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pelea de estilo y olor
Фандом: dragon ball
Создан: 29.04.2026
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ЭкшнПриключенияЮморСтёбСеттинг оригинального произведенияДивергенцияБадди-мувиСатира
El Aroma de la Victoria y el Polvo del Camino
El sol de la isla Papaya caía con una intensidad implacable sobre la plataforma del Vigésimo Primer Torneo de las Artes Marciales. El aire estaba cargado de expectación, olor a comida callejera y el inconfundible aroma a ozono que desprendían los luchadores más poderosos del mundo. Entre la multitud, un grupo de guerreros destacaba no solo por su fuerza, sino por lo inusual de su formación.
Bulma se ajustó las muñequeras de tela, sintiendo el tacto áspero del uniforme de la Escuela Tortuga. No era el traje naranja tradicional de Goku y Krillin, sino una versión estilizada que ella misma había diseñado: un top deportivo resistente y pantalones de combate que permitían una movilidad total. Su cabello azul estaba recogido en una coleta alta y tensa.
—¿Estás nerviosa, Bulma? —preguntó Goku, balanceándose sobre sus talones con esa inocencia eterna que lo caracterizaba.
—¿Nerviosa yo? —Bulma soltó una carcajada forzada, aunque sus dedos temblaban ligeramente—. ¡Por favor, Goku! He sobrevivido a dinosaurios, ejércitos y a los ronquidos del Maestro Roshi durante meses de entrenamiento. Una pelea en un ring es pan comido.
Krillin, que estaba estirando sus piernas a su lado, la miró con una mezcla de respeto y lástima.
—Recuerda lo que dijo el Maestro, Bulma. En este torneo, la fuerza física no lo es todo. Hay oponentes que usan tácticas... poco convencionales.
—¡Bah! —intervino el Maestro Roshi, oculto tras sus gafas de sol y su identidad de Jackie Chun mentalmente preparada—. Bulma ha demostrado tener una disciplina mental asombrosa. Su capacidad para analizar los movimientos del enemigo compensa su falta de fuerza bruta. Pero hoy, su rival es... especial.
El anunciador, con su característico micrófono y gafas oscuras, subió al escenario con entusiasmo.
—¡Damas y caballeros! ¡Continuamos con la primera ronda de las finales! ¡Abran paso a dos de las guerreras más temibles que han pisado esta plataforma! ¡En la esquina derecha, la genio de la tecnología y discípula de la Escuela Tortuga, la señorita Bulma!
Bulma caminó hacia el centro del ring bajo una lluvia de aplausos. Se sentía extrañamente poderosa. Los meses cargando caparazones de tortuga y arando tierra con las manos desnudas habían endurecido su cuerpo, pero no habían mermado su vanidad.
—¡Y en la esquina izquierda! —continuó el anunciador, bajando un poco el tono como si tuviera miedo—. La mujer de las mil caras, ¡la peligrosa Launch!
Un murmullo de confusión recorrió el estadio. Launch subió las escaleras con una sonrisa dulce, su cabello azul ondeando al viento y un vestido sencillo. Parecía incapaz de lastimar a una mosca.
—¡Oh, hola Bulma! —saludó Launch con voz melosa—. No sabía que nos tocaría pelear. Espero que no nos hagamos mucho daño... ¡Achu!
El estornudo fue como una explosión. En un segundo, el cabello azul se volvió de un rubio eléctrico y agresivo. La expresión de Launch cambió de la inocencia pura a una sed de sangre que hizo retroceder a los espectadores de la primera fila. Pero lo más extraño no fue su cambio de humor. No sacó una metralleta, como solía hacer. En su lugar, se rascó la axila con una mano y se hurgó la nariz con la otra, mirando a Bulma con un desprecio absoluto.
—Escucha bien, niñata de ciudad —gruñó Launch (rubia)—. El viejo verde me prohibió traer mis armas al ring. Dijo que me descalificarían. Pero no necesito balas para acabar con una princesita como tú. He descubierto que el cuerpo humano puede ser el arma más tóxica del mundo.
Bulma arrugó la nariz. Un olor extraño, como a calcetines olvidados en un sótano húmedo mezclado con pescado podrido, empezó a emanar de su oponente.
