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Lugar seguro
Фандом: Genshin Impact
Создан: 24.01.2026
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РомантикаДрамаHurt/ComfortФэнтезиМистикаПриключенияСеттинг оригинального произведенияЗанавесочная история
Un Corazón en el Irminsul
-¡Sr. Diluc! - gritó la pequeña hada peli blanca acercándose emocionada hacia el pelirrojo que estaba en camino hacia Mondstadt.
-Oh, hola Paimon - contestó al llamado y la recibió de buena forma cuando esta se abrazó de su cuello y, sin pasar mucho tiempo, sintió otro cuerpo abrazarse contra el suyo que, a diferencia de la primera, era un poco más pesado y un poco más grande.
-Hola a ti también, Aether - respondió con un toque de diversión girando su cabeza para ver al de dorada cabellera abrazado a su espalda.
-Hola, Diluc - una sonrisa fue acompañada con el saludo sin soltar el abrazo. Este mismo se giró para quedar cara a cara con el pequeño rubio, ahora él abrazándolo desde la cintura descubierta del viajero.
-Cuánto te extrañé, Diluc - habló bajo el rubio para recostar su cabeza en el pecho cubierto por el traje del pelirrojo, este mismo siendo abrazado por Paimon y por el de ojos ámbar.
-Yo también te extrañé - sus brazos lo abrazaron con fuerza al pequeño cuerpo recostando su cabeza en la cabeza del más pequeño.
-¡¿Extrañaste a Aether y no a Paimon?! ¡Qué injusto! - se quejó la hada al ver que el más alto de los dos no expresó algo de cariño hacia ella, sintiéndose ofendida por eso, pero esa queja solo fue recibida por unas risitas tanto del viajero como del pelirrojo.
-También te extrañé, Paimon - habló divertido mirando con el rabillo del ojo a la pequeña, relajando su frustración.
-Más te vale, porque Paimon sí te extrañó, mucho más que Aether -
-Oye, qué mentira - despegó su rostro del pecho del más alto para mirar a su compañera de viaje.
-No es mentira, si Paimon fue quien te hizo acuerdo de las cartas hacia el Sr. Diluc -
-Mentira, yo era quien te hacía acuerdo - empezó una pelea entre ambos que nunca dejaron de lado su abrazo con el cuerpo inmóvil de Diluc.
-Ya, silencio - dijo como orden el anterior nombrado acercándose a los labios del rubio, así obteniendo su atención.
-Si no dejan de pelear, Paimon se quedará sin ronda de jugos de esas cartas y el viajero se quedará sin pareja - fue en forma de amenaza todas sus palabras.
-Paimon se niega a dejar de jugar al Sabio de los Sapos, es adictivo ese juego - Paimon, frustrada, se cruzó de brazos soltando el abrazo en el cuello del de traje negro.
-Y yo me niego a soltarte y dejarte, primero me enfrento a los Arcontes - como si de un niño mimado se tratara, respondió Aether volviendo a recostar su rostro en el pecho de Diluc, sin soltar su agarre.
-Ustedes dos son un caso perdido - soltó divertido al ver qué resultados tuvo sus amenazas.
***
El olor a madera vieja y a vino dulce impregnaba el aire del segundo piso de la Taberna Cola de Gato, un aroma familiar y reconfortante para Aether. Se encontraba sentado en el regazo de Diluc, sus piernas colgando a los lados del pelirrojo, quien lo sostenía con firmeza por la cintura. La luz tenue de las velas proyectaba sombras danzantes en las paredes, creando una atmósfera íntima y cálida, lejos de las miradas curiosas y, a veces, acusadoras de los habitantes de Mondstadt.
Aether, en un arrebato de afecto largamente contenido, sembraba besos por el rostro y el cuello de Diluc. Cada toque era suave, tierno, una declaración silenciosa de cuánto había extrañado este contacto. Diluc, por su parte, no protestaba; simplemente se dejaba llevar, sus ojos carmesí brillando con una mezcla de diversión y satisfacción. Sus manos se aferraban a la cintura de Aether, apretando de vez en cuando, como si quisiera asegurarse de que el viajero realmente estaba allí, tangible y real.
-Extrañaba besarte - susurró Aether, su voz apenas audible entre los besos, negándose a soltar al hombre más alto.
-Extrañaba sentirte - respondió Diluc, su voz grave resonando en el pecho del rubio. Su agarre se hizo un poco más rudo, una muestra de la intensidad de sus propios sentimientos.
Los besos de Aether en su cara eran suaves y llenos de amor, avisando los labios de su contrario. Hasta ese momento, donde el de mirada ámbar tomó el control de un beso cuidadoso y cariñoso. Sus labios se movían suaves, como si de un baile lento se tratara, un compás perfecto entre el deseo y la ternura. Era un beso que hablaba de reencuentros, de promesas silenciosas y de la calma que solo encontraban el uno en el otro.
