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My héroe academia

Фандом: My héroe academia invencible

Создан: 14.04.2026

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El Abismo bajo el Velo: Anomalías y Contenciones

La paz de la tarde en la Academia U.A. se rompió no con una explosión, sino con un silencio absoluto. En el auditorio principal, donde los estudiantes de la Clase 1-A y 1-B se encontraban reunidos para una conferencia especial, las luces parpadearon antes de extinguirse por completo. Un zumbido eléctrico recorrió el aire, erizando los vellos de la nuca de Izuku Midoriya.

—¿Qué está pasando? —preguntó Denki Kaminari, cuya propia electricidad parecía estar siendo absorbida por las paredes—. ¿Es un ataque de villanos?

—Mantengan la calma —ordenó la voz firme de Shota Aizawa, aunque sus ojos rojos ya buscaban amenazas en la oscuridad.

De repente, una pantalla gigantesca que cubría toda la pared frontal se encendió. No mostraba noticias, ni el rostro de algún criminal presuntuoso. En su lugar, un logotipo minimalista apareció: un círculo con tres flechas apuntando hacia adentro. Debajo, tres palabras que ninguno de ellos había visto antes: asegurar, contener, proteger.

—¿Fundación SCP? —leyó Momo Yaoyorozu, frunciendo el ceño—. No tengo registros de ninguna organización con ese nombre en el sistema de seguridad nacional.

—No es de su mundo, joven Yaoyorozu —dijo una voz incorpórea que resonó en cada rincón del salón—. Ni de su realidad. Lo que están a punto de presenciar es el registro de un universo donde los "Dones" no son la norma, sino anomalías que desafían toda lógica, ciencia y cordura.

Bakugo soltó un gruñido, con pequeñas chispas saltando de sus palmas.

—¡Me importa un bledo de dónde venga! ¡Sácanos de aquí antes de que vuele este lugar!

—Siéntate, Bakugo —intervino All Might, que estaba sentado en la primera fila junto al director Nezu—. Si esto es una advertencia o una lección, debemos observar. Esa presión en el aire... no es algo que podamos combatir con fuerza bruta.

La pantalla cambió. El brillo blanco fue reemplazado por el granulado de una cámara de seguridad de baja resolución. El entorno parecía una instalación militar subterránea, fría y aséptica.

—Lo que verán a continuación —continuó la voz— es el sujeto SCP-173. Clase de objeto: Euclides.

En la pantalla apareció una figura grotesca. Era una estatua de hormigón y barras de refuerzo con trazos de pintura de aerosol en lo que parecía ser una cara. Permanecía inmóvil en una habitación cerrada.

—¿Una estatua? —Uraraka ladeó la cabeza—. No parece muy peligrosa.

—Observen —susurró Nezu, con sus ojos negros fijos en la pantalla.

Dos hombres vestidos con uniformes naranjas entraron en la celda. El audio captó su respiración agitada. Uno de ellos parpadeó. En esa fracción de segundo, la estatua, que antes estaba al fondo de la habitación, apareció justo frente a él.

—¡¿Qué?! —gritó Midoriya, sacando inconscientemente su libreta—. ¡Se movió! ¡Pero no hubo aceleración, simplemente... cambió de posición!

—No puede moverse mientras alguien la mira —explicó la voz del sistema—. Es una regla absoluta de su existencia. Pero si pierdes el contacto visual por un milisegundo...

En la pantalla, el segundo hombre parpadeó por puro terror. Un crujido seco y violento resonó en los altavoces del auditorio. El primer hombre cayó al suelo con el cuello girado en un ángulo imposible.

El silencio en el auditorio fue sepulcral. Los estudiantes, acostumbrados a pelear contra villanos con poderes comprensibles, sintieron un frío gélido. No había diálogo, no había monólogo de villano, solo una muerte mecánica y eficiente.

—Eso... eso no es un Don —murmuró Todoroki, con su lado izquierdo dejando escapar un rastro de vapor—. Es una maldición.

—En este universo —dijo la voz—, no hay héroes que salven el día con una sonrisa. Solo hay hombres y mujeres en la oscuridad que mantienen a estos monstruos encerrados para que el resto de la humanidad pueda vivir en una bendita ignorancia.

La pantalla se dividió en múltiples cuadros, mostrando diferentes celdas de contención. Vieron a un hombre alto y pálido que lloraba desconsoladamente sentado en el suelo de una celda de acero.

—SCP-096. Clase de objeto: Euclides —anunció el sistema—. Si alguien mira su rostro, ya sea directamente, por fotografía o video, SCP-096 entrará en un estado de agitación extrema. Atravesará cualquier obstáculo, recorrerá cualquier distancia y matará a la persona que lo vio. Nada puede detenerlo.

—¿Incluso si es una foto? —preguntó Tsuyu Asui, cubriéndose la boca con la mano—. Eso significa que si alguien en esta sala viera una foto real de él...

—Estarían todos muertos —completó la voz—. Pero la Fundación ha censurado las imágenes para esta presentación.

Bakugo apretó los dientes, su frustración hirviendo.

—¡Es una estupidez! ¡Todo tiene una debilidad! Solo hay que golpearlo lo suficientemente fuerte.

—No hay "golpear" a algo que no obedece las leyes de la física, Bakugo Katsuki —respondió la voz—. En su mundo, ustedes son los protectores. En el mundo de la Fundación, ellos son los carceleros de un caos que no debería existir.

