del mayor. El sabor de James era a café y a algo puramente masculino que embriagó los sentidos de Juhoon.
James profundizó el beso, su lengua pidiendo permiso para entrar, y Juhoon se lo concedió con una entrega total. El mundo alrededor desapareció. Ya no había CORTIS, ni cámaras, ni mánagers, ni miedos sobre su identidad intersexual. Solo existía el roce de sus labios y la forma en que sus cuerpos parecían encajar a la perfección, a pesar de sus diferencias físicas.
Cuando se separaron para tomar aire, sus frentes permanecieron unidas. La respiración de ambos era agitada, creando pequeñas nubes de vapor en el aire frío de la noche.
—Hyung... —murmuró Juhoon, con los ojos brillantes y los labios hinchados—. Esto... esto lo cambia todo.
—Lo sé —respondió James, acariciando la mejilla de Juhoon con el pulgar—. Y no me importa. He pasado demasiado tiempo siendo el observador, el que analiza desde fuera. Quiero estar dentro de tu mundo, Juhoon. Quiero que este "ecosistema privado" que tenemos sea lo único que importe.
Juhoon se abrazó a él, escondiendo el rostro en el cuello de James. El mayor lo rodeó con sus brazos robustos, ofreciéndole esa calma que siempre transmitía, pero que ahora estaba teñida de una pasión compartida.
—Tengo miedo —admitió Juhoon en voz baja.
—Yo también —confesó James, besando la coronilla del menor—. Pero estamos juntos en esto. Nadie tiene por qué saberlo todavía. Será nuestro secreto, uno más profundo que cualquier otro.
Se quedaron así durante un largo rato, refugiados el uno en el otro bajo el cielo estrellado de Seúl. Sabían que el camino por delante sería complicado. La industria del K-pop no era amable con los secretos, y mucho menos con relaciones que desafiaran las normas establecidas. Pero en ese momento, en la soledad de la terraza, la conexión entre el analítico James y el sensible Juhoon era lo único real.
—Deberíamos bajar antes de que alguien se despierte —dijo Juhoon finalmente, aunque no hizo ningún movimiento para soltarse.
—Un minuto más —pidió James, apretándolo un poco más contra su cuerpo—. Solo un minuto más de este silencio.
Esa noche, cuando regresaron a su habitación, no hubo necesidad de palabras. Se acostaron en sus respectivas camas, pero sus manos se buscaron en el espacio que separaba los colchones, entrelazando los dedos en la oscuridad. El silencio ya no era una invitación peligrosa, sino una promesa.
Juhoon cerró los ojos, sintiendo el calor de la mano de James. Por primera vez en mucho tiempo, la sensación en su cuerpo no era de conflicto, sino de plenitud. Sabía que James lo aceptaba tal como era, con su agilidad, su elegancia y su naturaleza única. Y James, mientras observaba la silueta de Juhoon en la penumbra, supo que su papel de protector había evolucionado. Ya no solo protegería a Juhoon del mundo; lo protegería para sí mismo, atesorando cada parte de ese ser misterioso y hermoso que ahora llamaba suyo.
El ecosistema privado de CORTIS se había expandido, y aunque los demás miembros seguían siendo satélites lejanos, el sol en el centro de ese universo ahora brillaba con una luz compartida que nada podría apagar.
