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Multiverso reacciona multiverso
Фандом: multiverso
Создан: 15.04.2026
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Los Siete y la Mentira del Heroísmo
El vacío blanco se transformó en una estancia que desafiaba las leyes de la física y el espacio. No era una simple sala de cine; era un anfiteatro suspendido en el nexo de las realidades, donde las butacas de terciopelo rojo se extendían hasta donde alcanzaba la vista. En el centro, una pantalla colosal vibraba con una energía azulada, esperando a ser encendida.
Poco a poco, los destellos de luz comenzaron a depositar figuras en los asientos. De un lado, los héroes de la Liga de la Justicia y los Vengadores aparecieron con expresiones de desconcierto. Del otro, figuras más oscuras, desde ninjas de la Aldea de la Hoja hasta piratas del Grand Line, se materializaron con las manos en sus armas.
—¿Dónde diablos estamos? —Tony Stark fue el primero en romper el silencio, ajustando su reactor arc mientras su armadura se desplegaba parcialmente por instinto—. Si esto es otra broma de Loki, juro que voy a...
—No he sido yo, Stark —interrumpió el Dios de las Mentiras, apareciendo unos asientos más atrás con una sonrisa gélida—. Aunque admito que la decoración es de mi gusto.
—¡Silencio todos! —La voz de Batman resonó con una autoridad que hizo que incluso los más jóvenes se detuvieran—. Alguien nos ha traído aquí por una razón. Miren la pantalla.
Una voz incorpórea, carente de género y cargada de una serenidad inquietante, llenó la sala.
—Bienvenidos, protectores y villanos de mil mundos. Se les ha convocado para presenciar una realidad distinta. Una donde el poder no conlleva responsabilidad, sino comercialización. Una donde los símbolos que ustedes defienden son solo marcas registradas. Contemplen el universo de "The Boys".
—¿The Boys? —susurró Peter Parker, sintiendo un escalofrío que su sentido arácnido no lograba clasificar—. Suena... amigable.
—Dudo que lo sea, chico —gruñó Wolverine, encendiendo un puro que apareció mágicamente en su mano.
La pantalla se iluminó de golpe. No hubo una música heroica ni una fanfarria triunfal. En su lugar, la imagen mostró una calle concurrida de una ciudad que recordaba a Nueva York, pero con carteles publicitarios que saturaban cada rincón. En ellos, figuras con capas posaban con sonrisas ensayadas, promocionando desde bebidas energéticas hasta seguros de vida.
—Se parecen a nosotros —comento Superman, con el ceño fruncido al notar el parecido de un hombre con capa azul y un águila dorada en el hombro con su propia imagen—. Pero hay algo en sus ojos... algo que no me gusta.
La escena cambió bruscamente. Un joven llamado Hughie Campbell aparecía en pantalla, sosteniendo las manos de su novia en una acera. Todo parecía normal, una escena de amor cotidiano, hasta que un destello azul cruzó la pantalla a una velocidad cegadora.
En un segundo, la chica desapareció. Hughie quedó de pie, en estado de shock, sosteniendo únicamente los antebrazos cercenados de su pareja, mientras una lluvia de sangre y vísceras cubría su rostro.
Un silencio sepulcral cayó sobre la sala de cine.
—¿Qué... qué acaba de pasar? —preguntó Sakura Haruno, cubriéndose la boca con las manos, sintiendo náuseas.
—Alguien corrió a través de ella —respondió Flash, Barry Allen, con la voz temblorosa—. Pero no se detuvo. Ni siquiera intentó esquivarla.
En la pantalla, el responsable se detuvo unos metros más allá. Era A-Train, un hombre con un traje de velocista tecnológico, limpiándose la sangre de las gafas con una indiferencia que heló la sangre de los espectadores.
—No pude parar, tío. Estaba en medio de la carretera —dijo el personaje en la pantalla, con una sonrisa nerviosa antes de salir corriendo de nuevo.
—¿"En medio de la carretera"? —rugió el Capitán América, poniéndose en pie con los puños cerrados—. Estaba en la acera. La ha asesinado y ni siquiera ha pedido perdón.
—Es un producto —dijo una voz desde las sombras. Era Billy Butcher, quien apareció en una sección apartada de la sala, con su gabardina oscura y su mirada llena de odio—. Eso es lo que son todos ellos. Capas con complejos de Dios financiadas por una corporación llamada Vought.
