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Tn hermana de eren

Фандом: La historia sigue como en el anime solamente que Eren y tn son hermanos y cuando Reiner y bertol revelan sus identidades tn es devorada por un titán anormal

Создан: 16.01.2026

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ДрамаАнгстЭкшнДаркТрагедияСмерть персонажаНарочитая жестокостьАнтиутопияПриключенияСеттинг оригинального произведения
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El Sacrificio de un Corazón Valiente

El aire helado de la mañana se aferraba a la piel, un presagio sombrío que se colaba por debajo de los uniformes de la Legión de Reconocimiento. La misión, una más en la interminable guerra contra los titanes, prometía ser rutinaria: explorar una nueva ruta hacia Shiganshina, buscando una forma de recuperar el Muro María. Sin embargo, en el mundo de Eren Jaeger y su hermana, Tn, la rutina era un lujo que rara vez se podían permitir.

Eren cabalgaba al frente, su mandíbula tensa, los ojos verdes fijos en el horizonte. A su lado, Tn, un reflejo de su hermano en muchos aspectos, pero con una serenidad que Eren aún no había logrado dominar. Sus cabellos castaños, como los de Eren, ondeaban con el viento, y sus ojos, de un color ámbar inusual, escudriñaban los árboles que bordeaban el camino. Eran inseparables, dos mitades de una misma alma, unidos por el trauma de la caída del Muro María y el deseo ardiente de venganza.

"¿Crees que encontraremos algo esta vez, Eren?", preguntó Tn, su voz suave, pero con un matiz de esperanza.

Eren suspiró, el vaho escapando de sus labios. "Tenemos que hacerlo, Tn. Cada misión es un paso más. No podemos rendirnos."

La determinación de su hermano era contagiosa, y Tn sonrió, un gesto raro en esos tiempos oscuros. "Nunca nos rendiremos."

Detrás de ellos, la formación de la Legión se extendía, un mar de capas verdes ondeando. Entre ellos, Armin Arlert, el amigo de la infancia de los hermanos, su mente brillante trabajando incansablemente para analizar cada detalle del entorno. Y un poco más atrás, Mikasa Ackerman, la protectora silenciosa de Eren, su mirada siempre atenta, lista para actuar en cualquier momento.

La mañana avanzó sin incidentes, un silencio inquietante que a menudo precedía a la tormenta. Los exploradores habían llegado a un punto crítico, un denso bosque que se extendía por kilómetros. La visibilidad era limitada, un peligro latente en un territorio infestado de titanes.

"¡Atención, Legión!", gritó Erwin Smith, el comandante, su voz resonando con autoridad. "¡Mantengan la formación! ¡Reiner, Bertolt, a los flancos! ¡Eren, Tn, a la vanguardia, pero no se adelanten demasiado!"

Eren asintió, su corazón latiendo con anticipación. Tn, por otro lado, sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en el aire, una sensación de fatalidad que la había acompañado desde que salieron de los muros.

La Legión se adentró en el bosque, el sonido de los caballos amortiguado por la densa vegetación. Los rayos de sol se filtraban a través de las copas de los árboles, creando un juego de luces y sombras que distorsionaba las formas, haciendo que cada sombra pareciera un titán acechante.

De repente, un estruendo ensordecedor rompió el silencio. Un titán de quince metros, con una expresión grotesca en su rostro, emergió de entre los árboles, su mano extendida, lista para aplastar a los soldados.

"¡Titán a la izquierda!", gritó un explorador.

El caos se desató. Los soldados se dispersaron, activando su equipo de maniobras tridimensionales, lanzándose entre los árboles como acrobáticos insectos. Eren y Tn reaccionaron al instante, sus cuchillas desenvainadas, sus ojos entrenados para detectar el punto débil del titán.

"¡Eren, por la nuca!", gritó Tn, mientras ella se lanzaba hacia el cuello del titán, distrayéndolo.