—¿Qué demonios es ese olor? —exclamó Bulma, cubriéndose la boca con el antebrazo—. ¡Launch, es asqueroso! ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste?
—¿Bañarme? —Launch soltó una carcajada ronca—. El sudor es la esencia del guerrero. Y mi sudor es... especial. ¡Prepárate!
—¡Comiencen! —gritó el anunciador, saltando fuera del ring.
Launch no cargó con un puñetazo tradicional. En su lugar, comenzó a agitar sus brazos como si estuviera ventilando una habitación, pero en lugar de aire fresco, una ráfaga de vaho amarillento se dirigió hacia Bulma.
—¡Toma esto! ¡El "Viento del Pantano"! —rugió la rubia.
Bulma sintió que el mundo daba vueltas. El olor era tan potente que sus ojos empezaron a lagrimear de inmediato. Era una guerra química sin productos químicos.
—¡Puaj! ¡Es horrible! —Bulma retrocedió, tropezando con sus propios pies—. ¡Esto es juego sucio! ¡Árbitro, haga algo!
—¡No hay ninguna regla que prohíba oler mal! —respondió el anunciador, tapándose la nariz con un pañuelo—. ¡La pelea continúa!
Launch aprovechó la desorientación de Bulma para acercarse. No usaba artes marciales refinadas; usaba una técnica de asfixia táctica. Se rascó la barriga y luego intentó poner sus manos cerca del rostro de Bulma.
—¿Qué pasa, genio? —se mofó Launch—. ¿Tu cerebro no puede procesar esto? ¡Huele mi victoria!
Bulma estaba contra las cuerdas, o mejor dicho, contra el borde del ring. El mareo era tal que apenas podía mantener el equilibrio. Desde la zona de participantes, Krillin gritaba desesperado.
—¡Bulma! ¡Reacciona! ¡Recuerda lo que eres!
—¡No puedo respirar, Krillin! —gritó ella, tratando de propinar una patada que Launch esquivó con un movimiento perezoso—. ¡Es como si estuviera peleando dentro de un basurero municipal!
Goku, observando con curiosidad, ladeó la cabeza.
—Oye, Krillin, ¿por qué Bulma sufre tanto? —preguntó el pequeño saiyajin—. Launch huele un poco fuerte, pero no es para tanto.
—¡Es porque ella tiene un sentido del olfato muy sensible! —explicó Krillin—. Siempre está usando perfumes caros y cremas. ¡Para ella esto es como kriptonita! Espera... ¡Eso es!
Krillin se puso las manos alrededor de la boca y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Bulma! ¡Escúchame! ¡Tú no tienes nariz!
El silencio se apoderó del estadio por un segundo. Bulma se detuvo en seco, con una mano en el pecho y la otra tratando de alejar a Launch. Parpadeó, procesando las palabras de su amigo. Se tocó la cara.
—¿Qué dices, idiota? —gritó Bulma hacia la grada—. ¡Claro que tengo nariz! ¡Soy una mujer hermosa, no un dibujo mal terminado como tú!
Krillin se golpeó la frente con la palma de la mano.
—¡Es una metáfora de entrenamiento, Bulma! —improvisó Krillin, sudando frío—. ¡El Maestro dijo que podías anular tus sentidos con la mente! ¡Olvida que hueles! ¡Cierra tus conductos nasales mentales!
Bulma, en medio del caos, recordó una de las lecciones de meditación del Maestro Roshi. "El cuerpo solo siente lo que la mente permite". En realidad, lo que Roshi quería era que ella no sintiera el cansancio, pero ella decidió aplicarlo a su pituitaria.
—Es verdad... —susurró Bulma, cerrando los ojos con fuerza—. Soy Bulma Briefs. He construido naves espaciales. He domesticado a un niño con cola. No voy a ser derrotada por una mujer que no conoce el desodorante.
Launch, confiada en su ventaja olfativa, se acercó para propinarle el golpe final: un aliento cargado de ajo y tabaco rancio que ella llamaba "El Suspiro del Dragón Ebrio".
—¡Es tu fin, niñata! —Launch exhaló una nube invisible directamente a la cara de Bulma.
