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Veneno Congelado
Фандом: Bleach
Создан: 28.01.2026
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РомантикаДрамаАнгстФэнтезиЭкшнCharacter studyСоулмейтыСеттинг оригинального произведенияHurt/ComfortПовседневность
El Eco de un Beso Prohibido
El aire del Seireitei se había vuelto denso, cargado con el hedor de la traición y la desesperación. La figura de Aizen Sōsuke, antaño un pilar de la Sociedad de Almas, se cernía sobre ellos como una sombra ominosa, sus palabras envenenando la ya frágil paz. En medio de este caos, Soi Fon, la capitana de la Segunda División, se movía con la furia contenida de un depredador herido. Su misión era clara: detener a los traidores, purgar la mancha que Aizen había dejado. Pero su camino se cruzó con un fantasma de su pasado, una visión que encendió una furia aún más profunda en su ya atribulado corazón.
Era Kora Hitsugaya.
El reencuentro no fue en un campo de batalla abierto, sino en la penumbra opresiva de un bosque cercano a los confines del Seireitei, donde los árboles centenarios parecían retener el aliento. Soi Fon la vio primero, una silueta familiar y a la vez extraña, con el cabello blanco largo ondeando al viento y esos ojos azules intensos que una vez la habían consumido. Su presencia era un golpe directo a la herida más profunda de Soi Fon.
"Kora Hitsugaya," siseó Soi Fon, su voz apenas un susurro cargado de veneno. Su shikai, Suzumebachi, ya estaba en su mano, la pequeña hoja dorada brillando con un anhelo letal. "Creí que la Sociedad de Almas se había librado de tu escoria hace mucho tiempo."
Kora se giró, sus ojos encontrándose con los de Soi Fon. No había sorpresa en su rostro, solo una melancolía que la capitana se negó a reconocer. "Soi Fon," respondió Kora, su voz más suave de lo que Soi Fon recordaba, pero con una resonancia que aún la hacía temblar. "Parece que el destino tiene un retorcido sentido del humor."
"No hay destino, solo traición," escupió Soi Fon, lanzándose hacia adelante con una velocidad cegadora. No había preámbulos, no había negociaciones. Solo la necesidad imperiosa de borrar esa imagen de su mente, de castigarla por el abandono, por el dolor que había dejado.
El primer golpe de Suzumebachi fue una estocada precisa, dirigida al corazón. Kora lo bloqueó con la empuñadura de su zanpakutō, una lanza elegante y formidable que emanaba un frío sutil. El choque de metales resonó en el bosque, un preludio a la tormenta que se desataba.
"¡No te atrevas a interponerte en mi camino, traidora!" gritó Soi Fon, su voz quebrándose con una emoción que rara vez permitía aflorar. Sus movimientos eran una danza mortal de velocidad y precisión, cada golpe diseñado para ser fatal. No había piedad en sus ojos dorados, solo una furia helada.
Kora se movía con una agilidad impresionante, esquivando y bloqueando, pero sin devolver un solo golpe ofensivo. Su postura era defensiva, sus ojos fijos en Soi Fon, escrutando, buscando algo que Soi Fon no estaba dispuesta a mostrar.
"No quiero pelear contigo, Soi Fon," dijo Kora, su voz teñida de un cansancio que a Soi Fon le pareció una provocación.
"¡Mentira!" rugió Soi Fon, su técnica de Shunpo llevándola alrededor de Kora en un borrón de movimiento. "Siempre te gustó el juego, ¿no es así? Siempre disfrutando de verme sufrir." El segundo golpe de Suzumebachi fue a la garganta, una amenaza mortal que Kora desvió por poco.
El resentimiento de Soi Fon era un torbellino, una amalgama de años de dolor, de preguntas sin respuesta y de un amor que se había transformado en una herida abierta. Kora, su antigua mentora, su amiga, su... todo, la había abandonado sin una palabra, desapareciendo en la noche para convertirse en una Visored. La traición de Aizen solo reabrió esa vieja herida, mezclando el pasado con el presente en un cóctel explosivo.
Soi Fon intensificó su ataque, su shikai buscando el mismo punto dos veces, la marca mortal que Suzumebachi dejaba. Kora, por su parte, se limitaba a desviar, a protegerse, sus movimientos defensivos eran fluidos y poderosos, pero su renuencia a atacar era evidente. Esto solo enfurecía más a Soi Fon. ¿Acaso Kora pensaba que era débil? ¿Que no era digna de su fuerza?
