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Primera vez.

Фандом: My hero academia

Создан: 27.04.2026

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Entre el Orden y el Caos

La azotea de la Academia U.A. estaba sumida en un bullicio inusual para una noche de martes. Los estudiantes de la Clase 1-A habían decidido, tras una ardua semana de entrenamientos, que era el momento perfecto para observar la lluvia de meteoritos que los informativos habían anunciado. Sin embargo, había un problema logístico: el telescopio de última generación que Tenya Iida guardaba en su habitación seguía allí, y nadie se había ofrecido a bajar a por él hasta que Junko Aoi, con su característica sonrisa ladeada, dio un paso al frente.

—Iida-kun, si me acompañas para que no me pierda en esos pasillos tan "reglamentarios", yo misma te ayudo a traerlo —dijo ella, cruzándose de brazos.

Tenya, siempre rígido y con las gafas brillando bajo la luz de la luna, asintió con un movimiento mecánico de cabeza.

—¡Es un equipo de precisión, Aoi-san! No permitiría que sufriera ningún daño. ¡Vamos de inmediato!

Mientras bajaban por las escaleras, la tensión que siempre existía entre ellos se sentía diferente. Junko era el polo opuesto a Tenya: rebelde, a veces sarcástica y con una tendencia natural a cuestionar las normas que él tanto amaba. Pero también era brillante, una de las mejores de la clase, y poseía una belleza que Tenya intentaba ignorar sin éxito. Sus caderas anchas se mecían con una gracia natural que contrastaba con su cintura pequeña, y aunque ella solía vestir de forma algo descuidada, su inteligencia siempre lo mantenía alerta.

—Sabes, Tenya, a veces me pregunto si tienes un manual de instrucciones para caminar —soltó ella con una risita, rompiendo el silencio del pasillo.

—¡La postura es fundamental para un héroe, Aoi-san! —respondió él, aunque una pequeña sonrisa delató que no le molestaba el comentario.

Entraron en la habitación de Tenya. Todo estaba en un orden milimétrico. Libros alineados por orden alfabético, la cama perfectamente estirada y el telescopio, guardado en su funda rígida, junto a la ventana.

—Aquí está —dijo Tenya, agachándose para recogerlo.

Junko se acercó, pero en lugar de ayudarlo con la funda, se apoyó en el borde de su escritorio, observándolo de cerca. La luz tenue de la lámpara de escritorio creaba sombras alargadas.

—Eres tan serio... —susurró ella, acortando la distancia—. Me pregunto qué pasa por esa cabeza tuya cuando no estás pensando en leyes o motores.

Tenya se enderezó, con el corazón latiendo con una fuerza impropia de su disciplina. La cercanía de Junko era embriagadora. Podía ver el brillo travieso en sus ojos y la suavidad de su piel.

—Pienso en muchas cosas, Junko... —Su voz bajó de tono, perdiendo la formalidad habitual—. A veces, pienso en lo mucho que me descolocas.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino eléctrico. Tenya, impulsado por un deseo que llevaba meses reprimiendo, dejó la funda del telescopio en el suelo y dio un paso hacia ella. Con una mano temblorosa pero firme, acunó su rostro y se inclinó. El beso fue una colisión de mundos: la rectitud de él contra la chispa de ella.

Junko respondió con un gemido suave, enredando sus dedos en el cabello azul oscuro de Tenya. Él la atrajo hacia sí, sintiendo la curva de sus caderas contra sus muslos firmes. Los besos bajaron por su mandíbula hasta su cuello, donde Tenya dejó rastro de su intensidad. Sus manos, grandes y cálidas, se deslizaron por debajo de la camiseta de Junko, encontrando la suavidad de su espalda y subiendo hacia sus costados.

Ella se separó apenas unos milímetros, con la respiración entrecortada y las mejillas encendidas.

—Tenya... —dijo, mirándolo directamente a los ojos—. ¿Vamos a hacer esto? ¿Aquí y ahora?

Tenya se detuvo, su sentido del honor luchando con el deseo ardiente que recorría sus venas. La miró con una ternura profunda.

—Solo si tú quieres, Junko. No haría nada que te hiciera sentir incómoda. Soy... bueno, esto es nuevo para mí. Pero te quiero a ti.

Junko, a pesar de su fachada rebelde, sintió una oleada de timidez que la hizo bajar la mirada un segundo antes de volver a conectar con él.

—Yo también soy virgen, Tenya. Pero quiero que seas tú.

Él asintió con solemnidad y, con una delicadeza que contrastaba con su tamaño, la tomó en brazos para llevarla a la cama. La depositó sobre las sábanas impecables y se colocó sobre ella, apoyado en sus codos para no dejar caer todo su peso.

