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Smelly someting
Фандом: Helluva boss
Создан: 07.05.2026
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Amor, Gases y Plumas: Una Cacería Apestosa
Millie se ajustó el cinturón de armas mientras caminaba por los pasillos de I.M.P. Aquel día, Blitzø le había asignado una misión en solitario: eliminar a un magnate corrupto en el mundo humano que vivía en una mansión fuertemente custodiada. Sin embargo, Millie tenía un pequeño problema. Antes de salir, se había pasado por un puesto de comida callejera en el Círculo de la Ira y había devorado un burrito de carne de Hellhound con extra de frijoles negros del infierno.
—Ugh... —Millie se llevó una mano al vientre, sintiendo un borboteo interno que sonaba como un motor averiado—. Quizás no fue la mejor idea desayunar eso, pero estaba tan rico...
Mientras tanto, en el mundo humano, el caos ya había comenzado para otro ser. Collin, uno de los querubines de C.H.E.R.U.B., estaba intentando realizar una buena acción cerca de la misma mansión. Por un accidente catastrófico que involucró un camión de pintura roja industrial y un cortocircuito en su aureola, Collin terminó cubierto de pintura carmesí, con sus alas pegadas a la espalda y su aspecto general transformado. A simple vista, parecía un pequeño Imp del infierno.
Millie atravesó el portal y aterrizó con agilidad en los jardines de la mansión. Se escondió tras un arbusto, pero su estómago volvió a traicionarla con un retortijón doloroso.
—Aguanta, Millie, solo es una misión rápida —se susurró a sí misma.
Fue entonces cuando lo vio. A unos metros de distancia, Collin intentaba limpiarse la pintura, luciendo confundido y asustado. Millie se quedó paralizada. Desde su ángulo, aquel "Imp" bajito, de ojos grandes y aspecto tierno, le pareció lo más adorable que había visto en su vida. No sabía quién era, pero el flechazo fue instantáneo.
—¡Vaya! Pero qué cosita tan linda —murmuró Millie con los ojos brillando.
Collin, al notar la presencia de alguien, se giró y entró en pánico. Intentó huir, pero Millie fue más rápida y saltó frente a él.
—¡Hola, encanto! —exclamó ella con una sonrisa depredadora—. No te había visto por el vecindario.
Collin estaba en shock. Intentó balbucear una explicación, pero antes de que pudiera decir "Cielos", el estómago de Millie dio un vuelco definitivo.
*¡Pffft!*
Un gas sonoro y claramente potente escapó de Millie, rompiendo el silencio del jardín. El rostro de la diablilla se puso rojo como un tomate, y Collin se quedó petrificado, con los ojos como platos y la nariz arrugada por el aroma sulfuroso y picante que de repente inundó el aire.
—¡Oh, cielos! —Millie se tapó la boca, avergonzada—. Lo siento, guapo, es que el desayuno me está dando guerra.
Ella esperaba que él saliera corriendo asqueado, pero Collin estaba tan paralizado por el terror puro que no se movió. Millie, al verlo allí quieto, interpretó su silencio de una forma totalmente distinta.
—¿No te importa? —Ella suspiró con alivio y sus ojos se volvieron corazones—. ¡Eres un caballero de verdad! A la mayoría les daría asco, ¡pero tú eres especial!
Sin previo aviso, Millie se lanzó sobre él, llenándole la cara de besos ruidosos. Collin intentaba zafarse, pero ella era mucho más fuerte. Entre beso y beso, Millie soltaba pequeños gases juguetones, riendo con picardía.
—¡Eres tan tierno! —decía ella mientras Collin lograba finalmente soltarse y salir corriendo a toda velocidad hacia el interior de la mansión.
—¡Espera, corazoncito! ¡No seas tímido! —gritó Millie, sintiendo la adrenalina de la cacería—. ¡Me encanta que te hagas el difícil!
Lo que siguió fue una persecución digna de los dibujos animados más clásicos. Collin corría por los pasillos de la mansión, abriendo puertas desesperadamente para encontrar una salida, pero en cada habitación parecía encontrarse con una sorpresa.
En el primer salón, Collin abrió la puerta y frenó en seco. Millie estaba allí, no se sabía cómo, vestida con una falda hawaiana hecha de hojas verdes.
—¿Te gusta cómo me queda esta lencería, bombón? —preguntó ella mientras se giraba, mostrándole el trasero con coquetería.
