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Accomplice Of Boyfriends: There Are No Mistakes!
Фандом: One Piece
Создан: 13.02.2026
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El Contrato del Novio Falso: Términos y Condiciones
Ace se despertó con un sobresalto, su cabeza golpeando el respaldo del asiento del autobús. Un hilo de baba le colgaba de la comisura de los labios. Genial. Otra siesta narcoléptica en público. Se pasó la manga por la boca, lanzando una mirada furtiva a su alrededor. Para su alivio, nadie parecía haberlo notado. O al menos, nadie que le importara.
El problema era que a Ace le importaba demasiado lo que los demás pensaran de él, especialmente cuando se trataba de comparaciones con su padre. Gol D. Roger, el legendario escritor, el alfa más ruidoso y desastroso que la universidad había conocido, y ahora, el padre más ruidoso y desastroso que Ace había tenido la (des)gracia de poseer.
"¡Ace, mi muchacho! ¡Tu padre está orgulloso de ti! ¡Conseguirás esa beca, ya verás! ¡Eres un D. después de todo!"
Esa voz. Esa maldita voz. Roger no entendía el concepto de "tono bajo". Cada vez que visitaba la universidad, Ace sentía que todo el campus se volteaba a mirarlos. Y luego venían las preguntas. Las de sus compañeros, las de sus profesores, las de los otros omegas que lo veían como "el hijo de Roger".
"¿Cómo está tu padre, Ace? ¿Ya te leíste su última novela? ¡Es brillante!"
"¿Heredaste su don para la escritura, Ace? ¡Deberías intentarlo!"
"¿Ya tienes pareja, Ace? ¡Un omega tan guapo como tú no debería estar solo!"
Esa última pregunta, de la chismosa de la cafetería, fue la gota que colmó el vaso. Ace, harto de la presión, harto de la comparación, harto de la insinuación de que era un "solterón" a los diecisiete, soltó la primera mentira que se le vino a la mente.
"¡Claro que tengo pareja! ¡Mi novio es… es… increíble!"
Y así, la bola de nieve empezó a rodar. Sus compañeros, Deuce y Masky, que conocían la nula vida amorosa de Ace, lo miraron con escepticismo.
"¿Novio? ¿Tú? ¿Ace el 'No-me-interesa-nadie'?" preguntó Deuce, con una ceja levantada.
"Sí, novio. Es… muy reservado. Y muy guapo," Ace se defendió, sintiendo cómo el calor subía por su cuello.
"¿Y no nos lo has presentado? ¿Ni una foto?" Masky, siempre el más directo, lo acorraló.
Ace sudó frío. Necesitaba pruebas. Necesitaba un novio. Uno falso, por supuesto. Uno que pudiera desaparecer tan pronto como la beca de escritura estuviera asegurada y la presión de su padre y sus compañeros disminuyera.
Su plan era simple: encontrar un tipo guapo cualquiera en la calle, pedirle una foto rápida, y listo. Sin compromiso, sin preguntas. Un plan infalible. O eso creía él.
El destino, sin embargo, tenía otros planes.
Ace lo encontró en la biblioteca. Sentado en una mesa, con gafas de lectura que resaltaban sus ojos inteligentes, y una pila de libros que harían llorar a un bibliotecario. Cabello rubio, perfectamente peinado. Una cicatriz intrigante sobre el ojo. Y una aura de sofisticación que gritaba "estudiante perfecto".
"Disculpa," Ace se acercó, sintiendo un leve nerviosismo. "Sé que esto va a sonar raro, pero… ¿podrías hacerme un favor?"
Sabo lo miró por encima de sus gafas, una expresión de fría curiosidad en su rostro. "Depende del favor."
"Necesito… necesito una foto. Contigo. Fingiendo ser mi novio." Ace soltó la verdad de golpe, sintiendo el rubor en sus mejillas. "Es para… impresionar a unos amigos."
Sabo no se rió. No se burló. Simplemente lo observó, como si Ace fuera un espécimen raro en un laboratorio. "Interesante. ¿Y qué gano yo con esto?"
Ace se quedó mudo. No había pensado en esa parte. "Uhm… ¿mi eterna gratitud?"