Cuando se separaron, Aether sonrió, sus ojos dorados brillando. -Eres dulce, Diluc -
-Digo lo mismo de ti, Aether - Diluc le dio un rápido beso en la mejilla al más bajo, haciendo que este soltara una risita. -Tu siguiente parada es Fontaine, ¿no? -
Aether suspiró, recostándose en el hombro del mayor. -Sí, pero me tomaré unos días de descanso. Por eso Paimon y yo estamos aquí -. Su voz llevaba un matiz de cansancio.
-¿Tan mal estuvo Sumeru? - preguntó Diluc, acariciando suavemente el cabello dorado de Aether.
-Mal no, sino que de todas las naciones que llevo visitando, Sumeru sí que fue una caja llena de sorpresas. Creía que en cualquier momento enloquecería - Aether se estremeció ligeramente al recordar.
-¿Y eso? -
-Desde entrar a un sueño que se repetía una y otra vez el mismo día, hasta enfrentar al sexto de los Fatui, casi convertido en un dios… Sumeru superó todas mis expectativas - Aether se rió amargamente.
-En pocas palabras... -
-…Ya, ya, sí, Sumeru estuvo mal - Aether soltó otro suspiro, aceptando lo que en el fondo ya sabía. La nación de la sabiduría había sido una prueba de resistencia mental y emocional.
-¿Y cuánto tiempo se quedarán? -
-Con Paimon queremos quedarnos unos nueve días aquí y luego empezar nuestro viaje hacia Fontaine - Aether despegó su rostro, mirando a los ojos de su pareja.
-¿Y de eso, cuándo vuelven? - Diluc acarició con ternura la mejilla del rubio, quien volvió a recostarse sobre él, buscando el calor de su cuerpo.
-Esperemos que Fontaine no sea tan de locos como Sumeru - suspiró divertido, aunque realmente la nación de la sabiduría le había comido el cerebro.
Hubo un momento de silencio cómodo, solo roto por el suave murmullo de la conversación de abajo. Diluc, con su mirada fija en el cabello dorado de Aether, recordó algo. -En tu carta mencionaste que encontraste algo de información sobre tu hermana, ¿qué es? -
Aether levantó la cabeza, una expresión de confusión en su rostro. -¿Carta? ¿Qué carta? -
-La carta donde avisaste que venían para acá -
-Yo no recuerdo haber escrito una… a menos que haya sido Paimon o cuando tomé de más en la taberna de Sumeru… Pero ya no importa. Y pues sí, me contaron algo bastante interesante por ahí - Aether se removió incómodo, el brillo en sus ojos atenuándose.
Tomó un suspiro, tratando de no quebrarse mientras soltaba las palabras. -Solo… no le digas a nadie, ¿bien?… Cuando ya "rescaté" a la Arconte Dendro, me reveló algo muy importante. Yo soy el cuarto Descendido en Teyvat, y ella cree que el primero es el que está en la Orden Celestial. Pero aparte de eso… me dijo que Lumine está en el Irminsul. Está… cómo decirlo, "registrada" en el corazón de Teyvat y ella no forma parte de los Descendidos. Pero eso no tiene sentido… -
Aether se desahogó con su pareja, recostándose en el pecho del pelirrojo, soltando un suspiro tembloroso. Las palabras se atropellaban en su mente, la información era abrumadora, y el peso de ella se sentía más ligero al compartirla con Diluc.
Diluc lo abrazó con más fuerza, su mano subiendo y bajando por la espalda de Aether en un gesto consolador. -Te conozco, Aether. ¿Qué más pasó? -
El pelirrojo acariciaba con ternura y paciencia la cadera de este, que aún reposaba en sus piernas, comprendiendo que todo esto no era fácil para el más pequeño. Sabía que había algo más, una pieza del rompecabezas que Aether aún no había revelado. La forma en que Aether había hablado del Irminsul, de Lumine, de los Descendidos… era una carga pesada para cualquiera, y mucho más para alguien tan sensible como él.
Aether dudó por un momento, las palabras atascadas en su garganta. El recuerdo era vívido, doloroso. -Antes de viajar hasta Mondstadt, me encontré con alguien conocido y con él tuve un sueño bastante fuerte… Mejor dicho, un recuerdo de Lumine… Ella conoció al creador del Abismo y no fue bonita su experiencia -
La voz de Aether se quebró al final, y Diluc sintió un nudo en el estómago. El Abismo… esa era una palabra que siempre traía consigo un aura de oscuridad y peligro. Conociendo a Lumine y su conexión con Aether, sabía que cualquier cosa que le hubiera pasado en ese lugar sería devastadora para su hermano.
Diluc apretó los labios, una expresión de preocupación surcando su rostro. -¿El creador del Abismo? ¿Quién es? ¿Y qué le pasó a Lumine? - Su voz era baja, pero teñida de una urgencia que no pudo ocultar.
