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El castigo de Kim

Фандом: Kim Possible

Создан: 28.04.2026

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Risas y Resquemores: El Dilema del Ombligo

La guarida secreta, un complejo tecnológico oculto en las profundidades de una isla volcánica, vibraba con el zumbido de los generadores de energía. En el centro de la sala de control, Kim Possible se encontraba en una situación poco envidiable. Sus muñecas estaban sujetas por grilletes de alta tecnología anclados a una silla metálica, y sus tobillos permanecían firmemente inmovilizados. A pesar de la derrota momentánea, la joven heroína mantenía su barbilla en alto, sus ojos verdes destellando con una determinación indomable.

Frente a ella, Shego caminaba con una elegancia felina, el brillo verde de sus ojos bosque compitiendo con las luces de los paneles de control. Draken se había marchado a una convención de villanos de segunda categoría, dejándola a cargo de la seguridad y, lo más importante, de la prisionera. Shego se detuvo a pocos centímetros de Kim, cruzando los brazos sobre su mono asimétrico verde y negro.

— Sabes, Princesa, me sorprende que hayas caído en una trampa tan básica —comentó Shego con una sonrisa de suficiencia, sus labios negros curvándose en un gesto burlón—. Supongo que incluso la gran Kim Possible tiene sus días malos.

— Solo fue un golpe de suerte, Shego —respondió Kim, tratando de mantener un tono optimista a pesar de la presión de los grilletes—. Sabes que no me quedaré aquí por mucho tiempo. Ron vendrá, o encontraré la forma de salir. Siempre lo hago.

Shego soltó una carcajada seca, un sonido que resonó en las paredes metálicas.

— Dr. D no está aquí para arruinar el momento con sus planes absurdos de dominación mundial. Esta vez, solo somos tú y yo. Y necesito que me digas los códigos de acceso a la red de satélites del Justice Squad que interceptaste ayer.

— Olvídalo —sentenció Kim, apretando los dientes—. No voy a decirte nada. Puedes usar tus ráfagas de energía o cualquier aparato de tortura que tengas, pero no hablaré.

Shego se acercó aún más, invadiendo el espacio personal de Kim. Su mirada descendió desde el rostro de la pelirroja hasta el pequeño tramo de piel expuesta entre su top corto negro y sus pantalones cargo. El vientre de Kim, atlético y firme, subía y bajaba con su respiración agitada. Una idea maliciosa cruzó la mente de la villana.

— Oh, Kimmy... las quemaduras son tan... predecibles —murmuró Shego, dejando que un rastro de energía verde bailara entre sus dedos antes de apagarlo—. He notado que siempre te muestras muy valiente cuando hay dolor de por medio. Te hace sentir como una mártir, ¿verdad? Pero me pregunto cómo reaccionarás ante algo mucho más... irritante.

Sin previo aviso, Shego extendió sus manos enguantadas y comenzó a caminar sus dedos con rapidez sobre las costillas de Kim.

— ¡Ah! ¡Shego, detente! —Kim soltó un grito que rápidamente se convirtió en una risa involuntaria—. ¿Qué... qué crees que estás haciendo?

— Interrogatorio, K-P. Solo que con un enfoque más... lúdico —respondió Shego, intensificando el movimiento de sus dedos sobre los costados de la chica.

Kim comenzó a retorcerse en la silla, sus músculos abdominales tensándose mientras intentaba escapar del contacto. La risa, una mezcla de desesperación y diversión biológica, llenó la sala.

— ¡No! ¡Eso no vale! —exclamó Kim entre jadeos y carcajadas—. ¡Es... es juego sucio!

— ¿Desde cuándo los villanos jugamos limpio? —Shego bajó sus manos hacia el vientre de Kim, justo por encima de la línea de sus pantalones. Empezó a hacer círculos rápidos y rítmicos con las yemas de sus dedos sobre la piel suave—. Vamos, Kimmy. Solo son unos números. Dímelos y te dejaré descansar.

— ¡Nunca! —logró decir Kim, aunque su cuerpo la traicionaba. Cada vez que los dedos de Shego rozaban su abdomen, una nueva oleada de cosquillas la recorría, haciéndola arquear la espalda y sacudir la cabeza, su largo cabello rojo desparramándose sobre sus hombros.

Shego se detuvo un segundo, solo para observar el estado de su oponente. Kim estaba sonrojada, con el cabello despeinado y los ojos lagimeando por la risa forzada. Se veía vulnerable de una forma que el combate físico nunca lograba mostrar.

— Eres muy resistente, te lo concedo —dijo Shego, metiendo la mano en la riñonera de su pierna izquierda y sacando una pluma larga y blanca, probablemente de algún ave exótica que Draken había intentado clonar—. Pero veamos qué opina tu ombligo de todo esto.

Los ojos de Kim se abrieron de par en par al ver el objeto.

— Shego... no bromees. No te atreverás.

— Observa —replicó la villana con una chispa de maldad pura en sus ojos verdes.

Shego se inclinó y comenzó a pasar la punta de la pluma justo por el centro del ombligo de Kim, trazando círculos lentos y precisos. El efecto fue instantáneo. Kim soltó un alarido de risa que casi le quita el aire, sus piernas pateando inútilmente contra los soportes de la silla.