La multitud se preparó para ver a la joven desmayarse. Pero Bulma no se movió. Permaneció allí, con los ojos cerrados, inspirando profundamente (o al menos aparentándolo) sin inmutarse.
—¿Qué...? —Launch se quedó paralizada—. ¿Cómo es posible que sigas en pie? ¡Nadie sobrevive a mi aliento matutino!
Bulma abrió un ojo y sonrió con malicia.
—He pasado demasiado tiempo en el laboratorio con químicos volátiles y combustibles de cohete, Launch. Tu olor es... decepcionante.
No era verdad, Bulma estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no vomitar, pero su orgullo era más fuerte que su estómago. Con un movimiento rápido, aprovechando la sorpresa de su rival, Bulma se agachó y barrió las piernas de Launch.
La rubia cayó de espaldas con un golpe seco. Antes de que pudiera reaccionar, Bulma saltó en el aire, realizando una pirueta que habría envidiado cualquier gimnasta olímpica, y aterrizó con elegancia detrás de ella.
—¡Técnica secreta de la Escuela Tortuga! —gritó Bulma, aunque en realidad era solo un empujón doble muy bien ejecutado—. ¡El "Gran Salto de la Ciencia"!
Sus manos impactaron en la espalda de Launch con la fuerza acumulada de meses de entrenamiento físico. Launch, que no esperaba que Bulma tuviera la fuerza necesaria para desplazarla, salió volando hacia el borde de la plataforma.
—¡Maldita sea! —gritó Launch en el aire, tratando de agarrarse a algo, pero sus manos solo atraparon el vacío—. ¡Volveré y traeré una granada!
¡Plaf!
Launch aterrizó pesadamente sobre el césped, fuera del área permitida.
El estadio estalló en un rugido de emoción. El anunciador subió corriendo al ring, manteniendo una distancia prudencial de la zona donde Launch había estado parada.
—¡Increíble! ¡La ganadora por fuera de combate es la señorita Bulma!
Bulma levantó los puños al aire, triunfante. Su rostro estaba rojo, no solo por el esfuerzo, sino por la falta de oxígeno que se había autoimpuesto. En cuanto el árbitro señaló su victoria, Bulma salió corriendo del ring hacia la zona de descanso, donde había una fuente de agua.
Se lavó la cara frenéticamente mientras Goku y Krillin llegaban corriendo para felicitarla.
—¡Estuviste asombrosa, Bulma! —dijo Goku, dándole una palmada en la espalda que casi la hace caer al agua—. ¡Ese último movimiento fue muy rápido!
—¡Lo lograste! —exclamó Krillin—. Sabía que podías superar ese olor.
Bulma finalmente se incorporó, secándose la cara con una toalla. Sus ojos aún estaban un poco inyectados en sangre, pero su sonrisa era de pura satisfacción.
—Nunca... —jadeó ella—, nunca vuelvan a decir que no tengo nariz. Por poco me muero ahí arriba.
—Pero ganaste —dijo el Maestro Roshi, acercándose con una expresión de orgullo genuino—. Has demostrado que la voluntad de un luchador puede superar incluso los ataques más... desagradables. Has honrado el uniforme de la Escuela Tortuga, Bulma.
Bulma miró sus manos, un poco más callosas que hace unos meses, y luego miró a sus amigos. Había empezado este viaje buscando unas esferas mágicas para pedir un deseo trivial, pero allí, en el centro del mundo de las artes marciales, se dio cuenta de que no necesitaba magia para sentirse poderosa.
—Bueno —dijo Bulma, recuperando su tono mandón y altivo—, ahora que he ganado, espero que el siguiente oponente sea alguien limpio. Si me vuelve a tocar un luchador que use el mal olor como arma, juro que inventaré un misil teledirigido de perfume de rosas y acabaré con este torneo en cinco minutos.
Goku y Krillin rieron, sabiendo que, con Bulma, esa no era una amenaza vacía. La genio de la tecnología se había convertido en una guerrera, y el mundo de las artes marciales nunca volvería a ser el mismo.
Mientras tanto, en la distancia, se escuchó un estornudo.
—¿Eh? ¿Dónde estoy? —preguntó la voz dulce de la Launch de cabello azul—. ¿Y por qué me duele la espalda?