Aether negó con la cabeza, su rostro hundido en el pecho de Diluc. -No lo sé… o al menos, no sé si quiero saberlo todo. El recuerdo no fue del todo claro, fue como si estuviera viendo a través de un velo. Pero vi a Lumine… estaba… estaba sufriendo. Y el hombre… era poderoso, oscuro. Habló de un mundo diferente, de una verdad oculta. Dijo que Lumine… que ella había sido elegida. Elegida para algo terrible -
Las palabras de Aether resonaron en el silencio de la taberna, cargadas de una angustia palpable. Diluc sintió la necesidad de protegerlo, de alejarlo de ese dolor, de esa carga. Pero sabía que no podía. La búsqueda de Lumine era el propósito de Aether, su razón de ser en Teyvat.
-¿Y qué dijo la Arconte Dendro sobre esto? ¿Sabe algo más? - preguntó Diluc, tratando de mantener la compostura.
-Nahida… ella dijo que el Irminsul es el árbol de la vida de Teyvat, el registro de todo lo que ha sucedido. Y que si Lumine está "registrada" allí, significa que es parte intrínseca de este mundo, no una forastera como yo. Pero que no sea una Descendida… eso es lo que no entiendo. Se supone que somos gemelos, que llegamos juntos. ¿Cómo es posible que ella sea de aquí y yo no? - Aether levantó la cabeza, sus ojos dorados llenos de confusión y una pizca de desesperación.
Diluc acarició el cabello de Aether, tratando de encontrar las palabras adecuadas. -El mundo de Teyvat esconde muchos secretos, Aether. Y los Arcontes… ellos también tienen sus propias agendas, sus propias verdades. Quizás lo que Nahida te dijo sea solo una parte de la verdad, o quizás hay algo más profundo que ni siquiera ella comprende del todo -
-Pero si Lumine no es una Descendida… entonces, ¿qué es? ¿Y por qué el creador del Abismo la eligió? ¿Para qué? - Las preguntas se agolpaban en la mente de Aether, sin encontrar respuesta.
-Quizás… quizás el Abismo tiene una forma de manipular el Irminsul, de alterar la historia, de reescribir la verdad - sugirió Diluc, su mente trabajando a toda velocidad, tratando de encontrar una explicación lógica en medio de lo ilógico. -Hemos visto cómo el Abismo puede corromper, distorsionar. ¿Por qué no la historia misma? -
Aether se quedó en silencio, procesando las palabras de Diluc. La idea era aterradora, pero a la vez, ofrecía una pizca de esperanza. Si el Abismo había manipulado el Irminsul, entonces la verdad sobre Lumine podría ser diferente a lo que Nahida le había dicho.
-Si eso es cierto… entonces, ¿cómo puedo saber la verdad? ¿Cómo puedo encontrar a Lumine si su propia existencia ha sido alterada? - Su voz era un susurro, cargado de una profunda tristeza.
Diluc lo abrazó con más fuerza, recostando su barbilla en la cabeza de Aether. -No te rindas, Aether. Siempre hay una forma. Y yo estaré contigo. No importa lo que tengas que enfrentar, no importa cuán oscuro sea el camino, no estarás solo -
Aether se aferró a Diluc, sintiendo el calor de su cuerpo, la solidez de su presencia. Las palabras de Diluc eran un ancla en medio de la tormenta de sus pensamientos. Sabía que Diluc no podía resolver sus problemas, pero su apoyo incondicional era un bálsamo para su alma.
-Gracias, Diluc - susurró Aether, su voz ahogada por la emoción. -No sé qué haría sin ti -
Diluc sonrió suavemente, besando la cabeza de Aether. -No tienes que saberlo. Solo tienes que saber que estoy aquí -
El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez era un silencio reconfortante, lleno de comprensión y amor. Aether se permitió cerrar los ojos, dejando que la calma de Diluc lo envolviera, aliviando el peso de sus preocupaciones, aunque solo fuera por un momento.
Sabía que el camino por delante sería largo y difícil. Se enfrentaría a verdades dolorosas, a enemigos poderosos, a los misterios más profundos de Teyvat. Pero con Diluc a su lado, sabía que tenía la fuerza para seguir adelante, para encontrar a Lumine, para desentrañar la verdad, sin importar cuán retorcida fuera.
