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Clood crown
Фандом: BTS
Создан: 13.05.2026
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El Trono de Ceniza y el Linaje de los Cielos
El Reino Celeste no era solo un nombre en los mapas de seda; era una promesa de pureza, un lugar donde las nubes parecían rozar las torres de mármol blanco y donde la sangre más antigua del mundo fluía con la fuerza de una tormenta eterna. En el centro de este esplendor se encontraba Kim Taehyung. A sus veinticinco años, Taehyung no era solo un Omega de linaje celestial de rango alto; era la encarnación de la elegancia y la inteligencia. Poseía una mirada que parecía leer los secretos más profundos del alma humana, un don que había perfeccionado al graduarse de Psicología y Analítica Forense a la asombrosa edad de veinte años.
Sin embargo, tras la fachada de prodigio y la humildad que lo caracterizaba, Taehyung guardaba un fuego frío. Un fuego alimentado por la traición.
—El análisis de las huellas de comportamiento en el sector norte no miente, Jiwuon —dijo Taehyung, cerrando una carpeta de cuero negro mientras observaba el horizonte desde el balcón de su estudio privado.
Park Jiwuon, su mejor amigo de toda la vida, suspiró mientras dejaba una taza de té sobre la mesa. Jiwuon, un Omega de rango bajo pero con una mente brillante que le había otorgado un doctorado en Criminalística de campo y una maestría en Arquitectura, era el único que conocía el verdadero plan de Taehyung. Su aroma a melocotón y fresas solía ser relajante, pero hoy estaba teñido por la ansiedad.
—Sabes que entrar en los registros del Palacio de Loto es un suicidio, Tae —respondió Jiwuon con seriedad—. Los Jeon han blindado cada entrada desde que tomaron el poder. Mi conocimiento en estructuras me dice que el sistema de seguridad es impenetrable para alguien que no sea de la familia real.
Taehyung se giró, su expresión serena pero sus ojos brillando con una determinación letal.
—Nada es impenetrable para quien sabe cómo funciona la mente del arquitecto —Taehyung caminó hacia su escritorio—. Los Jeon nos arrebataron la corona del Reino Celeste bajo falsas promesas de unión. Mi linaje es el que debería gobernar, no ellos. He jurado no ser como los de mi clase, no ser un aristócrata arrogante que desprecia al pueblo, pero para cambiar el sistema, primero debo recuperarlo.
En ese momento, la puerta se abrió con suavidad. Min Sunggi, el alfa de linaje medio y novio de Jiwuon, entró en la habitación. Sunggi era un hombre de pocas palabras, un experto en Psicología Profunda que enseñaba en la Universidad del Reino Eclipsia. Su presencia siempre aportaba un equilibrio necesario al grupo.
—He terminado de analizar los perfiles de los guardias de turno —anunció Sunggi, dejando varios folios sobre la mesa—. Pero hay un problema que no podemos ignorar, Taehyung. Y ese problema tiene nombre y apellido.
Taehyung apretó la mandíbula. No necesitaba que Sunggi lo dijera.
—Jeon Sungkook —susurró Taehyung.
Sungkook era el heredero del Reino Loto, un Alfa de linaje celestial de rango medio y, por un cruel giro del destino, el predestinado de Taehyung. Su aroma a tierra mojada y chocolate amargo solía embriagar los sentidos del Omega, pero Taehyung sabía que detrás de esa fachada de romance y palabras dulces, se escondía un manipulador experto. Sungkook era un traidor que sonreía mientras sostenía el puñal a la espalda, un hombre que juraba amor eterno mientras consolidaba el robo del trono que pertenecía a la familia Kim.
—Él sigue preguntando por ti —continuó Sunggi—. Ha estado enviando mensajes a través de los mensajeros del palacio.
—¿Ramyun y Seohjin? —preguntó Taehyung.
—Sí —asintió Jiwuon—. Kim Ramyun y Kim Seohjin están en una posición difícil. Son Alfas de linaje alto, pero como mensajeros del Rey Jeon Juhyuen, tienen que cumplir órdenes. Sin embargo, su lealtad hacia ti sigue intacta. Tienen un hijo de sangre celestial rango bajo al que proteger, y saben que bajo el reinado de los Jeon, los rangos bajos solo sufren. Te han enviado esto.
