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Star park's police

Фандом: Brawl star

Создан: 27.04.2026

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МистикаДаркЮморЭкшнКриминалСмерть персонажаДетективАнтиутопияБадди-мувиСатираНарочитая жестокостьБоди-хоррор
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Polvo a las estrellas y arena en los pulmones

El sol de Starr Park brillaba con una intensidad artificial, de esa que te hace sospechar que el cielo es solo una pantalla gigante a punto de sufrir un cortocircuito. Larry caminaba con paso alegre, saludando a un grupo de niños que lloraban desconsoladamente porque su helado se había derretido en forma de calavera.

— ¡Mantengan la seguridad y la hidratación, ciudadanos! —exclamó Larry, ajustándose su gorra de policía bueno—. ¡Y recuerden que las lágrimas son una pérdida innecesaria de electrolitos!

A su lado, Lawrie emitía un zumbido metálico de pura irritación. Su visor rojo escaneaba la multitud con el entusiasmo de quien busca una excusa para usar la porra eléctrica.

— Larry, cállate de una vez —gruñó Lawrie, apartando a un tipo disfrazado de cactus con un empujón innecesariamente violento—. Tenemos un reporte de "objeto perdido" en la zona de las mil y una noches. Y por "objeto", el jefe se refiere a que alguien ha dejado de respirar de forma permanente.

— ¡Oh, vamos, Lawrie! —Larry saltó sobre un charco de lo que esperaba que fuera refresco de cola, aunque olía sospechosamente a queroseno—. ¡Es un día precioso para servir y proteger! Además, el departamento de marketing dice que "muerte" es una palabra muy fea. Ahora lo llamamos "asistencia definitiva al cliente".

Llegaron a la zona de arena, un área diseñada para parecer un oasis místico, pero que en realidad era una caja de arena gigante llena de trampas para turistas. El lugar estaba inusualmente vacío, salvo por una bota que sobresalía de una duna cerca de la atracción de la lámpara mágica.

Lawrie se acercó y pateó la bota. No hubo reacción.

— Tenemos un cliente con asistencia completa, Larry —dijo Lawrie, sacando su escopeta de bengalas solo por si acaso—. Y parece uno de los VIP.

Larry se acercó, su procesador analizando la situación. Empezó a cavar con un entusiasmo infantil, lanzando arena hacia atrás hasta que el rostro de la víctima quedó al descubierto. Era Sandy. El brawler legendario que siempre parecía estar a un paso de la narcolepsia eterna finalmente lo había logrado. Solo que esta vez, el sueño no era opcional.

— ¡Cielos! —exclamó Larry, uniendo las manos—. ¡Es Sandy! Y parece que ha cumplido su sueño de dormir profundamente. Aunque... cinco metros bajo tierra parece un poco excesivo para una siesta, ¿no crees?

Lawrie se agachó, observando los granos de arena que llenaban la boca abierta del cadáver y sus ojos vidriosos.

— No se quedó dormido, idiota —dijo Lawrie, señalando las marcas de arañazos en el interior de la fosa improvisada—. Lo enterraron vivo. Intentó salir. La presión de la arena le colapsó los pulmones antes de que pudiera usar su súper. Es un trabajo limpio. Demasiado limpio.

Larry sacó una cinta amarilla de "Escena del Crimen" que tenía impresas caritas sonrientes.

— ¡Oh, no! ¡Esto es terrible para las estadísticas del trimestre! —Larry comenzó a acordonar la zona mientras un grupo de turistas se acercaba con curiosidad—. ¡Atrás, ciudadanos! ¡El joven Sandy está realizando una demostración artística de inmersión terrestre! ¡No interrumpan su proceso creativo o serán multados por falta de apreciación estética!

— Muévanse o les daré una razón para que los entierren a ustedes también —añadió Lawrie, apuntando con su arma a un padre que intentaba tomar una foto con su teléfono.

Cuando la zona estuvo despejada de testigos, Lawrie sacó un escáner de su brazo. Su tono de voz cambió a uno más sombrío, si es que eso era posible.