Bulma sonrió, guardando su toalla. La primera ronda había terminado, y aunque el camino hacia el título de campeona era largo, ya había superado la prueba más "apestosa" de su vida. Ahora, estaba lista para lo que viniera, siempre y cuando no implicara más axilas sin lavar.
Bulma se ajustó las muñequeras de tela, sintiendo el tacto áspero del uniforme de la Escuela Tortuga. No era el traje naranja tradicional de Goku y Krillin, sino una versión estilizada que ella misma había diseñado: un top deportivo resistente y pantalones de combate que permitían una movilidad total. Su cabello azul estaba recogido en una coleta alta y tensa.
—¿Estás nerviosa, Bulma? —preguntó Goku, balanceándose sobre sus talones con esa inocencia eterna que lo caracterizaba.
—¿Nerviosa yo? —Bulma soltó una carcajada forzada, aunque sus dedos temblaban ligeramente—. ¡Por favor, Goku! He sobrevivido a dinosaurios, ejércitos y a los ronquidos del Maestro Roshi durante meses de entrenamiento. Una pelea en un ring es pan comido.
Krillin, que estaba estirando sus piernas a su lado, la miró con una mezcla de respeto y lástima.
—Recuerda lo que dijo el Maestro, Bulma. En este torneo, la fuerza física no lo es todo. Hay oponentes que usan tácticas... poco convencionales.
—¡Bah! —intervino el Maestro Roshi, oculto tras sus gafas de sol y su identidad de Jackie Chun mentalmente preparada—. Bulma ha demostrado tener una disciplina mental asombrosa. Su capacidad para analizar los movimientos del enemigo compensa su falta de fuerza bruta. Pero hoy, su rival es... especial.
El anunciador, con su característico micrófono y gafas oscuras, subió al escenario con entusiasmo.
—¡Damas y caballeros! ¡Continuamos con la primera ronda de las finales! ¡Abran paso a dos de las guerreras más temibles que han pisado esta plataforma! ¡En la esquina derecha, la genio de la tecnología y discípula de la Escuela Tortuga, la señorita Bulma!
Bulma caminó hacia el centro del ring bajo una lluvia de aplausos. Se sentía extrañamente poderosa. Los meses cargando caparazones de tortuga y arando tierra con las manos desnudas habían endurecido su cuerpo, pero no habían mermado su vanidad.
—¡Y en la esquina izquierda! —continuó el anunciador, bajando un poco el tono como si tuviera miedo—. La mujer de las mil caras, ¡la peligrosa Launch!
Un murmullo de confusión recorrió el estadio. Launch subió las escaleras con una sonrisa dulce, su cabello azul ondeando al viento y un vestido sencillo. Parecía incapaz de lastimar a una mosca.
—¡Oh, hola Bulma! —saludó Launch con voz melosa—. No sabía que nos tocaría pelear. Espero que no nos hagamos mucho daño... ¡Achu!
El estornudo fue como una explosión. En un segundo, el cabello azul se volvió de un rubio eléctrico y agresivo. La expresión de Launch cambió de la inocencia pura a una sed de sangre que hizo retroceder a los espectadores de la primera fila. Pero lo más extraño no fue su cambio de humor. No sacó una metralleta, como solía hacer. En su lugar, se rascó la axila con una mano y se hurgó la nariz con la otra, mirando a Bulma con un desprecio absoluto.
—Escucha bien, niñata de ciudad —gruñó Launch (rubia)—. El viejo verde me prohibió traer mis armas al ring. Dijo que me descalificarían. Pero no necesito balas para acabar con una princesita como tú. He descubierto que el cuerpo humano puede ser el arma más tóxica del mundo.
Bulma arrugó la nariz. Un olor extraño, como a calcetines olvidados en un sótano húmedo mezclado con pescado podrido, empezó a emanar de su oponente.
—¿Qué demonios es ese olor? —exclamó Bulma, cubriéndose la boca con el antebrazo—. ¡Launch, es asqueroso! ¿Cuándo fue la última vez que te bañaste?
—¿Bañarme? —Launch soltó una carcajada ronca—. El sudor es la esencia del guerrero. Y mi sudor es... especial. ¡Prepárate!