Jiwuon le entregó un sobre sellado con cera roja, el emblema de la casa real de Loto. Taehyung lo abrió con dedos firmes. La caligrafía era elegante, casi artística.
"Mi dulce Taehyung, las noches en el palacio son frías sin tu presencia. El trono se siente vacío si no estás a mi lado para compartir el peso de la corona. Ven a cenar conmigo mañana. Prometo que no habrá secretos entre nosotros."
Taehyung soltó una risa seca y amarga.
—"No habrá secretos" —repitió con desdén—. Es un mentiroso compulsivo. Cree que porque soy un Omega y porque su aroma me afecta, puede manipularme a su antojo.
—Es peligroso, Tae —advirtió Jiwuon—. Sungkook tiene a Jung Hojun de su lado. Ese Alfa es carismático y simpático, pero su lealtad a Sungkook es absoluta. Están estudiando pedagogía juntos, pero todos sabemos que Hojun es el encargado de limpiar la imagen pública de los Jeon. Si vas, estarás entrando en la boca del lobo.
Taehyung caminó hacia el ventanal una vez más. A lo lejos, las torres del Reino Celeste brillaban bajo la luz del atardecer. Aquel era su hogar, su herencia, y se la habían quitado con engaños. Los Jeon habían orquestado una caída política magistral, dejando a la familia Kim en una posición de "prestigio" pero sin poder real.
—Iré —declaró Taehyung con voz firme—. Pero no iré como el prometido sumiso que él espera. Iré como el analista forense que puede diseccionar su red de mentiras. Jiwuon, necesito los planos conductuales que trazaste sobre la seguridad del palacio. Sunggi, necesito que me ayudes a reforzar mis barreras mentales contra su aroma. No puedo permitir que mi instinto de Omega nuble mi juicio.
—¿Y qué hay de la corona? —preguntó Sunggi.
—La corona es solo un símbolo —respondió Taehyung, girándose para mirarlos a ambos—. Lo que voy a recuperar es la justicia. Los Jeon creen que han ganado porque tienen el ejército y el oro. Pero ellos olvidan que yo entiendo cómo piensan. Sé dónde están sus grietas. Sungkook cree que soy su predestinado, su trofeo. Lo que no sabe es que soy su ruina.
—¿Cuál es el primer paso? —preguntó Jiwuon, sintiendo la chispa de la rebelión encenderse en su propio pecho.
Taehyung sonrió de una manera que habría hecho temblar al Alfa más valiente.
—Usaremos a los mensajeros. Ramyun y Seohjin me darán acceso a los archivos de impuestos y tierras del Rey Juhyuen. Si queremos derribar a un rey, debemos cortar sus raíces financieras. Mientras tanto, yo mantendré a Sungkook ocupado con el "romance" que tanto desea.
—Es un juego muy peligroso, Taehyung —dijo Sunggi—. Si Sungkook descubre que lo estás analizando, que estás usando tu carrera para destruirlo...
—No lo descubrirá —interrumpió Taehyung—. Él es un manipulador, pero yo soy un experto en la mente humana. Él juega a la política; yo juego al ajedrez con su psique.
Esa noche, Taehyung se quedó solo en su biblioteca después de que sus amigos se marcharan. El aroma de la carta de Sungkook todavía flotaba en el aire: chocolate amargo y tierra mojada. Era un aroma que, en otras circunstancias, le habría traído paz. Pero ahora, solo le recordaba el barro sobre el que se había construido el nuevo trono de los Jeon.
Taehyung tomó una pluma y comenzó a escribir una respuesta. Su caligrafía era perfecta, reflejando la educación de un príncipe de sangre pura.
—Acepto tu invitación, Sungkook —susurró mientras escribía—. Pero prepárate. Porque el Omega que conociste murió el día que tu padre le arrebató el cetro al mío.
El joven Kim cerró el sobre y lo selló con su propio anillo, el escudo del Reino Celeste: un fénix alzándose entre las nubes. Era el comienzo de una guerra silenciosa, una batalla de intelectos donde la psicología sería el arma más letal. Taehyung recuperaría su corona, no con espadas, sino con la verdad que se escondía tras las mentiras de los Jeon.
