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Casual
Fandom: Jujutsu Kaisen
Criado: 11/04/2026
Tags
UA (Universo Alternativo)DramaAngústiaPsicológicoFantasiaTragédiaEstudo de PersonagemDivergênciaCiúmesRomanceCenário CanônicoSobrevivência
El peso de un anillo de cristal
El atardecer sobre Tokio tenía un color violáceo, casi como un moretón que se extiende lentamente sobre la piel. Nobara Kugisaki observaba el horizonte desde la barandilla del centro comercial, con varias bolsas de marcas exclusivas colgando de sus muñecas. Había pasado la tarde gastando dinero que no tenía, intentando llenar el vacío en su pecho con telas de seda y zapatos de tacón que probablemente solo usaría una vez. A sus dieciocho años, en su último año de preparatoria, Nobara era la viva imagen de la sofisticación urbana: delgada, con su cabello naranja perfectamente peinado y esos ojos de almendra que siempre parecían desafiar al mundo.
Sin embargo, detrás de la máscara de chica ruda y amante de las compras, Nobara se estaba desmoronando.
Hacía meses que Maki Zenin se había graduado y se había alejado de la escuela técnica, pero nunca se alejó de Nobara. O eso era lo que Nobara quería creer. Su relación, si es que podía llamarse así, era un secreto a voces teñido de sombras. Maki, con su cuerpo atlético y las cicatrices de quemaduras que le surcaban el torso como un mapa de su supervivencia, siempre había sido el norte de Nobara.
Pero el norte de Maki estaba en otro lugar.
Nobara sintió una vibración en su teléfono. Un mensaje de Maki. Tres palabras: "¿Estás en casa?".
Quince minutos después, Nobara abría la puerta de su dormitorio. Maki estaba allí, apoyada contra la pared, vistiendo una chaqueta oscura que ocultaba las marcas de su pasado. Era más alta que Nobara, una presencia imponente que siempre hacía que el corazón de la pelirroja diera un vuelco.
— Has tardado —dijo Maki, sin siquiera saludar. Su voz era ronca, directa.
— Estaba comprando. Una tiene que mantener los estándares, ¿sabes? —respondió Nobara, intentando sonar ligera mientras dejaba las bolsas en el suelo.
Maki se acercó. No hubo palabras dulces, ni preguntas sobre su día. Solo el contacto físico que Nobara ansiaba y temía a la vez. Cuando Maki la besó, Nobara se aferró a ella como un náufrago a una tabla. Las manos de Maki, fuertes y seguras, se deslizaron bajo la camiseta de Nobara. En esos momentos, Nobara podía ignorar el hecho de que Maki nunca la llamaba "novia". Podía ignorar que Maki insistía en que lo suyo era una "relación abierta" para no complicar sus planes.
Pero el hechizo se rompió cuando Maki se apartó para quitarse la chaqueta. La luz de la lámpara de mesa golpeó algo en su mano derecha. Un anillo.
No era un anillo cualquiera. Era una pieza de artesanía fina, con un diseño que gritaba linaje y poder. Nobara sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Lo sabía por los rumores, lo sabía por lo que se decía en los pasillos de la escuela: Maki Zenin se había comprometido con Yuta Okkotsu.
Yuta, el chico de mirada triste y poder abrumador. El heredero del clan Gojo tras la caída de Satoru. El hombre que representaba el boleto de salida de Maki de la miseria de los Zenin.
— Es bonito —soltó Nobara, su voz temblando apenas un milímetro.
Maki miró su propia mano, impasible.
— Es un trámite, Nobara. Ya te lo dije. Yuta es un buen tipo, no pide mucho. Con su apellido, los Zenin no podrán volver a tocarme. Seré libre.
— ¿Libre? —Nobara soltó una risa amarga—. Te vas a casar con un hombre al que no amas para huir de una familia que odias. ¿Eso es libertad, Maki? ¿Y qué pasa conmigo?
Maki suspiró, una expresión de fastidio cruzando su rostro.
— No empieces con eso. Sabes cómo funciona esto. Lo nuestro es... aparte. Es casual.
— ¡No es casual para mí! —estalló Nobara, las lágrimas picando en sus ojos—. Llevamos casi un año así. Me dejas quererte en la oscuridad, me dejas cuidar tus heridas, y luego sales a la calle y me presentas como "una amiga de la escuela" mientras luces ese anillo. ¡Me duele, maldecida sea, me duele!
Maki se cruzó de brazos, su postura volviéndose defensiva. Su musculatura, forjada en el dolor y el entrenamiento, se tensó.