—¡Comiencen! —gritó el anunciador, saltando fuera del ring.
Launch no cargó con un puñetazo tradicional. En su lugar, comenzó a agitar sus brazos como si estuviera ventilando una habitación, pero en lugar de aire fresco, una ráfaga de vaho amarillento se dirigió hacia Bulma.
—¡Toma esto! ¡El "Viento del Pantano"! —rugió la rubia.
Bulma sintió que el mundo daba vueltas. El olor era tan potente que sus ojos empezaron a lagrimear de inmediato. Era una guerra química sin productos químicos.
—¡Puaj! ¡Es horrible! —Bulma retrocedió, tropezando con sus propios pies—. ¡Esto es juego sucio! ¡Árbitro, haga algo!
—¡No hay ninguna regla que prohíba oler mal! —respondió el anunciador, tapándose la nariz con un pañuelo—. ¡La pelea continúa!
Launch aprovechó la desorientación de Bulma para acercarse. No usaba artes marciales refinadas; usaba una técnica de asfixia táctica. Se rascó la barriga y luego intentó poner sus manos cerca del rostro de Bulma.
—¿Qué pasa, genio? —se mofó Launch—. ¿Tu cerebro no puede procesar esto? ¡Huele mi victoria!
Bulma estaba contra las cuerdas, o mejor dicho, contra el borde del ring. El mareo era tal que apenas podía mantener el equilibrio. Desde la zona de participantes, Krillin gritaba desesperado.
—¡Bulma! ¡Reacciona! ¡Recuerda lo que eres!
—¡No puedo respirar, Krillin! —gritó ella, tratando de propinar una patada que Launch esquivó con un movimiento perezoso—. ¡Es como si estuviera peleando dentro de un basurero municipal!
Goku, observando con curiosidad, ladeó la cabeza.
—Oye, Krillin, ¿por qué Bulma sufre tanto? —preguntó el pequeño saiyajin—. Launch huele un poco fuerte, pero no es para tanto.
—¡Es porque ella tiene un sentido del olfato muy sensible! —explicó Krillin—. Siempre está usando perfumes caros y cremas. ¡Para ella esto es como kriptonita! Espera... ¡Eso es!
Krillin se puso las manos alrededor de la boca y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Bulma! ¡Escúchame! ¡Tú no tienes nariz!
El silencio se apoderó del estadio por un segundo. Bulma se detuvo en seco, con una mano en el pecho y la otra tratando de alejar a Launch. Parpadeó, procesando las palabras de su amigo. Se tocó la cara.
—¿Qué dices, idiota? —gritó Bulma hacia la grada—. ¡Claro que tengo nariz! ¡Soy una mujer hermosa, no un dibujo mal terminado como tú!
Krillin se golpeó la frente con la palma de la mano.
—¡Es una metáfora de entrenamiento, Bulma! —improvisó Krillin, sudando frío—. ¡El Maestro dijo que podías anular tus sentidos con la mente! ¡Olvida que hueles! ¡Cierra tus conductos nasales mentales!
Bulma, en medio del caos, recordó una de las lecciones de meditación del Maestro Roshi. "El cuerpo solo siente lo que la mente permite". En realidad, lo que Roshi quería era que ella no sintiera el cansancio, pero ella decidió aplicarlo a su pituitaria.
—Es verdad... —susurró Bulma, cerrando los ojos con fuerza—. Soy Bulma Briefs. He construido naves espaciales. He domesticado a un niño con cola. No voy a ser derrotada por una mujer que no conoce el desodorante.
Launch, confiada en su ventaja olfativa, se acercó para propinarle el golpe final: un aliento cargado de ajo y tabaco rancio que ella llamaba "El Suspiro del Dragón Ebrio".
—¡Es tu fin, niñata! —Launch exhaló una nube invisible directamente a la cara de Bulma.
La multitud se preparó para ver a la joven desmayarse. Pero Bulma no se movió. Permaneció allí, con los ojos cerrados, inspirando profundamente (o al menos aparentándolo) sin inmutarse.
—¿Qué...? —Launch se quedó paralizada—. ¿Cómo es posible que sigas en pie? ¡Nadie sobrevive a mi aliento matutino!