— ¡JAJAJAJA! ¡No! ¡Ahí no! ¡Shego, por favor! —suplicó Kim, su voz quebrándose por la intensidad del estímulo—. ¡Es... es demasiado!

— ¿Demasiado? Apenas estoy empezando —Shego giró la pluma dentro de la pequeña cavidad, provocando que Kim se encogiera de hombros y tratara de hundir su vientre—. ¿Dónde están los códigos, Kim? ¿En el servidor principal o en tu Kimmunicator?

— ¡No... jajaja... no te lo diré! —Kim cerró los ojos con fuerza, tratando de concentrarse en cualquier otra cosa, pero la pluma era implacable. La sensación era eléctrica, una tortura dulce que la hacía sentir como si perdiera el control de sus propios sentidos.

Shego dejó la pluma a un lado por un momento para usar ambas manos. Empezó a "amasar" el vientre de Kim con sus dedos, atacando los flancos y el área sensible justo debajo de las costillas. Kim estaba ahora en un estado de risa histérica, sus palabras apenas audibles entre los espasmos de su diafragma.

— ¡Basta! ¡Me voy a... jaja... me voy a desmayar! —gritó Kim, su optimismo habitual siendo reemplazado por una desesperación juguetona.

— Oh, no te desmayarás. Estás demasiado alerta para eso —Shego se detuvo abruptamente, dejando a Kim jadeando, tratando de recuperar el aliento. El silencio que siguió fue casi ensordecedor—. ¿Ves? Es mucho más efectivo que los rayos láser. Tu cuerpo me está diciendo que quieres que pare, pero tu mente es testaruda. Solo tienes que hablar.

Kim respiraba con dificultad, el sudor brillando en su frente. Miró a Shego con una mezcla de indignación y cansancio.

— Eres... eres una persona horrible —logró decir, aunque no había odio en su voz, sino una especie de reconocimiento de la astucia de su rival.

— Soy una villana, es parte del contrato —Shego volvió a tomar la pluma, esta vez sosteniéndola como si fuera un instrumento de precisión—. Ahora, última oportunidad antes de que empiece a explorar lo que yo llamo "la zona de desastre" en tus pies.

Kim palideció. Si su ombligo era su debilidad, sus pies eran territorio prohibido.

— ¡No, los pies no! —exclamó, tratando de mover sus botas negras, pero estaban bien aseguradas—. Está bien, está bien... los códigos están encriptados en el archivo "Cena de Graduación".

Shego arqueó una ceja, deteniendo el avance de la pluma hacia los tobillos de Kim.

— ¿Cena de Graduación? ¿En serio? Qué poco original, Possible.

— ¡Era un nombre clave! —se defendió Kim, todavía recuperándose del ataque anterior.

Shego se dirigió a la consola principal y tecleó rápidamente. En pocos segundos, una barra de progreso apareció en la pantalla: "Descifrando códigos...". La villana sonrió con triunfo y regresó hacia Kim, quien todavía estaba atada y visiblemente exhausta.

— Bien hecho, Kimmy. Sabía que terminarías cooperando. Aunque, para ser honesta, me divertía más la parte de la pluma.

— Ya tienes lo que querías. Ahora suéltame —pidió Kim, recuperando un poco de su compostura.

Shego se cruzó de brazos, observándola con una expresión indescifrable. Por un momento, la dureza de su rostro se suavizó, reemplazada por esa extraña camaradería que a veces surgía entre ellas después de años de enfrentamientos.

— ¿Y perderme la oportunidad de verte así de indefensa un rato más? —Shego se acercó y le dio un último y rápido apretón en la cintura, provocando un pequeño salto y un chillido final de Kim—. No lo creo. Me iré a revisar estos códigos. Si intentas escapar... bueno, la pluma sigue aquí.

— Te odio —murmuró Kim, aunque sus ojos verdes brillaban con el desafío de siempre.

— No, no lo haces —replicó Shego con un guiño antes de salir de la habitación, dejando a la heroína sola con el eco de sus propias risas y la promesa de un próximo encuentro donde, sin duda, Kim buscaría su revancha.

Kim suspiró, recostando la cabeza en el respaldo de la silla. Su vientre todavía sentía el hormigueo del ataque de Shego. Sabía que tenía que salir de allí pronto, pero por un momento, se permitió simplemente respirar. Ser Kim Possible era agotador, y aunque el método de interrogatorio de Shego había sido poco ortodoxo y extremadamente vergonzoso, había algo en esa interacción que se sentía extrañamente honesto.

— La próxima vez —susurró Kim para sí misma, con una sonrisa decidida—, seré yo quien tenga la pluma.

Mientras tanto, en el pasillo, Shego guardaba la pluma en su riñonera. Tenía los códigos, sí, pero la imagen de la invencible Kim Possible retorciéndose de risa era un trofeo mucho más satisfactorio que cualquier dato informático. Al final del día, ganar no siempre se trataba de dominar el mundo, sino de demostrar quién tenía el control total de la situación. Y hoy, sin duda, el control había sido suyo.
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