Sabo sonrió, una sonrisa pequeña y calculada. "No, gracias. Pero tengo una propuesta."
Y así, en un rincón apartado de la biblioteca, nació el "Contrato del Novio Falso".
Sabo necesitaba un "novio estable" para impresionar a su abuelo, el vicerrector Monkey D. Garp, y asegurar una beca en el extranjero. Ace necesitaba un "novio guapo y reservado" para librarse de las comparaciones con su padre y las preguntas incómodas. Era una simbiosis perfecta.
"Regla número uno," Sabo comenzó, con su voz tranquila y autoritaria. "Cero contacto físico innecesario. Abrazos y besos en la mejilla, solo en público y si es absolutamente esencial para mantener la farsa."
"Entendido," Ace asintió, aunque la idea de que Sabo lo abrazara en público le provocó un escalofrío que no pudo identificar.
"Regla número dos: Debemos conocernos lo suficiente para responder preguntas básicas el uno del otro. Fechas de cumpleaños, colores favoritos, cosas así."
"Fácil," Ace sonrió.
"Regla número tres: Nada de enamoramientos. Esto es un negocio, Ace. Al final de todo, seguiremos nuestros caminos." Sabo lo miró fijamente, y Ace sintió como si su alma estuviera siendo analizada.
"¡Por supuesto!" Ace se apresuró a decir, un poco demasiado fuerte. "¡Cero enamoramientos! ¡Es un contrato!"
Lo que Ace no sabía era que el "cero enamoramientos" sería la regla más difícil de cumplir.
***
El primer "acto" en público fue en la cafetería de la universidad. Deuce y Masky estaban sentados en su mesa habitual, y Ace sentía la presión.
"¡Ahí viene mi novio!" Ace exclamó, señalando a Sabo, que entraba con una bandeja de comida en la mano.
Sabo, con una sonrisa educada, se acercó a la mesa. "Hola, Ace. ¿Me guardaste un sitio?"
Ace sintió un rubor. "¡Claro que sí, cariño!" La palabra se sintió extraña en su boca. Sabo se sentó a su lado, y Ace notó el ligero contacto de sus muslos. Se sentía… eléctrico.
"Así que este es el famoso novio," Deuce dijo, con una sonrisa de complicidad. "Soy Deuce, y él es Masky."
Sabo asintió. "Un placer. Sabo."
"¿Y cómo os conocisteis?" Masky preguntó, con una mirada inquisitiva.
Ace y Sabo se miraron. No habían pensado en esa parte.
"Nos conocimos en la biblioteca," Ace dijo, con una sonrisa forzada. "Estaba buscando un libro y… tropecé con él. Literalmente."
Sabo sonrió. "Sí, Ace es un poco… torpe. Pero encantador."
Ace sintió el rubor subir por su cuello. ¿Encantador? Sabo le había llamado encantador.
"¿Y qué te gusta de Ace?" Deuce preguntó, con una sonrisa que Ace no pudo descifrar.
Sabo lo miró, y Ace sintió que el tiempo se detenía. "Me gusta su… pasión. Y la forma en que se mete en líos por defender lo que cree."
Ace sintió un nudo en el estómago. Sabo lo había observado. Lo había entendido. Más de lo que muchos de sus amigos.
La conversación continuó, con preguntas cada vez más íntimas. Ace y Sabo improvisaron, rieron, y se tocaron las manos "accidentalmente" bajo la mesa. Al final de la comida, Deuce y Masky parecían convencidos.
"Bueno, Ace," Deuce dijo, con una sonrisa. "Parece que te has sacado la lotería."
Ace sintió un extraño orgullo. Había funcionado. La farsa estaba en marcha.
***
El siguiente gran obstáculo fue la cena familiar. Roger había insistido en conocer al "novio" de Ace.
"¡Mi muchacho está saliendo con alguien! ¡Tenemos que celebrarlo! ¡Rayleigh, prepara tu mejor sake!"
Ace sintió un escalofrío. Su padre, Roger, era un Alfa entusiasta, ruidoso y desastroso. Su otro padre, Rayleigh, era un Omega sereno, observador y con un humor seco que podía atravesar muros. Y ambos eran expertos en detectar mentiras.
