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I'm not human...
Фандом: Steven Universe
Создан: 01.01.2026
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Un Informe Inesperado
El vasto y estrellado lienzo del espacio exterior se extendía más allá de los ventanales de la nave, un espectáculo que Peridot apenas registraba. Sus dedos, recubiertos por los guantes tecnológicos de su uniforme, tamborileaban nerviosamente sobre la tableta de datos. El viaje había sido largo, monótono, y cada segundo que pasaba la acercaba más a su destino... y a su diamante. Un escalofrío, no de frío espacial sino de pura anticipación, recorrió su gema.
Peridot, una Peridot de corte impecable, diseñada para la eficiencia y la lógica, se encontraba en un estado de agitación que pocos de su especie podrían comprender. Había sido asignada directamente a la corte de Diamante Rosa, una posición de prestigio que la hacía envidiable entre sus pares, pero que para ella significaba algo mucho más profundo. Desde el momento en que sus luces se habían encendido y sus ojos habían fijado la imagen de su Diamante, una chispa, una anomalía en su programación, había prendido.
Diamante Rosa. La más joven, la más pequeña, la más... vibrante de todos los Diamantes. A diferencia de la fría majestuosidad de Diamante Blanco, la serena autoridad de Diamante Azul, o la imponente ferocidad de Diamante Amarillo, Rosa era un torbellino de energía, una explosión de color y emoción. Y para Peridot, era la perfección encarnada.
La misión actual de Peridot en la Tierra, una colonia en sus etapas más tempranas de desarrollo, había sido un desafío continuo. El planeta era... caótico. Lleno de vida orgánica, de paisajes indómitos y de una imprevisibilidad que chocaba con cada principio de orden Gema. Pero cada informe que Peridot enviaba, cada dato que recopilaba, era con un propósito: complacer a su Diamante, demostrar su valía, quizás, solo quizás, captar un poco más de esa atención que Rosa repartía con tanta generosidad.
La nave comenzó a decelerar, las luces de aproximación parpadeando en la cabina. Peridot se enderezó, alisando las arrugas inexistentes de su uniforme. El corazón de su gema latía con fuerza. Este era su momento. Su informe sobre la Tierra debía ser impecable.
Al aterrizar, las compuertas se abrieron con un siseo, revelando el opulento interior de la nave de Diamante Rosa. La decoración era una explosión de tonos pastel, con incrustaciones de cuarzo rosa y perlas iridiscentes. Era excesivo, casi infantil, y Peridot lo amaba.
Una Perla impecable, con un uniforme a juego con los colores de la nave, se acercó a recibirla. Era la Perla personal de Diamante Rosa, una gema de gracia y compostura inigualables. Peridot siempre había sentido una punzada de algo parecido a los celos al verla tan cerca de su Diamante, tan dedicada.
"Peridot, bienvenida", dijo Perla, su voz suave y melódica. "Diamante Rosa te espera en la sala de audiencias."
"Gracias, Perla", respondió Peridot, tratando de mantener un tono profesional. "Estoy lista para presentar mi informe."
Mientras seguía a Perla por los pasillos, Peridot repasó mentalmente sus notas. Había detallado los recursos del planeta, la viabilidad de la extracción de gemas, las condiciones atmosféricas. Había omitido, por supuesto, la fascinación que sentía por la vida silvestre terrestre, por las "criaturas orgánicas" que encontraba tan... interesantes. Eso no sería profesional.
Llegaron a una gran sala, bañada en una luz rosada suave. En el centro, sentada en un trono que parecía más un juguete gigante que una silla de poder, estaba ella. Diamante Rosa.
Sus ojos, grandes y brillantes, se iluminaron al ver a Peridot. Su sonrisa era contagiosa, y por un instante, Peridot sintió que todo el universo se encogía a ese pequeño espacio, a esa sonrisa.
"¡Peridot! ¡Has vuelto!", exclamó Diamante Rosa, levantándose y flotando ligeramente hacia ella. Su energía era palpable, casi abrumadora. "¡Cuéntame todo sobre mi nueva colonia! ¿Es tan divertida como la imaginé?"
Peridot hizo una reverencia profunda, su corazón latiendo como un tambor de guerra. "Mi Diamante, he compilado un informe exhaustivo sobre la Tierra. Es un planeta con un gran potencial para la producción de gemas, aunque presenta algunas... peculiaridades."
Diamante Rosa hizo un puchero. "¡Peculiaridades! ¡Eso suena aburrido! ¿Hay algo emocionante? ¿Algo nuevo? Las otras Diamantes siempre me dicen que soy demasiado ingenua para mis propias colonias, que debería ser más seria. Pero no quiero ser seria, ¡quiero que sea divertido!"
La mención de las otras Diamantes siempre traía una sombra a los ojos de Diamante Rosa, una tristeza fugaz que solo Peridot parecía notar. Era una herida abierta, el desprecio apenas velado de sus hermanas mayores, la constante subestimación. Y era esa vulnerabilidad, esa necesidad de ser tomada en serio, lo que hacía que Peridot la amara aún más. Quería protegerla, quería demostrarle que era digna, que era capaz de cosas maravillosas.
