
← Назад
0 лайков
Amores cruzados
Фандом: My hero academia
Создан: 19.04.2026
Теги
РомантикаДрамаАнгстHurt/ComfortFix-itСеттинг оригинального произведенияРевностьПсихология
El latido equivocado del corazón
La enfermería de la UA siempre olía a una mezcla estéril de antiséptico y caramelos de goma. Era un aroma que, para la mayoría de los estudiantes, significaba alivio. Pero para Katsuki Bakugo, ese olor se estaba convirtiendo en el catalizador de una explosión inminente que amenazaba con reducir a cenizas todo el edificio.
Hacía apenas dos meses que Katsuki había aceptado, con gruñidos y sonrojos mal ocultos, que Eijiro Kirishima era la única persona capaz de seguirle el ritmo, de soportar su temperamento y de ver a través de sus muros de granito. Eran pareja. Una pareja extraña, sí, pero funcional. Mientras que Todoroki y Midoriya vivían en una burbuja de romance casto, manos entrelazadas y miradas tímidas que parecían sacadas de un shojo empalagoso, Bakugo y Kirishima eran fuego y piedra. Su pasión era ruidosa, física y evidente. Las marcas en el cuello de Bakugo, que él ni siquiera se molestaba en ocultar del todo, eran el trofeo de un amor que no conocía la sutileza.
Pero todo eso se desmoronó en una fracción de segundo durante una estúpida pasantía.
—¿Cómo que no se acuerda? —La voz de Bakugo retumbó en el pasillo, atrayendo las miradas de varios estudiantes que pasaban por allí.
Aizawa, con su habitual aspecto desaliñado y una expresión de cansancio infinito, suspiró mientras cerraba la puerta de la enfermería detrás de él.
—El don del villano era una variante química de la dopamina y la oxitocina —explicó el profesor con monotonía—. Genera un estado de euforia y una fijación obsesiva inmediata. El primer rostro que Kirishima vio al despertar después del impacto fue el de Midoriya, quien no se separó de su lado por la culpa. El cerebro de Kirishima ha reescrito sus conexiones emocionales. Para él, ahora mismo, Midoriya es el centro de su universo. Y lo peor es que ha bloqueado cualquier recuerdo que entre en conflicto con ese sentimiento... incluyendo su relación contigo, Bakugo.
Katsuki sintió un pitido en los oídos. Sus puños se apretaron tanto que sus nudillos se volvieron blancos.
—Es una broma —mascó Bakugo, sus ojos inyectados en sangre—. ¡Ese idiota es mío! ¡No puede simplemente olvidar que...!
—Bakugo, cálmate —intervino una voz gélida.
Shoto Todoroki estaba de pie a unos metros, con los brazos cruzados. Su rostro, habitualmente sereno, mostraba una tensión inusual. Midoriya era su novio desde hacía tres meses, y la idea de que Kirishima ahora estuviera "biológicamente programado" para amar al peliverde no le hacía ninguna gracia.
—No es algo que él pueda controlar —continuó Todoroki, mirando a Bakugo con esos ojos heterocromáticos que siempre lograban irritarlo—. Pero eso no significa que Midoriya vaya a corresponderle.
—¡Cierra la boca, Mitad-Mitad! —rugió Bakugo—. ¡No me importa lo que Deku sienta! ¡Me importa que el pelo de pincho me mira como si fuera un maldito extraño!
En ese momento, la puerta de la enfermería se abrió. Izuku Midoriya salió primero, rascándose la nuca con una expresión de pánico absoluto y una timidez que rayaba en la desesperación.
—¡Lo siento, Kacchan! ¡De verdad, no fue mi intención! —exclamó Izuku, agitando las manos frente a él—. Yo solo quería asegurarme de que estaba bien porque se interpuso para salvarme y...
—¡Quítate, Deku! —Bakugo lo empujó a un lado y entró en la habitación.
Kirishima estaba sentado en la camilla. Ya no tenía vendas, y su don de endurecimiento parecía estar estable. Al ver entrar a Bakugo, su expresión no fue la de siempre. No hubo esa sonrisa radiante de dientes afilados, ni ese brillo de adoración en los ojos rojos. En su lugar, Kirishima frunció el ceño, confundido.