"Sabo, ¿estás seguro de esto?" Ace preguntó, mientras se dirigían a la casa de sus padres. "Mis padres son… mucho."
Sabo sonrió, su expresión tranquila. "He lidiado con mi abuelo, Ace. Tus padres no pueden ser peores que un vicerrector que te amenaza con retirar tu beca si no pareces 'estable'."
Ace no estaba tan seguro.
La casa de los Gol D. era un caos organizado. Libros apilados en cada rincón, manuscritos esparcidos por la mesa del comedor, y el aroma a sake y comida casera flotando en el aire. Roger los recibió con un abrazo de oso que casi asfixia a Ace.
"¡Mi muchacho! ¡Y este debe ser Sabo! ¡Bienvenido a la guarida del león!" Roger rugió, dándole a Sabo una palmada en la espalda que lo hizo tambalear.
Sabo, para su crédito, mantuvo la compostura. "Es un placer conocerlos, señor Roger, señor Rayleigh."
Rayleigh, sentado en un sillón con un libro en la mano, levantó la vista. Sus ojos dorados se posaron en Sabo, y Ace sintió un escalofrío. Rayleigh tenía una forma de ver a través de las personas.
"Sabo, ¿eh?" Rayleigh dijo, con una sonrisa enigmática. "Ace nos ha hablado mucho de ti."
Ace sintió que el rubor subía por su cuello. Se preguntó qué les habría contado su padre.
La cena fue… un torbellino. Roger no paraba de hacer preguntas, algunas inocentes, otras vergonzosas.
"¿Y cómo conociste a mi Ace? ¿Fue amor a primera vista? ¡Porque mi Ace es un partidazo!"
Ace deseó que la tierra se lo tragara.
Sabo, sin embargo, respondió con una calma impresionante. "Ace es un joven muy… apasionado. Me llamó la atención su energía."
Rayleigh observaba, sus ojos dorados brillando con una diversión apenas disimulada. Ace sabía que su padre Omega lo estaba analizando, buscando fisuras en la historia.
En un momento, Roger, con su habitual falta de filtro, preguntó: "¿Y qué le gusta a mi Ace, Sabo? ¿Qué lo hace feliz?"
Ace se tensó. Esa era una pregunta trampa. Ni siquiera él sabía qué lo hacía feliz a veces.
Sabo lo miró, y Ace sintió una punzada en el pecho. "Le gusta la aventura, señor Roger. Le gusta explorar, descubrir cosas nuevas. Y le gusta… la justicia. Se preocupa profundamente por los demás, aunque no siempre lo demuestre."
Ace se quedó sin palabras. Sabo lo había descrito perfectamente. Y lo había hecho con una sinceridad que sorprendió a Ace.
Más tarde, mientras Sabo ayudaba a Rayleigh a recoger la mesa, Ace sintió que su padre Omega lo llamaba con la mirada.
"Ace," Rayleigh dijo en voz baja, mientras Roger estaba distraído con una llamada telefónica. "Este chico Sabo… es interesante."
Ace se tensó. "¿Interesante cómo?"
Rayleigh sonrió. "Tiene una mirada… profunda. Y te mira a ti de una manera que no he visto antes."
Ace sintió que el corazón le daba un vuelco. "No es nada, papá. Es solo… la farsa."
Rayleigh se rió, su risa suave y melódica. "Claro, la 'farsa'. Recuerda, Ace, tu padre y yo somos omegas. Y sabemos reconocer el amor cuando lo vemos."
Ace tragó saliva. Su padre lo estaba poniendo nervioso.
***
La farsa continuó en la universidad. Ace y Sabo se encontraban en los pasillos, en la cafetería, en la biblioteca. Actuaban para sus amigos, para los profesores, para los chismosos del campus.
Deuce y Masky, siempre curiosos, seguían poniendo a prueba la "relación".
"¿Y qué tal el fin de semana, tortolitos?" Deuce preguntó un lunes por la mañana.
Ace y Sabo se miraron. Habían pasado el fin de semana estudiando, cada uno en su casa.
"Estupendo," Sabo respondió con su calma habitual. "Fuimos a ver una exposición de arte. A Ace le encantó."
