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Accomplice Of Boyfriends: There Are No Mistakes!

Фандом: One piece

Создан: 25.05.2026

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La tormenta de los D.

El primer encuentro oficial de "la pareja" no fue en una cafetería romántica ni bajo la luz de la luna, sino en el pasillo principal del instituto, bajo la mirada inquisitiva de Deuce y Masky, quienes cruzaban los brazos con el escepticismo pintado en el rostro. Ace sentía que el sudor le bajaba por la nuca. Ser un omega impulsivo tenía sus desventajas, y la principal era que su boca siempre iba tres pasos por delante de su cerebro.

—¿Entonces? —presionó Deuce, ajustándose las gafas—. Dijiste que vendría hoy. Llevas semanas hablando de este alfa misterioso que es "demasiado ocupado para socializar". Empiezo a creer que es un modelo de catálogo que recortaste de una revista.

—¡Que no es un modelo! —estalló Ace, apretando los puños—. Es... es real. Y es muy reservado, ¿vale? No le gusta el circo que montáis vosotros dos cada vez que alguien me respira cerca.

—Solo cuidamos lo que es nuestro, Ace —añadió Masky con una sonrisa socarronaDetrás de la máscara—. Pero si no aparece en cinco minutos, asumiremos que tu novio es un producto de tu imaginación para que dejemos de presentarte a los primos alfas de los de tercero.

Ace maldijo entre dientes. Estaba a punto de inventar una excusa sobre una enfermedad repentina o un ataque de narcolepsia (el suyo propio, para variar) cuando una mano enguantada se posó con firmeza, pero con una delicadeza extraña, sobre su hombro.

El aroma de Sabo lo golpeó antes que sus palabras: era una mezcla de brisa marina, papel viejo y algo metálico, como el ozono antes de una tormenta. Era un olor de alfa, pero no uno agresivo o territorial, sino uno que se sentía como un escudo.

—Siento la demora, Ace —dijo una voz tranquila, perfectamente modulada—. Mi abuelo me entretuvo en la oficina con unos papeles de la beca.

Ace se tensó, pero al ver los ojos azules de Sabo —fríos, calculadores, pero cómplices—, soltó un suspiro de alivio que casi lo hace desplomarse. Sabo vestía el uniforme con una pulcritud que rozaba lo insultante, y esa cicatriz en su ojo izquierdo, lejos de hacerlo parecer peligroso, le otorgaba un aire de madurez que dejó a Deuce y Masky mudos por un segundo.

—Chicos, este es Sabo —logró decir Ace, tratando de que su voz no temblara—. Sabo, estos son los pesados de mis amigos.

Sabo extendió la mano con una elegancia que Ace nunca lograría imitar ni en mil años.

—Un placer. He oído mucho sobre vosotros. Gracias por cuidar de Ace cuando yo no estoy presente.

El trato había comenzado.

***

Dos horas después, sentados en un rincón apartado de la biblioteca donde nadie podía oírlos, la máscara de Sabo se agrietó ligeramente para revelar al estratega que Ace había conocido el día anterior.

—Tus amigos son observadores —comentó Sabo, pasando una página de un libro de derecho internacional sin leerlo realmente—. Si vamos a hacer esto, tenemos que ser más convincentes. No puedes saltar cada vez que te toco el hombro.

—¡Es que no estoy acostumbrado! —susurró Ace, rojo hasta las orejas—. Y tú eres demasiado... no sé, actúas como si fueras un príncipe o algo así. Da escalofríos.

—Se llama etiqueta, Ace. Mi familia es... complicada. Mi padre, Dragon, no espera menos de mí, y mi abuelo Garp solo me dejará irme a estudiar fuera si demuestro que tengo la estabilidad emocional para no causar un incidente diplomático en el extranjero. Un omega "estable" y "leal" es la prueba que él necesita.

Ace hizo una mueca. Odiaba esa palabra. Estabilidad. Como si ser omega fuera sinónimo de ser una bomba de relojería emocional.

—Mira, yo solo necesito que mis padres dejen de mirarme con lástima y que mis compañeros dejen de tratarme como si fuera de cristal —dijo Ace, recostando la cabeza sobre la mesa, sintiendo el peso de la somnolencia acecharlo—. Pero hay un problema. Un problema de setenta años y puños de hierro.

—¿Garp? —Sabo arqueó una ceja—. Es el vicerrector. Lo sé. Es mi abuelo.

—No, ese no es el problema —Ace levantó la vista, con los ojos entrecerrados—. El problema es que Garp es el mejor amigo de mi padre, Roger. Si se enteran de que estamos saliendo, esto no se va a quedar en un "ah, qué bien". Va a ser una explosión nuclear de felicidad y celebraciones. Mi casa va a ser un infierno de preguntas.