—Oh, hola, Bakugo —dijo Kirishima con una amabilidad distante, casi formal—. ¿Vienes a ver cómo sigo? Es muy varonil de tu parte preocuparte por un compañero.
El mundo de Bakugo se detuvo. "Compañero". Esa palabra se sintió como una explosión directa al pecho.
—¿Compañero? —Bakugo dio un paso adelante, su voz peligrosamente baja—. ¿De qué diablos hablas, Eijiro? Soy yo.
Kirishima parpadeó, extrañado por el uso de su nombre de pila, y luego su mirada se desvió rápidamente hacia la puerta, donde Midoriya observaba con angustia. Al instante, el rostro del pelirrojo se iluminó con una calidez que quemó a Bakugo por dentro.
—¡Hey, Midoriya! —exclamó Kirishima, ignorando por completo a Katsuki—. ¿Seguro que estás bien? No puedo dejar de pensar en que ese tipo casi te da a ti. Me moriría si algo te pasara, de verdad. Eres... eres increíble, ¿sabes?
Izuku se puso rojo como un tomate, mirando de reojo a un Todoroki que cada vez parecía más una estatua de hielo a punto de quebrarse.
—K-Kirishima-kun, por favor... —susurró Izuku—. Tienes que descansar. Tu memoria está... un poco mezclada.
—¿Mezclada? Para nada —dijo Kirishima, bajándose de la camilla con energía y caminando directo hacia Midoriya, pasando al lado de Bakugo como si fuera un mueble—. Nunca me he sentido tan seguro de algo. Es como si de repente todo tuviera sentido. Eres tú, Midoriya. Siempre has sido tú.
Bakugo sintió el olor a nitroglicerina emanando de sus palmas. Sus dientes castañearon de rabia y dolor. Ver a Kirishima intentar tomar la mano de Midoriya fue la gota que colmó el vaso.
—¡Escúchame bien, estúpido pelo de pincho! —Bakugo lo agarró del hombro y lo obligó a girarse—. ¡Mírame a los ojos y dime que no te acuerdas de esto!
Katsuki se inclinó y lo besó. Fue un beso brusco, desesperado, cargado de toda la rabia y el miedo que sentía. Era el tipo de beso que solía hacer que Kirishima soltara un suspiro y lo rodeara con sus brazos fuertes, endureciendo su piel solo para sentir el contraste de la calidez de Bakugo.
Pero esta vez, Kirishima lo empujó.
No fue un empujón suave. Kirishima activó su don por puro instinto defensivo, y la dureza de su pecho golpeó a Bakugo, haciéndolo retroceder varios pasos.
—¿Pero qué te pasa, Bakugo? —gritó Kirishima, limpiándose la boca con el dorso de la mano, con una expresión de puro asco y confusión—. ¡Eso no es nada varonil! ¡Tengo novio... bueno, quiero decir, Midoriya y yo...! ¡No puedes ir besando a la gente así!
El silencio que siguió fue sepulcral. Midoriya se tapó la boca con las manos, al borde de las lágrimas por la situación. Todoroki dio un paso al frente, colocando una mano en el hombro de Midoriya en un gesto posesivo, pero sus ojos estaban fijos en Bakugo, quien permanecía inmóvil, con la cabeza gacha y el flequillo ocultando su mirada.
—Bakugo... —intentó decir Aizawa, pero el rubio lo interrumpió.
—Cállate.
Katsuki levantó la vista. No había lágrimas, pero sus ojos brillaban con una intensidad aterradora. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y salió de la enfermería. Sus pasos resonaron en el pasillo como disparos.
—¡Espera, Bakugo! —intentó llamar Kirishima, todavía molesto—. ¡Deberías pedir disculpas! ¡Midoriya se sintió incómodo!
—¡Kirishima-kun, basta! —gritó Izuku, sorprendiendo a todos—. ¡No digas nada más! ¡Por favor!
Kirishima se detuvo, desconcertado por el tono de Midoriya.
—Pero... solo te estaba defendiendo, Izuku...
Todoroki apretó el agarre en el hombro de Midoriya.
—Midoriya no necesita que lo defiendas de su amigo, Kirishima —dijo Shoto con voz gélida—. Lo que necesitas es recordar quién ha estado a tu lado estos últimos meses. Y te aseguro que no ha sido él.
