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RM
Фандом: BTS
Создан: 21.05.2026
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Entre versos y silencios compartidos
El aire de Seúl en 2025 tenía una textura diferente, una mezcla de nostalgia por lo que se había ido y la efervescencia de un nuevo comienzo. Para Namjoon, ese cambio no solo se reflejaba en su música o en el regreso triunfal de BTS, sino en la figura que ahora ocupaba el asiento junto a él en su estudio personal, el Rkive.
Navi estaba concentrada, con los auriculares puestos y una libreta de cuero desgastado sobre las rodillas. Sus dedos, adornados con varios anillos de plata, tamborileaban un ritmo complejo sobre la madera del escritorio. A sus veintinueve años, la rapera principal de AERIS irradiaba una seguridad que Namjoon encontraba hipnótica. No era solo su talento, que era innegable, sino la forma en que su energía tailandesa y hawaiana se entrelazaba con la sobriedad del estudio, iluminándolo todo.
— Ese cambio de ritmo en el segundo verso... —Navi se quitó los auriculares y lo miró con una sonrisa traviesa— es casi un insulto a la zona de confort de cualquiera, Nam. Me encanta.
Namjoon dejó escapar una risa corta y profunda, recostándose en su silla giratoria.
— Viniendo de ti, lo tomaré como el mejor de los cumplidos. Sabes que a veces me pierdo demasiado en la estructura.
— Lo sé —ella se levantó, moviéndose con esa gracia felina que la caracterizaba, y caminó hacia la pequeña estantería de libros de Namjoon—. Pero para eso estoy yo aquí, ¿no? Para recordarte que a veces el caos es más honesto que la perfección.
Se detuvo frente a una edición antigua de poesía coreana y pasó los dedos por el lomo del libro antes de girarse hacia él. La luz cálida de las lámparas de sal creaba sombras suaves en su rostro, resaltando su mirada observadora.
— ¿Crees que AURA y ARMY sospechen algo después de la gala de ayer? —preguntó ella, cambiando el tono a uno más íntimo.
Namjoon suspiró, recordando los breves segundos en que sus miradas se cruzaron frente a las cámaras. Habían sido profesionales, manteniendo la distancia exacta que se esperaba de dos idols de la misma empresa. Sin embargo, el respeto mutuo que siempre se habían profesado se estaba transformando en algo que resultaba cada vez más difícil de contener tras una máscara de "compañerismo".
— El staff dice que las redes sociales están tranquilas —respondió Namjoon, poniéndose de pie para acercarse a ella—. Te ven como mi colega, la talentosa Navi que rompe el escenario. Y a mí... bueno, como el líder que admira tu trabajo. Lo cual no es mentira.
— Eres un pésimo mentiroso, Kim Namjoon —se burló ella, acortando la distancia entre ambos—. Tus ojos brillan demasiado cuando hablas de mis versos. Algún día alguien se dará cuenta de que no es solo admiración profesional.
— Que se den cuenta —murmuró él, rodeando la cintura de Navi con sus brazos—. Mientras tengamos este espacio solo para nosotros, el resto del mundo puede interpretar lo que quiera.
Navi apoyó las manos en el pecho de Namjoon, sintiendo el latido rítmico de su corazón. A diferencia de las historias de amor impulsivas que solían rodear la industria, lo suyo había sido una combustión lenta. Años de saludos educados en los pasillos de HYBE, seguidos de conversaciones sobre producción, que luego derivaron en debates existenciales a las tres de la mañana.
— Me gusta nuestra burbuja —admitió ella en voz baja—. Me gusta que no tengamos que dar explicaciones. Es extraño, ¿sabes? En AERIS siempre soy la que rompe el hielo, la que protege a las demás, la que nunca se intimida. Pero contigo... contigo siento que puedo simplemente ser.
— Aquí no tienes que proteger a nadie, Nawinda —Namjoon besó su frente con ternura—. Aquí eres tú. Con tus dudas, tu competitividad y esa forma tan tuya de ver el mundo.
Navi se separó un poco para mirarlo a los ojos, su espíritu juguetón regresando a la superficie.
— Hablando de competitividad... ¿terminaste de revisar la letra que te envié anoche? Espero que no hayas intentado suavizarla.
Namjoon soltó una carcajada y regresó a su escritorio, buscando un archivo en su computadora.
— Es agresiva, directa y técnicamente impecable. ¿Por qué querría suavizarla? Solo hice un par de anotaciones sobre la métrica en el puente. Creo que si usamos un sintetizador más oscuro ahí, tu voz destacará mucho más.
— Déjame ver —ella se inclinó sobre su hombro, invadiendo su espacio personal con ese aroma a jazmín y sándalo que siempre lo desarmaba.
