Fanfy
.studio
Загрузка...
Фоновое изображение
← Назад
0 лайков

digimon frontier x pokemon

Фандом: digimon (digimon frontier )

Создан: 15.04.2026

Теги

КроссоверПриключенияЭкшнПопаданчествоВыживаниеAU
Содержание

Ecos de un Mundo Extraño

El cielo del Mundo Digital siempre tenía algo que lo hacía parecer un lienzo inacabado. Las nubes de datos flotaban perezosamente sobre un horizonte donde las montañas de hierro se mezclaban con bosques cuyas hojas parecían fragmentos de cristal. Para Takuya Kanbara, esa vista ya se había vuelto algo familiar, casi rutinaria, si es que se podía llamar "rutina" a correr por tu vida y luchar contra monstruos gigantes cada dos por tres.

—¡Vamos, chicos! ¡Si no nos damos prisa, el Trailmon nos dejará atrás en la próxima estación! —gritó Takuya, ajustándose las gafas de aviador sobre su gorra roja.

—¡Es fácil para ti decirlo, Takuya! Tú no tienes que cargar con todo este equipo —resopló J.P., que caminaba unos metros por detrás, secándose el sudor de la frente—. Además, mi estómago dice que ya es hora de hacer una pausa técnica para almorzar.

Zoe rodó los ojos, aunque no pudo evitar una pequeña sonrisa.

—*Mamma mia*, J.P., siempre estás pensando en comida. Acabamos de salir de una aldea de Gotsumon hace apenas dos horas —dijo la chica, acomodándose su boina lavanda.

—Pero Zoe, ¡el aire de este sector abre el apetito! —se defendió el mayor del grupo, buscando apoyo en el más pequeño—. ¿Verdad, Tommy?

El niño, que caminaba sujetando con fuerza su gorra naranja, asintió tímidamente.

—Bueno... un poco de hambre sí que tengo. Pero Takuya tiene razón, no queremos quedarnos varados en medio de la nada cuando caiga la noche.

Koji, que caminaba un poco apartado del resto, con las manos en los bolsillos y su característica expresión de seriedad, se detuvo de repente. Sus ojos azules se entrecerraron mientras observaba el suelo y luego el denso bosque que se extendía a su derecha.

—Esperad —dijo Koji en un tono bajo, pero lo suficientemente firme como para que todos se detuvieran al instante.

—¿Qué pasa, Koji? ¿Viste algo? —preguntó Takuya, poniéndose alerta de inmediato.

—Hay huellas —señaló Koji, acercándose a un claro—. Pero no son de ningún Digimon que hayamos visto antes. Son demasiado... uniformes. Y hay rastros de algo pesado que fue arrastrado.

El grupo se acercó con curiosidad. En el suelo, grabadas sobre la tierra digital, había pisadas que parecían humanas, pero mucho más grandes de lo normal, intercaladas con marcas de garras afiladas y lo que parecían ser surcos de una cola pesada.

—Tal vez sea un Digimon nuevo —sugirió Tommy, ocultándose un poco detrás de Takuya.

—No lo sé... —murmuró Takuya—. Siento algo extraño. No es la misma energía que suelen desprender los Spirits o los secuaces de Cherubimon. Vamos a echar un vistazo, pero con cuidado.

Mientras tanto, a unos pocos kilómetros de allí, en una zona del bosque donde los árboles eran tan altos que bloqueaban la mayor parte de la luz, Alex se encontraba sentado junto a una pequeña fogata que su Houndoom había encendido con un suave *Lanzallamas*.

Alex suspiró, frotándose la nuca. Tenía 19 años y, hasta hace un par de días, su mayor preocupación era decidir en qué gimnasio pokemon desafiaría a continuación. Ahora, se encontraba en un mundo donde las leyes de la física parecían sugerencias y donde sus compañeros de toda la vida eran vistos como extraños monstruos por los habitantes locales.

—Sigo sin entender cómo terminamos aquí, chicos —dijo Alex, mirando a sus Pokémon.