***
Las horas siguientes fueron un infierno para la clase 1-A. La noticia se había extendido. El "romance" forzado de Kirishima hacia Midoriya era evidente. El pelirrojo seguía al peliverde a todas partes, ofreciéndole llevar sus libros, halagándolo constantemente y lanzándole miradas cargadas de un afecto que resultaba doloroso de ver para cualquiera que supiera la verdad.
Midoriya estaba en un estado de ansiedad constante. Por un lado, no quería ser rudo con Kirishima porque sabía que era culpa del don del villano; por otro lado, sentía que estaba traicionando a Todoroki y, sobre todo, que estaba apuñalando a Bakugo cada vez que Kirishima le sonreía.
En la sala común, el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Bakugo estaba sentado en un rincón, limpiando sus guanteletes con una violencia innecesaria. No hablaba con nadie. No gritaba. Y eso era lo que más asustaba a sus compañeros.
—¡Izuku! Mira, traje estos bocadillos de la cafetería, ¡sé que te gustan! —Kirishima entró con una bandeja, ignorando la tensión reinante. Se sentó justo al lado de Midoriya en el sofá, invadiendo su espacio personal.
Todoroki, que estaba sentado al otro lado de Izuku, dejó su libro sobre la mesa con un golpe seco.
—Kirishima —dijo Todoroki, su voz vibrando con una advertencia implícita—, creo que es suficiente por hoy.
—¿Suficiente? Solo estoy siendo amable con la persona que amo —respondió Kirishima con una sonrisa sincera, una de esas sonrisas que solían pertenecerle exclusivamente a Bakugo—. No entiendo por qué todos están tan raros.
—Porque la persona que amas... —Bakugo se puso de pie, su silla chirriando contra el suelo— ...no es ese maldito nerd.
Katsuki caminó hacia ellos. Kirishima se tensó, poniéndose delante de Midoriya como si tratara de protegerlo de un villano.
—Bakugo, ya te lo dije en la enfermería. No sé qué te pasa, pero no voy a dejar que molestes a Izuku.
—¿Izuku? —Bakugo soltó una carcajada amarga—. Ni siquiera lo llamas por su nombre de pila normalmente, idiota. Lo llamas Midoriya. O "el amigo de Bakugo".
—Eso era antes de darme cuenta de mis sentimientos —replicó Kirishima con firmeza.
Bakugo llegó frente a él. Eran casi de la misma estatura, dos fuerzas de la naturaleza enfrentadas.
—¿Recuerdas el entrenamiento de la semana pasada? —preguntó Bakugo en voz baja—. ¿En el gimnasio gamma? ¿Cuando nos quedamos hasta tarde?
Kirishima parpadeó, confundido.
—Entrenamos a menudo, Bakugo. No sé a qué te refieres.
—No entrenamos —dijo Bakugo, y esta vez su voz flaqueó un poco—. Me dijiste que mis explosiones eran como fuegos artificiales que solo tú podías tocar. Me dijiste que no te importaba quemarte las manos si era conmigo.
Kirishima frunció el ceño, una sombra de duda cruzó sus ojos rojos por un breve segundo, pero luego la dopamina artificial volvió a nublar su juicio.
—Debes estar confundiéndome con alguien más. Yo nunca diría algo tan... cursi. Menos a ti.
El golpe emocional fue más fuerte que cualquier ataque físico que Bakugo hubiera recibido. Midoriya se puso de pie, incapaz de soportarlo más.
—¡Ya basta! —gritó Izuku, con lágrimas en los ojos—. ¡Kirishima-kun, para! ¡Todoroki-kun es mi novio! ¡Y tú... tú estás saliendo con Kacchan! ¡Lo amas a él! ¡Estas marcas que tienes en los brazos, las cicatrices de cuando entrenan juntos, las sonrisas que solo le das a él... todo eso es real! ¡Lo que sientes por mí es una mentira de un villano!
Kirishima retrocedió, llevándose las manos a la cabeza.
—No... no es verdad. Yo siento... siento que mi corazón late por ti, Izuku. Cuando te veo, todo brilla...
