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Reencarne como shenlong en dragón ball

Фандом: Dragón ball

Создан: 28.04.2026

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Escamas de Zafiro y el Sueño Eterno

La oscuridad no era aterradora; era, extrañamente, cómoda. Para Damián, la transición entre morir tras un turno de doce horas en la oficina y el vacío absoluto se sintió como el mejor descanso de su vida. No había alarmas, no había jefes gritando por correos electrónicos, solo una paz infinita.

O eso creía él.

— [Carga del Sistema de Deseos Interdimensionales completada al 100%] —una voz monótona y gélida resonó directamente en su conciencia—. [Anfitrión seleccionado: Damián Estrada. Especie: Dragón Eterno (Variante Azul). Estado: Despierto].

Damián intentó abrir los ojos, pero no sintió párpados. Lo que sintió fue... longitud. Una cantidad absurda de cuerpo que se enroscaba sobre sí misma en un vacío que olía a ozono y magia antigua. Cuando finalmente logró "enfocar" su vista, no vio un techo de oficina, sino un abismo estrellado que parecía estar contenido dentro de una dimensión de bolsillo.

—¿Qué demonios...? —intentó decir, pero lo que salió fue un retumbar profundo que hizo vibrar sus propios huesos. O lo que fuera que tuviera ahora.

Miró hacia abajo, o hacia lo que pensaba que era su pecho. No había piel humana. En su lugar, miles de escamas de un azul profundo, casi como el color de un océano a medianoche, brillaban con un fulgor místico. Sus manos —no, sus garras— eran largas, afiladas y de un blanco marfil.

— [Bienvenido, Shenlong] —anunció la voz del Sistema—. [Has transmigrado al universo de Dragon Ball. Sin embargo, debido a una anomalía en tu alma, tu forma ha mutado. Eres el Dragón de los Deseos, pero tu alcance ahora es multiversal].

Damián, o el ser que ahora ocupaba ese cuerpo, soltó un suspiro que expulsó una nube de vapor dorado por sus fosas nasales.

—¿Shenlong? —se preguntó mentalmente, procesando la información con una lentitud que empezaba a disfrutar—. ¿El tipo que sale de las esferas, concede un deseo y se vuelve a dormir por un año?

— [Correcto] —respondió el Sistema.

Una sonrisa lenta, si es que un dragón podía sonreír, se dibujó en su rostro alargado.

—Eso suena... malditamente perfecto. Dormir es mi actividad favorita. Si mi único trabajo es aparecer cinco minutos, decir "concederé cualquier deseo" y luego largarme a dormir otra vez, acepto el contrato.

— [Hay una condición, Anfitrión] —interrumpió la voz—. [Tu leyenda debe extenderse. No estás limitado a la Tierra de este mundo. Cuando el Sistema detecte un deseo lo suficientemente fuerte en cualquier plano de la existencia, serás convocado. Tu objetivo es convertirte en el mito supremo: el Dragón Eterno de las Escamas de Zafiro].

Damián estiró su cuerpo kilométrico, maravillado por la fuerza que sentía en cada músculo serpentino. La pereza era su motor, pero la idea de ver otros mundos sin tener que esforzarse realmente —porque, vamos, era un dios capaz de alterar la realidad— le resultaba extrañamente entretenida.

—Está bien, Sistema. Pero no me llames para tonterías. Si alguien quiere calzones o un aumento de sueldo, busca a otro dragón. Solo me moveré por algo que valga la pena ver.

De repente, el espacio a su alrededor comenzó a temblar. El vacío oscuro fue reemplazado por una luz dorada cegadora. Damián sintió un tirón violento en su ombligo, como si un anzuelo gigante lo estuviera arrastrando hacia el mundo físico.

— [Primer llamado detectado] —informó el Sistema—. [Ubicación: Planeta Tierra, Universo 7. Año 749. El invocador ha reunido las siete esferas].

—Ah, los clásicos —murmuró Damián, dejándose llevar por la corriente de energía—. Vamos a ver quién es el molesto que interrumpe mi siesta.

***

En un valle remoto de la Tierra, el cielo se había vuelto negro como la boca de un lobo. El viento soplaba con una fuerza huracanada, sacudiendo los árboles y levantando nubarrones de polvo. En el centro de un claro, siete esferas de cristal con estrellas rojas en su interior palpitaban con un ritmo frenético, emitiendo destellos amarillos que cortaban la oscuridad.

Un grupo de personas observaba con asombro y terror. Un niño con cola, una chica de cabello azul, un hombre con una cicatriz en la mejilla y un pequeño cerdo parlante retrocedieron cuando un pilar de luz dorada salió disparado desde las esferas hacia las nubes.

—¡Ya viene! —gritó Bulma, cubriéndose los ojos—. ¡El Dragón Eterno!

Pero cuando la luz se disipó, la criatura que emergió no era el dragón verde que las leyendas describían.

Damián atravesó el portal de nubes, dejando que su inmenso cuerpo azul profundo se desenrollara sobre el cielo. Sus escamas brillaban con una luz interna que hacía que pareciera hecho de zafiros líquidos. Sus ojos no eran rojos, sino de un plateado eléctrico que denotaba una inteligencia y un hastío muy humanos.

El silencio que siguió a su aparición fue absoluto. Incluso el viento pareció detenerse ante la presencia de la imponente bestia azul.

Damián miró hacia abajo. Vio a los pequeños humanos. Eran tal como los recordaba del anime, pero verlos en persona era... diferente. Parecían tan frágiles.

—He sido convocado —su voz no fue un grito, sino un trueno bajo que reverberó en el pecho de los presentes—. Habéis reunido las siete esferas... ¿Cuál es vuestro deseo?