Pasaron la siguiente hora discutiendo términos técnicos, compases y metáforas. Era en esos momentos donde la madurez de su relación brillaba con más fuerza. No eran solo dos personas que se amaban; eran dos artistas que se desafiaban constantemente. Navi no tenía miedo de contradecir a Namjoon, y él valoraba su honestidad por encima de todo.
— ¿Sabes qué es lo que más admiro de ti? —preguntó Namjoon de repente, interrumpiendo un debate sobre el uso de una rima asonante.
Navi levantó la vista de la pantalla, sorprendida por el cambio de tema.
— ¿Mi increíble habilidad para comer pizza sin mancharme el outfit de escenario?
— También eso —sonrió él, mostrando sus hoyuelos—. Pero hablo de tu capacidad para observar. Siempre sabes cuándo alguien en el grupo está mal, incluso antes que ellos mismos. Eres el ancla de AERIS, de la misma forma que intentas serlo para mí cuando me sobrecargo de pensamientos.
Navi suavizó su expresión. Se acercó a él y le acarició la mejilla con el dorso de la mano.
— Es porque te veo, Namjoon. No al RM que da discursos en la ONU, ni al rapero que intimida a todos. Veo al hombre que se preocupa por los bonsáis y que guarda entradas de museos en sus libros favoritos. Es fácil querer proteger eso.
— A veces siento que el mundo exige demasiado de nosotros —confesó él, cerrando los ojos ante su contacto—. Pero luego vienes tú, con tu energía magnética, y haces que todo parezca un juego que podemos ganar.
— Porque podemos —afirmó ella con seguridad—. Somos un equipo, ¿no? Aunque el público solo vea dos barcos navegando en la misma dirección, nosotros sabemos que estamos en el mismo puente.
El silencio que siguió no fue incómodo; fue una pausa necesaria, llena de la comprensión mutua que habían construido durante meses de citas secretas en galerías vacías, paseos nocturnos por el río Han con mascarillas y gorras, y horas de estudio como esta.
— Mañana tengo grabación temprano con las chicas —dijo Navi, rompiendo el silencio con un suspiro de resignación—. Y tú tienes esa reunión con el equipo de coreografía.
— Lo sé. El tiempo siempre es nuestro enemigo más constante.
— Pero tenemos el ahora —ella se sentó en su regazo, rodeando su cuello con los brazos—. Y ahora mismo, no soy Navi de AERIS y tú no eres RM de BTS. Solo somos dos personas cansadas que quieren un poco de paz.
Namjoon la abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello. En ese pequeño rincón de Seúl, rodeados de libros, equipos de sonido y borradores de canciones que quizás el mundo nunca escucharía, la fama era un ruido lejano.
— Gracias por venir hoy —susurró él contra su piel.
— Siempre vendré, Nam. Incluso si tengo que escalar las paredes de HYBE —bromeó ella, logrando que él riera de nuevo.
— No dudo que seas capaz de hacerlo. Tuve suerte de que te fijaras en mí y no en algún atleta famoso o un actor de renombre.
Navi se echó hacia atrás, mirándolo con fingida indignación.
— ¿Un actor? Por favor. Ninguno de ellos tiene tu cerebro, ni esa forma tan torpe y encantadora de romper cosas. Además —añadió con una sonrisa radiante—, nadie más sabe hacerme sentir que un simple verso es la cosa más importante del universo.
Namjoon la besó entonces, un beso que sabía a café frío y a promesas silenciosas. Era un beso lleno de la madurez de quienes han aprendido que el amor no necesita grandes anuncios para ser real.
Minutos después, Navi se preparaba para irse. Se puso su chaqueta oversize y se acomodó la gorra, ocultando su distintiva cabellera. Namjoon la observaba desde la puerta del estudio, con las manos en los bolsillos.
— Avísame cuando llegues al dormitorio —dijo él—. No quiero que las chicas te interroguen demasiado.
— Oh, no te preocupes por eso —Navi le guiñó un ojo mientras abría la puerta con cautela—. Ya saben que cuando vuelvo con esta sonrisa, es porque estuve "trabajando duro" en la música. Técnicamente, no les miento.
— Eres increíble —Namjoon negó con la cabeza, sonriendo.
— Lo soy. Y por eso me amas.
Se escabulló por el pasillo con la agilidad que la caracterizaba, desapareciendo antes de que alguien pudiera verla. Namjoon regresó a su escritorio y se sentó frente a la pantalla. El estudio se sentía un poco más vacío, pero el aroma de Navi seguía allí, impregnado en el aire.
Tomó su libreta y escribió una sola línea en la página en blanco: "El silencio es más dulce cuando sé que tus rimas lo esperan al otro lado".