Houndoom emitió un gruñido bajo y reconfortante, recostando su cabeza cerca de la pierna de su entrenador. Cerca de ellos, Gardevoir permanecía de pie, con los ojos cerrados, usando sus poderes psíquicos para vigilar el perímetro. Tyranitar dormitaba como una montaña de roca viva, mientras que Dragonite y Dragapult se mantenían alerta en las sombras de las copas de los árboles. Drapion, por su parte, patrullaba el borde del campamento, sus pinzas chasqueando ocasionalmente.

—Este lugar no es Kanto, ni Sinnoh, ni ninguna región que conozca —continuó Alex en voz alta—. Esas criaturas que nos atacaron ayer... se llamaban a sí mismas Digimon. Y no parecían querer hacer amigos.

De repente, Gardevoir abrió los ojos de par en par. Su gema roja brilló con intensidad.

—¿Qué pasa, Gardevoir? —Alex se puso de pie al instante, su instinto de entrenador activándose.

La Pokémon señaló hacia el este. Alex no necesitó más explicaciones. Dragonite descendió rápidamente de las alturas, aterrizando con un golpe sordo pero controlado.

—¿Viene alguien? —preguntó Alex.

Dragonite asintió y señaló con su garra hacia una loma cercana. Alex pudo escuchar voces. Voces humanas.

—¿Será posible? ¿Hay más gente aquí? —Un destello de esperanza cruzó su rostro, pero rápidamente fue reemplazado por la cautela—. Chicos, regresad a vuestras Pokéballs, excepto tú, Houndoom. No queremos asustarlos si resultan ser amistosos. Tyranitar, tú quédate oculto entre las rocas por si acaso.

Los Pokémon obedecieron con la disciplina de años de entrenamiento, desapareciendo en haces de luz roja, mientras Tyranitar se mimetizaba perfectamente con el terreno rocoso.

De vuelta con el grupo de Takuya, el rastro los había llevado directamente hacia el claro donde Alex estaba acampado.

—Huelo a humo —dijo Takuya—. Alguien está cocinando algo.

—O alguien está quemando algo —corrigió Koji, sacando su D-Tector por precaución.

Salieron de la maleza y se detuvieron en seco. En el centro del claro, sentado junto a una hoguera, había un joven que no parecía mucho mayor que ellos, vestido con ropa que parecía práctica para viajar, pero de un estilo que no reconocían. A su lado, una criatura cuadrúpeda de aspecto demoníaco, con cuernos y una cola terminada en punta, los observaba con ojos inteligentes y una llama bailando en sus fauces.

—¡Un Digimon! —exclamó J.P., señalando a Houndoom—. ¡Y parece peligroso!

—¡Esperad! —gritó Alex, levantándose y extendiendo una mano en señal de paz—. No queremos problemas. Solo estamos descansando.

Takuya dio un paso al frente, con su D-Tector en la mano.

—¿Quién eres? No pareces un Digimon, pero tampoco pareces de por aquí. Y esa criatura... nunca he visto un Digimon como ese.

Alex parpadeó, confundido por el término.

—¿Digimon? No, él es Houndoom. Es mi Pokémon. Y yo soy Alex, un entrenador. ¿Quiénes sois vosotros? ¿Y qué son esas cosas que tenéis en las manos?

Zoe dio un paso al frente, mirando a Alex con curiosidad.

—¿Pokémon? ¿Entrenador? *Cosa dici?* —dijo ella, frunciendo el ceño—. Nosotros somos los Niños Elegidos. Mi nombre es Zoe, y ellos son Takuya, Koji, J.P. y Tommy. Y esto es un D-Tector, lo usamos para... bueno, para protegernos.

Houndoom soltó un gruñido de advertencia cuando Takuya se acercó demasiado.

—Tranquilo, Houndoom —dijo Alex con voz suave—. Son humanos, como yo. O al menos lo parecen.

—¿Cómo que "parecen"? —Takuya se cruzó de brazos—. ¡Claro que somos humanos! Aunque en este mundo podemos convertirnos en...

—¡Takuya, no digas demasiado! —le interrumpió Koji, lanzándole una mirada de advertencia—. No sabemos quién es este tipo. Podría ser una ilusión de Cherubimon o un enviado de los Guerreros Legendarios malvados.

Alex soltó una risa seca, aunque sin malicia.