Eren, con una agilidad impresionante, se impulsó hacia arriba, sus cuchillas brillando con la luz del sol. En un instante, el titán se desplomó, su cuerpo humeante comenzando a desintegrarse.

Pero la calma duró poco. Más titanes, como si hubieran sido convocados por el olor a sangre, comenzaron a aparecer. La Legión se encontró en medio de una emboscada, superados en número y con la desventaja del terreno.

"¡Retirada estratégica!", gritó Erwin, su voz apenas audible por el rugido de los titanes y los gritos de los soldados.

La retirada fue caótica. Los titanes se abalanzaban sobre ellos, sus bocas abiertas, sus ojos vacíos. Eren y Tn luchaban codo a codo, cubriéndose mutuamente, sus movimientos sincronizados como si fueran uno solo.

En medio de la refriega, un titán anormal, de una agilidad inusual y una mirada inquitante, se abrió paso entre la confusión. Era más pequeño que la mayoría, pero su velocidad y su expresión casi inteligente lo hacían aún más aterrador. Este titán, con una sonrisa macabra en su rostro, se dirigió directamente hacia Eren.

"¡Eren, cuidado!", gritó Tn, sintiendo un escalofrío helado.

Eren se giró, pero ya era demasiado tarde. El titán anormal se abalanzó sobre él, sus dedos alargados listos para atraparlo.

En ese instante, el mundo pareció ralentizarse. Tn, con una velocidad sobrehumana impulsada por el amor incondicional a su hermano, se interpuso entre Eren y el titán.

"¡Tn, no!", gritó Eren, su voz desgarrada por el pánico.

El grito de Eren se perdió en el rugido del titán. La mano del monstruo se cerró alrededor de Tn, levantándola en el aire como si fuera una muñeca de trapo. Sus ojos ámbar se encontraron con los de Eren, una mezcla de terror y una extraña paz.

"¡Eren... corre!", murmuró Tn, las palabras apenas audibles, una débil sonrisa en sus labios.

Y luego, el sonido más horrible que Eren jamás había escuchado. El crujido de huesos, el desgarro de carne. El titán anormal abrió su boca, sus dientes afilados como dagas, y devoró a Tn, engulléndola en un solo bocado.

El tiempo se detuvo. El bosque, los titanes, los gritos de los soldados, todo se desvaneció en un murmullo distante. Solo existía el vacío, el eco de la voz de su hermana, la imagen de sus ojos ámbar desapareciendo en la oscuridad.

Eren cayó de rodillas, el equipo de maniobras tridimensionales inerte a su lado. Sus ojos estaban fijos en el lugar donde su hermana había estado, ahora solo el aire vacío. Un grito desgarrador escapó de su garganta, un lamento de dolor y desesperación que resonó por todo el bosque.

Mikasa, que había estado luchando cerca, se volvió al escuchar el grito de Eren. Vio el titán anormal, su boca manchada de sangre, y a Eren, derrumbado en el suelo. Su corazón se encogió. Sabía, por la expresión de Eren, lo que había sucedido.

Armin, que había presenciado la escena desde la distancia, se quedó paralizado. Su mente brillante, que siempre encontraba una solución, ahora estaba en blanco, abrumada por el horror.

La Legión continuó la retirada, pero el ánimo estaba destrozado. La muerte de un camarada era común, pero la brutalidad de la muerte de Tn, la hermana de Eren, el chico que había jurado exterminar a todos los titanes, fue un golpe devastador.

Eren no se movió. Las lágrimas brotaron de sus ojos, mezclándose con el sudor y la suciedad en su rostro. La rabia, el dolor, la culpa, todo se mezclaba en un torbellino de emociones que amenazaba con consumirlo.

"¡Eren, tenemos que irnos!", gritó Mikasa, aterrizando a su lado, su voz urgente.

Eren no respondió. Su mirada estaba perdida, sus ojos vacíos.

"¡Eren!", insistió Mikasa, tomándolo por el brazo.