Sonrió para sí mismo, sabiendo que el secreto que compartían era, irónicamente, la parte más auténtica de sus vidas. En un mundo de luces brillantes y aplausos ensordecedores, Navi era su verdad, su equilibrio y la melodía que siempre lograba encontrar el camino de regreso a su corazón.
Navi estaba concentrada, con los auriculares puestos y una libreta de cuero desgastado sobre las rodillas. Sus dedos, adornados con varios anillos de plata, tamborileaban un ritmo complejo sobre la madera del escritorio. A sus veintinueve años, la rapera principal de AERIS irradiaba una seguridad que Namjoon encontraba hipnótica. No era solo su talento, que era innegable, sino la forma en que su energía tailandesa y hawaiana se entrelazaba con la sobriedad del estudio, iluminándolo todo.
— Ese cambio de ritmo en el segundo verso... —Navi se quitó los auriculares y lo miró con una sonrisa traviesa— es casi un insulto a la zona de confort de cualquiera, Nam. Me encanta.
Namjoon dejó escapar una risa corta y profunda, recostándose en su silla giratoria.
— Viniendo de ti, lo tomaré como el mejor de los cumplidos. Sabes que a veces me pierdo demasiado en la estructura.
— Lo sé —ella se levantó, moviéndose con esa gracia felina que la caracterizaba, y caminó hacia la pequeña estantería de libros de Namjoon—. Pero para eso estoy yo aquí, ¿no? Para recordarte que a veces el caos es más honesto que la perfección.
Se detuvo frente a una edición antigua de poesía coreana y pasó los dedos por el lomo del libro antes de girarse hacia él. La luz cálida de las lámparas de sal creaba sombras suaves en su rostro, resaltando su mirada observadora.
— ¿Crees que AURA y ARMY sospechen algo después de la gala de ayer? —preguntó ella, cambiando el tono a uno más íntimo.
Namjoon suspiró, recordando los breves segundos en que sus miradas se cruzaron frente a las cámaras. Habían sido profesionales, manteniendo la distancia exacta que se esperaba de dos idols de la misma empresa. Sin embargo, el respeto mutuo que siempre se habían profesado se estaba transformando en algo que resultaba cada vez más difícil de contener tras una máscara de "compañerismo".
— El staff dice que las redes sociales están tranquilas —respondió Namjoon, poniéndose de pie para acercarse a ella—. Te ven como mi colega, la talentosa Navi que rompe el escenario. Y a mí... bueno, como el líder que admira tu trabajo. Lo cual no es mentira.
— Eres un pésimo mentiroso, Kim Namjoon —se burló ella, acortando la distancia entre ambos—. Tus ojos brillan demasiado cuando hablas de mis versos. Algún día alguien se dará cuenta de que no es solo admiración profesional.
— Que se den cuenta —murmuró él, rodeando la cintura de Navi con sus brazos—. Mientras tengamos este espacio solo para nosotros, el resto del mundo puede interpretar lo que quiera.
Navi apoyó las manos en el pecho de Namjoon, sintiendo el latido rítmico de su corazón. A diferencia de las historias de amor impulsivas que solían rodear la industria, lo suyo había sido una combustión lenta. Años de saludos educados en los pasillos de HYBE, seguidos de conversaciones sobre producción, que luego derivaron en debates existenciales a las tres de la mañana.
— Me gusta nuestra burbuja —admitió ella en voz baja—. Me gusta que no tengamos que dar explicaciones. Es extraño, ¿sabes? En AERIS siempre soy la que rompe el hielo, la que protege a las demás, la que nunca se intimida. Pero contigo... contigo siento que puedo simplemente ser.
— Aquí no tienes que proteger a nadie, Nawinda —Namjoon besó su frente con ternura—. Aquí eres tú. Con tus dudas, tu competitividad y esa forma tan tuya de ver el mundo.
Navi se separó un poco para mirarlo a los ojos, su espíritu juguetón regresando a la superficie.
— Hablando de competitividad... ¿terminaste de revisar la letra que te envié anoche? Espero que no hayas intentado suavizarla.
Namjoon soltó una carcajada y regresó a su escritorio, buscando un archivo en su computadora.
— Es agresiva, directa y técnicamente impecable. ¿Por qué querría suavizarla? Solo hice un par de anotaciones sobre la métrica en el puente. Creo que si usamos un sintetizador más oscuro ahí, tu voz destacará mucho más.
— Déjame ver —ella se inclinó sobre su hombro, invadiendo su espacio personal con ese aroma a jazmín y sándalo que siempre lo desarmaba.
Pasaron la siguiente hora discutiendo términos técnicos, compases y metáforas. Era en esos momentos donde la madurez de su relación brillaba con más fuerza. No eran solo dos personas que se amaban; eran dos artistas que se desafiaban constantemente. Navi no tenía miedo de contradecir a Namjoon, y él valoraba su honestidad por encima de todo.