—¡Eso es el don del villano, imbécil! —rugió Bakugo, aunque esta vez no había odio en su voz, sino una súplica desesperada—. ¡Mírame! ¡Mírame a mí, no a él!
Bakugo agarró a Kirishima por la camiseta y lo sacudió.
—¡Recuerda las noches en el dormitorio! ¡Recuerda el sabor de mi piel! ¡Recuerda que prometiste que serías mi escudo y yo sería tu espada! ¡Eijiro, vuelve de una maldita vez!
Kirishima cerró los ojos con fuerza, soltando un quejido de dolor. Las imágenes empezaron a parpadear en su mente como una película dañada. El cabello cenizo bajo la luz de la luna, el olor a pólvora que siempre le resultaba reconfortante, las manos ásperas de Bakugo sujetando las suyas con una delicadeza que nadie más conocía.
—Duele... —susurró Kirishima, cayendo de rodillas.
—¡Kirishima-kun! —Midoriya intentó acercarse, pero Todoroki lo detuvo.
—Déjalos —dijo Shoto, observando la escena con una mezcla de alivio y tristeza—. Esto solo pueden arreglarlo ellos.
Bakugo se arrodilló frente a Kirishima, ignorando a todos los demás en la sala. No le importaba mostrar debilidad ahora. Solo quería recuperar a su idiota.
—Si no puedes recordarlo con palabras —susurró Bakugo, acercando su frente a la del pelirrojo—, recuérdalo con esto.
Esta vez, el beso no fue brusco. Fue lento, cargado de una memoria sensorial que ningún químico podía borrar por completo. Bakugo dejó que sus chispas bailaran suavemente contra la piel de Kirishima, un patrón de calor que el cuerpo del pelirrojo reconoció de inmediato.
Poco a poco, la rigidez en el cuerpo de Kirishima desapareció. Su piel, que se había endurecido por el estrés, volvió a la normalidad. Sus manos, que antes colgaban inertes, subieron lentamente hasta agarrar los brazos de Bakugo con fuerza.
—¿Bakugo...? —La voz de Kirishima salió como un hilo, quebrada y llena de confusión.
Katsuki se separó apenas unos milímetros, manteniendo sus ojos fijos en los del otro.
—¿Quién soy, pelo de pincho?
Kirishima parpadeó varias veces. El brillo antinatural que había tenido hacia Midoriya se había desvanecido, reemplazado por una mirada de absoluta realización y horror. Miró a su alrededor, vio a Midoriya llorando, a Todoroki serio y a sus compañeros observando en silencio. Luego volvió a mirar a Bakugo.
—Katsuki... —dijo Kirishima, y su voz recuperó ese tono cálido y vibrante que Bakugo tanto necesitaba—. Oh, no... ¿Qué he hecho? ¿Qué le dije a Midoriya?
Kirishima se cubrió la cara con las manos, abrumado por la avalancha de recuerdos que regresaban: su rechazo a Bakugo, sus palabras hacia Izuku, la forma en que había ignorado meses de una relación profunda por un impulso químico.
—Le dijiste que era el amor de tu vida, idiota —gruñó Bakugo, aunque esta vez, mientras rodeaba a Kirishima con sus brazos, había una pequeña sonrisa de alivio en su rostro—. Pero no te preocupes. Si vuelves a decir algo así, te haré explotar la cara.
Kirishima soltó una risa húmeda, escondiendo el rostro en el cuello de Bakugo, aspirando el aroma a nitroglicerina que ahora volvía a ser su hogar.
—Lo siento, Katsuki. Lo siento tanto...
—Cállate y no me sueltes —respondió el rubio, apretándolo más contra él.
Al otro lado de la sala, Midoriya suspiró, limpiándose las lágrimas mientras Todoroki le pasaba un pañuelo.
—Parece que todo volvió a la normalidad —dijo Todoroki, aunque su mirada todavía era un poco cautelosa.
—Sí —asintió Izuku con una sonrisa suave—. Kirishima-kun ha vuelto. Y Kacchan... bueno, Kacchan nunca se fue.
El ambiente en la sala común finalmente se relajó. La etapa "dulce" de Todoroki y Midoriya continuaría con su ritmo pausado y tierno, mientras que Bakugo y Kirishima... ellos seguirían siendo fuego y piedra, una mezcla explosiva que, a pesar de cualquier villano o cualquier don, siempre encontraría el camino de regreso al otro. Porque hay lazos que ni siquiera la dopamina puede reescribir.