Ace asintió con entusiasmo. "Sí, ¡fue fascinante! Especialmente el arte abstracto." No tenía ni idea de qué exposición de arte estaba hablando Sabo, pero siguió la corriente.
Masky, siempre el más observador, se acercó a Ace. "¿Y por qué no nos habéis contado nada de vuestra relación antes, Ace? Siempre has sido tan… discreto."
Ace se encogió de hombros. "Es que… Sabo es especial. No quería que nadie lo estropeara."
Sabo le dio una sonrisa fugaz, y Ace sintió un cosquilleo en el estómago. La línea entre la farsa y la realidad se estaba volviendo borrosa.
***
El mayor desafío llegó con la visita del vicerrector Garp. El abuelo de Sabo era un Alfa imponente, con una presencia que llenaba cualquier habitación. Y era un viejo amigo de la familia de Ace.
"¡Ace, muchacho! ¡Has crecido mucho! ¿Y tú eres el novio de mi nieto, Sabo?" Garp rugió, dándole a Ace un abrazo que le quitó el aire.
Ace, aún recuperándose del abrazo, asintió. "Sí, señor Garp. Es un placer."
Garp miró a Sabo, sus ojos penetrantes. "Sabo, espero que estés cuidando bien de Ace. Los D. son… especiales."
Sabo asintió. "Lo hago, abuelo. Ace es… importante para mí."
Ace sintió una punzada en el corazón. ¿Importante? ¿De verdad?
Garp, sin embargo, no era fácil de convencer. "Sabo, necesito ver estabilidad. Necesito ver que puedes manejar una relación y tus estudios. La beca no es un juego."
Sabo, con su habitual calma, dijo: "Lo entiendo, abuelo. Y creo que Ace me ayuda a ser una persona más… completa."
Ace sintió que se sonrojaba. Sabo estaba siendo muy convincente. Demasiado convincente.
En un momento, Garp se acercó a Ace, bajando la voz. "Ace, muchacho, ¿estás seguro de esto? Sabo es un buen chico, pero es… muy serio. ¿No te aburres con él?"
Ace miró a Sabo, que estaba hablando con Luffy, el hermano adoptivo de Sabo, un niño de doce años lleno de energía. Luffy, que había abrazado a Ace desde el primer momento, era un cordón emocional, un recordatorio constante de la importancia de la familia.
"No, señor Garp," Ace dijo, con una sinceridad que lo sorprendió. "Sabo no es aburrido. Es… interesante. Y me hace sentir… diferente."
Garp lo miró, y Ace sintió que el vicerrector lo analizaba. "Hmm. Diferente. Eso es bueno, Ace. Eso es bueno."
Ace se dio cuenta de que, sin querer, había dicho la verdad. Sabo lo hacía sentir diferente. Lo hacía pensar, lo hacía cuestionar, lo hacía sentir… algo.
***
Mientras tanto, Koala, la mejor amiga de Sabo, observaba la farsa con una mezcla de diversión y preocupación. Ella era el termómetro de la verdad y la mentira para Sabo.
"Sabo," Koala dijo un día, mientras estaban en la biblioteca. "Estás empezando a sonar demasiado convincente. Te he visto sonreír más en las últimas semanas que en todo el año."
Sabo la miró, su expresión tranquila. "Es parte del contrato, Koala. Tengo que ser creíble."
"¿Creíble, o te estás creyendo tu propia mentira?" Koala preguntó, con una ceja levantada. "He visto cómo miras a Ace. No es solo una actuación."
Sabo se quedó en silencio, y Ace, que estaba escuchando desde una mesa cercana, sintió que el corazón le daba un vuelco.
"Ace es… un buen tipo," Sabo finalmente dijo, con una voz más suave de lo habitual. "Es impulsivo, sí. Y un poco terco. Pero es leal. Y tiene un gran corazón."
Koala sonrió. "Ves. Lo conoces bien. Demasiado bien para una 'farsa'."
Ace se levantó y se acercó a ellos. "Bueno, la farsa tiene que ser convincente, ¿no?" Dijo, tratando de sonar casual.
Koala los miró a ambos, una sonrisa en su rostro. "Claro, Ace. Convincente."
Ace sintió que la presión aumentaba. La beca de Sabo estaba en juego. Su propia reputación. Y ahora, una extraña sensación en su pecho cada vez que Sabo lo miraba.