*¡Braaap!*
Un gas movió las hojas de la falda y Collin cerró la puerta de golpe, gritando de horror. Corrió hacia el piso superior, entrando en una habitación temática tras otra. En una, Millie estaba vestida de enfermera; en otra, de vaquera. En todas, el resultado era el mismo: un coqueteo descarado seguido de una "explosión" de afecto gástrico.
Finalmente, Collin irrumpió en un gran salón de baile donde parecía que el dueño de la mansión iba a dar un espectáculo privado. El querubín se escondió tras las cortinas del escenario, tratando de no atraer la atención de los guardias humanos. De repente, las luces se apagaron y un foco iluminó el centro del escenario.
Allí estaba Millie, pero esta vez llevaba un leotardo de zorrillo, con una cola larga y peluda. Comenzó a moverse con una gracia exagerada, imitando los pasos de cierto zorrillo francés muy conocido.
—¿Te gustan los chocolates, bebé? —empezó a cantar con voz seductora—, ¡claro que sí! ¿Caviar? A ti también te gusta... traigo para ti una rosa, ¡pero aun así te tapas la nariz!
Millie se movía por el escenario, sacudiendo las caderas y lanzando besos al aire mientras Collin la miraba desde su escondite, temblando.
—¡Tengo un cierto olor, pero sabes que lo llevo bien! —continuó ella, soltando un gas que hizo que los músicos de la primera fila se desmayaran—. ¡Soy un zorrillo! ¡Te acostumbrarás! ¡Escucha mi canción, sacude el trasero con ella!
La canción continuó con Millie haciendo piruetas y acercándose peligrosamente al escondite de Collin.
—¡Knock knock! ¿Quién es? ¡Pepe Le Pew! —canturreaba ella—. ¡Estoy en tu balcón cantándote! Me llenas de pasión... ¡pero dices que huelo como un vertedero de basura!
Para el gran final, Millie se inclinó hacia adelante, levantó su cola de zorrillo y soltó un gas tan monumental que el humo cubrió todo el escenario como si fuera una máquina de efectos especiales. Los humanos salieron huyendo despavoridos, gritando sobre un ataque químico.
—¡Te atrapé! —gritó Millie, emergiendo del humo y envolviendo a Collin con su cola de peluche.
—¡Por favor, déjame ir! —suplicó Collin con voz chillona.
—¡Eres tan gracioso cuando hablas bajito! —Millie lo besó en la nariz—. Mira, allí está mi objetivo. Si me ayudas a terminar el trabajo, ¡tendremos más tiempo para nosotros!
En ese momento, el magnate humano corría hacia su limusina en el patio, rodeado de guardaespaldas en otros vehículos. Collin, viendo una oportunidad de escapar, señaló hacia afuera.
—¡Mira! ¡Se escapa! ¡Ve por él! —exclamó el querubín.
Millie asintió con determinación. Agarró a Collin del brazo y saltaron por la ventana, aterrizando en el techo de un coche que pasaba. Collin, en un intento de buscar algo para defenderse o distraerla, estiró la mano hacia el asiento trasero buscando un ambientador.
—¡Ay! —gritó Millie cuando la mano de Collin tocó algo redondo y suave.
*¡Pfft!*
—¡Qué atrevido eres de tocarme el trasero así en público! —dijo ella agitando las caderas con alegría—. ¡Me pones a mil, cosita roja!
—¡No fue mi intención! —gritó Collin, rojo de la vergüenza.
—¡No te preocupes, cariño! ¡Ahora mira cómo se hace!
Millie se impulsó desde el coche en movimiento hacia los vehículos de los guardaespaldas. En lugar de usar sus cuchillos, utilizó su "condición" actual. Saltaba de techo en techo, posicionándose frente a las tomas de aire de los coches y soltando gases que dejaban a los conductores inconscientes en segundos. Los coches se desviaban y chocaban entre sí, dejando el camino libre.
El magnate, aterrorizado, bajó de su limusina e intentó correr a pie hacia un bosque cercano. Collin, intentando detenerlo para que Millie no lo hiciera, tropezó con una rama y cayó pesadamente sobre el hombre. Por el impacto, el magnate se golpeó la cabeza contra una piedra afilada y murió instantáneamente.
Millie aterrizó a su lado, jadeando y con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Oh, cielo! ¡Lo has matado por mí! —exclamó ella, conmovida—. ¡Es el regalo de bodas más hermoso que alguien me ha hecho!
—¿Bodas? ¡No, yo solo...! —Collin no pudo terminar.