"¡Lucha en serio, cobarde!" gritó Soi Fon, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas. "¡Enfréntame como un igual, o te juro que te haré pedazos!"
Kora suspiró, un sonido casi inaudible que Soi Fon sintió en lo más profundo de su ser. "No puedo, Soi Fon. No puedo hacerte daño."
Esa declaración fue la gota que colmó el vaso. "¡Entonces muere!" exclamó Soi Fon, lanzando una serie de ataques implacables, sus movimientos un torbellino de acero y velocidad. Kora se vio obligada a retroceder, sus defensas cediendo bajo la presión incesante. Soi Fon aprovechó una apertura, un instante de duda en los ojos de Kora, y lanzó una patada poderosa que envió a Kora al suelo.
Kora aterrizó con un gruñido, su espalda golpeando contra la raíz expuesta de un árbol. Soi Fon no le dio tregua. Se abalanzó, Suzumebachi lista para el golpe final, la hoja dorada apuntando directamente al pecho de Kora, al corazón que una vez había creído suyo.
"¡Esto es por Yoruichi!" Soi Fon siseó, su voz cargada con el peso de innumerables noches de soledad. "¡Esto es por tu traición! ¡Por todo lo que nos quitaste!"
La hoja descendió, un flash dorado prometiendo el olvido. Pero en ese instante, algo cambió. Kora, con una rapidez asombrosa que Soi Fon había olvidado, giró sobre sí misma. Sus piernas se enredaron alrededor de las de Soi Fon, desequilibrándola. Antes de que Soi Fon pudiera reaccionar, Kora la jaló hacia abajo, el impacto suave pero suficiente para desarmarla por un momento.
Soi Fon cayó sobre Kora, sus cuerpos enredados en el suelo cubierto de hojas. La respiración de Soi Fon se aceleró, sus ojos dorados fijos en los azules de Kora, que ahora brillaban con una intensidad diferente, una que no había visto en años.
"No vas a matarme, Soi Fon," susurró Kora, su voz grave y cargada de una emoción que Soi Fon no pudo descifrar.
Y antes de que Soi Fon pudiera pronunciar una palabra, antes de que pudiera registrar lo que estaba sucediendo, Kora la besó.
No fue un beso suave, ni tentativo. Fue salvaje, desesperado, hambriento. Los labios de Kora se estrellaron contra los de Soi Fon con una ferocidad que la dejó sin aliento. Las manos de Kora se enredaron en el cabello de Soi Fon, tirando ligeramente, profundizando el beso.
Soi Fon se quedó paralizada, su mente luchando por procesar la avalancha de sensaciones. El calor de los labios de Kora, la familiaridad de su aliento, el sabor de su boca... Era como si el tiempo se hubiera detenido, y el mundo entero se hubiera reducido a ese único punto de contacto.
Al principio, Soi Fon se resistió. Sus manos se apoyaron en el pecho de Kora, intentando empujarla. Un gruñido de protesta escapó de su garganta, pero Kora no la soltó. Por el contrario, intensificó el beso, moviendo sus labios con una urgencia que Soi Fon no pudo ignorar.
Y entonces, sin que Soi Fon lo quisiera, sin que lo permitiera realmente, su resistencia comenzó a desmoronarse. Era como si una presa, construida con años de dolor y negación, finalmente cediera bajo la presión de un torrente de emociones. El resentimiento, la ira, la traición... todo se desvaneció, reemplazado por una oleada de recuerdos, de anhelos enterrados, de una conexión que nunca había desaparecido del todo.
Sus dedos, que antes intentaban empujar, se cerraron en la tela del uniforme de Kora, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ello. Sus labios respondieron, torpes al principio, luego con una pasión que la sorprendió a ella misma. La respiración de Soi Fon se volvió errática, un jadeo ahogado en el beso.
Kora se separó ligeramente, solo lo suficiente para mirarla a los ojos, sus frentes todavía juntas. Sus ojos azules estaban empañados, pero brillaban con una mezcla de triunfo y vulnerabilidad. "Lo sabía," susurró Kora, su voz ronca. "Sabía que no me habías olvidado."
Soi Fon no pudo hablar. Su corazón latía desbocado en su pecho, su mente en un torbellino. La vergüenza y la ira luchaban con una oleada de alivio y deseo que la abrumaba. ¿Cómo podía Kora, después de todo este tiempo, después de todo el dolor, tener este poder sobre ella?