Después de un rato, Aether se incorporó, secándose una lágrima solitaria que había escapado de sus ojos. -Necesito un plan. Necesito saber más sobre el Irminsul, sobre los Descendidos, sobre el Abismo. Y necesito encontrar a ese "conocido" de nuevo. Él puede tener más respuestas -
Diluc asintió, su expresión seria. -Mondstadt es un buen lugar para empezar. Tenemos contactos, información. Y yo puedo ayudarte a investigar. No podemos dejar que el Abismo manipule la verdad de tu hermana -
-Pero mi viaje a Fontaine… -
-Fontaine puede esperar unos días más. Tu hermana es lo primero - dijo Diluc con firmeza. -Y cuando estés listo para ir, te ayudaré a prepararte. Pero por ahora, descansa. Y déjame cuidar de ti -
Aether sonrió, un brillo de esperanza regresando a sus ojos dorados. -Eres el mejor, Diluc -
Se inclinó y le dio un beso suave y prolongado en los labios a Diluc, un beso que prometía un futuro, un reencuentro, una verdad por descubrir. Diluc respondió con la misma intensidad, sus manos apretando la cintura de Aether, como si quisiera fusionarse con él.
Cuando se separaron, Aether se recostó de nuevo en el pecho de Diluc, sintiéndose más ligero, más esperanzado. La carga no había desaparecido por completo, pero al menos, ya no la llevaba solo. Y eso, para él, lo era todo.
Afuera, la noche de Mondstadt se cernía sobre la ciudad, las estrellas brillando con una intensidad lejana. Pero dentro de la taberna, en el segundo piso, el amor y la esperanza ardían con una luz cálida y constante, listos para enfrentar cualquier oscuridad que el Abismo pudiera arrojarles.
***
A la mañana siguiente, Aether se despertó en la cama de Diluc, el sol de la mañana filtrándose por la ventana. Se estiró, sintiendo un dolor familiar en los músculos, pero también una extraña sensación de calma. Diluc no estaba a su lado, pero la cama aún conservaba su calor, su aroma.
Se levantó y se vistió, encontrando a Paimon ya despierta y revoloteando por la habitación, quejándose de hambre.
-¡Aether, finalmente te levantas! ¡Paimon tiene tanta hambre que podría comerse un Hilichurl entero! - exclamó la pequeña hada, con las manos en la cintura.
Aether sonrió, su mente aún un poco nublada por el sueño. -Buenos días, Paimon. ¿Dónde está Diluc? -
-El Sr. Diluc está abajo, haciendo el desayuno. ¡Y huele delicioso! - Paimon hizo un gesto dramático, su nariz arrugada.
Aether bajó las escaleras, el aroma a desayuno casero invadiendo sus sentidos. Encontró a Diluc en la cocina, preparando tostadas y huevos, su expresión concentrada.
-Buenos días - dijo Aether, acercándose a él y rodeándolo con los brazos por la cintura.
Diluc se sobresaltó ligeramente, pero luego se relajó, apoyándose en el abrazo de Aether. -Buenos días. Dormiste bien, por lo que veo -
-Sí, muy bien - Aether recostó su cabeza en la espalda de Diluc, disfrutando del momento. -Gracias por todo, Diluc -
-No hay de qué - Diluc se giró para besar la frente de Aether. -Ahora, siéntate. El desayuno está casi listo -
Mientras comían, Paimon no paraba de hablar de sus planes para el día, de los jugos que quería probar, de las tiendas que quería visitar. Aether escuchaba con una sonrisa, sintiendo que, a pesar de todo, podía encontrar momentos de normalidad y felicidad.
Después del desayuno, Diluc se sentó con Aether, sacando algunos mapas y libros antiguos. -He estado pensando en lo que me dijiste. Quizás deberíamos empezar por la Biblioteca de los Caballeros de Favonius. Lisa tiene acceso a muchos textos antiguos, y quizás pueda encontrar algo sobre el Irminsul o los Descendidos -
-Eso es una buena idea - Aether asintió, sintiendo una punzada de emoción. -Y también necesito encontrar a ese "conocido" de nuevo. Él me dio el recuerdo de Lumine. Si lo encuentro, quizás pueda darme más pistas -
-¿Tienes alguna idea de quién es? - preguntó Diluc, frunciendo el ceño.
Aether negó con la cabeza. -No lo sé. Fue un encuentro muy breve, en un lugar remoto en Sumeru. Pero siento que lo he visto antes, o al menos, a alguien parecido -
Diluc suspiró. -Será difícil, pero no imposible. Podemos empezar por la biblioteca y luego ver si encontramos alguna pista sobre este misterioso "conocido". Pero primero, quiero que te tomes un día para ti. Explora Mondstadt, relájate. Has pasado por mucho -
Aether sonrió, sintiendo el calor del afecto de Diluc. -Está bien. Pero mañana, quiero empezar a investigar -
-Mañana será - Diluc le dio un suave apretón en la mano.
Mientras Paimon arrastraba a Aether fuera de la taberna para explorar Mondstadt, Aether no pudo evitar sentir una mezcla de emociones. La incertidumbre sobre Lumine seguía presente, el miedo a lo que el Abismo le había hecho. Pero también había una nueva determinación, una chispa de esperanza. Con Diluc a su lado, con el apoyo de sus amigos, sabía que no importaba cuán oscuro fuera el camino, encontraría la verdad y, al final, a su hermana. El corazón de Lumine podría estar en el Irminsul, pero el de Aether latía con la promesa de reunirse con ella.