Afuera, la lluvia comenzó a caer, lavando las calles de la ciudad alta. Taehyung observó las gotas deslizarse por el cristal, pensando en Jiwuon, en Sunggi y en todos aquellos que confiaban en él. No fallaría. El linaje celestial de rango alto no era solo una cuestión de sangre; era una cuestión de honor.
Y Kim Taehyung tenía honor de sobra para enterrar a toda la dinastía Jeon.
Sin embargo, tras la fachada de prodigio y la humildad que lo caracterizaba, Taehyung guardaba un fuego frío. Un fuego alimentado por la traición.
—El análisis de las huellas de comportamiento en el sector norte no miente, Jiwuon —dijo Taehyung, cerrando una carpeta de cuero negro mientras observaba el horizonte desde el balcón de su estudio privado.
Park Jiwuon, su mejor amigo de toda la vida, suspiró mientras dejaba una taza de té sobre la mesa. Jiwuon, un Omega de rango bajo pero con una mente brillante que le había otorgado un doctorado en Criminalística de campo y una maestría en Arquitectura, era el único que conocía el verdadero plan de Taehyung. Su aroma a melocotón y fresas solía ser relajante, pero hoy estaba teñido por la ansiedad.
—Sabes que entrar en los registros del Palacio de Loto es un suicidio, Tae —respondió Jiwuon con seriedad—. Los Jeon han blindado cada entrada desde que tomaron el poder. Mi conocimiento en estructuras me dice que el sistema de seguridad es impenetrable para alguien que no sea de la familia real.
Taehyung se giró, su expresión serena pero sus ojos brillando con una determinación letal.
—Nada es impenetrable para quien sabe cómo funciona la mente del arquitecto —Taehyung caminó hacia su escritorio—. Los Jeon nos arrebataron la corona del Reino Celeste bajo falsas promesas de unión. Mi linaje es el que debería gobernar, no ellos. He jurado no ser como los de mi clase, no ser un aristócrata arrogante que desprecia al pueblo, pero para cambiar el sistema, primero debo recuperarlo.
En ese momento, la puerta se abrió con suavidad. Min Sunggi, el alfa de linaje medio y novio de Jiwuon, entró en la habitación. Sunggi era un hombre de pocas palabras, un experto en Psicología Profunda que enseñaba en la Universidad del Reino Eclipsia. Su presencia siempre aportaba un equilibrio necesario al grupo.
—He terminado de analizar los perfiles de los guardias de turno —anunció Sunggi, dejando varios folios sobre la mesa—. Pero hay un problema que no podemos ignorar, Taehyung. Y ese problema tiene nombre y apellido.
Taehyung apretó la mandíbula. No necesitaba que Sunggi lo dijera.
—Jeon Sungkook —susurró Taehyung.
Sungkook era el heredero del Reino Loto, un Alfa de linaje celestial de rango medio y, por un cruel giro del destino, el predestinado de Taehyung. Su aroma a tierra mojada y chocolate amargo solía embriagar los sentidos del Omega, pero Taehyung sabía que detrás de esa fachada de romance y palabras dulces, se escondía un manipulador experto. Sungkook era un traidor que sonreía mientras sostenía el puñal a la espalda, un hombre que juraba amor eterno mientras consolidaba el robo del trono que pertenecía a la familia Kim.
—Él sigue preguntando por ti —continuó Sunggi—. Ha estado enviando mensajes a través de los mensajeros del palacio.
—¿Ramyun y Seohjin? —preguntó Taehyung.
—Sí —asintió Jiwuon—. Kim Ramyun y Kim Seohjin están en una posición difícil. Son Alfas de linaje alto, pero como mensajeros del Rey Jeon Juhyuen, tienen que cumplir órdenes. Sin embargo, su lealtad hacia ti sigue intacta. Tienen un hijo de sangre celestial rango bajo al que proteger, y saben que bajo el reinado de los Jeon, los rangos bajos solo sufren. Te han enviado esto.
Jiwuon le entregó un sobre sellado con cera roja, el emblema de la casa real de Loto. Taehyung lo abrió con dedos firmes. La caligrafía era elegante, casi artística.
"Mi dulce Taehyung, las noches en el palacio son frías sin tu presencia. El trono se siente vacío si no estás a mi lado para compartir el peso de la corona. Ven a cenar conmigo mañana. Prometo que no habrá secretos entre nosotros."
