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Фандом: invader zim , teen titan (2003)

Создан: 29.04.2026

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Содержание

Garras, Capas y Tecnología Alienígena

El callejón en Jump City olía a una mezcla de aceite de motor rancio y comida rápida desperdiciada, pero para el autoproclamado invasor más grande de la galaxia, solo era el escenario de su indignación. Zim pateó una lata de refresco vacía, su rostro verde contorsionado en una mueca de pura furia.

—¡Es inaceptable! —gritó Zim, agitando sus brazos frenéticamente—. ¡Ese... ese asqueroso espécimen azul y rojo! ¡Ese "Kryptoniano" se atrevió a exponer mi genio ante las masas de Metrocaca! ¡Mi disfraz era perfecto, GIR! ¡Perfecto!

GIR, la unidad SIR defectuosa que en ese momento estaba sentada sobre una caja de cartón comiendo un burrito que claramente había encontrado en el suelo, levantó la vista con los ojos azules brillando con inocencia distraída.

—Él no hizo eso, amo —dijo GIR antes de succionar un trozo de carne—. Usted se cayó en la fuente y gritó que los humanos eran monos apestosos.

—¡Mientes! —rugió Zim, ignorándolo por completo—. ¡Fue un sabotaje! ¡Él usó su visión de calor para derretir mi dignidad!

—No fue así... —murmuró GIR, ahora intentando lamerse el codo.

—¡Cállate! ¡Mi misión en Jump City será diferente! ¡Aquí no hay hombres que vuelan con calzoncillos por fuera para arruinar mis planes!

—Eres un tonto incluso más grande de lo que recordaba.

Zim se congeló. Esa voz no era la de GIR, ni la de ningún humano común de esta ciudad llena de "héroes" adolescentes. Era una voz cargada de un veneno familiar, una elegancia gélida que le hizo dar un giro de ciento ochenta grados sobre sus botas.

Allí, a la entrada del callejón, bañada por la luz de neón de un cartel de hamburguesas, estaba una chica. A primera vista, parecía humana, pero Zim sabía reconocer ese rictus de superioridad. Llevaba un vestido negro y violeta, con detalles intrincados que resaltaban una figura que, aunque disfrazada, emanaba una autoridad que la mayoría de los terrestres no poseían. El diseño era vanguardista, casi gótico, y por un microsegundo, Zim se quedó sin palabras. Le quedaba... irritantemente bien.

—¿Tak? —logró articular Zim, entrecerrando los ojos.

De repente, una ráfaga de viento antinatural sopló a través del callejón. El vestido de Tak se elevó de repente en un estilo digno de una estrella de cine antigua, revelando más de lo necesario para una confrontación alienígena. Tak soltó un grito de indignación, tratando de bajarse la falda con rapidez.

Zim sintió que el calor subía por su cuello, un rubor purpúreo invadiendo sus mejillas verdes.

—¡¿Qué... qué es este truco?! —tartamudeó Zim, desviando la mirada.

—¡Traigo fanservice! —gritó GIR.

El pequeño robot estaba escondido detrás de una pila de neumáticos, sosteniendo un ventilador industrial que funcionaba a máxima potencia.

—¡Mimi! —exclamó Tak, con los ojos echando chispas de furia.

De las sombras surgió un gato negro de apariencia inofensiva. Sin embargo, en un parpadeo, el animal se transformó. Su cuerpo se expandió, el pelaje falso se retrajo para revelar metal pulido y una unidad SIR modificada, mucho más avanzada que la de Zim, apareció en su lugar. Esta versión de Mimi tenía una garra mecánica masiva que se extendió como un látigo, golpeando el ventilador de GIR y lanzando al robot de Zim contra una pared de ladrillos con un estrépito metálico.

Zim salió de su estupor, señalándola con un dedo tembloroso.

—¡Tú! ¡Sigues viva! ¡Y sigues siendo una Irken sin misión oficial!

Tak se cruzó de brazos, su vestido volviendo a su lugar mientras Mimi se posicionaba a su lado como un guardaespaldas silencioso.

—Eres un tonto más grande de lo que pensé, Zim —repitió ella con desprecio.

—¿Eh? —Zim ladeó la cabeza, confundido.

—Lo que oíste. Un tonto —insistió Tak.

—¿Eh?