Bulma abrió un ojo y sonrió con malicia.
—He pasado demasiado tiempo en el laboratorio con químicos volátiles y combustibles de cohete, Launch. Tu olor es... decepcionante.
No era verdad, Bulma estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no vomitar, pero su orgullo era más fuerte que su estómago. Con un movimiento rápido, aprovechando la sorpresa de su rival, Bulma se agachó y barrió las piernas de Launch.
La rubia cayó de espaldas con un golpe seco. Antes de que pudiera reaccionar, Bulma saltó en el aire, realizando una pirueta que habría envidiado cualquier gimnasta olímpica, y aterrizó con elegancia detrás de ella.
—¡Técnica secreta de la Escuela Tortuga! —gritó Bulma, aunque en realidad era solo un empujón doble muy bien ejecutado—. ¡El "Gran Salto de la Ciencia"!
Sus manos impactaron en la espalda de Launch con la fuerza acumulada de meses de entrenamiento físico. Launch, que no esperaba que Bulma tuviera la fuerza necesaria para desplazarla, salió volando hacia el borde de la plataforma.
—¡Maldita sea! —gritó Launch en el aire, tratando de agarrarse a algo, pero sus manos solo atraparon el vacío—. ¡Volveré y traeré una granada!
¡Plaf!
Launch aterrizó pesadamente sobre el césped, fuera del área permitida.
El estadio estalló en un rugido de emoción. El anunciador subió corriendo al ring, manteniendo una distancia prudencial de la zona donde Launch había estado parada.
—¡Increíble! ¡La ganadora por fuera de combate es la señorita Bulma!
Bulma levantó los puños al aire, triunfante. Su rostro estaba rojo, no solo por el esfuerzo, sino por la falta de oxígeno que se había autoimpuesto. En cuanto el árbitro señaló su victoria, Bulma salió corriendo del ring hacia la zona de descanso, donde había una fuente de agua.
Se lavó la cara frenéticamente mientras Goku y Krillin llegaban corriendo para felicitarla.
—¡Estuviste asombrosa, Bulma! —dijo Goku, dándole una palmada en la espalda que casi la hace caer al agua—. ¡Ese último movimiento fue muy rápido!
—¡Lo lograste! —exclamó Krillin—. Sabía que podías superar ese olor.
Bulma finalmente se incorporó, secándose la cara con una toalla. Sus ojos aún estaban un poco inyectados en sangre, pero su sonrisa era de pura satisfacción.
—Nunca... —jadeó ella—, nunca vuelvan a decir que no tengo nariz. Por poco me muero ahí arriba.
—Pero ganaste —dijo el Maestro Roshi, acercándose con una expresión de orgullo genuino—. Has demostrado que la voluntad de un luchador puede superar incluso los ataques más... desagradables. Has honrado el uniforme de la Escuela Tortuga, Bulma.
Bulma miró sus manos, un poco más callosas que hace unos meses, y luego miró a sus amigos. Había empezado este viaje buscando unas esferas mágicas para pedir un deseo trivial, pero allí, en el centro del mundo de las artes marciales, se dio cuenta de que no necesitaba magia para sentirse poderosa.
—Bueno —dijo Bulma, recuperando su tono mandón y altivo—, ahora que he ganado, espero que el siguiente oponente sea alguien limpio. Si me vuelve a tocar un luchador que use el mal olor como arma, juro que inventaré un misil teledirigido de perfume de rosas y acabaré con este torneo en cinco minutos.
Goku y Krillin rieron, sabiendo que, con Bulma, esa no era una amenaza vacía. La genio de la tecnología se había convertido en una guerrera, y el mundo de las artes marciales nunca volvería a ser el mismo.
Mientras tanto, en la distancia, se escuchó un estornudo.
—¿Eh? ¿Dónde estoy? —preguntó la voz dulce de la Launch de cabello azul—. ¿Y por qué me duele la espalda?
Bulma sonrió, guardando su toalla. La primera ronda había terminado, y aunque el camino hacia el título de campeona era largo, ya había superado la prueba más "apestosa" de su vida. Ahora, estaba lista para lo que viniera, siempre y cuando no implicara más axilas sin lavar.
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