— Es el tercero este mes, Larry. Primero fue Spike, a quien encontramos convertido en un centro de mesa en el restaurante de comida rápida. Luego Leon, que apareció cosido dentro de un peluche gigante de Sally Leon. Y ahora Sandy. Todos "Legendarios".

Larry dejó de sonreír por un microsegundo, lo cual era el equivalente robótico a un ataque de pánico.

— ¿Estás sugiriendo que hay un asesino serial de categoría de rareza? —preguntó Larry, bajando la voz—. ¡Pero eso es discriminación de brawlers! ¡Va en contra del manual del empleado!

— Al asesino le importa un bledo el manual, Larry —dijo Lawrie, pateando más arena sobre el cuerpo de Sandy cuando vio que otro grupo de turistas se acercaba—. Alguien está limpiando el parque de las celebridades más caras. Si esto sigue así, solo quedaremos nosotros y los brawlers de categoría común. Y no pienso pasar la eternidad aguantando las quejas de Shelly sobre su escopeta.

— Tenemos que investigar —dijo Larry, recuperando su optimismo programado—. ¡Busquemos pistas! Por ejemplo, ¿por qué enterrarlo aquí? Es muy temático. Muy... irónico.

Lawrie se rascó el chasis de la cabeza.

— Es un mensaje. El asesino tiene sentido del humor. Un humor negro, retorcido y probablemente con un presupuesto de producción muy alto. Mira esto.

Lawrie señaló un pequeño objeto que brillaba entre la arena, cerca del cuello de Sandy. Era una moneda de oro de Starr Park, pero tenía una "X" grabada con una precisión quirúrgica.

— Una marca —susurró Larry—. ¡Como en las películas de detectives! ¿Crees que el asesino nos está retando?

— Creo que el asesino nos considera unos incompetentes —respondió Lawrie con amargura—. Y honestamente, viendo cómo estás intentando consolar al cadáver dándole palmaditas en el hombro, no lo culpo.

— ¡Solo trato de mantener la moral alta! —se defendió Larry—. Incluso en la muerte, un empleado de Starr Park debe sentirse valorado.

De repente, un grito desgarrador se escuchó desde la zona de la jungla. Larry y Lawrie se miraron. Larry activó su sirena interna, que sonaba como una melodía de heladería pero a un volumen ensordecedor.

— ¡Crimen en progreso! —gritó Larry—. ¡Lawrie, prepárate para aplicar la justicia con un toque de amabilidad!

— ¡Y yo la aplicaré con un toque de traumatismo craneoencefálico! —rugió Lawrie, saliendo disparado hacia el origen del grito.

Mientras corrían, pasaron junto a una estatua de madera de un brawler legendario que aún seguía vivo. La estatua tenía una soga al cuello. Larry no se detuvo, pero su procesador empezó a calcular las probabilidades de supervivencia del resto de los brawlers de élite. Los números no eran alentadores.

— ¡Larry! —gritó Lawrie mientras saltaban sobre una valla—. Si atrapamos a este tipo, ¿crees que nos darán un aumento?

— ¡Probablemente nos den un cupón de descuento para el buffet de comida reciclada! —respondió Larry con alegría.

— Odio este parque —gruñó Lawrie.

— ¡Y el parque te ama a ti, hermano!

Llegaron a la entrada de la jungla. El rastro de arena que Lawrie llevaba en las botas marcaba el camino, una metáfora perfecta de cómo la muerte de Sandy los seguiría hasta el siguiente horror. En Starr Park, la diversión nunca terminaba, principalmente porque a los muertos no se les permitía abandonar el recinto sin firmar una exención de responsabilidad.

— Mira —dijo Lawrie, deteniéndose en seco y señalando hacia arriba.

Colgado de una liana, un sobre dorado se balanceaba con el viento. Tenía el nombre de "Amber" escrito con letras de purpurina.

— La siguiente en la lista —dijo Larry, perdiendo un poco de su brillo—. Esto va a ser un desastre para las relaciones públicas.

— Olvida las relaciones públicas —dijo Lawrie, cargando su arma—. Vamos a necesitar más bolsas para cadáveres y mucha más arena.

La cacería del asesino de leyendas acababa de empezar, y en Starr Park, la única regla era que el espectáculo debía continuar, incluso si el elenco terminaba bajo tierra.
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