—¿Quién eres tú? —preguntó Wonder Woman, sujetando su lazo con fuerza.
—Alguien que sabe la verdad, princesa —escupió Butcher—. Siéntense y sigan mirando. Ahora viene el plato fuerte. El "héroe" más grande de todos.
La pantalla mostró entonces una torre colosal con el logo de Vought. En una sala de juntas opulenta, los Siete estaban reunidos. En la cabecera, Homelander (Patriota) se erguía con su capa de la bandera estadounidense. Su rostro era la viva imagen de la perfección, pero cuando la cámara se acercó a sus ojos, el público sintió una maldad pura y contenida.
—Ese hombre... —susurró Kakashi Hatake, bajando su libro—. Su chakra... no, su energía. Es como un volcán a punto de estallar. No hay rastro de humanidad ahí.
La escena cambió a un avión secuestrado. Los espectadores vieron a Homelander y a una mujer llamada Queen Maeve entrar para salvar el día. Los héroes de la sala sintieron un breve alivio, esperando ver un acto de heroísmo que redimiera lo anterior.
—¡Va a salvarlos! —exclamó Naruto con esperanza—. ¡Mírenlo, es fuerte!
Pero el alivio se convirtió en horror. Homelander, en un arranque de incompetencia y negligencia, destruyó los controles del avión con su visión de calor. Cuando los pasajeros suplicaron por sus vidas, su expresión cambió de la falsa benevolencia a un desprecio absoluto.
—¿Qué se supone que haga? —dijo el Homelander de la pantalla, con voz fría—. ¿Llevarlos uno por uno? No hay tiempo. Si alguien sabe que estuvimos aquí y fallamos, nuestra imagen se arruinará.
—¡Podría haber bajado el avión! —gritó Iron Man—. ¡Yo lo he hecho! ¡Superman lo ha hecho mil veces!
En la pantalla, Homelander amenazó a los pasajeros con sus ojos rojos brillantes.
—¡Atrás! —les gritó a las familias aterrorizadas—. ¡O los quemo a todos ahora mismo!
El avión se estrelló en el océano mientras Homelander y Maeve flotaban en el aire, observando la masacre sin mover un dedo.
—Es un monstruo —sentenció Bruce Wayne, su voz apenas un susurro cargado de una furia gélida—. No es un héroe. Es un depredador con publicidad.
—¿Cómo pueden permitir que esto pase? —preguntó Optimus Prime, cuya imponente figura metálica proyectaba una sombra de tristeza—. El poder es un derecho otorgado para proteger a los débiles, no para pisotearlos.
La pantalla comenzó a mostrar un montaje de la vida real de los Siete: abusos de poder, consumo de drogas, agresiones sexuales encubiertas y el uso de un químico llamado "Compuesto V" para crear a estos supuestos "héroes" en laboratorios.
—No nacieron con dones —observó Magneto, con una sonrisa amarga—. Son experimentos. Ciencia aplicada para crear ídolos de barro. En mi mundo, nos persiguen por ser diferentes, pero en este, fabrican la diferencia para vender juguetes. Qué ironía tan repugnante.
—Lo que más me molesta —dijo Thor, apretando el mango del Mjolnir hasta que sus nudillos se pusieron blancos— es que ensucian el nombre de los guerreros. Se llaman a sí mismos dioses, pero no tienen el honor de un ratón.
De repente, la pantalla mostró a Homelander frente a una multitud, recibiendo aplausos ensordecedores. Él sonreía, saludaba y abrazaba niños, mientras en su mente se escuchaba un monólogo interno de odio hacia los "humanos inferiores" que lo adoraban.
—Esa es la peor parte, ¿verdad? —dijo Butcher, caminando hacia el centro de la sala—. Que el mundo los ama. No importa cuánta gente maten en secreto, mientras el equipo de marketing limpie la sangre, seguirán siendo los salvadores.
—¿Por qué nos muestran esto? —preguntó Spider-Man, visiblemente afectado—. ¿Para qué sirve ver tanta oscuridad?
La voz incorpórea volvió a resonar.