***
Una tarde, Ace y Sabo estaban estudiando juntos en la biblioteca. Ace, como de costumbre, se quedó dormido, su cabeza cayendo sobre el hombro de Sabo.
Sabo, en lugar de apartarlo, se quedó quieto, sintiendo el peso de Ace contra él. Observó el rostro tranquilo de Ace dormido, la forma en que sus pestañas se agitaban ligeramente. Ace era un caos andante, un desastre con buen corazón, y por alguna razón, Sabo se encontraba cada vez más atraído por ese caos.
La beca era importante. Su futuro dependía de ella. Pero la calidez que sentía al lado de Ace, la risa fácil que Ace le provocaba, el sentido de pertenencia que Ace y su familia le brindaban… eso era algo que el planificado mundo de Sabo nunca había tenido.
Ace se despertó con un sobresalto, su cabeza aún apoyada en el hombro de Sabo. "¡Lo siento! ¡La narcolepsia!"
Sabo sonrió. "Está bien, Ace. Parecías cómodo."
Ace sintió que el rubor subía por su cuello. Se apartó rápidamente. "Uhm… ¿qué estábamos haciendo?"
Sabo cerró su libro. "Estudiando. Pero creo que ya es suficiente por hoy."
Mientras recogían sus cosas, Ace no pudo evitar la pregunta que le rondaba la cabeza. "Sabo… lo que le dijiste a Koala… sobre mí. ¿Lo decías en serio?"
Sabo lo miró, sus ojos azules fijos en los de Ace. "Sí, Ace. Lo decía en serio. Eres… una buena persona."
Ace sintió que el corazón le daba un vuelco. Era una buena persona. Sabo lo veía así.
Mientras salían de la biblioteca, Ace se dio cuenta de algo. La farsa había comenzado como una necesidad, un contrato. Pero en algún momento, sin que se diera cuenta, la línea entre el engaño y la realidad se había desdibujado. Y Ace no estaba seguro de si quería que volviera a ser clara.
El contrato del novio falso. Había reglas claras, actuación convincente y cero enamoramiento. Pero Ace se dio cuenta de que había roto la última regla. Y sospechaba que Sabo también. Y eso, en el complicado mundo de los D. y los Monkey, era lo más peligroso de todo.
El problema era que a Ace le importaba demasiado lo que los demás pensaran de él, especialmente cuando se trataba de comparaciones con su padre. Gol D. Roger, el legendario escritor, el alfa más ruidoso y desastroso que la universidad había conocido, y ahora, el padre más ruidoso y desastroso que Ace había tenido la (des)gracia de poseer.
"¡Ace, mi muchacho! ¡Tu padre está orgulloso de ti! ¡Conseguirás esa beca, ya verás! ¡Eres un D. después de todo!"
Esa voz. Esa maldita voz. Roger no entendía el concepto de "tono bajo". Cada vez que visitaba la universidad, Ace sentía que todo el campus se volteaba a mirarlos. Y luego venían las preguntas. Las de sus compañeros, las de sus profesores, las de los otros omegas que lo veían como "el hijo de Roger".
"¿Cómo está tu padre, Ace? ¿Ya te leíste su última novela? ¡Es brillante!"
"¿Heredaste su don para la escritura, Ace? ¡Deberías intentarlo!"
"¿Ya tienes pareja, Ace? ¡Un omega tan guapo como tú no debería estar solo!"
Esa última pregunta, de la chismosa de la cafetería, fue la gota que colmó el vaso. Ace, harto de la presión, harto de la comparación, harto de la insinuación de que era un "solterón" a los diecisiete, soltó la primera mentira que se le vino a la mente.
"¡Claro que tengo pareja! ¡Mi novio es… es… increíble!"
Y así, la bola de nieve empezó a rodar. Sus compañeros, Deuce y Masky, que conocían la nula vida amorosa de Ace, lo miraron con escepticismo.
"¿Novio? ¿Tú? ¿Ace el 'No-me-interesa-nadie'?" preguntó Deuce, con una ceja levantada.
"Sí, novio. Es… muy reservado. Y muy guapo," Ace se defendió, sintiendo cómo el calor subía por su cuello.