Se incorporó bruscamente, apartándose de Kora con un movimiento brusco. Su rostro estaba sonrojado, sus ojos dorados brillaban con una mezcla de furia y confusión. Se puso de pie, enderezando su uniforme con manos temblorosas.
"¡No te atrevas!" siseó Soi Fon, su voz apenas un hilo. "¡No te atrevas a pensar que un miserable beso puede borrar años de traición!"
Kora se levantó con una sonrisa ladeada, aunque sus ojos seguían mostrando esa melancolía. "No borra nada, Soi Fon. Solo te recuerda lo que siempre ha estado ahí."
"¡Cállate!" Soi Fon sacó a Suzumebachi nuevamente, apuntando la hoja a Kora, pero esta vez, la intención asesina había desaparecido, reemplazada por una rabia impotente. "¡No te confundas, Hitsugaya! Eres una traidora, una Visored, y mi deber es detenerte."
Kora solo sonrió, una sonrisa que irritó a Soi Fon hasta el tuétano. "Y yo soy la mujer que no puedes dejar de desear, Soi Fon. No importa cuánto lo intentes."
"¡Estúpida!" Soi Fon se lanzó hacia adelante, pero esta vez, no para atacar con intención de matar, sino para empujar, para crear distancia, para negar la verdad de las palabras de Kora.
Kora la atrapó fácilmente, sus manos fuertes envolviendo las muñecas de Soi Fon. "No puedes huir de esto, Soi Fon. No de mí."
"¡Suéltame!" Soi Fon luchó, pero la fuerza de Kora era inquebrantable. "¡Te arrepentirás de este día, Kora Hitsugaya!"
"Tal vez," Kora respondió, sus ojos fijos en los de Soi Fon. "Pero no de ese beso."
El aire entre ellas vibraba con una tensión palpable, una mezcla de odio y deseo, de resentimiento y anhelo. La traición de Aizen Sōsuke había puesto en marcha una serie de eventos que cambiarían el destino de la Sociedad de Almas, pero para Soi Fon, el verdadero cataclismo acababa de comenzar. Kora había regresado, y con ella, un torbellino de emociones que Soi Fon había creído enterradas para siempre.
Esta era solo la primera chispa. El camino por delante estaría lleno de batallas, no solo contra los enemigos externos, sino contra los demonios internos que Kora despertaba en Soi Fon. Sería una lucha constante, un tira y afloja entre el deber y el deseo, entre el odio y el amor. Pero una cosa era segura: el eco de ese beso, salvaje y prohibido, resonaría en el corazón de Soi Fon mucho después de que el caos de la traición de Aizen se hubiera calmado. Y ese, para Soi Fon, era el verdadero infierno.
Era Kora Hitsugaya.
El reencuentro no fue en un campo de batalla abierto, sino en la penumbra opresiva de un bosque cercano a los confines del Seireitei, donde los árboles centenarios parecían retener el aliento. Soi Fon la vio primero, una silueta familiar y a la vez extraña, con el cabello blanco largo ondeando al viento y esos ojos azules intensos que una vez la habían consumido. Su presencia era un golpe directo a la herida más profunda de Soi Fon.
"Kora Hitsugaya," siseó Soi Fon, su voz apenas un susurro cargado de veneno. Su shikai, Suzumebachi, ya estaba en su mano, la pequeña hoja dorada brillando con un anhelo letal. "Creí que la Sociedad de Almas se había librado de tu escoria hace mucho tiempo."
Kora se giró, sus ojos encontrándose con los de Soi Fon. No había sorpresa en su rostro, solo una melancolía que la capitana se negó a reconocer. "Soi Fon," respondió Kora, su voz más suave de lo que Soi Fon recordaba, pero con una resonancia que aún la hacía temblar. "Parece que el destino tiene un retorcido sentido del humor."
"No hay destino, solo traición," escupió Soi Fon, lanzándose hacia adelante con una velocidad cegadora. No había preámbulos, no había negociaciones. Solo la necesidad imperiosa de borrar esa imagen de su mente, de castigarla por el abandono, por el dolor que había dejado.
El primer golpe de Suzumebachi fue una estocada precisa, dirigida al corazón. Kora lo bloqueó con la empuñadura de su zanpakutō, una lanza elegante y formidable que emanaba un frío sutil. El choque de metales resonó en el bosque, un preludio a la tormenta que se desataba.