—Para recordárselo. Ustedes luchan contra villanos que quieren conquistar el mundo. Pero el mayor peligro no es un conquistador espacial o un hechicero oscuro. Es el reflejo de ustedes mismos si alguna vez olvidan por qué luchan. Homelander es el espejo roto del heroísmo.
Superman se levantó, su capa roja ondeando a pesar de que no había viento. Miró la imagen de Homelander en la pantalla, quien en ese momento estaba asesinando a un civil en un callejón por el simple hecho de ser un testigo molesto.
—Él no es como nosotros —dijo Clark Kent con una firmeza que hizo vibrar las paredes—. El poder no corrompe por naturaleza. La falta de carácter y de humanidad es lo que lo hace. Ese hombre está solo. Es un niño asustado con el poder de un sol, y eso lo hace el ser más peligroso de su existencia.
—¿Crees que puedes vencerlo, azulito? —preguntó Butcher con una ceja levantada—. Él es indestructible en nuestro mundo.
—No se trata de vencerlo físicamente —intervino Batman, colocándose al lado de Superman—. Se trata de lo que representa. Él es el miedo. Nosotros debemos ser la esperanza.
—¡Vaya discurso! —se burló una nueva voz.
En la pantalla, Homelander pareció girarse, como si pudiera sentir a la audiencia a través de la cuarta pared. Sus ojos se iluminaron en un rojo carmesí, y una sonrisa psicópata se dibujó en su rostro.
—¿Esperanza? —dijo el Homelander de la pantalla, aunque parecía responder a los presentes—. Yo soy el único que puede hacer lo que quiera. Soy el único que no tiene que pedir permiso. Puedo volar sobre sus ciudades y quemarlas hasta los cimientos, y aun así me pedirán autógrafos. Porque me necesitan. Porque sin mí, se dan cuenta de lo pequeños que son.
—No te necesitamos —murmuró Naruto Uzumaki, entrando en su modo sabio, con sus ojos cambiando—. Solo eres un matón que nunca tuvo a nadie que le enseñara lo que es el dolor de verdad.
La pantalla se dividió en varias secciones, mostrando a los otros miembros de los Siete: Deep (Profundo) cometiendo actos deplorables, Stormfront mostrando su verdadera cara de odio, y Black Noir siendo un arma silenciosa de la corporación.
—Es una parodia de todo lo que defendemos —dijo Steve Rogers, mirando su escudo—. Pero también es una advertencia. Si dejamos que la política, el dinero o el ego guíen nuestras acciones, terminaremos siendo carteles en una pared mientras el mundo sangra debajo de nosotros.
—Me gustaría enfrentarme a ese tal A-Train —dijo Barry Allen, recuperando la compostura—. Necesita una lección sobre lo que significa la velocidad. No es un juego, es una responsabilidad.
—Y yo quiero diez minutos a solas con Homelander —añadió Hulk, dejando escapar un gruñido profundo que hizo temblar las butacas.
La luz de la sala comenzó a cambiar. La pantalla se desvaneció lentamente, dejando solo el logo de Vought International ardiendo en la oscuridad antes de desaparecer.
—La sesión de hoy ha terminado —anunció la voz—. Han visto el abismo. Ahora, regresen a sus mundos y asegúrense de no caer en él.
—Espera —gritó Tony Stark—, ¿eso es todo? ¿Solo nos vas a dejar con este sabor amargo en la boca?
—El conocimiento es el arma más pesada, Anthony Stark —respondió la voz—. Cómo la carguen depende de ustedes.
Uno a uno, los héroes y villanos empezaron a desvanecerse. Pero el ambiente en la sala ya no era el mismo. La arrogancia de algunos se había convertido en introspección. La confianza de otros, en una renovada determinación.
Butcher se quedó hasta el final, observando el lugar donde estuvo la pantalla.
—Espero que hayan aprendido algo, supercapas —masmuró, encendiendo un cigarrillo—. Porque si alguna vez se vuelven como él... espero estar allí para ver cómo caen.
Cuando la sala quedó finalmente vacía, el silencio que reinó no fue de paz, sino de una inquietud profunda. El multiverso había visto el rostro del heroísmo corporativo, y la imagen de Homelander, con su sonrisa perfecta y sus ojos llenos de muerte, quedaría grabada en sus memorias como el recordatorio de que, a veces, el monstruo más grande es el que lleva la bandera en el pecho.