— Nunca te prometí exclusividad, Nobara. Fui clara desde el principio. Necesito esto. Mi vida ha sido un infierno y Yuta es la salida. No voy a desperdiciar esta oportunidad por un capricho sentimental.
— ¿Un capricho? —Nobara se acercó a ella, agarrándola de la solapa de la camisa—. Te amo. Te he dado todo lo que tengo. He seguido tus dietas, he aguantado tus silencios, he aceptado las migajas de cariño que me tiras cuando tienes ganas. ¡Mírame a los ojos y dime que soy un capricho!
Maki la miró, pero sus ojos estaban vacíos, blindados por años de autoprotección.
— Estás siendo ridícula. Estás haciendo un escándalo por algo que ya sabías. No seas egoísta, Nobara. Sabes lo que ese clan me hizo.
— ¡Yo no soy la egoísta aquí! —gritó Nobara, las lágrimas rodando finalmente por sus mejillas—. Yo solo quiero ser elegida. Solo una vez en mi vida, quiero que alguien me elija a mí por encima del poder, del apellido y de la venganza. Maki... por favor. Elígeme a mí. Podemos irnos. Podemos desaparecer. No necesitas a Yuta.
Hubo un silencio sepulcral en la habitación. El segundero del reloj en la pared parecía martillar el cráneo de Nobara. Ella miraba a Maki con una esperanza desesperada, una súplica muda que nacía desde lo más profundo de su alma.
Maki bajó la mirada hacia la mano de Nobara, que aún la sujetaba, y luego volvió a mirar el rostro descompuesto de la chica.
— No.
La palabra fue corta, seca, como el golpe de un hacha contra la madera.
Nobara retrocedió como si la hubieran abofeteado. El "no" resonó en las paredes, destruyendo lo último que quedaba de su resistencia.
— No voy a dejar mi futuro por ti —continuó Maki, su voz ganando una frialdad cortante—. Yuta me ofrece estabilidad. Me ofrece un nombre que nadie se atreverá a escupir. Tú solo me ofreces... esto. Drama y sentimientos que no puedo permitirme.
— Vete —susurró Nobara, su voz quebrada—. Vete ahora mismo.
— Nobara, no te pongas así...
— ¡Que te largues! —chilló Nobara, señalando la puerta—. Ve a buscar a tu prometido perfecto. Ve a casarte con el hechicero más fuerte y sé la señora Gojo o lo que sea que quieras ser. Pero no vuelvas a tocarme. No vuelvas a usarme para sentirte viva antes de volver a tu jaula de oro.
Maki la observó un momento más. Por un breve instante, una grieta pareció formarse en su armadura. Sus dedos rozaron el anillo de compromiso, como si de repente pesara diez toneladas. Pero la grieta se cerró tan rápido como había aparecido.
Sin decir una palabra más, Maki tomó su chaqueta y salió de la habitación. El sonido de la puerta cerrándose fue el punto final de una historia que Nobara había intentado escribir con sangre y deseos.
Nobara se desplomó en el suelo, rodeada de sus bolsas de compras. Los zapatos caros y las blusas de diseñador no servían de nada ahora. Se abrazó a sus rodillas y lloró, un llanto ronco y amargo que llenó el vacío de la estancia.
Mientras tanto, Maki caminaba por las calles de Tokio hacia el distrito donde la esperaba Yuta. El aire nocturno era frío. Se tocó el cuello, donde aún sentía el calor de los labios de Nobara, y sintió una opresión en el pecho que ninguna técnica de respiración podía aliviar.
Sabía que lo que acababa de hacer era necesario. Sabía que Yuta era amable, que él no la amaba de esa forma y que su matrimonio sería un contrato de respeto mutuo y conveniencia política. Tendría hijos con el apellido Gojo. Se sentaría en mesas largas con gente poderosa. Tendría la vida que siempre se le negó por nacer sin energía maldita.
Pero mientras caminaba, Maki se dio cuenta de una verdad aterradora.
Podría tener el poder, podría tener el apellido y podría hundir a los Zenin hasta que no quedaran ni las cenizas. Pero en el futuro, cuando estuviera acostada en una cama inmensa y fría al lado de un esposo al que solo apreciaba como a un camarada, el rostro que vería al cerrar los ojos sería el de la chica de cabello naranja.
Pensaría en Nobara cuando el silencio de su nueva vida fuera demasiado fuerte. Pensaría en ella cuando recordara lo que se sentía ser querida sin condiciones, sin contratos y sin anillos de por medio.
Maki Zenin había ganado su guerra contra el clan, pero en el proceso, se había condenado a recordar para siempre el sabor de la única libertad que realmente había tenido y que acababa de arrojar a la basura.