-Oh, hola Paimon - contestó al llamado y la recibió de buena forma cuando esta se abrazó de su cuello y, sin pasar mucho tiempo, sintió otro cuerpo abrazarse contra el suyo que, a diferencia de la primera, era un poco más pesado y un poco más grande.
-Hola a ti también, Aether - respondió con un toque de diversión girando su cabeza para ver al de dorada cabellera abrazado a su espalda.
-Hola, Diluc - una sonrisa fue acompañada con el saludo sin soltar el abrazo. Este mismo se giró para quedar cara a cara con el pequeño rubio, ahora él abrazándolo desde la cintura descubierta del viajero.
-Cuánto te extrañé, Diluc - habló bajo el rubio para recostar su cabeza en el pecho cubierto por el traje del pelirrojo, este mismo siendo abrazado por Paimon y por el de ojos ámbar.
-Yo también te extrañé - sus brazos lo abrazaron con fuerza al pequeño cuerpo recostando su cabeza en la cabeza del más pequeño.
-¡¿Extrañaste a Aether y no a Paimon?! ¡Qué injusto! - se quejó la hada al ver que el más alto de los dos no expresó algo de cariño hacia ella, sintiéndose ofendida por eso, pero esa queja solo fue recibida por unas risitas tanto del viajero como del pelirrojo.
-También te extrañé, Paimon - habló divertido mirando con el rabillo del ojo a la pequeña, relajando su frustración.
-Más te vale, porque Paimon sí te extrañó, mucho más que Aether -
-Oye, qué mentira - despegó su rostro del pecho del más alto para mirar a su compañera de viaje.
-No es mentira, si Paimon fue quien te hizo acuerdo de las cartas hacia el Sr. Diluc -
-Mentira, yo era quien te hacía acuerdo - empezó una pelea entre ambos que nunca dejaron de lado su abrazo con el cuerpo inmóvil de Diluc.
-Ya, silencio - dijo como orden el anterior nombrado acercándose a los labios del rubio, así obteniendo su atención.
-Si no dejan de pelear, Paimon se quedará sin ronda de jugos de esas cartas y el viajero se quedará sin pareja - fue en forma de amenaza todas sus palabras.
-Paimon se niega a dejar de jugar al Sabio de los Sapos, es adictivo ese juego - Paimon, frustrada, se cruzó de brazos soltando el abrazo en el cuello del de traje negro.
-Y yo me niego a soltarte y dejarte, primero me enfrento a los Arcontes - como si de un niño mimado se tratara, respondió Aether volviendo a recostar su rostro en el pecho de Diluc, sin soltar su agarre.
-Ustedes dos son un caso perdido - soltó divertido al ver qué resultados tuvo sus amenazas.
***
El olor a madera vieja y a vino dulce impregnaba el aire del segundo piso de la Taberna Cola de Gato, un aroma familiar y reconfortante para Aether. Se encontraba sentado en el regazo de Diluc, sus piernas colgando a los lados del pelirrojo, quien lo sostenía con firmeza por la cintura. La luz tenue de las velas proyectaba sombras danzantes en las paredes, creando una atmósfera íntima y cálida, lejos de las miradas curiosas y, a veces, acusadoras de los habitantes de Mondstadt.
Aether, en un arrebato de afecto largamente contenido, sembraba besos por el rostro y el cuello de Diluc. Cada toque era suave, tierno, una declaración silenciosa de cuánto había extrañado este contacto. Diluc, por su parte, no protestaba; simplemente se dejaba llevar, sus ojos carmesí brillando con una mezcla de diversión y satisfacción. Sus manos se aferraban a la cintura de Aether, apretando de vez en cuando, como si quisiera asegurarse de que el viajero realmente estaba allí, tangible y real.
-Extrañaba besarte - susurró Aether, su voz apenas audible entre los besos, negándose a soltar al hombre más alto.
-Extrañaba sentirte - respondió Diluc, su voz grave resonando en el pecho del rubio. Su agarre se hizo un poco más rudo, una muestra de la intensidad de sus propios sentimientos.
Los besos de Aether en su cara eran suaves y llenos de amor, avisando los labios de su contrario. Hasta ese momento, donde el de mirada ámbar tomó el control de un beso cuidadoso y cariñoso. Sus labios se movían suaves, como si de un baile lento se tratara, un compás perfecto entre el deseo y la ternura. Era un beso que hablaba de reencuentros, de promesas silenciosas y de la calma que solo encontraban el uno en el otro.