En algún lugar del nexo, una nueva pantalla comenzó a brillar, preparándose para la siguiente reacción. Pero para los que se habían ido, la batalla por mantener su propia integridad acababa de volverse mucho más real.
Poco a poco, los destellos de luz comenzaron a depositar figuras en los asientos. De un lado, los héroes de la Liga de la Justicia y los Vengadores aparecieron con expresiones de desconcierto. Del otro, figuras más oscuras, desde ninjas de la Aldea de la Hoja hasta piratas del Grand Line, se materializaron con las manos en sus armas.
—¿Dónde diablos estamos? —Tony Stark fue el primero en romper el silencio, ajustando su reactor arc mientras su armadura se desplegaba parcialmente por instinto—. Si esto es otra broma de Loki, juro que voy a...
—No he sido yo, Stark —interrumpió el Dios de las Mentiras, apareciendo unos asientos más atrás con una sonrisa gélida—. Aunque admito que la decoración es de mi gusto.
—¡Silencio todos! —La voz de Batman resonó con una autoridad que hizo que incluso los más jóvenes se detuvieran—. Alguien nos ha traído aquí por una razón. Miren la pantalla.
Una voz incorpórea, carente de género y cargada de una serenidad inquietante, llenó la sala.
—Bienvenidos, protectores y villanos de mil mundos. Se les ha convocado para presenciar una realidad distinta. Una donde el poder no conlleva responsabilidad, sino comercialización. Una donde los símbolos que ustedes defienden son solo marcas registradas. Contemplen el universo de "The Boys".
—¿The Boys? —susurró Peter Parker, sintiendo un escalofrío que su sentido arácnido no lograba clasificar—. Suena... amigable.
—Dudo que lo sea, chico —gruñó Wolverine, encendiendo un puro que apareció mágicamente en su mano.
La pantalla se iluminó de golpe. No hubo una música heroica ni una fanfarria triunfal. En su lugar, la imagen mostró una calle concurrida de una ciudad que recordaba a Nueva York, pero con carteles publicitarios que saturaban cada rincón. En ellos, figuras con capas posaban con sonrisas ensayadas, promocionando desde bebidas energéticas hasta seguros de vida.
—Se parecen a nosotros —comento Superman, con el ceño fruncido al notar el parecido de un hombre con capa azul y un águila dorada en el hombro con su propia imagen—. Pero hay algo en sus ojos... algo que no me gusta.
La escena cambió bruscamente. Un joven llamado Hughie Campbell aparecía en pantalla, sosteniendo las manos de su novia en una acera. Todo parecía normal, una escena de amor cotidiano, hasta que un destello azul cruzó la pantalla a una velocidad cegadora.
En un segundo, la chica desapareció. Hughie quedó de pie, en estado de shock, sosteniendo únicamente los antebrazos cercenados de su pareja, mientras una lluvia de sangre y vísceras cubría su rostro.
Un silencio sepulcral cayó sobre la sala de cine.
—¿Qué... qué acaba de pasar? —preguntó Sakura Haruno, cubriéndose la boca con las manos, sintiendo náuseas.
—Alguien corrió a través de ella —respondió Flash, Barry Allen, con la voz temblorosa—. Pero no se detuvo. Ni siquiera intentó esquivarla.
En la pantalla, el responsable se detuvo unos metros más allá. Era A-Train, un hombre con un traje de velocista tecnológico, limpiándose la sangre de las gafas con una indiferencia que heló la sangre de los espectadores.
—No pude parar, tío. Estaba en medio de la carretera —dijo el personaje en la pantalla, con una sonrisa nerviosa antes de salir corriendo de nuevo.
—¿"En medio de la carretera"? —rugió el Capitán América, poniéndose en pie con los puños cerrados—. Estaba en la acera. La ha asesinado y ni siquiera ha pedido perdón.
—Es un producto —dijo una voz desde las sombras. Era Billy Butcher, quien apareció en una sección apartada de la sala, con su gabardina oscura y su mirada llena de odio—. Eso es lo que son todos ellos. Capas con complejos de Dios financiadas por una corporación llamada Vought.
—¿Quién eres tú? —preguntó Wonder Woman, sujetando su lazo con fuerza.