Nobara, en su habitación, se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se levantaría, se pondría su mejor conjunto, se pintaría los labios de un rojo feroz y caminaría por la escuela como si nada hubiera pasado. Porque ella era Nobara Kugisaki, y nadie, ni siquiera la mujer que amaba, la vería derrotada por mucho tiempo.
Pero esa noche, mientras el anillo de Maki brillaba bajo las luces de la ciudad, el hilo que las unía se tensó hasta romperse, dejando atrás solo el eco de un "no" que cambiaría sus vidas para siempre.
Sin embargo, detrás de la máscara de chica ruda y amante de las compras, Nobara se estaba desmoronando.
Hacía meses que Maki Zenin se había graduado y se había alejado de la escuela técnica, pero nunca se alejó de Nobara. O eso era lo que Nobara quería creer. Su relación, si es que podía llamarse así, era un secreto a voces teñido de sombras. Maki, con su cuerpo atlético y las cicatrices de quemaduras que le surcaban el torso como un mapa de su supervivencia, siempre había sido el norte de Nobara.
Pero el norte de Maki estaba en otro lugar.
Nobara sintió una vibración en su teléfono. Un mensaje de Maki. Tres palabras: "¿Estás en casa?".
Quince minutos después, Nobara abría la puerta de su dormitorio. Maki estaba allí, apoyada contra la pared, vistiendo una chaqueta oscura que ocultaba las marcas de su pasado. Era más alta que Nobara, una presencia imponente que siempre hacía que el corazón de la pelirroja diera un vuelco.
— Has tardado —dijo Maki, sin siquiera saludar. Su voz era ronca, directa.
— Estaba comprando. Una tiene que mantener los estándares, ¿sabes? —respondió Nobara, intentando sonar ligera mientras dejaba las bolsas en el suelo.
Maki se acercó. No hubo palabras dulces, ni preguntas sobre su día. Solo el contacto físico que Nobara ansiaba y temía a la vez. Cuando Maki la besó, Nobara se aferró a ella como un náufrago a una tabla. Las manos de Maki, fuertes y seguras, se deslizaron bajo la camiseta de Nobara. En esos momentos, Nobara podía ignorar el hecho de que Maki nunca la llamaba "novia". Podía ignorar que Maki insistía en que lo suyo era una "relación abierta" para no complicar sus planes.
Pero el hechizo se rompió cuando Maki se apartó para quitarse la chaqueta. La luz de la lámpara de mesa golpeó algo en su mano derecha. Un anillo.
No era un anillo cualquiera. Era una pieza de artesanía fina, con un diseño que gritaba linaje y poder. Nobara sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Lo sabía por los rumores, lo sabía por lo que se decía en los pasillos de la escuela: Maki Zenin se había comprometido con Yuta Okkotsu.
Yuta, el chico de mirada triste y poder abrumador. El heredero del clan Gojo tras la caída de Satoru. El hombre que representaba el boleto de salida de Maki de la miseria de los Zenin.
— Es bonito —soltó Nobara, su voz temblando apenas un milímetro.
Maki miró su propia mano, impasible.
— Es un trámite, Nobara. Ya te lo dije. Yuta es un buen tipo, no pide mucho. Con su apellido, los Zenin no podrán volver a tocarme. Seré libre.
— ¿Libre? —Nobara soltó una risa amarga—. Te vas a casar con un hombre al que no amas para huir de una familia que odias. ¿Eso es libertad, Maki? ¿Y qué pasa conmigo?
Maki suspiró, una expresión de fastidio cruzando su rostro.
— No empieces con eso. Sabes cómo funciona esto. Lo nuestro es... aparte. Es casual.
— ¡No es casual para mí! —estalló Nobara, las lágrimas picando en sus ojos—. Llevamos casi un año así. Me dejas quererte en la oscuridad, me dejas cuidar tus heridas, y luego sales a la calle y me presentas como "una amiga de la escuela" mientras luces ese anillo. ¡Me duele, maldecida sea, me duele!
Maki se cruzó de brazos, su postura volviéndose defensiva. Su musculatura, forjada en el dolor y el entrenamiento, se tensó.
— Nunca te prometí exclusividad, Nobara. Fui clara desde el principio. Necesito esto. Mi vida ha sido un infierno y Yuta es la salida. No voy a desperdiciar esta oportunidad por un capricho sentimental.
— ¿Un capricho? —Nobara se acercó a ella, agarrándola de la solapa de la camisa—. Te amo. Te he dado todo lo que tengo. He seguido tus dietas, he aguantado tus silencios, he aceptado las migajas de cariño que me tiras cuando tienes ganas. ¡Mírame a los ojos y dime que soy un capricho!