Sabo cerró el libro de golpe. El sonido resonó en la sala vacía.

—¿Tu padre es Gol D. Roger? —preguntó Sabo, y por primera vez, su fachada de hielo mostró una grieta de genuina sorpresa.

—Sí. ¿Por qué?

—Porque mi abuelo lleva intentando "unir las familias" desde que tengo uso de razón. Si se entera de esto, no solo me dará la beca, sino que probablemente intente organizar la boda antes de la graduación.

Ace sintió un escalofrío. La imagen de Roger y Garp riendo a carcajadas mientras planeaban un banquete para mil personas pasó por su mente.

—Estamos muertos —sentenció Ace—. Si descubren que es mentira, Garp te enviará a una escuela militar y mi padre me dará el discurso de "la decepción" más largo de la historia de la humanidad. Rayleigh se dará cuenta en cinco minutos. Él siempre lo sabe todo.

Sabo guardó silencio un momento, analizando las variables.

—Entonces no podemos dejar que se den cuenta —dijo finalmente—. Tenemos que ser la pareja más creíble que hayan visto nunca. No solo frente a tus amigos, sino en tu casa. Mi abuelo vendrá a cenar con nosotros tarde o temprano.

—¿Cenar? —Ace se puso pálido—. Sabo, mi padre cocina como si estuviera alimentando a un ejército y mi casa es un caos constante. No sobrevivirás.

—He sobrevivido a las reuniones de negocios de Dragon y a los entrenamientos de Garp —respondió Sabo con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos—. Creo que puedo manejar una cena familiar.

***

La cena, sin embargo, fue mucho peor de lo que Sabo había previsto.

No fue por la comida, que era sorprendentemente buena gracias a la intervención de Rayleigh, sino por el nivel de decibelios.

—¡JAJAJAJA! ¡Así que este es el famoso Sabo! —Roger le propinó una palmada en la espalda al joven alfa que casi lo manda de bruces contra el plato de estofado—. ¡Garp me dijo que su nieto era un estirado, pero te veo muy bien plantado, muchacho! ¡Cualquiera que aguante el carácter de mi Ace tiene mi respeto!

Sabo recuperó el equilibrio y la compostura con una rapidez asombrosa, aunque el impacto le había dejado el hombro entumecido.

—Es un honor conocerlo, señor Gol. Ace habla mucho de usted —mintió Sabo con una fluidez aterradora.

Ace, sentado al lado de Sabo, intentaba desesperadamente no quedarse dormido sobre su puré de patatas mientras su cara ardía de vergüenza.

—¿Ah, sí? —intervino Rayleigh desde el otro extremo de la mesa, apoyando la barbilla en su mano. Sus ojos plateados escaneaban a Sabo con una precisión quirúrgica—. ¿Y qué es exactamente lo que Ace dice de nosotros, Sabo? Porque mi hijo suele ser bastante... reservado con sus sentimientos.

Sabo sintió un sudor frío. Sabía que Rayleigh era el verdadero peligro.

—Dice que son su ancla —respondió Sabo, eligiendo las palabras con cuidado—. Que aunque a veces le resulte abrumador, no cambiaría este caos por nada. Me dijo que si quería conocerlo de verdad, tenía que ver de dónde venía.

Ace se despertó de golpe al oír aquello. Miró a Sabo con los ojos como platos. "Esa ha sido buena", pensó, impresionado por la capacidad de improvisación del alfa.

—¡Oh, Rayleigh, mira eso! ¡Es un romántico! —Roger se secó una lágrima imaginaria—. Ace, ¡has elegido bien! ¡Garp va a estar tan furioso de que yo lo supiera antes que él!

—En realidad, papá —interrumpió Ace, tratando de retomar el control—, Sabo y yo queremos llevar las cosas con calma. Ya sabes, por los estudios y la beca de Sabo...

—¡Tonterías! —Gritó una voz desde la entrada.

La puerta se abrió de golpe, revelando a un hombre gigantesco, con el cabello canoso y una sonrisa que era una réplica exacta de la de Roger, pero con un toque más salvaje.

—¡Abuelo! —exclamó Sabo, perdiendo por un segundo su compostura.

—¡Me habéis ocultado esto! —Garp entró en el comedor como un elefante en una cacharrería—. ¡Mi propio nieto y el hijo de mi mejor amigo! ¡Roger, trae más sake! ¡Esto hay que celebrarlo con un combate de práctica en el patio!

—¡Garp, no rompas los muebles! —advirtió Rayleigh, aunque había una chispa de diversión en sus ojos.

En medio del estrépito, un niño de unos doce años apareció detrás de Garp. Tenía una cicatriz bajo el ojo y una mirada llena de curiosidad pura.

—¿Sabo tiene novio? —preguntó Luffy, inclinando la cabeza—. ¿Es el chico de las pecas? ¡Huele a fuego! ¡Me gusta!