"¿Y no nos lo has presentado? ¿Ni una foto?" Masky, siempre el más directo, lo acorraló.
Ace sudó frío. Necesitaba pruebas. Necesitaba un novio. Uno falso, por supuesto. Uno que pudiera desaparecer tan pronto como la beca de escritura estuviera asegurada y la presión de su padre y sus compañeros disminuyera.
Su plan era simple: encontrar un tipo guapo cualquiera en la calle, pedirle una foto rápida, y listo. Sin compromiso, sin preguntas. Un plan infalible. O eso creía él.
El destino, sin embargo, tenía otros planes.
Ace lo encontró en la biblioteca. Sentado en una mesa, con gafas de lectura que resaltaban sus ojos inteligentes, y una pila de libros que harían llorar a un bibliotecario. Cabello rubio, perfectamente peinado. Una cicatriz intrigante sobre el ojo. Y una aura de sofisticación que gritaba "estudiante perfecto".
"Disculpa," Ace se acercó, sintiendo un leve nerviosismo. "Sé que esto va a sonar raro, pero… ¿podrías hacerme un favor?"
Sabo lo miró por encima de sus gafas, una expresión de fría curiosidad en su rostro. "Depende del favor."
"Necesito… necesito una foto. Contigo. Fingiendo ser mi novio." Ace soltó la verdad de golpe, sintiendo el rubor en sus mejillas. "Es para… impresionar a unos amigos."
Sabo no se rió. No se burló. Simplemente lo observó, como si Ace fuera un espécimen raro en un laboratorio. "Interesante. ¿Y qué gano yo con esto?"
Ace se quedó mudo. No había pensado en esa parte. "Uhm… ¿mi eterna gratitud?"
Sabo sonrió, una sonrisa pequeña y calculada. "No, gracias. Pero tengo una propuesta."
Y así, en un rincón apartado de la biblioteca, nació el "Contrato del Novio Falso".
Sabo necesitaba un "novio estable" para impresionar a su abuelo, el vicerrector Monkey D. Garp, y asegurar una beca en el extranjero. Ace necesitaba un "novio guapo y reservado" para librarse de las comparaciones con su padre y las preguntas incómodas. Era una simbiosis perfecta.
"Regla número uno," Sabo comenzó, con su voz tranquila y autoritaria. "Cero contacto físico innecesario. Abrazos y besos en la mejilla, solo en público y si es absolutamente esencial para mantener la farsa."
"Entendido," Ace asintió, aunque la idea de que Sabo lo abrazara en público le provocó un escalofrío que no pudo identificar.
"Regla número dos: Debemos conocernos lo suficiente para responder preguntas básicas el uno del otro. Fechas de cumpleaños, colores favoritos, cosas así."
"Fácil," Ace sonrió.
"Regla número tres: Nada de enamoramientos. Esto es un negocio, Ace. Al final de todo, seguiremos nuestros caminos." Sabo lo miró fijamente, y Ace sintió como si su alma estuviera siendo analizada.
"¡Por supuesto!" Ace se apresuró a decir, un poco demasiado fuerte. "¡Cero enamoramientos! ¡Es un contrato!"
Lo que Ace no sabía era que el "cero enamoramientos" sería la regla más difícil de cumplir.
***
El primer "acto" en público fue en la cafetería de la universidad. Deuce y Masky estaban sentados en su mesa habitual, y Ace sentía la presión.
"¡Ahí viene mi novio!" Ace exclamó, señalando a Sabo, que entraba con una bandeja de comida en la mano.
Sabo, con una sonrisa educada, se acercó a la mesa. "Hola, Ace. ¿Me guardaste un sitio?"
Ace sintió un rubor. "¡Claro que sí, cariño!" La palabra se sintió extraña en su boca. Sabo se sentó a su lado, y Ace notó el ligero contacto de sus muslos. Se sentía… eléctrico.
"Así que este es el famoso novio," Deuce dijo, con una sonrisa de complicidad. "Soy Deuce, y él es Masky."
Sabo asintió. "Un placer. Sabo."
"¿Y cómo os conocisteis?" Masky preguntó, con una mirada inquisitiva.
Ace y Sabo se miraron. No habían pensado en esa parte.