Hacía apenas dos meses que Katsuki había aceptado, con gruñidos y sonrojos mal ocultos, que Eijiro Kirishima era la única persona capaz de seguirle el ritmo, de soportar su temperamento y de ver a través de sus muros de granito. Eran pareja. Una pareja extraña, sí, pero funcional. Mientras que Todoroki y Midoriya vivían en una burbuja de romance casto, manos entrelazadas y miradas tímidas que parecían sacadas de un shojo empalagoso, Bakugo y Kirishima eran fuego y piedra. Su pasión era ruidosa, física y evidente. Las marcas en el cuello de Bakugo, que él ni siquiera se molestaba en ocultar del todo, eran el trofeo de un amor que no conocía la sutileza.
Pero todo eso se desmoronó en una fracción de segundo durante una estúpida pasantía.
—¿Cómo que no se acuerda? —La voz de Bakugo retumbó en el pasillo, atrayendo las miradas de varios estudiantes que pasaban por allí.
Aizawa, con su habitual aspecto desaliñado y una expresión de cansancio infinito, suspiró mientras cerraba la puerta de la enfermería detrás de él.
—El don del villano era una variante química de la dopamina y la oxitocina —explicó el profesor con monotonía—. Genera un estado de euforia y una fijación obsesiva inmediata. El primer rostro que Kirishima vio al despertar después del impacto fue el de Midoriya, quien no se separó de su lado por la culpa. El cerebro de Kirishima ha reescrito sus conexiones emocionales. Para él, ahora mismo, Midoriya es el centro de su universo. Y lo peor es que ha bloqueado cualquier recuerdo que entre en conflicto con ese sentimiento... incluyendo su relación contigo, Bakugo.
Katsuki sintió un pitido en los oídos. Sus puños se apretaron tanto que sus nudillos se volvieron blancos.
—Es una broma —mascó Bakugo, sus ojos inyectados en sangre—. ¡Ese idiota es mío! ¡No puede simplemente olvidar que...!
—Bakugo, cálmate —intervino una voz gélida.
Shoto Todoroki estaba de pie a unos metros, con los brazos cruzados. Su rostro, habitualmente sereno, mostraba una tensión inusual. Midoriya era su novio desde hacía tres meses, y la idea de que Kirishima ahora estuviera "biológicamente programado" para amar al peliverde no le hacía ninguna gracia.
—No es algo que él pueda controlar —continuó Todoroki, mirando a Bakugo con esos ojos heterocromáticos que siempre lograban irritarlo—. Pero eso no significa que Midoriya vaya a corresponderle.
—¡Cierra la boca, Mitad-Mitad! —rugió Bakugo—. ¡No me importa lo que Deku sienta! ¡Me importa que el pelo de pincho me mira como si fuera un maldito extraño!
En ese momento, la puerta de la enfermería se abrió. Izuku Midoriya salió primero, rascándose la nuca con una expresión de pánico absoluto y una timidez que rayaba en la desesperación.
—¡Lo siento, Kacchan! ¡De verdad, no fue mi intención! —exclamó Izuku, agitando las manos frente a él—. Yo solo quería asegurarme de que estaba bien porque se interpuso para salvarme y...
—¡Quítate, Deku! —Bakugo lo empujó a un lado y entró en la habitación.
Kirishima estaba sentado en la camilla. Ya no tenía vendas, y su don de endurecimiento parecía estar estable. Al ver entrar a Bakugo, su expresión no fue la de siempre. No hubo esa sonrisa radiante de dientes afilados, ni ese brillo de adoración en los ojos rojos. En su lugar, Kirishima frunció el ceño, confundido.
—Oh, hola, Bakugo —dijo Kirishima con una amabilidad distante, casi formal—. ¿Vienes a ver cómo sigo? Es muy varonil de tu parte preocuparte por un compañero.
El mundo de Bakugo se detuvo. "Compañero". Esa palabra se sintió como una explosión directa al pecho.
—¿Compañero? —Bakugo dio un paso adelante, su voz peligrosamente baja—. ¿De qué diablos hablas, Eijiro? Soy yo.