Luffy se lanzó sobre Ace, rodeándolo con sus brazos en un abrazo que casi lo deja sin aire. Ace, sorprendido por la calidez y la falta de malicia del pequeño, se quedó rígido un segundo antes de relajar los hombros y corresponder el gesto de forma torpe.

Sabo observó la escena. Observó a Ace, que ahora intentaba explicarle a Luffy que no podía comerse todo el pan de la mesa, y luego miró a Roger y Garp, que ya estaban brindando y discutiendo sobre quién sería el padrino de una boda que solo existía en sus cabezas.

Por un momento, el frío cálculo de Sabo flaqueó. La calidez de esa casa, el olor a hogar, a familia real y desastrosa, era algo que no figuraba en sus cláusulas.

—Estás muy callado, Sabo —dijo Rayleigh en voz baja, acercándose a él mientras los demás hacían ruido—. ¿Te asusta nuestra familia?

Sabo miró al omega mayor. Rayleigh no estaba sonriendo de la misma forma que Roger. Había algo en su mirada que decía: "Sé lo que estáis haciendo".

—Es... diferente a lo que estoy acostumbrado, señor Silvers —respondió Sabo, recuperando su tono neutral.

—Llámanos por nuestros nombres, muchacho. Aquí no usamos títulos —Rayleigh le puso una mano en el brazo—. Ace es un chico transparente. Sus sentimientos siempre están en su piel. Espero que seas consciente de que, sea cual sea el juego que estéis jugando, él es el que más tiene que perder.

Sabo sintió una punzada de culpa, una emoción que solía enterrar profundamente. Miró a Ace, que en ese momento se estaba riendo a carcajadas de una tontería que había dicho Luffy, con las mejillas encendidas y las pecas brillando bajo la luz cálida del comedor.

—Lo sé —susurró Sabo—. Créame que lo sé.

***

Hacia el final de la noche, después de que Garp se marchara arrastrando a un Luffy que insistía en que Ace era "su nuevo hermano", y de que Roger se quedara dormido en el sofá (un rasgo que Ace claramente había heredado), los dos protagonistas del engaño se quedaron solos en el porche delantero.

El aire de la noche era fresco. Ace se abrazó a sí mismo, sintiendo el bajón de energía propio de su condición.

—Bueno —dijo Ace, rompiendo el silencio—. Sobreviviste. Mi padre no te rompió ninguna costilla y Rayleigh solo te amenazó sutilmente una vez. Es un récord.

Sabo estaba apoyado contra la barandilla, mirando hacia la calle oscura.

—Tu familia es... increíble, Ace.

—Son un desastre —corrigió Ace, aunque había una sonrisa tierna en sus labios—. Pero son mi desastre. Siento haberte metido en esto. No pensé que Garp y mi padre fueran tan... intensos.

Sabo se giró hacia él. La luz de la luna acentuaba las líneas de su rostro, haciéndolo parecer menos un estratega y más un chico de diecisiete años cargando con demasiadas expectativas.

—No lo sientas. Mi abuelo está encantado. Me ha dicho que si sigo así, la beca es mía sin más preguntas. El trato funciona.

—Sí —asintió Ace, aunque sintió un extraño vacío en el pecho al oír la palabra "trato" de nuevo—. Funciona perfectamente.

Se quedaron en silencio un momento. Ace sintió que sus párpados pesaban. La narcolepsia no perdonaba, y el estrés de la noche le estaba pasando factura. Sin darse cuenta, su cabeza empezó a balancearse.

Sabo, al notar el balanceo, se acercó rápidamente.

—Ace, ¿estás...?

Antes de que pudiera terminar la frase, Ace se inclinó hacia adelante, completamente dormido. Sabo lo atrapó justo a tiempo, dejando que la cabeza del omega descansara contra su pecho.

El alfa se quedó inmóvil. Podía sentir el calor de Ace, su respiración lenta y rítmica, y ese aroma a fuego y madera que ahora parecía mucho más intenso. Era una vulnerabilidad que no estaba en el contrato. No se suponía que tuviera que sostenerlo mientras dormía, ni que tuviera que sentir ese impulso irracional de protegerlo de todo, incluso de su propia mentira.

—Esto se va a complicar mucho más de lo que pensaba —susurró Sabo para sí mismo, mientras acomodaba a Ace en sus brazos para llevarlo adentro.

En la ventana del segundo piso, Rayleigh observaba la escena en silencio, con una pequeña y enigmática sonrisa. Sabía que los tratos basados en la necesidad suelen terminar de dos maneras: en un desastre absoluto o en algo que ninguno de los dos implicados se atrevía aún a nombrar.

Y conociendo a los D., el desastre y el amor solían venir siempre en el mismo paquete.
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