"Nos conocimos en la biblioteca," Ace dijo, con una sonrisa forzada. "Estaba buscando un libro y… tropecé con él. Literalmente."
Sabo sonrió. "Sí, Ace es un poco… torpe. Pero encantador."
Ace sintió el rubor subir por su cuello. ¿Encantador? Sabo le había llamado encantador.
"¿Y qué te gusta de Ace?" Deuce preguntó, con una sonrisa que Ace no pudo descifrar.
Sabo lo miró, y Ace sintió que el tiempo se detenía. "Me gusta su… pasión. Y la forma en que se mete en líos por defender lo que cree."
Ace sintió un nudo en el estómago. Sabo lo había observado. Lo había entendido. Más de lo que muchos de sus amigos.
La conversación continuó, con preguntas cada vez más íntimas. Ace y Sabo improvisaron, rieron, y se tocaron las manos "accidentalmente" bajo la mesa. Al final de la comida, Deuce y Masky parecían convencidos.
"Bueno, Ace," Deuce dijo, con una sonrisa. "Parece que te has sacado la lotería."
Ace sintió un extraño orgullo. Había funcionado. La farsa estaba en marcha.
***
El siguiente gran obstáculo fue la cena familiar. Roger había insistido en conocer al "novio" de Ace.
"¡Mi muchacho está saliendo con alguien! ¡Tenemos que celebrarlo! ¡Rayleigh, prepara tu mejor sake!"
Ace sintió un escalofrío. Su padre, Roger, era un Alfa entusiasta, ruidoso y desastroso. Su otro padre, Rayleigh, era un Omega sereno, observador y con un humor seco que podía atravesar muros. Y ambos eran expertos en detectar mentiras.
"Sabo, ¿estás seguro de esto?" Ace preguntó, mientras se dirigían a la casa de sus padres. "Mis padres son… mucho."
Sabo sonrió, su expresión tranquila. "He lidiado con mi abuelo, Ace. Tus padres no pueden ser peores que un vicerrector que te amenaza con retirar tu beca si no pareces 'estable'."
Ace no estaba tan seguro.
La casa de los Gol D. era un caos organizado. Libros apilados en cada rincón, manuscritos esparcidos por la mesa del comedor, y el aroma a sake y comida casera flotando en el aire. Roger los recibió con un abrazo de oso que casi asfixia a Ace.
"¡Mi muchacho! ¡Y este debe ser Sabo! ¡Bienvenido a la guarida del león!" Roger rugió, dándole a Sabo una palmada en la espalda que lo hizo tambalear.
Sabo, para su crédito, mantuvo la compostura. "Es un placer conocerlos, señor Roger, señor Rayleigh."
Rayleigh, sentado en un sillón con un libro en la mano, levantó la vista. Sus ojos dorados se posaron en Sabo, y Ace sintió un escalofrío. Rayleigh tenía una forma de ver a través de las personas.
"Sabo, ¿eh?" Rayleigh dijo, con una sonrisa enigmática. "Ace nos ha hablado mucho de ti."
Ace sintió que el rubor subía por su cuello. Se preguntó qué les habría contado su padre.
La cena fue… un torbellino. Roger no paraba de hacer preguntas, algunas inocentes, otras vergonzosas.
"¿Y cómo conociste a mi Ace? ¿Fue amor a primera vista? ¡Porque mi Ace es un partidazo!"
Ace deseó que la tierra se lo tragara.
Sabo, sin embargo, respondió con una calma impresionante. "Ace es un joven muy… apasionado. Me llamó la atención su energía."
Rayleigh observaba, sus ojos dorados brillando con una diversión apenas disimulada. Ace sabía que su padre Omega lo estaba analizando, buscando fisuras en la historia.
En un momento, Roger, con su habitual falta de filtro, preguntó: "¿Y qué le gusta a mi Ace, Sabo? ¿Qué lo hace feliz?"
Ace se tensó. Esa era una pregunta trampa. Ni siquiera él sabía qué lo hacía feliz a veces.
Sabo lo miró, y Ace sintió una punzada en el pecho. "Le gusta la aventura, señor Roger. Le gusta explorar, descubrir cosas nuevas. Y le gusta… la justicia. Se preocupa profundamente por los demás, aunque no siempre lo demuestre."