—Mira, "Koji", si quisiera atacaros, ya lo habría hecho. No sé quién es ese Cherubimon, pero dudo que tenga algo que ver conmigo. Aparecí en este bosque hace dos días después de que una extraña grieta dimensional me tragara durante un combate.

Tommy, que había estado observando a Houndoom con una mezcla de miedo y fascinación, se armó de valor.

—¿Él... él es tu amigo? —preguntó, señalando al Pokémon de fuego y siniestro.

Alex sonrió de verdad esta vez, una sonrisa cálida que recordó a los chicos a la de un hermano mayor.

—Es mucho más que eso, pequeño. Es mi compañero. Hemos pasado por mucho juntos.

—Se parece un poco a los Digimon que tienen camaradas —murmuró J.P.—. Pero su energía es... diferente. No parece estar hecho de datos.

Antes de que la conversación pudiera continuar, el suelo bajo sus pies comenzó a vibrar. Un estruendo sordo resonó desde las profundidades del bosque, y los pájaros digitales salieron volando en todas direcciones, piando aterrorizados.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Zoe, perdiendo el equilibrio.

—¡Algo se acerca! ¡Y es grande! —gritó Koji, consultando su D-Tector, que empezó a emitir un pitido frenético.

De entre los árboles surgió una figura masiva. Era un Rockmon, pero su cuerpo parecía estar infectado por una especie de aura oscura que le daba un aspecto mucho más agresivo y errático. Sus ojos rojos brillaban con una furia ciega.

—¡Un Rockmon! —exclamó Takuya—. ¡Parece que está fuera de control!

—¡Dejadmelo a mí! —dijo J.P., preparándose para evolucionar—, ¡Spirit Evolution!

—¡Espera, J.P.! —Takuya lo detuvo—. ¡Mira allí!

Rockmon no venía solo. Detrás de él, una horda de Woodmon apareció, rodeando el claro. Estaban atrapados.

Alex no perdió el tiempo. Sabía reconocer una emboscada cuando la veía.

—¡Houndoom, usa *Lanzallamas* para crear una barrera! ¡Tyranitar, sal ya!

El suelo estalló cuando el enorme Tyranitar emergió de su escondite, rugiendo con una fuerza que hizo que incluso el Rockmon retrocediera un paso. Los Niños Elegidos se quedaron boquiabiertos.

—¡¿Qué demonios es esa cosa?! —gritó J.P., casi cayéndose de espaldas.

—¡Es otro de sus... Pokémon! —dijo Tommy, asombrado.

—¡Escuchadme! —gritó Alex sobre el rugido de Tyranitar—. No sé qué trucos tengáis vosotros, pero si queréis salir de esta, tenemos que trabajar juntos. ¡Tyranitar, usa *Tormenta de Arena*!

Una ráfaga de arena y rocas comenzó a girar violentamente alrededor del claro, cegando a los Woodmon y dificultando el avance del Rockmon.

Takuya miró a sus amigos y asintió. La desconfianza tendría que esperar.

—¡Muy bien, chicos! ¡Es hora de luchar! ¡A sus puestos!

—¡Espíritu, evolución! —gritaron los cinco al unísono.

En una explosión de luz y datos, los niños desaparecieron para dar paso a los Guerreros Legendarios. Agunimon, Lobomon, Kazemon, Beetlemon y Kumamon se alzaron en medio de la tormenta de arena.

Alex, a pesar de estar en medio de un combate, no pudo evitar que sus ojos se abrieran de par en par.

—¿Se... se han transformado? —murmuró para sí mismo—. No son entrenadores... ¡son como los Pokémon!

—¡Agunimon, por la derecha! —gritó el guerrero del fuego, lanzando un puñetazo envuelto en llamas—. ¡Salamandra Ardiente!

—¡Lobomon, yo te cubro! —Koji, ahora convertido en el guerrero de la luz, desenvainó sus sables de energía—. ¡Lobo de luz!

El combate se volvió un caos de luces, fuego y arena. Los Woodmon intentaban atrapar a Kazemon con sus ramas, pero ella era demasiado rápida, cortando el aire con sus ataques de viento. Beetlemon chocaba sus puños eléctricos contra la dura piel de piedra del Rockmon, mientras Kumamon lanzaba ráfagas de nieve para ralentizar a los enemigos.