Millie abrió un portal al infierno con su teléfono y arrastró al pobre querubín a través de él. Aparecieron directamente en el pasillo de un hotel de mala muerte en el Anillo de la Lujuria. Millie empujó a Collin dentro de una habitación y colgó el cartel de "No molestar" en el pomo de la puerta.
Collin se retiró a una esquina de la habitación, temblando como una hoja, mientras Millie se quitaba el disfraz de zorrillo, quedándose en su ropa interior habitual.
—No tengas miedo, pequeñín —dijo ella con una risita traviesa mientras se acercaba a él—. Ahora vamos a celebrar nuestra primera misión juntos.
Desde fuera de la habitación, solo se escuchaban ruidos de besos desesperados, las risitas de Millie y, de vez en cuando, el sonido de un gas que hacía vibrar las paredes, seguido de un gemido de auxilio de Collin que nadie iba a responder.
Lejos de allí, de vuelta en el mundo humano, otro querubín, Cletus, descendía del cielo. Había bajado para buscar a Collin, pero en el camino había chocado con un deshollinador y ahora estaba cubierto de hollín negro, pareciendo también un pequeño Imp sombrío.
—¿Collin? ¿Dónde estás? —preguntó Cletus, aterrizando en un callejón.
De repente, un olor extremadamente dulce pero fuerte inundó sus fosas nasales. Cletus frunció el ceño, abrumado por el aroma que olía a perfume barato y algo mucho más... biológico.
Se giró y vio a Verosika Mayday en su forma de súcubo, apoyada contra una pared. Se estaba quejando en voz alta.
—¡Malditos humanos! —gruñó ella—. Solo porque una tiene un poco de presión en el estómago, ¡todos salen corriendo como si fuera el fin del mundo!
Verosika soltó un gas que salió en forma de una pequeña nube rosada con forma de corazón. Al ver a Cletus, se sorprendió de que el "pequeño diablo" no se hubiera movido.
—Vaya... —Verosika lo miró de arriba abajo con una sonrisa coqueta—, parece que a ti te gusta el aroma de una estrella, ¿verdad, pequeñín?
Cletus palideció y, sin decir una palabra, dio media vuelta y empezó a volar lo más rápido que sus alas llenas de hollín le permitían.
—¡Oh, no te vayas! —rio Verosika, lanzándose a perseguirlo—. ¡Apenas estábamos empezando a conocernos!
Mientras Cletus huía por su vida, Verosika lo seguía de cerca, dejando tras de sí un rastro de gases rosados que flotaban en el aire como burbujas de amor, marcando el inicio de otra cacería apestosa.
—Ugh... —Millie se llevó una mano al vientre, sintiendo un borboteo interno que sonaba como un motor averiado—. Quizás no fue la mejor idea desayunar eso, pero estaba tan rico...
Mientras tanto, en el mundo humano, el caos ya había comenzado para otro ser. Collin, uno de los querubines de C.H.E.R.U.B., estaba intentando realizar una buena acción cerca de la misma mansión. Por un accidente catastrófico que involucró un camión de pintura roja industrial y un cortocircuito en su aureola, Collin terminó cubierto de pintura carmesí, con sus alas pegadas a la espalda y su aspecto general transformado. A simple vista, parecía un pequeño Imp del infierno.
Millie atravesó el portal y aterrizó con agilidad en los jardines de la mansión. Se escondió tras un arbusto, pero su estómago volvió a traicionarla con un retortijón doloroso.
—Aguanta, Millie, solo es una misión rápida —se susurró a sí misma.
Fue entonces cuando lo vio. A unos metros de distancia, Collin intentaba limpiarse la pintura, luciendo confundido y asustado. Millie se quedó paralizada. Desde su ángulo, aquel "Imp" bajito, de ojos grandes y aspecto tierno, le pareció lo más adorable que había visto en su vida. No sabía quién era, pero el flechazo fue instantáneo.
—¡Vaya! Pero qué cosita tan linda —murmuró Millie con los ojos brillando.
Collin, al notar la presencia de alguien, se giró y entró en pánico. Intentó huir, pero Millie fue más rápida y saltó frente a él.
—¡Hola, encanto! —exclamó ella con una sonrisa depredadora—. No te había visto por el vecindario.
Collin estaba en shock. Intentó balbucear una explicación, pero antes de que pudiera decir "Cielos", el estómago de Millie dio un vuelco definitivo.