"Hay... hay mucho que explorar, mi Diamante", dijo Peridot, intentando sonar lo más entusiasta posible. "Los ecosistemas son increíblemente diversos. He documentado la existencia de varias especies de flora y fauna que podrían ser de interés para..."
"¡Flora y fauna!", interrumpió Diamante Rosa, sus ojos brillando. "¡Oh, Peridot, eres la mejor! Siempre encuentras las cosas más interesantes. ¿Hay animales adorables? ¡Quiero un animal adorable!"
Peridot sintió una punzada de decepción. Había pasado ciclos enteros analizando la composición geológica del planeta, y lo único que le interesaba a su Diamante eran los "animales adorables". Pero ver la alegría en su rostro era suficiente para borrar cualquier frustración.
"Sí, mi Diamante. Hay una gran variedad de especies, algunas de ellas bastante... peculiares, como decía", dijo Peridot, ajustando su proyector de datos. "He preparado algunas imágenes."
La sala se llenó con hologramas de criaturas terrestres: pequeños mamíferos, aves coloridas, insectos extraños. Diamante Rosa aplaudió con entusiasmo.
"¡Oh, mira ese! ¡Es tan peludito! Y ese, ¡tiene unas alas tan bonitas! Peridot, eres una genio. ¡Esto es mucho mejor que los aburridos informes de recursos que me dan las otras!"
Peridot sintió un rubor en sus mejillas, una sensación extraña que no podía comprender del todo. Era el efecto de Diamante Rosa, su capacidad para hacerla sentir especial, incluso cuando solo estaba haciendo su trabajo.
"Me alegra que le gusten, mi Diamante", dijo Peridot, su voz un poco más suave de lo habitual.
De repente, la atención de Diamante Rosa se desvió. Sus ojos se fijaron en la pantalla, no en una criatura terrestre, sino en una imagen que Peridot había incluido casi por accidente: una pequeña cabaña en la playa, y junto a ella, un ser humano con una guitarra.
"¿Qué es eso, Peridot?", preguntó Diamante Rosa, su tono de voz cambiando, volviéndose más curioso, más... fascinado.
Peridot se tensó. Esa imagen era de un asentamiento humano que había encontrado. Un error de cálculo, un descuido.
"Es... es un ser humano, mi Diamante. Una forma de vida orgánica inteligente predominante en la Tierra. Son primitivos, pero han desarrollado una cultura rudimentaria."
Diamante Rosa se acercó al holograma del humano, sus ojos brillando con una intensidad que Peridot nunca había visto. "¡Es... tan diferente! ¿Qué está haciendo con esa cosa?"
"Es una 'guitarra', mi Diamante. Producen sonidos con ella, lo que ellos llaman 'música'."
"¿Música? ¡Qué interesante! ¿Y cómo se llaman?"
"Ese en particular... se llama Greg, mi Diamante."
Diamante Rosa se quedó mirando la imagen de Greg, una sonrisa lenta formándose en sus labios. No era la sonrisa alegre y juguetona que Peridot conocía, sino una más... pensativa.
Peridot sintió un nudo en su gema. Había algo en la forma en que Diamante Rosa miraba a ese humano, algo que Peridot no podía descifrar, pero que le provocaba una extraña sensación de incomodidad.
Perla, que había estado observando en silencio, dio un paso adelante. "Mi Diamante, los humanos son formas de vida frágiles y efímeras. No son relevantes para la colonización."
"¡Pero son tan... únicos, Perla!", exclamó Diamante Rosa, sin apartar la vista de Greg. "Nunca había visto algo así. No son gemas, no son como los animales. ¡Son tan... suaves!"
Peridot se sintió mareada. Su diamante, la gema más poderosa del universo, estaba fascinada por un simple humano.
"Mi Diamante, he preparado un análisis de los depósitos de cuarzo rosa en el cuadrante Gamma-7...", intentó Peridot, desesperada por redirigir la conversación.
Pero Diamante Rosa ya no la escuchaba. Flotaba alrededor del holograma de Greg, sus dedos casi tocando la imagen. "Quiero saber más sobre él, Peridot. ¿Puedes traerme más información? ¡Quiero saberlo todo!"
La sonrisa de Diamante Rosa era radiante, pero no estaba dirigida a Peridot. Estaba dirigida a la imagen de un humano en una playa. Y en ese momento, Peridot sintió un frío helado en su gema, una realización dolorosa. La chispa que había encendido en su interior, la anomalía en su programación, se retorció con una angustia que nunca antes había experimentado. Su Diamante, la gema que amaba en secreto con cada fibra de su ser, estaba mirando a otro. Y ese "otro" no era ni siquiera una gema. Era un humano.
Perla, por su parte, observaba la escena con una expresión de dolor apenas disimulado. Conocía ese brillo en los ojos de su Diamante, esa curiosidad insaciable, y sabía que era el preludio de algo que cambiaría todo. Su corazón de gema se encogía al ver la fascinación de Diamante Rosa por ese humano, una fascinación que Perla había anhelado durante milenios.
"Por supuesto, mi Diamante", dijo Peridot, su voz apenas un susurro. La alegría que había sentido al principio del informe se había disipado, reemplazada por una amarga sensación de derrota. Había traído la Tierra a su Diamante, y con ella, había traído el inicio de su propia desdicha. El informe había sido un éxito, pero para Peridot, era una catástrofe.
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