La pantalla mostró entonces algo diferente. No era un monstruo, sino una habitación llena de lo que parecían ser objetos cotidianos: una cafetera, una máscara de teatro, una escalera interminable.

—Existen miles de estos objetos. Algunos son benignos, otros pueden causar el fin del mundo Clase-XK. La Fundación SCP opera bajo el lema: "Morimos en la oscuridad para que ustedes vivan en la luz".

Midoriya escribía frenéticamente, pero su mano temblaba.

—Profesor Aizawa —dijo Deku sin apartar la vista de la pantalla—, si estos seres aparecieran aquí... ¿qué haríamos? No tienen motivaciones, no quieren dinero o poder. Son... anomalías.

Aizawa guardó silencio por un momento, observando las imágenes de científicos arriesgando sus vidas para contener a un reptil gigante que se regeneraba de cualquier herida (SCP-682).

—Nuestra sociedad se basa en el orden de los Dones —respondió Aizawa con gravedad—. Si estas cosas existieran aquí, el sistema de héroes colapsaría en un día. No puedes arrestar a una idea o a una estatua que te rompe el cuello si parpadeas.

—Miren eso —señaló Kirishima, apuntando a una nueva imagen.

Era un anciano vestido con un traje negro, emergiendo de una pared como si fuera una mancha de aceite negro. A su paso, el metal se corroía y la carne se pudría.

—SCP-106. El Anciano —dijo la voz—. No hay contención física que lo detenga por completo. Solo el sacrificio humano puede apaciguarlo temporalmente.

—¿Sacrificio? —All Might se puso en pie, su voz llena de indignación—. ¡Eso es inaceptable! ¡Ninguna organización que use vidas humanas de esa manera puede ser considerada protectora!

—La Fundación no busca ser heroica, All Might —replicó la voz con frialdad—. Buscan la supervivencia de la especie. Si sacrificar a una persona salva a siete mil millones, ellos harán el cálculo sin dudar. Es una lógica que vuestros corazones de héroes no pueden comprender.

La pantalla mostró entonces una serie de documentos clasificados, tachados con barras negras. Hablaron de procedimientos de contención que involucraban amnésicos, el borrado de memorias enteras de ciudades para ocultar la existencia de lo sobrenatural.

—Básicamente, ellos controlan la verdad —susurró Iida, ajustándose las gafas con nerviosismo—. Es una dictadura de la información para proteger la paz.

—Es una carga que nadie debería llevar —dijo Nezu, cruzando sus pequeñas patas—. Pero miren a los investigadores. No tienen poderes. Son humanos comunes, usando ciencia, lógica y una voluntad de hierro contra lo imposible.

En ese momento, la pantalla mostró un video de una brecha de contención. Las alarmas sonaban, las luces rojas bañaban los pasillos y los equipos de respuesta rápida, conocidos como Destacamentos de Fuerzas Móviles, entraban en acción. Iban armados con tecnología avanzada, pero seguían siendo humanos. Muchos morían en cuestión de segundos, pero otros lograban sellar las puertas, usando tácticas y coordinación que dejaron a los estudiantes de la U.A. asombrados.

—No necesitan Dones para luchar —observó Todoroki—. Necesitan disciplina.

—Y una falta total de miedo —añadió Bakugo, aunque su tono ya no era tan desafiante.

La pantalla comenzó a desvanecerse, volviendo al logotipo original del círculo y las flechas.

—El universo que habitan es un regalo —dijo la voz final—. Un lugar donde lo extraordinario tiene reglas y nombres. Pero nunca olviden que, en los rincones oscuros del multiverso, hay cosas que no tienen nombre, que no tienen razón y que no pueden ser derrotadas con un golpe de Smash. La Fundación SCP es el muro entre la civilización y el abismo.

Las luces del auditorio se encendieron de golpe. El silencio que siguió fue denso, casi físico. Los estudiantes se miraron entre sí, sintiendo que el mundo que conocían —un mundo de villanos coloridos y batallas públicas— era mucho más pequeño de lo que pensaban.

—¿Creen que sigan ahí? —preguntó Mineta, temblando visiblemente—. ¿Mirándonos?

—Si lo están —dijo Aizawa, caminando hacia la salida—, espero que nunca tengamos que conocerlos. Porque el día que la Fundación tenga que intervenir en nuestro mundo, significará que los héroes habremos fallado.

Midoriya cerró su libreta. En la última página, no había dibujado un traje de héroe ni anotado una debilidad. Simplemente había escrito tres letras en grande, rodeadas por un círculo: SCP.

—Asegurar, contener, proteger —susurró para sí mismo.

—¡Deku! ¡Vámonos! —gritó Uraraka desde la puerta, tratando de recuperar la normalidad.

—¡Ya voy! —respondió él, pero antes de salir, lanzó una última mirada a la pantalla apagada.

Por un instante, le pareció ver un reflejo en el cristal negro: una figura pálida y alta, observándolo desde el otro lado, esperando a que alguien, por un solo segundo, cometiera el error de parpadear.

El joven aspirante a héroe salió del salón, pero el peso de lo que había visto no lo abandonaría. El mundo era mucho más vasto y aterrador de lo que All Might le había enseñado, y ahora sabía que, a veces, la luz necesita de la oscuridad más profunda para poder brillar.
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