—Alguien que sabe la verdad, princesa —escupió Butcher—. Siéntense y sigan mirando. Ahora viene el plato fuerte. El "héroe" más grande de todos.
La pantalla mostró entonces una torre colosal con el logo de Vought. En una sala de juntas opulenta, los Siete estaban reunidos. En la cabecera, Homelander (Patriota) se erguía con su capa de la bandera estadounidense. Su rostro era la viva imagen de la perfección, pero cuando la cámara se acercó a sus ojos, el público sintió una maldad pura y contenida.
—Ese hombre... —susurró Kakashi Hatake, bajando su libro—. Su chakra... no, su energía. Es como un volcán a punto de estallar. No hay rastro de humanidad ahí.
La escena cambió a un avión secuestrado. Los espectadores vieron a Homelander y a una mujer llamada Queen Maeve entrar para salvar el día. Los héroes de la sala sintieron un breve alivio, esperando ver un acto de heroísmo que redimiera lo anterior.
—¡Va a salvarlos! —exclamó Naruto con esperanza—. ¡Mírenlo, es fuerte!
Pero el alivio se convirtió en horror. Homelander, en un arranque de incompetencia y negligencia, destruyó los controles del avión con su visión de calor. Cuando los pasajeros suplicaron por sus vidas, su expresión cambió de la falsa benevolencia a un desprecio absoluto.
—¿Qué se supone que haga? —dijo el Homelander de la pantalla, con voz fría—. ¿Llevarlos uno por uno? No hay tiempo. Si alguien sabe que estuvimos aquí y fallamos, nuestra imagen se arruinará.
—¡Podría haber bajado el avión! —gritó Iron Man—. ¡Yo lo he hecho! ¡Superman lo ha hecho mil veces!
En la pantalla, Homelander amenazó a los pasajeros con sus ojos rojos brillantes.
—¡Atrás! —les gritó a las familias aterrorizadas—. ¡O los quemo a todos ahora mismo!
El avión se estrelló en el océano mientras Homelander y Maeve flotaban en el aire, observando la masacre sin mover un dedo.
—Es un monstruo —sentenció Bruce Wayne, su voz apenas un susurro cargado de una furia gélida—. No es un héroe. Es un depredador con publicidad.
—¿Cómo pueden permitir que esto pase? —preguntó Optimus Prime, cuya imponente figura metálica proyectaba una sombra de tristeza—. El poder es un derecho otorgado para proteger a los débiles, no para pisotearlos.
La pantalla comenzó a mostrar un montaje de la vida real de los Siete: abusos de poder, consumo de drogas, agresiones sexuales encubiertas y el uso de un químico llamado "Compuesto V" para crear a estos supuestos "héroes" en laboratorios.
—No nacieron con dones —observó Magneto, con una sonrisa amarga—. Son experimentos. Ciencia aplicada para crear ídolos de barro. En mi mundo, nos persiguen por ser diferentes, pero en este, fabrican la diferencia para vender juguetes. Qué ironía tan repugnante.
—Lo que más me molesta —dijo Thor, apretando el mango del Mjolnir hasta que sus nudillos se pusieron blancos— es que ensucian el nombre de los guerreros. Se llaman a sí mismos dioses, pero no tienen el honor de un ratón.
De repente, la pantalla mostró a Homelander frente a una multitud, recibiendo aplausos ensordecedores. Él sonreía, saludaba y abrazaba niños, mientras en su mente se escuchaba un monólogo interno de odio hacia los "humanos inferiores" que lo adoraban.
—Esa es la peor parte, ¿verdad? —dijo Butcher, caminando hacia el centro de la sala—. Que el mundo los ama. No importa cuánta gente maten en secreto, mientras el equipo de marketing limpie la sangre, seguirán siendo los salvadores.
—¿Por qué nos muestran esto? —preguntó Spider-Man, visiblemente afectado—. ¿Para qué sirve ver tanta oscuridad?
La voz incorpórea volvió a resonar.
—Para recordárselo. Ustedes luchan contra villanos que quieren conquistar el mundo. Pero el mayor peligro no es un conquistador espacial o un hechicero oscuro. Es el reflejo de ustedes mismos si alguna vez olvidan por qué luchan. Homelander es el espejo roto del heroísmo.