Alex, viendo la coordinación de los guerreros, dio nuevas órdenes.

—¡Tyranitar, usa *Roca Afilada* sobre el Rockmon! ¡Houndoom, apoya a la chica del viento con *Pulso Umbrío*!

Tyranitar golpeó el suelo, haciendo que gigantescos pilares de piedra surgieran bajo el Rockmon, lanzándolo por los aires. Houndoom disparó una ráfaga de anillos de energía oscura que impactaron de lleno en los Woodmon que intentaban rodear a Kazemon.

—¡Gracias, perrito! —exclamó Kazemon en el aire, lanzando un beso al aire antes de rematar a sus oponentes con un *Tornado de Pétalos*.

A pesar de la superioridad numérica de los enemigos, la combinación de los ataques de los Digimon y los Pokémon era devastadora. La fuerza bruta de Tyranitar y la precisión de los Guerreros Legendarios estaban diezmando las filas enemigas.

Sin embargo, el Rockmon infectado no se rendía. Se puso en pie, emitiendo un rugido distorsionado que hizo vibrar el aire. Su cuerpo comenzó a brillar con una luz púrpura maligna.

—¡Va a explotar! —advirtió Lobomon—. ¡Retroceded!

—¡No lo permitiré! —Alex sacó otra Pokéball—. ¡Dragapult, usa *Carga Dragón*!

De la sombra de Alex surgió una criatura esbelta y espectral que se lanzó a una velocidad cegadora contra el Rockmon. El impacto fue tan fuerte que interrumpió la carga de energía del Digimon, lanzándolo contra un risco, donde quedó sepultado bajo una lluvia de escombros.

Con su líder derrotado, los Woodmon restantes huyeron despavoridos hacia la profundidad del bosque.

La tormenta de arena de Tyranitar se disipó lentamente, dejando el claro en un silencio tenso, solo interrumpido por el crepitar de la fogata que, milagrosamente, seguía encendida.

Los Guerreros Legendarios volvieron a sus formas humanas. Takuya fue el primero en acercarse a Alex, quien estaba acariciando la cabeza de su Dragapult mientras este flotaba a su alrededor.

—Eso... eso ha sido increíble —admitió Takuya, rascándose la cabeza—. No sé qué son esos Pokémon, pero lucháis muy bien.

Alex se giró, guardando a Dragapult en su Pokéball pero dejando a Houndoom y Tyranitar fuera.

—Vosotros tampoco lo hacéis nada mal. Nunca había visto a humanos pelear así. En mi mundo, nosotros solo damos las órdenes.

—Parece que ambos estamos lejos de casa —dijo Koji, aunque su tono ya no era hostil, sino más bien de un respeto cauteloso—. Soy Koji. Siento haberos juzgado antes.

Alex asintió.

—Soy Alex. Y supongo que, si vamos a sobrevivir en este mundo de datos, será mejor que compartamos lo que sepamos.

J.P. se acercó a Tyranitar, mirando con asombro la inmensa criatura de roca.

—Oye, Alex... ¿esa cosa come mucho? Porque si se une a nosotros, voy a necesitar un Trailmon solo para los suministros.

Todos rieron, rompiendo finalmente la tensión. A pesar de venir de mundos diferentes, de realidades que no deberían cruzarse, el destino los había unido en aquel claro. El camino hacia el centro del Mundo Digital seguía siendo largo y peligroso, pero ahora, con un entrenador Pokémon de su lado, las posibilidades de Takuya y sus amigos acababan de dar un giro inesperado.

—Bueno —dijo Takuya, mirando hacia el horizonte donde el sol digital empezaba a ponerse—. Bienvenido al equipo, Alex. Espero que te gusten las aventuras, porque aquí no faltan.

Alex miró a sus compañeros Pokémon y luego a los nuevos amigos que acababa de hacer.

—He recorrido regiones enteras buscando desafíos, Takuya. Creo que podré manejar esto.

Y así, bajo la luz de un atardecer de códigos y píxeles, el grupo inició la marcha, sin saber que su unión cambiaría el destino de ambos mundos para siempre.
Содержание

Хотите создать свой фанфик?

Зарегистрируйтесь на Fanfy и создавайте свои собственные истории!

Создать свой фанфик