—¡Un tonto!

—¿Whe?

—¡Zim! —Tak golpeó el suelo con su bota—. Deja de hacer ruidos estúpidos. He estado siguiendo tus fracasos desde las sombras. Mientras tú perdías el tiempo peleando con niños en escuelas primarias, yo he estado aprendiendo.

Zim soltó una carcajada estridente, recuperando su arrogancia habitual.

—¿Aprendiendo? ¡Ja! Seguramente los Altísimos te enviaron aquí para que me observaras. ¡Sí! Han decidido que mi progreso es tan vasto que necesitas una tutora. ¡Estás aquí para aprender de MÍ!

Tak puso los ojos en blanco con tanta fuerza que casi se le salen.

—No seas ridículo. He estado en un lugar llamado Gotham. He pasado tiempo observando a una humana especialmente interesante... una tal Catwoman. Ella entiende algo que tú no: el estilo, el sigilo y cómo usar las debilidades de estos simios en su contra. Ella me enseñó cosas que tu pequeño cerebro procesador no podría imaginar.

Zim soltó una burla ruidosa, tapándose la boca con una mano enguantada.

—¡Patético! ¡Aprender de sucios humanos! ¿Qué te enseñó? ¿A lamerte las patas? ¿A quedar atrapada en un árbol? ¡Eres una vergüenza para el Imperio!

Tak apretó los dientes. No iba a tolerar más insultos.

—¿Quieres ver lo que aprendí?

En el cielo, oculto por un campo de interferencia, el crucero Voot de Tak descendió silenciosamente. Al mismo tiempo, las alarmas de los sistemas de comunicación de ambos Irkens emitieron un pitido agudo. Una señal de energía masiva provenía del centro de la ciudad, de lo que los locales llamaban "La Ciudadela". Era una señal alienígena, una que indicaba la llegada de algo... o alguien.

—Parece que hay una fiesta en la ciudad —dijo Tak, con una sonrisa maliciosa—. Y voy a ir vestida para la ocasión.

De repente, la apariencia humana de Tak se desvaneció en un estallido de luz violeta. Su piel verde brilló, pero para sorpresa de Zim, mantuvo el vestido puesto. Su PAK en la espalda no atravesaba la tela, sino que parecía integrado de alguna manera tecnológica superior. De los costados de su espalda brotaron cuatro patas de araña mecánicas, largas y afiladas.

—Observa, Zim —dijo ella, extendiendo una mano. De sus dedos brotaron rayos criogénicos que congelaron instantáneamente una tubería de agua cercana. Luego, desenfundó un látigo de energía pura que crepitó con electricidad—. En Gotham aprendí que el miedo es una herramienta. Y que estos humanos tienen juguetes muy interesantes.

Tak saltó hacia una pared y, con las garras de sus tres dedos, la arañó profundamente, dejando marcas de metal fundido mientras trepaba con una agilidad felina.

—¡Interesantes humanos, Zim! ¡Aprendí más de ellos de lo que tú aprenderás en diez vidas de fracasos!

Zim, lejos de amedrentarse, sintió una punzada de envidia mezclada con una extraña admiración que se apresuró a sofocar.

—¿Eso es todo? —se burló Zim, activando su propio PAK—. ¿Hielo y látigos? ¡Ja! Yo he estado en Metrocaca, como ya dije. Y mientras tú jugabas a las gatitas en los callejones, yo obtuve tecnología de un mundo muerto. ¡Tecnología de Krypton!

Zim presionó un botón en su muñeca. De repente, piezas de metal plateado y negro comenzaron a materializarse alrededor de su cuerpo. La armadura se forjó sobre su traje, ajustándose con precisión quirúrgica. No era el diseño tosco de los Irken; era elegante, aerodinámico, con un brillo que parecía absorber la luz de la luna. El casco se cerró sobre su cabeza, dejando ver sus ojos rojos a través de un visor intimidante.

Tak, que estaba colgada de la pared con sus patas de araña, se quedó inmóvil. Un ligero rubor volvió a sus mejillas al ver la nueva apariencia de Zim. Se veía... imponente.

—¿Qué... qué es eso? —preguntó ella, tratando de que su voz no sonara impresionada.