"¡No te atrevas a interponerte en mi camino, traidora!" gritó Soi Fon, su voz quebrándose con una emoción que rara vez permitía aflorar. Sus movimientos eran una danza mortal de velocidad y precisión, cada golpe diseñado para ser fatal. No había piedad en sus ojos dorados, solo una furia helada.
Kora se movía con una agilidad impresionante, esquivando y bloqueando, pero sin devolver un solo golpe ofensivo. Su postura era defensiva, sus ojos fijos en Soi Fon, escrutando, buscando algo que Soi Fon no estaba dispuesta a mostrar.
"No quiero pelear contigo, Soi Fon," dijo Kora, su voz teñida de un cansancio que a Soi Fon le pareció una provocación.
"¡Mentira!" rugió Soi Fon, su técnica de Shunpo llevándola alrededor de Kora en un borrón de movimiento. "Siempre te gustó el juego, ¿no es así? Siempre disfrutando de verme sufrir." El segundo golpe de Suzumebachi fue a la garganta, una amenaza mortal que Kora desvió por poco.
El resentimiento de Soi Fon era un torbellino, una amalgama de años de dolor, de preguntas sin respuesta y de un amor que se había transformado en una herida abierta. Kora, su antigua mentora, su amiga, su... todo, la había abandonado sin una palabra, desapareciendo en la noche para convertirse en una Visored. La traición de Aizen solo reabrió esa vieja herida, mezclando el pasado con el presente en un cóctel explosivo.
Soi Fon intensificó su ataque, su shikai buscando el mismo punto dos veces, la marca mortal que Suzumebachi dejaba. Kora, por su parte, se limitaba a desviar, a protegerse, sus movimientos defensivos eran fluidos y poderosos, pero su renuencia a atacar era evidente. Esto solo enfurecía más a Soi Fon. ¿Acaso Kora pensaba que era débil? ¿Que no era digna de su fuerza?
"¡Lucha en serio, cobarde!" gritó Soi Fon, sus ojos brillando con lágrimas no derramadas. "¡Enfréntame como un igual, o te juro que te haré pedazos!"
Kora suspiró, un sonido casi inaudible que Soi Fon sintió en lo más profundo de su ser. "No puedo, Soi Fon. No puedo hacerte daño."
Esa declaración fue la gota que colmó el vaso. "¡Entonces muere!" exclamó Soi Fon, lanzando una serie de ataques implacables, sus movimientos un torbellino de acero y velocidad. Kora se vio obligada a retroceder, sus defensas cediendo bajo la presión incesante. Soi Fon aprovechó una apertura, un instante de duda en los ojos de Kora, y lanzó una patada poderosa que envió a Kora al suelo.
Kora aterrizó con un gruñido, su espalda golpeando contra la raíz expuesta de un árbol. Soi Fon no le dio tregua. Se abalanzó, Suzumebachi lista para el golpe final, la hoja dorada apuntando directamente al pecho de Kora, al corazón que una vez había creído suyo.
"¡Esto es por Yoruichi!" Soi Fon siseó, su voz cargada con el peso de innumerables noches de soledad. "¡Esto es por tu traición! ¡Por todo lo que nos quitaste!"
La hoja descendió, un flash dorado prometiendo el olvido. Pero en ese instante, algo cambió. Kora, con una rapidez asombrosa que Soi Fon había olvidado, giró sobre sí misma. Sus piernas se enredaron alrededor de las de Soi Fon, desequilibrándola. Antes de que Soi Fon pudiera reaccionar, Kora la jaló hacia abajo, el impacto suave pero suficiente para desarmarla por un momento.
Soi Fon cayó sobre Kora, sus cuerpos enredados en el suelo cubierto de hojas. La respiración de Soi Fon se aceleró, sus ojos dorados fijos en los azules de Kora, que ahora brillaban con una intensidad diferente, una que no había visto en años.
"No vas a matarme, Soi Fon," susurró Kora, su voz grave y cargada de una emoción que Soi Fon no pudo descifrar.
Y antes de que Soi Fon pudiera pronunciar una palabra, antes de que pudiera registrar lo que estaba sucediendo, Kora la besó.
No fue un beso suave, ni tentativo. Fue salvaje, desesperado, hambriento. Los labios de Kora se estrellaron contra los de Soi Fon con una ferocidad que la dejó sin aliento. Las manos de Kora se enredaron en el cabello de Soi Fon, tirando ligeramente, profundizando el beso.