Pero Eren la apartó. Sus ojos, antes llenos de dolor, ahora ardían con una furia incontrolable. Se puso de pie, sus manos temblaban, no de miedo, sino de una rabia elemental.

"¡Los mataré a todos!", rugió Eren, su voz resonando con una promesa de venganza. "¡Juro que los mataré a todos!"

Mikasa lo miró, su corazón pesado. Sabía que la muerte de Tn había roto algo dentro de Eren. Había despertado un demonio, una fuerza destructiva que podría ser tanto su salvación como su perdición.

El titán anormal, satisfecho con su presa, se alejó, su sonrisa macabra aún grabada en la memoria de Eren.

El resto de la misión fue un borrón. La Legión logró retirarse, pero la derrota era palpable. Habían perdido a un soldado valioso, una hermana, una amiga. Y habían presenciado el nacimiento de un nuevo nivel de odio en el corazón de Eren Jaeger.

De vuelta en los muros, el ambiente era sombrío. Los heridos fueron atendidos, los muertos lamentados. Pero el vacío que dejó Tn era inmenso. Armin no podía dejar de pensar en los ojos ámbar de Tn, en su sonrisa suave, en su voz alentadora.

Eren se encerró en sí mismo. No hablaba, no comía. Solo se sentaba, mirando fijamente la pared, la imagen de su hermana siendo devorada repitiéndose una y otra vez en su mente.

Mikasa lo observaba en silencio, su corazón sangrando por él. Sabía que Eren nunca sería el mismo. La pérdida de su hermana había forjado un nuevo camino para él, un camino de venganza implacable.

Unos días después, durante una reunión de planificación en el cuartel general, Reiner Braun y Bertolt Hoover, dos de los soldados más fuertes y leales de la Legión, se acercaron a Eren.

"Eren, lamento mucho lo de tu hermana", dijo Reiner, su voz grave, su expresión de profunda tristeza.

Eren levantó la vista, sus ojos vacíos. "Gracias."

"Ella era una gran soldado", añadió Bertolt, su voz suave. "Un verdadero sacrificio."

Eren solo asintió, su mente en otro lugar.

En ese momento, las palabras de Reiner y Bertolt le pasaron desapercibidas. Pero más adelante, mucho más adelante, cuando la verdad saliera a la luz, esas palabras adquirirían un significado mucho más oscuro, un recordatorio de la traición y la manipulación.

La pérdida de Tn no solo había transformado a Eren, sino que también había sembrado la semilla de la duda en el corazón de Armin. La forma en que el titán anormal se había comportado, su aparente inteligencia, su enfoque en Eren... algo no encajaba. La brillante mente de Armin comenzó a trabajar, buscando patrones, buscando respuestas.

Eren, por su parte, se dedicó en cuerpo y alma al entrenamiento. Su objetivo era uno solo: volverse lo suficientemente fuerte para exterminar a cada titán, para vengar a su hermana. Cada golpe, cada corte, cada esfuerzo estaba imbuido con la memoria de Tn, con el eco de su última palabra: "Corre".

La cicatriz de la pérdida de Tn nunca sanaría. Era una herida abierta, una fuente constante de dolor y motivación. Pero también era un recordatorio del amor incondicional, del sacrificio desinteresado. La muerte de Tn había sido el catalizador, el punto de inflexión en la vida de Eren, el evento que lo impulsaría a convertirse en el destructor que el mundo temería, y el salvador que la humanidad necesitaba.

Y así, el mundo de Eren Jaeger se oscureció, teñido por la sangre de su hermana, por la promesa de venganza y por la inminente revelación de una verdad que sacudiría los cimientos de su existencia. La sombra de Tn se cerniría sobre él, una guía silenciosa en su camino hacia la destrucción o la redención. La guerra contra los titanes había cobrado una víctima invaluable, pero también había encendido una llama inextinguible en el corazón de un joven que juró que la muerte de su hermana no sería en vano.
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