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skunk funk

Фандом: the loud house , show looney tunes

Создан: 29.04.2026

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El Perfume del Amor en Royal Woods

La casa de los Loud siempre era un hervidero de actividad, pero esa tarde de sábado, el sótano se había transformado en un escenario improvisado. Luan había organizado una "Noche de Variedades Familiares", y Rita Loud, por una vez, no quería ser solo la madre que ponía orden. Quería demostrar que todavía tenía ese toque histriónico que la caracterizaba en sus años de teatro universitario.

Rita se miró en el espejo de cuerpo entero que habían bajado del pasillo. Llevaba puesto un leotardo ajustado de color negro brillante, con una franja blanca de felpa que recorría desde su nuca hasta la base de su espalda, donde una cola larga y peluda se balanceaba con cada movimiento. Se había pintado la punta de la nariz de negro y unos delicados bigotes en las mejillas.

—Bueno, Rita, es ahora o nunca —se dijo a sí misma, ajustándose las mallas—. El espíritu de los clásicos de la animación te acompaña.

En el centro del sótano, el resto de la familia estaba sentada en sillas plegables. Lincoln sostenía una cámara, mientras que las hermanas menores esperaban con expectación. Lynn Sr. estaba en la esquina, operando un viejo tocadiscos.

—¡Damas y caballeros! —anunció Luan con un sombrero de copa—. ¡Prepárense para una interpretación que los dejará... sin aliento! ¡Con ustedes, mamá en "La Búsqueda del Amor"!

La música empezó a sonar. Era una melodía de jazz francés, juguetona y saltarina, reminiscente de las persecuciones en las calles de París. Rita salió a escena con un caminar exageradamente elegante, levantando las rodillas y moviendo los hombros rítmicamente. Tenía esa mirada de confianza absoluta que solo un zorrillo enamorado podría poseer.

—¡Oh, mon amour! —exclamó Rita, impostando un acento francés exagerado—. El aire está lleno de promesas, pero le falta... mi esencia personal.

Se detuvo en seco frente a un decorado de cartón que simulaba una florería. Con una sonrisa pícara, Rita se dio la vuelta, arqueó la espalda y, con un esfuerzo teatral, soltó un sonoro y controlado gas que resonó en el sótano silencioso.

—¡Mamá! —gritaron Lana y Lola al unísono, tapándose la nariz entre risas y muecas de asco.

—¡Shhh! —chistó Lisa, ajustándose los lentes con interés científico—. Es parte de la caracterización. Está emulando el mecanismo de defensa y atracción del *Mephitis mephitis*.

Rita no se inmutó por las reacciones. Siguió bailando por el escenario, persiguiendo a un gato de peluche que Lynn Sr. movía torpemente con un hilo de pescar desde las sombras. El peluche tenía una raya blanca pintada con tiza en el lomo, imitando a la gata Penélope.

—No huyas de lo inevitable, mi pequeña flor de alcantarilla —canturreó Rita, dando saltitos cortos, exactamente igual que el famoso zorrillo de las caricaturas—. Tu aroma a jabón me hiere, ¡déjame envolverte en mi fragancia de pasión!

Se dio la vuelta de nuevo, haciendo que la cola de felpa girara como una hélice, y volvió a liberar otro gas, esta vez más prolongado. El olor empezó a dispersarse por el sótano, una mezcla de la cena de anoche y el realismo extremo de su actuación.

—¡Cielos, Rita! —exclamó Lynn Sr. desde su rincón, abanicándose con el libreto—. ¡Eso sí que es compromiso con el papel!

—¡Es el aroma del amor, mon chéri! —respondió ella, lanzando un beso al aire mientras se deslizaba por el suelo, usando el leotardo para resbalar suavemente—. ¿Acaso no sientes cómo el corazón se acelera cuando el olfato se nubla?

Lincoln, que seguía grabando, no podía evitar reírse mientras intentaba mantener la cámara estable.

—Esto va directo al salón de la fama de los videos familiares —susurró Lincoln—. Mamá se ha vuelto loca de la forma más divertida posible.

Rita se acercó al borde del escenario, señalando a sus hijos con un gesto dramático de sus dedos enguantados.

—¿Por qué corren? ¿Por qué se esconden tras sus manos? —preguntó, dando un giro completo sobre un pie—. El amor es fuerte, ¡el amor es persistente! ¡Y mi amor tiene una densidad que se puede ver!

Para enfatizar el final de la canción, Rita se subió a una pequeña tarima. El ritmo de la música aumentó, volviéndose frenético. Ella agitó las caderas, movió la cola de lado a lado y, con una reverencia final que la dejó casi doblada a la mitad, liberó una última y potente ráfaga que pareció vibrar en los cimientos de la casa.

—¡Finalé! —gritó, extendiendo los brazos mientras el tocadiscos soltaba una nota de trompeta estridente.

El silencio que siguió fue interrumpido solo por el sonido de Luan aplaudiendo frenéticamente.

—¡Bravo! ¡Increíble! ¡Una actuación que realmente "apesta" en el mejor de los sentidos! —exclamó la comediante, riendo a carcajadas.

—¡Mamá, abre una ventana! —suplicó Lori, agitando su teléfono para dispersar el aire—. ¡Literalmente, el amor me está asfixiando!

Rita se enderezó, limpiándose una gota de sudor de la frente y sonriendo con orgullo. El leotardo de zorrillo le quedaba sorprendentemente bien, y a pesar de las quejas cómicas de sus hijos, veía en sus rostros que se habían divertido más de lo esperado.

—¿Qué puedo decir? —dijo Rita, recuperando su voz normal pero manteniendo la pose elegante—. A veces, para capturar la atención de la familia, una madre tiene que usar métodos... poco convencionales.

—Bueno —dijo Lynn Sr., acercándose para darle un beso en la mejilla mientras evitaba respirar profundamente—, definitivamente has capturado mi atención. Y creo que también la de los vecinos.

—¡Oh, Lynn! —Rió Rita, dándole un empujoncito—. No seas exagerado. Es solo un poco de atmósfera.

—Mamá —intervino Lisa, anotando algo en su libreta—, debo decir que tu control del sistema digestivo para efectos dramáticos es digno de un estudio clínico. ¿Podrías repetirlo mañana a las ocho para tomar muestras de aire?

—Ni lo pienses, Lisa —respondió Rita, empezando a quitarse las orejas de zorrillo—. Esta es una función única y exclusiva. El amor, como un buen perfume, debe dosificarse.

—¡Pues yo creo que fue asombroso! —dijo Lana, acercándose para tocar la cola peluda—. ¡Parecías un animal de verdad!

—Gracias, cariño —dijo Rita, acariciando la cabeza de su hija—. Ahora, ¿quién quiere ayudarme a ventilar el sótano antes de que el "aroma del amor" se mude permanentemente a las alfombras?

Toda la familia se puso en marcha, entre risas y bromas sobre zorrillos y persecuciones francesas. Rita Loud, satisfecha, caminó hacia las escaleras. Había logrado lo imposible: ser la estrella de la noche, hacer reír a sus hijos y, por unos minutos, convertir el caos de Royal Woods en una clásica y olorosa caricatura de amor.

—¡Ah, l'amour! —susurró para sí misma antes de subir el último escalón, soltando un pequeño y discreto gas de despedida que hizo que Lincoln, que venía detrás, soltara una última carcajada.
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