Superman se levantó, su capa roja ondeando a pesar de que no había viento. Miró la imagen de Homelander en la pantalla, quien en ese momento estaba asesinando a un civil en un callejón por el simple hecho de ser un testigo molesto.
—Él no es como nosotros —dijo Clark Kent con una firmeza que hizo vibrar las paredes—. El poder no corrompe por naturaleza. La falta de carácter y de humanidad es lo que lo hace. Ese hombre está solo. Es un niño asustado con el poder de un sol, y eso lo hace el ser más peligroso de su existencia.
—¿Crees que puedes vencerlo, azulito? —preguntó Butcher con una ceja levantada—. Él es indestructible en nuestro mundo.
—No se trata de vencerlo físicamente —intervino Batman, colocándose al lado de Superman—. Se trata de lo que representa. Él es el miedo. Nosotros debemos ser la esperanza.
—¡Vaya discurso! —se burló una nueva voz.
En la pantalla, Homelander pareció girarse, como si pudiera sentir a la audiencia a través de la cuarta pared. Sus ojos se iluminaron en un rojo carmesí, y una sonrisa psicópata se dibujó en su rostro.
—¿Esperanza? —dijo el Homelander de la pantalla, aunque parecía responder a los presentes—. Yo soy el único que puede hacer lo que quiera. Soy el único que no tiene que pedir permiso. Puedo volar sobre sus ciudades y quemarlas hasta los cimientos, y aun así me pedirán autógrafos. Porque me necesitan. Porque sin mí, se dan cuenta de lo pequeños que son.
—No te necesitamos —murmuró Naruto Uzumaki, entrando en su modo sabio, con sus ojos cambiando—. Solo eres un matón que nunca tuvo a nadie que le enseñara lo que es el dolor de verdad.
La pantalla se dividió en varias secciones, mostrando a los otros miembros de los Siete: Deep (Profundo) cometiendo actos deplorables, Stormfront mostrando su verdadera cara de odio, y Black Noir siendo un arma silenciosa de la corporación.
—Es una parodia de todo lo que defendemos —dijo Steve Rogers, mirando su escudo—. Pero también es una advertencia. Si dejamos que la política, el dinero o el ego guíen nuestras acciones, terminaremos siendo carteles en una pared mientras el mundo sangra debajo de nosotros.
—Me gustaría enfrentarme a ese tal A-Train —dijo Barry Allen, recuperando la compostura—. Necesita una lección sobre lo que significa la velocidad. No es un juego, es una responsabilidad.
—Y yo quiero diez minutos a solas con Homelander —añadió Hulk, dejando escapar un gruñido profundo que hizo temblar las butacas.
La luz de la sala comenzó a cambiar. La pantalla se desvaneció lentamente, dejando solo el logo de Vought International ardiendo en la oscuridad antes de desaparecer.
—La sesión de hoy ha terminado —anunció la voz—. Han visto el abismo. Ahora, regresen a sus mundos y asegúrense de no caer en él.
—Espera —gritó Tony Stark—, ¿eso es todo? ¿Solo nos vas a dejar con este sabor amargo en la boca?
—El conocimiento es el arma más pesada, Anthony Stark —respondió la voz—. Cómo la carguen depende de ustedes.
Uno a uno, los héroes y villanos empezaron a desvanecerse. Pero el ambiente en la sala ya no era el mismo. La arrogancia de algunos se había convertido en introspección. La confianza de otros, en una renovada determinación.
Butcher se quedó hasta el final, observando el lugar donde estuvo la pantalla.
—Espero que hayan aprendido algo, supercapas —masmuró, encendiendo un cigarrillo—. Porque si alguna vez se vuelven como él... espero estar allí para ver cómo caen.
Cuando la sala quedó finalmente vacía, el silencio que reinó no fue de paz, sino de una inquietud profunda. El multiverso había visto el rostro del heroísmo corporativo, y la imagen de Homelander, con su sonrisa perfecta y sus ojos llenos de muerte, quedaría grabada en sus memorias como el recordatorio de que, a veces, el monstruo más grande es el que lleva la bandera en el pecho.
En algún lugar del nexo, una nueva pantalla comenzó a brillar, preparándose para la siguiente reacción. Pero para los que se habían ido, la batalla por mantener su propia integridad acababa de volverse mucho más real.
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