—Dime si voy muy rápido —susurró él, comenzando a desabotonar la camisa de ella con dedos lentos pero decididos.

A medida que la ropa desaparecía, Tenya no podía dejar de admirarla. Junko era hermosa; sus pechos pequeños y firmes, su cintura estrecha y la curva generosa de sus glúteos lo dejaron sin aliento. Él se deshizo de su propia ropa, revelando un cuerpo atlético y musculoso, forjado por años de entrenamiento riguroso.

—Estás preciosa, Junko —dijo él, volviendo a besarla con una pasión renovada.

Tenya empezó a explorar su cuerpo con una curiosidad reverente. Sus manos viajaban por sus muslos, apretando con suavidad, mientras sus labios se concentraban en sus pechos, estimulando sus pezones hasta que ella arqueó la espalda, soltando suspiros que llenaban la habitación.

—¿Te gusta así? —preguntó él, su voz ronca de deseo—. Necesito saber qué sientes.

—Sí... sí, Tenya, por favor, no pares —respondió ella, cerrando los ojos y dejándose llevar por las sensaciones.

Él no tuvo reparos en bajar más. Con una mano valiente pero cuidadosa, acarició su intimidad, descubriendo la humedad que indicaba que ella estaba lista. Tenya hablaba constantemente, preguntándole si el tacto era el adecuado, si prefería más presión o más lentitud. Quería que su primera vez fuera perfecta, un reflejo de su compromiso con ella.

—Voy a... voy a darte placer, Junko. Confía en mí —murmuró antes de bajar la cabeza.

El placer oral que le brindó fue intenso y dedicado. Junko se aferró a las sábanas, sorprendida por la entrega de Tenya. Él no tenía miedo de explorarla, de conocer cada rincón de su placer. Cuando ella estaba al borde del clímax, él se incorporó, respirando con dificultad.

Se quitó el bóxer con un movimiento rápido y buscó protección en su mesilla de noche, siempre preparado, incluso para lo inesperado.

—Junko, mírame —pidió él, posicionándose entre sus piernas.

Ella abrió los ojos, empañados por la lujuria y la emoción.

—¿Estás segura? Una vez que empecemos...

—Estoy segura, Tenya. Hazme tuya.

Él entró en ella con una lentitud agónica, deteniéndose cuando sintió la resistencia inicial. Esperó, besando su frente y sus manos, dándole tiempo a que su cuerpo se acostumbrara a él.

—Duele un poco... —susurró ella, apretando los hombros de Tenya.

—Lo sé, lo siento. Respira conmigo, Junko. No me moveré hasta que me lo pidas.

Poco a poco, el dolor se transformó en una plenitud abrumadora. Junko asintió, instándolo a continuar. Tenya comenzó a moverse con un ritmo constante, una mezcla de fuerza y caballerosidad. Cada embestida era profunda, buscándola, queriendo conectar no solo sus cuerpos, sino sus almas.

—Eres... eres increíble —jadeó Tenya, el sudor brillando en su frente—. Junko, no sabía que se podía sentir algo así.

—Es porque somos nosotros... —respondió ella, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura para atraerlo más hacia sí.

El acto se volvió más intenso. El orden de la habitación parecía desvanecerse ante el caos de la pasión. Los gemidos de Junko se volvieron más altos, y Tenya perdió parte de su compostura habitual, moviéndose con una urgencia que reflejaba cuánto la deseaba. La habitación se llenó del sonido de sus respiraciones acompasadas y el roce de la piel.

—¡Tenya! —exclamó ella cuando el clímax la alcanzó, sintiendo cómo oleadas de placer la sacudían.

Él la siguió apenas unos segundos después, hundiéndose en ella una última vez mientras soltaba un gruñido de pura satisfacción, abrazándola con fuerza como si temiera que pudiera desaparecer.

Se quedaron así durante mucho tiempo, envueltos en el silencio de la noche, con el telescopio olvidado en el suelo. Tenya le apartó un mechón de pelo de la cara y le dio un beso tierno en la nariz.

—Supongo que nos hemos perdido la lluvia de estrellas —dijo Junko con una sonrisa débil y satisfecha.

Tenya la estrechó más contra su pecho, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo.

—No importa —respondió él con convicción—. He visto algo mucho más hermoso aquí dentro.

Junko rió suavemente, acurrucándose en el hueco de su cuello. El representante de la clase, el chico de las reglas y el orden, acababa de descubrir que, a veces, salirse del guion era la mejor decisión que uno podía tomar. Y mientras el mundo exterior seguía su curso, en aquella habitación de la U.A., dos jóvenes habían dejado de ser niños para convertirse en algo mucho más profundo, unidos por una noche que ninguno de los dos olvidaría jamás.
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