Soi Fon se quedó paralizada, su mente luchando por procesar la avalancha de sensaciones. El calor de los labios de Kora, la familiaridad de su aliento, el sabor de su boca... Era como si el tiempo se hubiera detenido, y el mundo entero se hubiera reducido a ese único punto de contacto.
Al principio, Soi Fon se resistió. Sus manos se apoyaron en el pecho de Kora, intentando empujarla. Un gruñido de protesta escapó de su garganta, pero Kora no la soltó. Por el contrario, intensificó el beso, moviendo sus labios con una urgencia que Soi Fon no pudo ignorar.
Y entonces, sin que Soi Fon lo quisiera, sin que lo permitiera realmente, su resistencia comenzó a desmoronarse. Era como si una presa, construida con años de dolor y negación, finalmente cediera bajo la presión de un torrente de emociones. El resentimiento, la ira, la traición... todo se desvaneció, reemplazado por una oleada de recuerdos, de anhelos enterrados, de una conexión que nunca había desaparecido del todo.
Sus dedos, que antes intentaban empujar, se cerraron en la tela del uniforme de Kora, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ello. Sus labios respondieron, torpes al principio, luego con una pasión que la sorprendió a ella misma. La respiración de Soi Fon se volvió errática, un jadeo ahogado en el beso.
Kora se separó ligeramente, solo lo suficiente para mirarla a los ojos, sus frentes todavía juntas. Sus ojos azules estaban empañados, pero brillaban con una mezcla de triunfo y vulnerabilidad. "Lo sabía," susurró Kora, su voz ronca. "Sabía que no me habías olvidado."
Soi Fon no pudo hablar. Su corazón latía desbocado en su pecho, su mente en un torbellino. La vergüenza y la ira luchaban con una oleada de alivio y deseo que la abrumaba. ¿Cómo podía Kora, después de todo este tiempo, después de todo el dolor, tener este poder sobre ella?
Se incorporó bruscamente, apartándose de Kora con un movimiento brusco. Su rostro estaba sonrojado, sus ojos dorados brillaban con una mezcla de furia y confusión. Se puso de pie, enderezando su uniforme con manos temblorosas.
"¡No te atrevas!" siseó Soi Fon, su voz apenas un hilo. "¡No te atrevas a pensar que un miserable beso puede borrar años de traición!"
Kora se levantó con una sonrisa ladeada, aunque sus ojos seguían mostrando esa melancolía. "No borra nada, Soi Fon. Solo te recuerda lo que siempre ha estado ahí."
"¡Cállate!" Soi Fon sacó a Suzumebachi nuevamente, apuntando la hoja a Kora, pero esta vez, la intención asesina había desaparecido, reemplazada por una rabia impotente. "¡No te confundas, Hitsugaya! Eres una traidora, una Visored, y mi deber es detenerte."
Kora solo sonrió, una sonrisa que irritó a Soi Fon hasta el tuétano. "Y yo soy la mujer que no puedes dejar de desear, Soi Fon. No importa cuánto lo intentes."
"¡Estúpida!" Soi Fon se lanzó hacia adelante, pero esta vez, no para atacar con intención de matar, sino para empujar, para crear distancia, para negar la verdad de las palabras de Kora.
Kora la atrapó fácilmente, sus manos fuertes envolviendo las muñecas de Soi Fon. "No puedes huir de esto, Soi Fon. No de mí."
"¡Suéltame!" Soi Fon luchó, pero la fuerza de Kora era inquebrantable. "¡Te arrepentirás de este día, Kora Hitsugaya!"
"Tal vez," Kora respondió, sus ojos fijos en los de Soi Fon. "Pero no de ese beso."
El aire entre ellas vibraba con una tensión palpable, una mezcla de odio y deseo, de resentimiento y anhelo. La traición de Aizen Sōsuke había puesto en marcha una serie de eventos que cambiarían el destino de la Sociedad de Almas, pero para Soi Fon, el verdadero cataclismo acababa de comenzar. Kora había regresado, y con ella, un torbellino de emociones que Soi Fon había creído enterradas para siempre.
Esta era solo la primera chispa. El camino por delante estaría lleno de batallas, no solo contra los enemigos externos, sino contra los demonios internos que Kora despertaba en Soi Fon. Sería una lucha constante, un tira y afloja entre el deber y el deseo, entre el odio y el amor. Pero una cosa era segura: el eco de ese beso, salvaje y prohibido, resonaría en el corazón de Soi Fon mucho después de que el caos de la traición de Aizen se hubiera calmado. Y ese, para Soi Fon, era el verdadero infierno.
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