Cuando se separaron, Aether sonrió, sus ojos dorados brillando. -Eres dulce, Diluc -
-Digo lo mismo de ti, Aether - Diluc le dio un rápido beso en la mejilla al más bajo, haciendo que este soltara una risita. -Tu siguiente parada es Fontaine, ¿no? -
Aether suspiró, recostándose en el hombro del mayor. -Sí, pero me tomaré unos días de descanso. Por eso Paimon y yo estamos aquí -. Su voz llevaba un matiz de cansancio.
-¿Tan mal estuvo Sumeru? - preguntó Diluc, acariciando suavemente el cabello dorado de Aether.
-Mal no, sino que de todas las naciones que llevo visitando, Sumeru sí que fue una caja llena de sorpresas. Creía que en cualquier momento enloquecería - Aether se estremeció ligeramente al recordar.
-¿Y eso? -
-Desde entrar a un sueño que se repetía una y otra vez el mismo día, hasta enfrentar al sexto de los Fatui, casi convertido en un dios… Sumeru superó todas mis expectativas - Aether se rió amargamente.
-En pocas palabras... -
-…Ya, ya, sí, Sumeru estuvo mal - Aether soltó otro suspiro, aceptando lo que en el fondo ya sabía. La nación de la sabiduría había sido una prueba de resistencia mental y emocional.
-¿Y cuánto tiempo se quedarán? -
-Con Paimon queremos quedarnos unos nueve días aquí y luego empezar nuestro viaje hacia Fontaine - Aether despegó su rostro, mirando a los ojos de su pareja.
-¿Y de eso, cuándo vuelven? - Diluc acarició con ternura la mejilla del rubio, quien volvió a recostarse sobre él, buscando el calor de su cuerpo.
-Esperemos que Fontaine no sea tan de locos como Sumeru - suspiró divertido, aunque realmente la nación de la sabiduría le había comido el cerebro.
Hubo un momento de silencio cómodo, solo roto por el suave murmullo de la conversación de abajo. Diluc, con su mirada fija en el cabello dorado de Aether, recordó algo. -En tu carta mencionaste que encontraste algo de información sobre tu hermana, ¿qué es? -
Aether levantó la cabeza, una expresión de confusión en su rostro. -¿Carta? ¿Qué carta? -
-La carta donde avisaste que venían para acá -
-Yo no recuerdo haber escrito una… a menos que haya sido Paimon o cuando tomé de más en la taberna de Sumeru… Pero ya no importa. Y pues sí, me contaron algo bastante interesante por ahí - Aether se removió incómodo, el brillo en sus ojos atenuándose.
Tomó un suspiro, tratando de no quebrarse mientras soltaba las palabras. -Solo… no le digas a nadie, ¿bien?… Cuando ya "rescaté" a la Arconte Dendro, me reveló algo muy importante. Yo soy el cuarto Descendido en Teyvat, y ella cree que el primero es el que está en la Orden Celestial. Pero aparte de eso… me dijo que Lumine está en el Irminsul. Está… cómo decirlo, "registrada" en el corazón de Teyvat y ella no forma parte de los Descendidos. Pero eso no tiene sentido… -
Aether se desahogó con su pareja, recostándose en el pecho del pelirrojo, soltando un suspiro tembloroso. Las palabras se atropellaban en su mente, la información era abrumadora, y el peso de ella se sentía más ligero al compartirla con Diluc.
Diluc lo abrazó con más fuerza, su mano subiendo y bajando por la espalda de Aether en un gesto consolador. -Te conozco, Aether. ¿Qué más pasó? -
El pelirrojo acariciaba con ternura y paciencia la cadera de este, que aún reposaba en sus piernas, comprendiendo que todo esto no era fácil para el más pequeño. Sabía que había algo más, una pieza del rompecabezas que Aether aún no había revelado. La forma en que Aether había hablado del Irminsul, de Lumine, de los Descendidos… era una carga pesada para cualquiera, y mucho más para alguien tan sensible como él.
Aether dudó por un momento, las palabras atascadas en su garganta. El recuerdo era vívido, doloroso. -Antes de viajar hasta Mondstadt, me encontré con alguien conocido y con él tuve un sueño bastante fuerte… Mejor dicho, un recuerdo de Lumine… Ella conoció al creador del Abismo y no fue bonita su experiencia -
La voz de Aether se quebró al final, y Diluc sintió un nudo en el estómago. El Abismo… esa era una palabra que siempre traía consigo un aura de oscuridad y peligro. Conociendo a Lumine y su conexión con Aether, sabía que cualquier cosa que le hubiera pasado en ese lugar sería devastadora para su hermano.
Diluc apretó los labios, una expresión de preocupación surcando su rostro. -¿El creador del Abismo? ¿Quién es? ¿Y qué le pasó a Lumine? - Su voz era baja, pero teñida de una urgencia que no pudo ocultar.