— ¿Sabes qué es lo que más admiro de ti? —preguntó Namjoon de repente, interrumpiendo un debate sobre el uso de una rima asonante.
Navi levantó la vista de la pantalla, sorprendida por el cambio de tema.
— ¿Mi increíble habilidad para comer pizza sin mancharme el outfit de escenario?
— También eso —sonrió él, mostrando sus hoyuelos—. Pero hablo de tu capacidad para observar. Siempre sabes cuándo alguien en el grupo está mal, incluso antes que ellos mismos. Eres el ancla de AERIS, de la misma forma que intentas serlo para mí cuando me sobrecargo de pensamientos.
Navi suavizó su expresión. Se acercó a él y le acarició la mejilla con el dorso de la mano.
— Es porque te veo, Namjoon. No al RM que da discursos en la ONU, ni al rapero que intimida a todos. Veo al hombre que se preocupa por los bonsáis y que guarda entradas de museos en sus libros favoritos. Es fácil querer proteger eso.
— A veces siento que el mundo exige demasiado de nosotros —confesó él, cerrando los ojos ante su contacto—. Pero luego vienes tú, con tu energía magnética, y haces que todo parezca un juego que podemos ganar.
— Porque podemos —afirmó ella con seguridad—. Somos un equipo, ¿no? Aunque el público solo vea dos barcos navegando en la misma dirección, nosotros sabemos que estamos en el mismo puente.
El silencio que siguió no fue incómodo; fue una pausa necesaria, llena de la comprensión mutua que habían construido durante meses de citas secretas en galerías vacías, paseos nocturnos por el río Han con mascarillas y gorras, y horas de estudio como esta.
— Mañana tengo grabación temprano con las chicas —dijo Navi, rompiendo el silencio con un suspiro de resignación—. Y tú tienes esa reunión con el equipo de coreografía.
— Lo sé. El tiempo siempre es nuestro enemigo más constante.
— Pero tenemos el ahora —ella se sentó en su regazo, rodeando su cuello con los brazos—. Y ahora mismo, no soy Navi de AERIS y tú no eres RM de BTS. Solo somos dos personas cansadas que quieren un poco de paz.
Namjoon la abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello. En ese pequeño rincón de Seúl, rodeados de libros, equipos de sonido y borradores de canciones que quizás el mundo nunca escucharía, la fama era un ruido lejano.
— Gracias por venir hoy —susurró él contra su piel.
— Siempre vendré, Nam. Incluso si tengo que escalar las paredes de HYBE —bromeó ella, logrando que él riera de nuevo.
— No dudo que seas capaz de hacerlo. Tuve suerte de que te fijaras en mí y no en algún atleta famoso o un actor de renombre.
Navi se echó hacia atrás, mirándolo con fingida indignación.
— ¿Un actor? Por favor. Ninguno de ellos tiene tu cerebro, ni esa forma tan torpe y encantadora de romper cosas. Además —añadió con una sonrisa radiante—, nadie más sabe hacerme sentir que un simple verso es la cosa más importante del universo.
Namjoon la besó entonces, un beso que sabía a café frío y a promesas silenciosas. Era un beso lleno de la madurez de quienes han aprendido que el amor no necesita grandes anuncios para ser real.
Minutos después, Navi se preparaba para irse. Se puso su chaqueta oversize y se acomodó la gorra, ocultando su distintiva cabellera. Namjoon la observaba desde la puerta del estudio, con las manos en los bolsillos.
— Avísame cuando llegues al dormitorio —dijo él—. No quiero que las chicas te interroguen demasiado.
— Oh, no te preocupes por eso —Navi le guiñó un ojo mientras abría la puerta con cautela—. Ya saben que cuando vuelvo con esta sonrisa, es porque estuve "trabajando duro" en la música. Técnicamente, no les miento.
— Eres increíble —Namjoon negó con la cabeza, sonriendo.
— Lo soy. Y por eso me amas.
Se escabulló por el pasillo con la agilidad que la caracterizaba, desapareciendo antes de que alguien pudiera verla. Namjoon regresó a su escritorio y se sentó frente a la pantalla. El estudio se sentía un poco más vacío, pero el aroma de Navi seguía allí, impregnado en el aire.
Tomó su libreta y escribió una sola línea en la página en blanco: "El silencio es más dulce cuando sé que tus rimas lo esperan al otro lado".
Sonrió para sí mismo, sabiendo que el secreto que compartían era, irónicamente, la parte más auténtica de sus vidas. En un mundo de luces brillantes y aplausos ensordecedores, Navi era su verdad, su equilibrio y la melodía que siempre lograba encontrar el camino de regreso a su corazón.
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