Bulma dio un paso adelante, temblando, pero con la determinación que la caracterizaba.

—¿E-eres Shenlong? —preguntó ella, desconcertada—. Las historias decían que eras verde... y un poco más... aterrador. Tú eres... hermoso.

Damián resopló, soltando una pequeña chispa azul por la nariz.

—El verde está pasado de moda, niña —respondió con una arrogancia perezosa—. Las escamas azules son la nueva tendencia multiversal. Ahora, date prisa. Estaba teniendo un sueño excelente sobre una cascada de ambrosía. Pide tu deseo y no me hagas perder el tiempo.

Yamcha y Oolong se miraron, estupefactos. Aquel dragón no parecía la deidad solemne y estricta que esperaban. Parecía más bien un adolescente genio al que acababan de despertar un domingo a las seis de la mañana.

—¡Yo... yo quiero...! —Bulma comenzó a hablar, pero se detuvo al ver la mirada plateada del dragón fija en ella.

Damián bostezó, abriendo una boca llena de colmillos que podrían triturar montañas, pero su gesto era de puro aburrimiento.

—Déjame adivinar —dijo el dragón, interrumpiéndola—. ¿Un novio perfecto? ¿Belleza eterna? ¿Un suministro de fresas de por vida? Honestamente, los humanos tenéis tan poca imaginación que me duele la columna.

—¡Oye! —protestó Bulma, indignada—. ¡Se supone que debes limitarte a cumplir el deseo, no a juzgarlo!

—Soy un dragón, no una máquina expendedora —replicó Damián, bajando un poco la cabeza para quedar a pocos metros de ellos. Su aliento olía a ozono y a algo antiguo—. Pero tienes razón. Es tu deseo. Pide lo que quieras, pero hazlo ya. Me pesan los párpados.

Antes de que Bulma pudiera articular palabra, un pequeño ser saltó al frente. Era Oolong, que en un ataque de pánico y viendo que el villano Pilaf se acercaba a lo lejos para robar el deseo, gritó lo primero que se le vino a la mente.

—¡QUIERO UNAS BRAGUITAAS!

El silencio volvió a reinar en el valle. Damián parpadeó lentamente. Sus ojos plateados se movieron hacia el pequeño cerdo transformista.

—¿Braguitas? —repitió Damián con una voz que destilaba incredulidad—. ¿Me has sacado de mi dimensión, me has obligado a estirar mis músculos después de una siesta perfecta... para pedir ropa interior femenina?

Oolong se encogió de hombros, sudando frío.

—¡Es una emergencia! —chilló.

Damián suspiró. Podía sentir el poder fluyendo por sus venas, la capacidad de reescribir la realidad misma. Era un desperdicio absoluto, pero las reglas eran las reglas.

—Tu deseo es... estúpido. Pero será concedido.

Los ojos de Damián brillaron con un intenso fulgor plateado. De la nada, un par de bragas blancas de seda cayeron suavemente sobre la cara de Oolong.

—He cumplido tu deseo —declaró Damián, elevándose de nuevo hacia las nubes—. Ahora, si me disculpáis, volveré a mi vacío. No me llaméis a menos que sea para algo que me divierta. O que incluya una almohada del tamaño de una galaxia.

—¡Espera! —gritó Goku, mirando al dragón con curiosidad—. ¡Eres muy fuerte! ¿Podemos pelear alguna vez?

Damián se detuvo un momento en el aire, mirando al pequeño niño con cola. Una chispa de interés real cruzó sus ojos.

—Tal vez cuando crezcas un poco, cachorro de saiyajin —dijo con una media sonrisa—. Por ahora, entrena. El multiverso es un lugar muy grande, y yo estaré observando... desde mi cama.

Con un estallido de energía azul, el dragón se convirtió en siete rayos de luz que salieron disparados en diferentes direcciones. El cielo volvió a su color azul normal de atardecer, dejando al grupo de Bulma en un silencio sepulcral.

***

De vuelta en su dimensión de bolsillo, Damián se enroscó de nuevo, sintiendo cómo la energía del deseo cumplido recargaba sus fuerzas.

—Eso fue... ridículo —murmuró para sí mismo—. Pero supongo que tiene su encanto.

— [Fama de la Leyenda del Dragón de Zafiro aumentada en 0.01%] —anunció el Sistema—. [Nuevas coordenadas detectadas. Un deseo de gran intensidad está emanando de un mundo llamado "Reino de Lugnica"].

Damián abrió un ojo.

—¿Lugnica? Eso suena a problemas y a gente llorando mucho. ¿No puedo simplemente ignorarlo?

— [El deseo proviene de un individuo que busca retroceder el tiempo para salvar a otros. La energía es suficiente para otorgarte una habilidad de "Evolución de Escamas"].

Damián se estiró, haciendo crujir sus vértebras divinas. La pereza seguía ahí, pero la curiosidad empezaba a ganarle terreno. Además, si evolucionaba lo suficiente, tal vez el Sistema le daría una forma humana para poder comer pizza o dormir en una cama de verdad.

—Está bien, Sistema. Llévame allí. Pero si piden ropa interior otra vez, juro que voy a devorar ese planeta.

— [Preparando salto interdimensional...]

El dragón azul cerró los ojos, dejando que la corriente de la magia lo arrastrara hacia su próxima aventura. Ser Shenlong no era tan malo después de todo, siempre y cuando pudiera mantener su actitud relajada en un multiverso lleno de caos.

Después de todo, ¿qué prisa había? Tenía toda la eternidad para ser una leyenda.
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