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Фандом: Enhypen

Создан: 18.05.2026

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Ecos en el acuario

El aire del campus coreano comenzaba a enfriarse con la llegada del otoño, tiñendo las hojas de los árboles de un naranja vibrante que a Suzumi siempre le recordaba a los paisajes de su infancia en Okayama. Sin embargo, este año el ambiente se sentía distinto. Por primera vez en mucho tiempo, su atención no estaba gravitando exclusivamente alrededor de Jake.

Caminaba por el sendero principal junto a Riki, quien gesticulaba animadamente mientras le contaba sobre sus primeras clases de danza contemporánea. Riki, o Ni-ki, como ella solía llamarlo cariñosamente, había crecido tanto que ahora Suzumi tenía que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos.

— Te lo digo en serio, Suzu —decía Riki con una sonrisa traviesa—, el nivel aquí es alto, pero nadie tiene mi juego de pies. Deberías venir a verme practicar un día de estos, como cuando éramos niños y te obligaba a juzgar mis coreografías en el jardín.

Suzumi soltó una risa suave, acomodándose la bufanda.

— No ha cambiado nada, ¿verdad? Sigues siendo igual de presumido. Pero está bien, acepto la invitación. He echado de menos verte bailar.

Riki se detuvo de repente y la miró con una intensidad que Suzumi no recordaba en el niño que solía seguirla a todas partes.

— Y yo he echado de menos todo esto. Estar aquí, contigo. No sabía cuánto me hacía falta hasta que aterricé en Seúl.

Suzumi sintió un calor cálido en el pecho, esa comodidad que solo te brinda alguien que conoce tu pasado, tus miedos y hasta tu sabor favorito de helado sin tener que preguntarlo. Pero, casi por instinto, sus ojos buscaron entre la multitud de estudiantes la figura de Jake. Era un hábito difícil de romper.

A unos metros de distancia, cerca de la cafetería central, Jake Sim no estaba solo. Estaba rodeado por Sunghoon y Jungwon, pero quien acaparaba su atención era una chica llamada Kira. Kira era vibrante, extrovertida y, según los rumores que corrían por la facultad de artes, no tenía ninguna intención de quedarse en la "zona de amigos".

Jake reía ante algo que Kira decía, pero su risa no llegaba del todo a sus ojos. De reojo, vio pasar una cabellera oscura familiar. Era Suzumi. Y, como ya se estaba volviendo costumbre, no venía sola. Estaba con ese chico nuevo, Nishimura Riki.

— Jake, ¿me estás escuchando? —preguntó Kira, tocándole ligeramente el brazo.

Jake parpadeó, volviendo a la realidad.

— Oh, sí, lo siento. Decías que el examen de historia económica fue un desastre, ¿no?

— ¡Eso fue hace cinco minutos! —Kira rió, negando con la cabeza—. Decía que deberíamos ir todos juntos a cenar algo esta noche. Sunghoon ya dijo que sí.

— No lo sé, tengo que revisar unos apuntes... —empezó a decir Jake, pero su mirada volvió a escaparse hacia donde Suzumi y Riki se despedían con un choque de manos especial que parecían haber inventado hace años.

Sintió una punzada extraña en el estómago. No era hambre, no era cansancio. Era una molestia sorda, como un zapato que aprieta. Durante meses, él había sido el centro del mundo de Suzumi. Ella siempre estaba ahí para tomar café, para estudiar en la biblioteca en silencio o para escuchar sus planes de futuro en los que, irónicamente, él siempre recalcaba que no buscaba una relación. "El romance complica las cosas, Suzu", solía decirle. Y ella siempre asentía con esa sonrisa tranquila, ocultando lo que él nunca se esforzó por ver.

Ahora, verla reír tan abiertamente con Riki le hacía darse cuenta de un vacío que no sabía que existía.

— ¡Suzu! —exclamó Jake, alzando la voz más de lo necesario.

Suzumi se detuvo y giró la cabeza. Al ver a Jake, su rostro se iluminó, pero fue una chispa contenida.

— ¡Hola, Jake! Hola, chicos.

Se acercó al grupo, y Riki la siguió, manteniendo una mano casualmente apoyada en el hombro de la chica. Jake fijó su vista en esa mano durante un segundo de más antes de recomponerse.

— Pensábamos ir a cenar —dijo Jake, tratando de sonar casual—. Kira sugirió un lugar nuevo de barbacoa cerca de la estación. ¿Te unes?