Kirishima parpadeó, extrañado por el uso de su nombre de pila, y luego su mirada se desvió rápidamente hacia la puerta, donde Midoriya observaba con angustia. Al instante, el rostro del pelirrojo se iluminó con una calidez que quemó a Bakugo por dentro.
—¡Hey, Midoriya! —exclamó Kirishima, ignorando por completo a Katsuki—. ¿Seguro que estás bien? No puedo dejar de pensar en que ese tipo casi te da a ti. Me moriría si algo te pasara, de verdad. Eres... eres increíble, ¿sabes?
Izuku se puso rojo como un tomate, mirando de reojo a un Todoroki que cada vez parecía más una estatua de hielo a punto de quebrarse.
—K-Kirishima-kun, por favor... —susurró Izuku—. Tienes que descansar. Tu memoria está... un poco mezclada.
—¿Mezclada? Para nada —dijo Kirishima, bajándose de la camilla con energía y caminando directo hacia Midoriya, pasando al lado de Bakugo como si fuera un mueble—. Nunca me he sentido tan seguro de algo. Es como si de repente todo tuviera sentido. Eres tú, Midoriya. Siempre has sido tú.
Bakugo sintió el olor a nitroglicerina emanando de sus palmas. Sus dientes castañearon de rabia y dolor. Ver a Kirishima intentar tomar la mano de Midoriya fue la gota que colmó el vaso.
—¡Escúchame bien, estúpido pelo de pincho! —Bakugo lo agarró del hombro y lo obligó a girarse—. ¡Mírame a los ojos y dime que no te acuerdas de esto!
Katsuki se inclinó y lo besó. Fue un beso brusco, desesperado, cargado de toda la rabia y el miedo que sentía. Era el tipo de beso que solía hacer que Kirishima soltara un suspiro y lo rodeara con sus brazos fuertes, endureciendo su piel solo para sentir el contraste de la calidez de Bakugo.
Pero esta vez, Kirishima lo empujó.
No fue un empujón suave. Kirishima activó su don por puro instinto defensivo, y la dureza de su pecho golpeó a Bakugo, haciéndolo retroceder varios pasos.
—¿Pero qué te pasa, Bakugo? —gritó Kirishima, limpiándose la boca con el dorso de la mano, con una expresión de puro asco y confusión—. ¡Eso no es nada varonil! ¡Tengo novio... bueno, quiero decir, Midoriya y yo...! ¡No puedes ir besando a la gente así!
El silencio que siguió fue sepulcral. Midoriya se tapó la boca con las manos, al borde de las lágrimas por la situación. Todoroki dio un paso al frente, colocando una mano en el hombro de Midoriya en un gesto posesivo, pero sus ojos estaban fijos en Bakugo, quien permanecía inmóvil, con la cabeza gacha y el flequillo ocultando su mirada.
—Bakugo... —intentó decir Aizawa, pero el rubio lo interrumpió.
—Cállate.
Katsuki levantó la vista. No había lágrimas, pero sus ojos brillaban con una intensidad aterradora. Sin decir una palabra más, se dio la vuelta y salió de la enfermería. Sus pasos resonaron en el pasillo como disparos.
—¡Espera, Bakugo! —intentó llamar Kirishima, todavía molesto—. ¡Deberías pedir disculpas! ¡Midoriya se sintió incómodo!
—¡Kirishima-kun, basta! —gritó Izuku, sorprendiendo a todos—. ¡No digas nada más! ¡Por favor!
Kirishima se detuvo, desconcertado por el tono de Midoriya.
—Pero... solo te estaba defendiendo, Izuku...
Todoroki apretó el agarre en el hombro de Midoriya.
—Midoriya no necesita que lo defiendas de su amigo, Kirishima —dijo Shoto con voz gélida—. Lo que necesitas es recordar quién ha estado a tu lado estos últimos meses. Y te aseguro que no ha sido él.
***
Las horas siguientes fueron un infierno para la clase 1-A. La noticia se había extendido. El "romance" forzado de Kirishima hacia Midoriya era evidente. El pelirrojo seguía al peliverde a todas partes, ofreciéndole llevar sus libros, halagándolo constantemente y lanzándole miradas cargadas de un afecto que resultaba doloroso de ver para cualquiera que supiera la verdad.