Taehyung soltó una risa seca y amarga.
—"No habrá secretos" —repitió con desdén—. Es un mentiroso compulsivo. Cree que porque soy un Omega y porque su aroma me afecta, puede manipularme a su antojo.
—Es peligroso, Tae —advirtió Jiwuon—. Sungkook tiene a Jung Hojun de su lado. Ese Alfa es carismático y simpático, pero su lealtad a Sungkook es absoluta. Están estudiando pedagogía juntos, pero todos sabemos que Hojun es el encargado de limpiar la imagen pública de los Jeon. Si vas, estarás entrando en la boca del lobo.
Taehyung caminó hacia el ventanal una vez más. A lo lejos, las torres del Reino Celeste brillaban bajo la luz del atardecer. Aquel era su hogar, su herencia, y se la habían quitado con engaños. Los Jeon habían orquestado una caída política magistral, dejando a la familia Kim en una posición de "prestigio" pero sin poder real.
—Iré —declaró Taehyung con voz firme—. Pero no iré como el prometido sumiso que él espera. Iré como el analista forense que puede diseccionar su red de mentiras. Jiwuon, necesito los planos conductuales que trazaste sobre la seguridad del palacio. Sunggi, necesito que me ayudes a reforzar mis barreras mentales contra su aroma. No puedo permitir que mi instinto de Omega nuble mi juicio.
—¿Y qué hay de la corona? —preguntó Sunggi.
—La corona es solo un símbolo —respondió Taehyung, girándose para mirarlos a ambos—. Lo que voy a recuperar es la justicia. Los Jeon creen que han ganado porque tienen el ejército y el oro. Pero ellos olvidan que yo entiendo cómo piensan. Sé dónde están sus grietas. Sungkook cree que soy su predestinado, su trofeo. Lo que no sabe es que soy su ruina.
—¿Cuál es el primer paso? —preguntó Jiwuon, sintiendo la chispa de la rebelión encenderse en su propio pecho.
Taehyung sonrió de una manera que habría hecho temblar al Alfa más valiente.
—Usaremos a los mensajeros. Ramyun y Seohjin me darán acceso a los archivos de impuestos y tierras del Rey Juhyuen. Si queremos derribar a un rey, debemos cortar sus raíces financieras. Mientras tanto, yo mantendré a Sungkook ocupado con el "romance" que tanto desea.
—Es un juego muy peligroso, Taehyung —dijo Sunggi—. Si Sungkook descubre que lo estás analizando, que estás usando tu carrera para destruirlo...
—No lo descubrirá —interrumpió Taehyung—. Él es un manipulador, pero yo soy un experto en la mente humana. Él juega a la política; yo juego al ajedrez con su psique.
Esa noche, Taehyung se quedó solo en su biblioteca después de que sus amigos se marcharan. El aroma de la carta de Sungkook todavía flotaba en el aire: chocolate amargo y tierra mojada. Era un aroma que, en otras circunstancias, le habría traído paz. Pero ahora, solo le recordaba el barro sobre el que se había construido el nuevo trono de los Jeon.
Taehyung tomó una pluma y comenzó a escribir una respuesta. Su caligrafía era perfecta, reflejando la educación de un príncipe de sangre pura.
—Acepto tu invitación, Sungkook —susurró mientras escribía—. Pero prepárate. Porque el Omega que conociste murió el día que tu padre le arrebató el cetro al mío.
El joven Kim cerró el sobre y lo selló con su propio anillo, el escudo del Reino Celeste: un fénix alzándose entre las nubes. Era el comienzo de una guerra silenciosa, una batalla de intelectos donde la psicología sería el arma más letal. Taehyung recuperaría su corona, no con espadas, sino con la verdad que se escondía tras las mentiras de los Jeon.
Afuera, la lluvia comenzó a caer, lavando las calles de la ciudad alta. Taehyung observó las gotas deslizarse por el cristal, pensando en Jiwuon, en Sunggi y en todos aquellos que confiaban en él. No fallaría. El linaje celestial de rango alto no era solo una cuestión de sangre; era una cuestión de honor.
Y Kim Taehyung tenía honor de sobra para enterrar a toda la dinastía Jeon.
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