*¡Pffft!*
Un gas sonoro y claramente potente escapó de Millie, rompiendo el silencio del jardín. El rostro de la diablilla se puso rojo como un tomate, y Collin se quedó petrificado, con los ojos como platos y la nariz arrugada por el aroma sulfuroso y picante que de repente inundó el aire.
—¡Oh, cielos! —Millie se tapó la boca, avergonzada—. Lo siento, guapo, es que el desayuno me está dando guerra.
Ella esperaba que él saliera corriendo asqueado, pero Collin estaba tan paralizado por el terror puro que no se movió. Millie, al verlo allí quieto, interpretó su silencio de una forma totalmente distinta.
—¿No te importa? —Ella suspiró con alivio y sus ojos se volvieron corazones—. ¡Eres un caballero de verdad! A la mayoría les daría asco, ¡pero tú eres especial!
Sin previo aviso, Millie se lanzó sobre él, llenándole la cara de besos ruidosos. Collin intentaba zafarse, pero ella era mucho más fuerte. Entre beso y beso, Millie soltaba pequeños gases juguetones, riendo con picardía.
—¡Eres tan tierno! —decía ella mientras Collin lograba finalmente soltarse y salir corriendo a toda velocidad hacia el interior de la mansión.
—¡Espera, corazoncito! ¡No seas tímido! —gritó Millie, sintiendo la adrenalina de la cacería—. ¡Me encanta que te hagas el difícil!
Lo que siguió fue una persecución digna de los dibujos animados más clásicos. Collin corría por los pasillos de la mansión, abriendo puertas desesperadamente para encontrar una salida, pero en cada habitación parecía encontrarse con una sorpresa.
En el primer salón, Collin abrió la puerta y frenó en seco. Millie estaba allí, no se sabía cómo, vestida con una falda hawaiana hecha de hojas verdes.
—¿Te gusta cómo me queda esta lencería, bombón? —preguntó ella mientras se giraba, mostrándole el trasero con coquetería.
*¡Braaap!*
Un gas movió las hojas de la falda y Collin cerró la puerta de golpe, gritando de horror. Corrió hacia el piso superior, entrando en una habitación temática tras otra. En una, Millie estaba vestida de enfermera; en otra, de vaquera. En todas, el resultado era el mismo: un coqueteo descarado seguido de una "explosión" de afecto gástrico.
Finalmente, Collin irrumpió en un gran salón de baile donde parecía que el dueño de la mansión iba a dar un espectáculo privado. El querubín se escondió tras las cortinas del escenario, tratando de no atraer la atención de los guardias humanos. De repente, las luces se apagaron y un foco iluminó el centro del escenario.
Allí estaba Millie, pero esta vez llevaba un leotardo de zorrillo, con una cola larga y peluda. Comenzó a moverse con una gracia exagerada, imitando los pasos de cierto zorrillo francés muy conocido.
—¿Te gustan los chocolates, bebé? —empezó a cantar con voz seductora—, ¡claro que sí! ¿Caviar? A ti también te gusta... traigo para ti una rosa, ¡pero aun así te tapas la nariz!
Millie se movía por el escenario, sacudiendo las caderas y lanzando besos al aire mientras Collin la miraba desde su escondite, temblando.
—¡Tengo un cierto olor, pero sabes que lo llevo bien! —continuó ella, soltando un gas que hizo que los músicos de la primera fila se desmayaran—. ¡Soy un zorrillo! ¡Te acostumbrarás! ¡Escucha mi canción, sacude el trasero con ella!
La canción continuó con Millie haciendo piruetas y acercándose peligrosamente al escondite de Collin.
—¡Knock knock! ¿Quién es? ¡Pepe Le Pew! —canturreaba ella—. ¡Estoy en tu balcón cantándote! Me llenas de pasión... ¡pero dices que huelo como un vertedero de basura!
Para el gran final, Millie se inclinó hacia adelante, levantó su cola de zorrillo y soltó un gas tan monumental que el humo cubrió todo el escenario como si fuera una máquina de efectos especiales. Los humanos salieron huyendo despavoridos, gritando sobre un ataque químico.
—¡Te atrapé! —gritó Millie, emergiendo del humo y envolviendo a Collin con su cola de peluche.
—¡Por favor, déjame ir! —suplicó Collin con voz chillona.
—¡Eres tan gracioso cuando hablas bajito! —Millie lo besó en la nariz—. Mira, allí está mi objetivo. Si me ayudas a terminar el trabajo, ¡tendremos más tiempo para nosotros!