Midoriya estaba en un estado de ansiedad constante. Por un lado, no quería ser rudo con Kirishima porque sabía que era culpa del don del villano; por otro lado, sentía que estaba traicionando a Todoroki y, sobre todo, que estaba apuñalando a Bakugo cada vez que Kirishima le sonreía.
En la sala común, el ambiente se podía cortar con un cuchillo. Bakugo estaba sentado en un rincón, limpiando sus guanteletes con una violencia innecesaria. No hablaba con nadie. No gritaba. Y eso era lo que más asustaba a sus compañeros.
—¡Izuku! Mira, traje estos bocadillos de la cafetería, ¡sé que te gustan! —Kirishima entró con una bandeja, ignorando la tensión reinante. Se sentó justo al lado de Midoriya en el sofá, invadiendo su espacio personal.
Todoroki, que estaba sentado al otro lado de Izuku, dejó su libro sobre la mesa con un golpe seco.
—Kirishima —dijo Todoroki, su voz vibrando con una advertencia implícita—, creo que es suficiente por hoy.
—¿Suficiente? Solo estoy siendo amable con la persona que amo —respondió Kirishima con una sonrisa sincera, una de esas sonrisas que solían pertenecerle exclusivamente a Bakugo—. No entiendo por qué todos están tan raros.
—Porque la persona que amas... —Bakugo se puso de pie, su silla chirriando contra el suelo— ...no es ese maldito nerd.
Katsuki caminó hacia ellos. Kirishima se tensó, poniéndose delante de Midoriya como si tratara de protegerlo de un villano.
—Bakugo, ya te lo dije en la enfermería. No sé qué te pasa, pero no voy a dejar que molestes a Izuku.
—¿Izuku? —Bakugo soltó una carcajada amarga—. Ni siquiera lo llamas por su nombre de pila normalmente, idiota. Lo llamas Midoriya. O "el amigo de Bakugo".
—Eso era antes de darme cuenta de mis sentimientos —replicó Kirishima con firmeza.
Bakugo llegó frente a él. Eran casi de la misma estatura, dos fuerzas de la naturaleza enfrentadas.
—¿Recuerdas el entrenamiento de la semana pasada? —preguntó Bakugo en voz baja—. ¿En el gimnasio gamma? ¿Cuando nos quedamos hasta tarde?
Kirishima parpadeó, confundido.
—Entrenamos a menudo, Bakugo. No sé a qué te refieres.
—No entrenamos —dijo Bakugo, y esta vez su voz flaqueó un poco—. Me dijiste que mis explosiones eran como fuegos artificiales que solo tú podías tocar. Me dijiste que no te importaba quemarte las manos si era conmigo.
Kirishima frunció el ceño, una sombra de duda cruzó sus ojos rojos por un breve segundo, pero luego la dopamina artificial volvió a nublar su juicio.
—Debes estar confundiéndome con alguien más. Yo nunca diría algo tan... cursi. Menos a ti.
El golpe emocional fue más fuerte que cualquier ataque físico que Bakugo hubiera recibido. Midoriya se puso de pie, incapaz de soportarlo más.
—¡Ya basta! —gritó Izuku, con lágrimas en los ojos—. ¡Kirishima-kun, para! ¡Todoroki-kun es mi novio! ¡Y tú... tú estás saliendo con Kacchan! ¡Lo amas a él! ¡Estas marcas que tienes en los brazos, las cicatrices de cuando entrenan juntos, las sonrisas que solo le das a él... todo eso es real! ¡Lo que sientes por mí es una mentira de un villano!
Kirishima retrocedió, llevándose las manos a la cabeza.
—No... no es verdad. Yo siento... siento que mi corazón late por ti, Izuku. Cuando te veo, todo brilla...
—¡Eso es el don del villano, imbécil! —rugió Bakugo, aunque esta vez no había odio en su voz, sino una súplica desesperada—. ¡Mírame! ¡Mírame a mí, no a él!
Bakugo agarró a Kirishima por la camiseta y lo sacudió.
—¡Recuerda las noches en el dormitorio! ¡Recuerda el sabor de mi piel! ¡Recuerda que prometiste que serías mi escudo y yo sería tu espada! ¡Eijiro, vuelve de una maldita vez!