—Esto es el ápice de la ingeniería —declaró la voz de Zim, distorsionada por el casco—. No solo me da más de tres dedos, sino que mis garras ahora tienen un filo molecular capaz de desgarrar la piel de un Vuldariano —mencionó, refiriéndose a una raza conocida por su resistencia extrema—. Y no solo eso.

Zim saltó hacia adelante, y por un momento, sus movimientos parecieron desafiar la gravedad. Un estallido de energía bio-eléctrica rodeó sus manos.

—He sintetizado lo que los humanos llamarían "veneno" —explicó Zim con tono científico—. Es una descarga de energía que sobrecarga el sistema nervioso de cualquier organismo biológico o mecánico. Y puedo volverme invisible al espectro de luz visible mediante una manipulación de partículas que...

—¡Ya cállate y muévete! —le interrumpió Tak, aunque no podía dejar de mirarlo—. Hay algo ocurriendo en la bahía. Una chica alienígena está causando un desastre y unos niños con mallas están tratando de detenerla.

—¡Entonces vamos! —gritó Zim, activando los propulsores de su armadura—. ¡Jump City conocerá el poder de Zim! ¡Y tú quédate atrás si no puedes seguir el ritmo, Tak!

—¡En tus sueños, enano!

Ambos invasores salieron disparados del callejón. Zim volaba con su armadura plateada dejando un rastro de energía, mientras Tak se columpiaba y saltaba entre los edificios con una gracia letal, seguida de cerca por Mimi y un GIR que todavía tenía restos de burrito en la cara.

Llegaron justo a tiempo para ver el caos. En el centro de una plaza, una chica de cabello ardiente y ojos verdes brillantes estaba encadenada, rodeada de guardias, pero acababa de liberarse con una explosión de energía estelar. Un chico vestido de rojo y verde, un gigante de metal, una chica envuelta en una capa oscura y un niño verde que se transformaba en animales estaban allí, intentando contener la situación.

Era el momento en que todo comenzaba. El momento en que los Jóvenes Titanes se unirían por primera vez. Pero lo que la historia no esperaba era la intervención de dos alienígenas verdes con complejos de superioridad y tecnología robada de otros planetas.

Zim aterrizó bruscamente sobre un coche patrulla, aplastando el techo.

—¡ATENCIÓN, SUCIOS HABITANTES DE ESTA CIUDAD DE SALTARINES! —su voz resonó por los altavoces de su armadura—. ¡YO SOY ZIM! ¡Y ESTA CIUDAD AHORA ES...!

—¡NUESTRA! —completó Tak, cayendo a su lado, sus patas de araña tintineando contra el metal del coche.

Robin, el chico maravilla, se detuvo en seco, mirando a los dos recién llegados con confusión.

—¿Otros alienígenas? —preguntó Beast Boy, transformado en un perro—. ¿Y por qué el chico parece una tostadora de lujo y la chica va a un baile de graduación?

—¡¿Tostadora?! —gritó Zim, cargando energía en sus puños—. ¡Te mostraré el poder de la tecnología de Metrocaca!

Tak soltó su látigo de energía, el cual restalló en el aire con un sonido ensordecedor.

—Mimi, encárgate de los guardias. Zim... trata de no arruinarlo.

—¡Zim no arruina nada! —replicó él, lanzándose hacia el centro del conflicto.

La batalla por Jump City acababa de volverse mucho más complicada. Mientras Starfire gritaba de rabia y los futuros Titanes intentaban entender quiénes eran esos nuevos jugadores, Zim y Tak luchaban codo con codo, aunque más por ego que por compañerismo.

Zim disparó una ráfaga de energía bio-eléctrica que mandó a volar a tres guardias, mientras Tak usaba sus rayos criogénicos para sellar las armas de los demás. En medio del caos, Zim miró de reojo a Tak. Su vestido estaba algo rasgado ahora, y ella se movía con una ferocidad que nunca había visto en la escuela de invasores.

—¡Nada mal para una chica gato! —gritó Zim sobre el estruendo.

—¡Cállate y pelea, tonto de armadura brillante! —respondió Tak, aunque una pequeña sonrisa cruzó su rostro.

El destino de la Tierra podría estar en juego, pero para Zim y Tak, esto era solo el comienzo de una nueva y caótica competencia en una ciudad que no tenía idea de lo que les esperaba.
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