Aether negó con la cabeza, su rostro hundido en el pecho de Diluc. -No lo sé… o al menos, no sé si quiero saberlo todo. El recuerdo no fue del todo claro, fue como si estuviera viendo a través de un velo. Pero vi a Lumine… estaba… estaba sufriendo. Y el hombre… era poderoso, oscuro. Habló de un mundo diferente, de una verdad oculta. Dijo que Lumine… que ella había sido elegida. Elegida para algo terrible -
Las palabras de Aether resonaron en el silencio de la taberna, cargadas de una angustia palpable. Diluc sintió la necesidad de protegerlo, de alejarlo de ese dolor, de esa carga. Pero sabía que no podía. La búsqueda de Lumine era el propósito de Aether, su razón de ser en Teyvat.
-¿Y qué dijo la Arconte Dendro sobre esto? ¿Sabe algo más? - preguntó Diluc, tratando de mantener la compostura.
-Nahida… ella dijo que el Irminsul es el árbol de la vida de Teyvat, el registro de todo lo que ha sucedido. Y que si Lumine está "registrada" allí, significa que es parte intrínseca de este mundo, no una forastera como yo. Pero que no sea una Descendida… eso es lo que no entiendo. Se supone que somos gemelos, que llegamos juntos. ¿Cómo es posible que ella sea de aquí y yo no? - Aether levantó la cabeza, sus ojos dorados llenos de confusión y una pizca de desesperación.
Diluc acarició el cabello de Aether, tratando de encontrar las palabras adecuadas. -El mundo de Teyvat esconde muchos secretos, Aether. Y los Arcontes… ellos también tienen sus propias agendas, sus propias verdades. Quizás lo que Nahida te dijo sea solo una parte de la verdad, o quizás hay algo más profundo que ni siquiera ella comprende del todo -
-Pero si Lumine no es una Descendida… entonces, ¿qué es? ¿Y por qué el creador del Abismo la eligió? ¿Para qué? - Las preguntas se agolpaban en la mente de Aether, sin encontrar respuesta.
-Quizás… quizás el Abismo tiene una forma de manipular el Irminsul, de alterar la historia, de reescribir la verdad - sugirió Diluc, su mente trabajando a toda velocidad, tratando de encontrar una explicación lógica en medio de lo ilógico. -Hemos visto cómo el Abismo puede corromper, distorsionar. ¿Por qué no la historia misma? -
Aether se quedó en silencio, procesando las palabras de Diluc. La idea era aterradora, pero a la vez, ofrecía una pizca de esperanza. Si el Abismo había manipulado el Irminsul, entonces la verdad sobre Lumine podría ser diferente a lo que Nahida le había dicho.
-Si eso es cierto… entonces, ¿cómo puedo saber la verdad? ¿Cómo puedo encontrar a Lumine si su propia existencia ha sido alterada? - Su voz era un susurro, cargado de una profunda tristeza.
Diluc lo abrazó con más fuerza, recostando su barbilla en la cabeza de Aether. -No te rindas, Aether. Siempre hay una forma. Y yo estaré contigo. No importa lo que tengas que enfrentar, no importa cuán oscuro sea el camino, no estarás solo -
Aether se aferró a Diluc, sintiendo el calor de su cuerpo, la solidez de su presencia. Las palabras de Diluc eran un ancla en medio de la tormenta de sus pensamientos. Sabía que Diluc no podía resolver sus problemas, pero su apoyo incondicional era un bálsamo para su alma.
-Gracias, Diluc - susurró Aether, su voz ahogada por la emoción. -No sé qué haría sin ti -
Diluc sonrió suavemente, besando la cabeza de Aether. -No tienes que saberlo. Solo tienes que saber que estoy aquí -
El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez era un silencio reconfortante, lleno de comprensión y amor. Aether se permitió cerrar los ojos, dejando que la calma de Diluc lo envolviera, aliviando el peso de sus preocupaciones, aunque solo fuera por un momento.
Sabía que el camino por delante sería largo y difícil. Se enfrentaría a verdades dolorosas, a enemigos poderosos, a los misterios más profundos de Teyvat. Pero con Diluc a su lado, sabía que tenía la fuerza para seguir adelante, para encontrar a Lumine, para desentrañar la verdad, sin importar cuán retorcida fuera.
Después de un rato, Aether se incorporó, secándose una lágrima solitaria que había escapado de sus ojos. -Necesito un plan. Necesito saber más sobre el Irminsul, sobre los Descendidos, sobre el Abismo. Y necesito encontrar a ese "conocido" de nuevo. Él puede tener más respuestas -
Diluc asintió, su expresión seria. -Mondstadt es un buen lugar para empezar. Tenemos contactos, información. Y yo puedo ayudarte a investigar. No podemos dejar que el Abismo manipule la verdad de tu hermana -
-Pero mi viaje a Fontaine… -
-Fontaine puede esperar unos días más. Tu hermana es lo primero - dijo Diluc con firmeza. -Y cuando estés listo para ir, te ayudaré a prepararte. Pero por ahora, descansa. Y déjame cuidar de ti -
Aether sonrió, un brillo de esperanza regresando a sus ojos dorados. -Eres el mejor, Diluc -
Se inclinó y le dio un beso suave y prolongado en los labios a Diluc, un beso que prometía un futuro, un reencuentro, una verdad por descubrir. Diluc respondió con la misma intensidad, sus manos apretando la cintura de Aether, como si quisiera fusionarse con él.