Maki la miró, pero sus ojos estaban vacíos, blindados por años de autoprotección.
— Estás siendo ridícula. Estás haciendo un escándalo por algo que ya sabías. No seas egoísta, Nobara. Sabes lo que ese clan me hizo.
— ¡Yo no soy la egoísta aquí! —gritó Nobara, las lágrimas rodando finalmente por sus mejillas—. Yo solo quiero ser elegida. Solo una vez en mi vida, quiero que alguien me elija a mí por encima del poder, del apellido y de la venganza. Maki... por favor. Elígeme a mí. Podemos irnos. Podemos desaparecer. No necesitas a Yuta.
Hubo un silencio sepulcral en la habitación. El segundero del reloj en la pared parecía martillar el cráneo de Nobara. Ella miraba a Maki con una esperanza desesperada, una súplica muda que nacía desde lo más profundo de su alma.
Maki bajó la mirada hacia la mano de Nobara, que aún la sujetaba, y luego volvió a mirar el rostro descompuesto de la chica.
— No.
La palabra fue corta, seca, como el golpe de un hacha contra la madera.
Nobara retrocedió como si la hubieran abofeteado. El "no" resonó en las paredes, destruyendo lo último que quedaba de su resistencia.
— No voy a dejar mi futuro por ti —continuó Maki, su voz ganando una frialdad cortante—. Yuta me ofrece estabilidad. Me ofrece un nombre que nadie se atreverá a escupir. Tú solo me ofreces... esto. Drama y sentimientos que no puedo permitirme.
— Vete —susurró Nobara, su voz quebrada—. Vete ahora mismo.
— Nobara, no te pongas así...
— ¡Que te largues! —chilló Nobara, señalando la puerta—. Ve a buscar a tu prometido perfecto. Ve a casarte con el hechicero más fuerte y sé la señora Gojo o lo que sea que quieras ser. Pero no vuelvas a tocarme. No vuelvas a usarme para sentirte viva antes de volver a tu jaula de oro.
Maki la observó un momento más. Por un breve instante, una grieta pareció formarse en su armadura. Sus dedos rozaron el anillo de compromiso, como si de repente pesara diez toneladas. Pero la grieta se cerró tan rápido como había aparecido.
Sin decir una palabra más, Maki tomó su chaqueta y salió de la habitación. El sonido de la puerta cerrándose fue el punto final de una historia que Nobara había intentado escribir con sangre y deseos.
Nobara se desplomó en el suelo, rodeada de sus bolsas de compras. Los zapatos caros y las blusas de diseñador no servían de nada ahora. Se abrazó a sus rodillas y lloró, un llanto ronco y amargo que llenó el vacío de la estancia.
Mientras tanto, Maki caminaba por las calles de Tokio hacia el distrito donde la esperaba Yuta. El aire nocturno era frío. Se tocó el cuello, donde aún sentía el calor de los labios de Nobara, y sintió una opresión en el pecho que ninguna técnica de respiración podía aliviar.
Sabía que lo que acababa de hacer era necesario. Sabía que Yuta era amable, que él no la amaba de esa forma y que su matrimonio sería un contrato de respeto mutuo y conveniencia política. Tendría hijos con el apellido Gojo. Se sentaría en mesas largas con gente poderosa. Tendría la vida que siempre se le negó por nacer sin energía maldita.
Pero mientras caminaba, Maki se dio cuenta de una verdad aterradora.
Podría tener el poder, podría tener el apellido y podría hundir a los Zenin hasta que no quedaran ni las cenizas. Pero en el futuro, cuando estuviera acostada en una cama inmensa y fría al lado de un esposo al que solo apreciaba como a un camarada, el rostro que vería al cerrar los ojos sería el de la chica de cabello naranja.
Pensaría en Nobara cuando el silencio de su nueva vida fuera demasiado fuerte. Pensaría en ella cuando recordara lo que se sentía ser querida sin condiciones, sin contratos y sin anillos de por medio.
Maki Zenin había ganado su guerra contra el clan, pero en el proceso, se había condenado a recordar para siempre el sabor de la única libertad que realmente había tenido y que acababa de arrojar a la basura.
Nobara, en su habitación, se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se levantaría, se pondría su mejor conjunto, se pintaría los labios de un rojo feroz y caminaría por la escuela como si nada hubiera pasado. Porque ella era Nobara Kugisaki, y nadie, ni siquiera la mujer que amaba, la vería derrotada por mucho tiempo.
Pero esa noche, mientras el anillo de Maki brillaba bajo las luces de la ciudad, el hilo que las unía se tensó hasta romperse, dejando atrás solo el eco de un "no" que cambiaría sus vidas para siempre.