En ese momento, el magnate humano corría hacia su limusina en el patio, rodeado de guardaespaldas en otros vehículos. Collin, viendo una oportunidad de escapar, señaló hacia afuera.
—¡Mira! ¡Se escapa! ¡Ve por él! —exclamó el querubín.
Millie asintió con determinación. Agarró a Collin del brazo y saltaron por la ventana, aterrizando en el techo de un coche que pasaba. Collin, en un intento de buscar algo para defenderse o distraerla, estiró la mano hacia el asiento trasero buscando un ambientador.
—¡Ay! —gritó Millie cuando la mano de Collin tocó algo redondo y suave.
*¡Pfft!*
—¡Qué atrevido eres de tocarme el trasero así en público! —dijo ella agitando las caderas con alegría—. ¡Me pones a mil, cosita roja!
—¡No fue mi intención! —gritó Collin, rojo de la vergüenza.
—¡No te preocupes, cariño! ¡Ahora mira cómo se hace!
Millie se impulsó desde el coche en movimiento hacia los vehículos de los guardaespaldas. En lugar de usar sus cuchillos, utilizó su "condición" actual. Saltaba de techo en techo, posicionándose frente a las tomas de aire de los coches y soltando gases que dejaban a los conductores inconscientes en segundos. Los coches se desviaban y chocaban entre sí, dejando el camino libre.
El magnate, aterrorizado, bajó de su limusina e intentó correr a pie hacia un bosque cercano. Collin, intentando detenerlo para que Millie no lo hiciera, tropezó con una rama y cayó pesadamente sobre el hombre. Por el impacto, el magnate se golpeó la cabeza contra una piedra afilada y murió instantáneamente.
Millie aterrizó a su lado, jadeando y con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Oh, cielo! ¡Lo has matado por mí! —exclamó ella, conmovida—. ¡Es el regalo de bodas más hermoso que alguien me ha hecho!
—¿Bodas? ¡No, yo solo...! —Collin no pudo terminar.
Millie abrió un portal al infierno con su teléfono y arrastró al pobre querubín a través de él. Aparecieron directamente en el pasillo de un hotel de mala muerte en el Anillo de la Lujuria. Millie empujó a Collin dentro de una habitación y colgó el cartel de "No molestar" en el pomo de la puerta.
Collin se retiró a una esquina de la habitación, temblando como una hoja, mientras Millie se quitaba el disfraz de zorrillo, quedándose en su ropa interior habitual.
—No tengas miedo, pequeñín —dijo ella con una risita traviesa mientras se acercaba a él—. Ahora vamos a celebrar nuestra primera misión juntos.
Desde fuera de la habitación, solo se escuchaban ruidos de besos desesperados, las risitas de Millie y, de vez en cuando, el sonido de un gas que hacía vibrar las paredes, seguido de un gemido de auxilio de Collin que nadie iba a responder.
Lejos de allí, de vuelta en el mundo humano, otro querubín, Cletus, descendía del cielo. Había bajado para buscar a Collin, pero en el camino había chocado con un deshollinador y ahora estaba cubierto de hollín negro, pareciendo también un pequeño Imp sombrío.
—¿Collin? ¿Dónde estás? —preguntó Cletus, aterrizando en un callejón.
De repente, un olor extremadamente dulce pero fuerte inundó sus fosas nasales. Cletus frunció el ceño, abrumado por el aroma que olía a perfume barato y algo mucho más... biológico.
Se giró y vio a Verosika Mayday en su forma de súcubo, apoyada contra una pared. Se estaba quejando en voz alta.
—¡Malditos humanos! —gruñó ella—. Solo porque una tiene un poco de presión en el estómago, ¡todos salen corriendo como si fuera el fin del mundo!
Verosika soltó un gas que salió en forma de una pequeña nube rosada con forma de corazón. Al ver a Cletus, se sorprendió de que el "pequeño diablo" no se hubiera movido.
—Vaya... —Verosika lo miró de arriba abajo con una sonrisa coqueta—, parece que a ti te gusta el aroma de una estrella, ¿verdad, pequeñín?
Cletus palideció y, sin decir una palabra, dio media vuelta y empezó a volar lo más rápido que sus alas llenas de hollín le permitían.
—¡Oh, no te vayas! —rio Verosika, lanzándose a perseguirlo—. ¡Apenas estábamos empezando a conocernos!
Mientras Cletus huía por su vida, Verosika lo seguía de cerca, dejando tras de sí un rastro de gases rosados que flotaban en el aire como burbujas de amor, marcando el inicio de otra cacería apestosa.
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