Suzumi miró a Riki y luego a Jake. Por un momento, el viejo impulso de decir "sí" a cualquier plan de Jake casi gana la batalla.

— Me encantaría, pero hoy le prometí a Riki que iríamos al acuario de COEX —explicó ella con suavidad—. Él acaba de llegar y recuerda que me encantan los acuarios. Quería llevarme como agradecimiento por ayudarle con la mudanza.

— ¿Al acuario? —Jake frunció el ceño—. Pero si hemos ido mil veces. Puedes ir con él cualquier otro día.

— Es que hoy es el único día libre de Riki antes de que empiecen sus ensayos intensivos —intervino Riki con una sonrisa que no llegaba a ser desafiante, pero que marcaba territorio con elegancia—. Además, Suzumi me dijo que hace mucho que no va. Pensé que sería un buen detalle.

Jake sintió que la mandíbula se le tensaba.

— Ya veo. Bueno, diviértanse viendo peces entonces.

— ¿Por qué no vienen ustedes también? —sugirió Suzumi, notando la extraña tensión en el aire—. Kira, ¿te gustan los acuarios?

Kira, que había estado observando la interacción con ojos analíticos, sonrió de lado.

— Me encantan. Sería una cita doble muy divertida, ¿verdad, Jake?

La palabra "cita" resonó en los oídos de Suzumi como una campana desafinada. Miró a Jake, esperando que él aclarara que no era una cita, que él no estaba interesado en nadie, que seguían siendo los mismos amigos de siempre. Pero Jake, picado por la presencia de Riki y el sentimiento de exclusión, solo se encogió de hombros.

— Claro, ¿por qué no? Vamos todos.

***

El acuario estaba sumido en una luz azulada y profunda que creaba una atmósfera casi onírica. Suzumi caminaba unos pasos por delante, maravillada como siempre por las medusas que flotaban suspendidas en el agua, pareciendo pequeñas galaxias vivientes.

Riki caminaba a su lado, comentando cosas en japonés de vez en cuando, lo que creaba una burbuja de intimidad que Jake no podía penetrar. Jake caminaba detrás con Kira, quien no dejaba de hablar sobre sus viajes a Australia, tratando de encontrar puntos en común con él.

— ¿No es increíble, Jake? —preguntó Suzumi, girándose para compartir su entusiasmo.

— Sí, azul. Muy azul —respondió él, con un tono más cortante de lo que pretendía.

Suzumi parpadeó, desconcertada por su actitud. Normalmente, Jake se quedaría con ella frente a cada tanque, inventando nombres graciosos para los peces o comparando a sus profesores con alguna especie marina. Hoy, parecía que el aire entre ellos se había vuelto denso.

— ¿Te pasa algo? —le susurró Suzumi cuando Riki y Kira se adelantaron un poco para ver el túnel de los tiburones.

Jake suspiró, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.

— Nada. Solo que parece que ahora todo es "Riki esto" y "Riki aquello". Pensé que este era nuestro lugar, Suzu.

Suzumi se detuvo en seco. El corazón le dio un vuelco.

— Jake, Riki es mi mejor amigo de la infancia. Es como un hermano para mí. Además, tú siempre dices que valoras tu espacio, que no quieres que nadie te agobie. Pensé que te vendría bien que yo no estuviera tan encima de ti todo el tiempo.

— No es que me agobies —replicó él, bajando la voz—. Es que... es raro. No me gusta que las cosas cambien.

— Las cosas no tienen por qué cambiar —dijo ella con una pizca de tristeza en la voz que él no supo interpretar—. Pero tú también estás con Kira. Ella parece muy agradable.

Jake miró hacia donde Kira reía con Riki.

— Sí, lo es. Jungwon dice que deberíamos salir más. Ella entiende que no busco nada serio, así que es fácil estar con ella.

Esas palabras fueron como una pequeña astilla clavándose en el dedo de Suzumi. "No busco nada serio". La eterna barrera de Jake. El recordatorio constante de que, por mucho que ella lo amara, él nunca cruzaría esa línea.

— Me alegro por ti, Jake —dijo ella, forzando una sonrisa que le dolió en el alma—. De verdad.

En ese momento, Riki regresó y pasó un brazo por los hombros de Suzumi.

— ¡Suzu, tienes que ver esto! Hay un pez que se parece exactamente al profesor de cálculo.

Suzumi se dejó arrastrar por Riki, agradecida por la distracción. Jake se quedó atrás, observando cómo se alejaban. Kira se acercó a él y le tomó la mano de manera juguetona.