Cuando se separaron, Aether se recostó de nuevo en el pecho de Diluc, sintiéndose más ligero, más esperanzado. La carga no había desaparecido por completo, pero al menos, ya no la llevaba solo. Y eso, para él, lo era todo.
Afuera, la noche de Mondstadt se cernía sobre la ciudad, las estrellas brillando con una intensidad lejana. Pero dentro de la taberna, en el segundo piso, el amor y la esperanza ardían con una luz cálida y constante, listos para enfrentar cualquier oscuridad que el Abismo pudiera arrojarles.
***
A la mañana siguiente, Aether se despertó en la cama de Diluc, el sol de la mañana filtrándose por la ventana. Se estiró, sintiendo un dolor familiar en los músculos, pero también una extraña sensación de calma. Diluc no estaba a su lado, pero la cama aún conservaba su calor, su aroma.
Se levantó y se vistió, encontrando a Paimon ya despierta y revoloteando por la habitación, quejándose de hambre.
-¡Aether, finalmente te levantas! ¡Paimon tiene tanta hambre que podría comerse un Hilichurl entero! - exclamó la pequeña hada, con las manos en la cintura.
Aether sonrió, su mente aún un poco nublada por el sueño. -Buenos días, Paimon. ¿Dónde está Diluc? -
-El Sr. Diluc está abajo, haciendo el desayuno. ¡Y huele delicioso! - Paimon hizo un gesto dramático, su nariz arrugada.
Aether bajó las escaleras, el aroma a desayuno casero invadiendo sus sentidos. Encontró a Diluc en la cocina, preparando tostadas y huevos, su expresión concentrada.
-Buenos días - dijo Aether, acercándose a él y rodeándolo con los brazos por la cintura.
Diluc se sobresaltó ligeramente, pero luego se relajó, apoyándose en el abrazo de Aether. -Buenos días. Dormiste bien, por lo que veo -
-Sí, muy bien - Aether recostó su cabeza en la espalda de Diluc, disfrutando del momento. -Gracias por todo, Diluc -
-No hay de qué - Diluc se giró para besar la frente de Aether. -Ahora, siéntate. El desayuno está casi listo -
Mientras comían, Paimon no paraba de hablar de sus planes para el día, de los jugos que quería probar, de las tiendas que quería visitar. Aether escuchaba con una sonrisa, sintiendo que, a pesar de todo, podía encontrar momentos de normalidad y felicidad.
Después del desayuno, Diluc se sentó con Aether, sacando algunos mapas y libros antiguos. -He estado pensando en lo que me dijiste. Quizás deberíamos empezar por la Biblioteca de los Caballeros de Favonius. Lisa tiene acceso a muchos textos antiguos, y quizás pueda encontrar algo sobre el Irminsul o los Descendidos -
-Eso es una buena idea - Aether asintió, sintiendo una punzada de emoción. -Y también necesito encontrar a ese "conocido" de nuevo. Él me dio el recuerdo de Lumine. Si lo encuentro, quizás pueda darme más pistas -
-¿Tienes alguna idea de quién es? - preguntó Diluc, frunciendo el ceño.
Aether negó con la cabeza. -No lo sé. Fue un encuentro muy breve, en un lugar remoto en Sumeru. Pero siento que lo he visto antes, o al menos, a alguien parecido -
Diluc suspiró. -Será difícil, pero no imposible. Podemos empezar por la biblioteca y luego ver si encontramos alguna pista sobre este misterioso "conocido". Pero primero, quiero que te tomes un día para ti. Explora Mondstadt, relájate. Has pasado por mucho -
Aether sonrió, sintiendo el calor del afecto de Diluc. -Está bien. Pero mañana, quiero empezar a investigar -
-Mañana será - Diluc le dio un suave apretón en la mano.
Mientras Paimon arrastraba a Aether fuera de la taberna para explorar Mondstadt, Aether no pudo evitar sentir una mezcla de emociones. La incertidumbre sobre Lumine seguía presente, el miedo a lo que el Abismo le había hecho. Pero también había una nueva determinación, una chispa de esperanza. Con Diluc a su lado, con el apoyo de sus amigos, sabía que no importaba cuán oscuro fuera el camino, encontraría la verdad y, al final, a su hermana. El corazón de Lumine podría estar en el Irminsul, pero el de Aether latía con la promesa de reunirse con ella.
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