Kirishima cerró los ojos con fuerza, soltando un quejido de dolor. Las imágenes empezaron a parpadear en su mente como una película dañada. El cabello cenizo bajo la luz de la luna, el olor a pólvora que siempre le resultaba reconfortante, las manos ásperas de Bakugo sujetando las suyas con una delicadeza que nadie más conocía.
—Duele... —susurró Kirishima, cayendo de rodillas.
—¡Kirishima-kun! —Midoriya intentó acercarse, pero Todoroki lo detuvo.
—Déjalos —dijo Shoto, observando la escena con una mezcla de alivio y tristeza—. Esto solo pueden arreglarlo ellos.
Bakugo se arrodilló frente a Kirishima, ignorando a todos los demás en la sala. No le importaba mostrar debilidad ahora. Solo quería recuperar a su idiota.
—Si no puedes recordarlo con palabras —susurró Bakugo, acercando su frente a la del pelirrojo—, recuérdalo con esto.
Esta vez, el beso no fue brusco. Fue lento, cargado de una memoria sensorial que ningún químico podía borrar por completo. Bakugo dejó que sus chispas bailaran suavemente contra la piel de Kirishima, un patrón de calor que el cuerpo del pelirrojo reconoció de inmediato.
Poco a poco, la rigidez en el cuerpo de Kirishima desapareció. Su piel, que se había endurecido por el estrés, volvió a la normalidad. Sus manos, que antes colgaban inertes, subieron lentamente hasta agarrar los brazos de Bakugo con fuerza.
—¿Bakugo...? —La voz de Kirishima salió como un hilo, quebrada y llena de confusión.
Katsuki se separó apenas unos milímetros, manteniendo sus ojos fijos en los del otro.
—¿Quién soy, pelo de pincho?
Kirishima parpadeó varias veces. El brillo antinatural que había tenido hacia Midoriya se había desvanecido, reemplazado por una mirada de absoluta realización y horror. Miró a su alrededor, vio a Midoriya llorando, a Todoroki serio y a sus compañeros observando en silencio. Luego volvió a mirar a Bakugo.
—Katsuki... —dijo Kirishima, y su voz recuperó ese tono cálido y vibrante que Bakugo tanto necesitaba—. Oh, no... ¿Qué he hecho? ¿Qué le dije a Midoriya?
Kirishima se cubrió la cara con las manos, abrumado por la avalancha de recuerdos que regresaban: su rechazo a Bakugo, sus palabras hacia Izuku, la forma en que había ignorado meses de una relación profunda por un impulso químico.
—Le dijiste que era el amor de tu vida, idiota —gruñó Bakugo, aunque esta vez, mientras rodeaba a Kirishima con sus brazos, había una pequeña sonrisa de alivio en su rostro—. Pero no te preocupes. Si vuelves a decir algo así, te haré explotar la cara.
Kirishima soltó una risa húmeda, escondiendo el rostro en el cuello de Bakugo, aspirando el aroma a nitroglicerina que ahora volvía a ser su hogar.
—Lo siento, Katsuki. Lo siento tanto...
—Cállate y no me sueltes —respondió el rubio, apretándolo más contra él.
Al otro lado de la sala, Midoriya suspiró, limpiándose las lágrimas mientras Todoroki le pasaba un pañuelo.
—Parece que todo volvió a la normalidad —dijo Todoroki, aunque su mirada todavía era un poco cautelosa.
—Sí —asintió Izuku con una sonrisa suave—. Kirishima-kun ha vuelto. Y Kacchan... bueno, Kacchan nunca se fue.
El ambiente en la sala común finalmente se relajó. La etapa "dulce" de Todoroki y Midoriya continuaría con su ritmo pausado y tierno, mientras que Bakugo y Kirishima... ellos seguirían siendo fuego y piedra, una mezcla explosiva que, a pesar de cualquier villano o cualquier don, siempre encontraría el camino de regreso al otro. Porque hay lazos que ni siquiera la dopamina puede reescribir.
Хотите создать свой фанфик?
Зарегистрируйтесь на Fanfy и создавайте свои собственные истории!
Создать свой фанфик