— Son lindos juntos, ¿no crees? —comentó Kira—. Hacen buena pareja. Los dos japoneses, se conocen de siempre... hay una química muy natural ahí.

Jake sintió un nudo en la garganta.

— Son solo amigos —dijo, casi para sí mismo.

— A veces los mejores amigos son los que terminan dándose cuenta de que son algo más —replicó Kira con una sabiduría mundana—. Deberías prestar atención, Jake. A veces perdemos cosas porque estamos demasiado ocupados diciendo que no las queremos.

Jake no respondió. Se limitó a seguir caminando por el túnel de cristal, rodeado de agua y sombras. Por primera vez en su vida, el concepto de "libertad" y "no interesarse en nadie" empezó a sentirse increíblemente solitario.

Mientras tanto, un par de metros más adelante, Riki miraba a Suzumi de reojo. Él no era tonto. Había visto las miradas de Suzumi hacia Jake durante años, incluso a través de las videollamadas cuando él aún estaba en Japón. Pero también veía cómo Jake la daba por sentada.

— ¿Estás bien? —le preguntó Riki en voz baja, en japonés, para que los demás no entendieran.

Suzumi suspiró, apoyando la frente contra el cristal frío de un tanque.

— Sí. Solo... a veces desearía que las cosas fueran más simples, Riki.

Riki extendió la mano y le acarició el cabello con una ternura que no era la de un hermano.

— Las cosas son simples, Suzu. El problema es que a veces esperamos que los demás vean lo que tienen delante sin que nosotros se lo digamos. Pero no te preocupes. Yo estoy aquí ahora. No voy a dejar que te sientas sola en este acuario ni en ningún otro sitio.

Suzumi lo miró y, por un instante, vio en Riki a un hombre, no al niño con el que jugaba en el parque. La confusión en su corazón solo aumentó. Tenía a Jake, el chico al que amaba en silencio y que parecía estar alejándose hacia los brazos de Kira; y tenía a Riki, el refugio de su pasado que ahora reclamaba un lugar en su presente.

El resto de la tarde transcurrió en una extraña coreografía de silencios y risas forzadas. Jake intentaba recuperar la atención de Suzumi con bromas internas que solo ellos entendían, pero Riki siempre encontraba la forma de integrarse o de crear un nuevo momento. Kira, por su parte, actuaba como el catalizador perfecto, manteniendo a Jake a su lado y reforzando la idea de que ahora eran dos grupos distintos, no uno solo.

Al salir del acuario, la noche ya había caído sobre Seúl. Las luces de neón se reflejaban en los charcos de una lluvia reciente.

— Bueno, nosotros nos vamos por aquí —dijo Kira, aferrándose al brazo de Jake—. Fue un gusto conocerte, Riki. Suzu, nos vemos en clase.

Jake miró a Suzumi, esperando que ella dijera algo, que le pidiera que se quedara o que le enviara un mensaje más tarde. Pero ella solo se despidió con la mano.

— Adiós, Jake. Que se diviertan en la cena.

— Adiós —respondió él, con un tono vacío.

Mientras caminaba hacia la estación de metro con Kira, Jake no podía dejar de pensar en la imagen de Riki y Suzumi caminando juntos bajo el mismo paraguas. Por primera vez, el chico que no quería a nadie románticamente se sentía celoso. Y lo peor de todo era que no sabía si estaba celoso de Riki por tener el tiempo de Suzumi, o de Suzumi por tener a alguien que la miraba como si ella fuera el único pez en el océano.

En el otro lado de la calle, Suzumi cerró los ojos por un momento, dejando que el aire frío le despejara la mente.

— ¿En qué piensas? —preguntó Riki.

— En que el acuario es más silencioso de lo que recordaba —mintió ella.

Riki sonrió, sabiendo que mentía, pero decidió no presionarla. Sabía que el tiempo jugaba a su favor. Jake Sim había cometido el error de creer que Suzumi siempre esperaría en la orilla, y Riki estaba más que dispuesto a enseñarle a nadar en aguas nuevas.

La noche continuó, pero para los tres, algo se había roto de forma irreversible. El equilibrio se había desplazado, y en el juego de la amistad y el amor, las reglas estaban a punto de cambiar para siempre. Ninguno de los dos chicos estaba listo para admitir lo que sentía, y Suzumi, atrapada entre el pasado y el presente, solo podía esperar a ver quién de los dos daría el primer paso antes de que la corriente se los llevara a todos.
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