Ace se quedó sin palabras. Sabo lo había descrito perfectamente. Y lo había hecho con una sinceridad que sorprendió a Ace.
Más tarde, mientras Sabo ayudaba a Rayleigh a recoger la mesa, Ace sintió que su padre Omega lo llamaba con la mirada.
"Ace," Rayleigh dijo en voz baja, mientras Roger estaba distraído con una llamada telefónica. "Este chico Sabo… es interesante."
Ace se tensó. "¿Interesante cómo?"
Rayleigh sonrió. "Tiene una mirada… profunda. Y te mira a ti de una manera que no he visto antes."
Ace sintió que el corazón le daba un vuelco. "No es nada, papá. Es solo… la farsa."
Rayleigh se rió, su risa suave y melódica. "Claro, la 'farsa'. Recuerda, Ace, tu padre y yo somos omegas. Y sabemos reconocer el amor cuando lo vemos."
Ace tragó saliva. Su padre lo estaba poniendo nervioso.
***
La farsa continuó en la universidad. Ace y Sabo se encontraban en los pasillos, en la cafetería, en la biblioteca. Actuaban para sus amigos, para los profesores, para los chismosos del campus.
Deuce y Masky, siempre curiosos, seguían poniendo a prueba la "relación".
"¿Y qué tal el fin de semana, tortolitos?" Deuce preguntó un lunes por la mañana.
Ace y Sabo se miraron. Habían pasado el fin de semana estudiando, cada uno en su casa.
"Estupendo," Sabo respondió con su calma habitual. "Fuimos a ver una exposición de arte. A Ace le encantó."
Ace asintió con entusiasmo. "Sí, ¡fue fascinante! Especialmente el arte abstracto." No tenía ni idea de qué exposición de arte estaba hablando Sabo, pero siguió la corriente.
Masky, siempre el más observador, se acercó a Ace. "¿Y por qué no nos habéis contado nada de vuestra relación antes, Ace? Siempre has sido tan… discreto."
Ace se encogió de hombros. "Es que… Sabo es especial. No quería que nadie lo estropeara."
Sabo le dio una sonrisa fugaz, y Ace sintió un cosquilleo en el estómago. La línea entre la farsa y la realidad se estaba volviendo borrosa.
***
El mayor desafío llegó con la visita del vicerrector Garp. El abuelo de Sabo era un Alfa imponente, con una presencia que llenaba cualquier habitación. Y era un viejo amigo de la familia de Ace.
"¡Ace, muchacho! ¡Has crecido mucho! ¿Y tú eres el novio de mi nieto, Sabo?" Garp rugió, dándole a Ace un abrazo que le quitó el aire.
Ace, aún recuperándose del abrazo, asintió. "Sí, señor Garp. Es un placer."
Garp miró a Sabo, sus ojos penetrantes. "Sabo, espero que estés cuidando bien de Ace. Los D. son… especiales."
Sabo asintió. "Lo hago, abuelo. Ace es… importante para mí."
Ace sintió una punzada en el corazón. ¿Importante? ¿De verdad?
Garp, sin embargo, no era fácil de convencer. "Sabo, necesito ver estabilidad. Necesito ver que puedes manejar una relación y tus estudios. La beca no es un juego."
Sabo, con su habitual calma, dijo: "Lo entiendo, abuelo. Y creo que Ace me ayuda a ser una persona más… completa."
Ace sintió que se sonrojaba. Sabo estaba siendo muy convincente. Demasiado convincente.
En un momento, Garp se acercó a Ace, bajando la voz. "Ace, muchacho, ¿estás seguro de esto? Sabo es un buen chico, pero es… muy serio. ¿No te aburres con él?"
Ace miró a Sabo, que estaba hablando con Luffy, el hermano adoptivo de Sabo, un niño de doce años lleno de energía. Luffy, que había abrazado a Ace desde el primer momento, era un cordón emocional, un recordatorio constante de la importancia de la familia.
"No, señor Garp," Ace dijo, con una sinceridad que lo sorprendió. "Sabo no es aburrido. Es… interesante. Y me hace sentir… diferente."
Garp lo miró, y Ace sintió que el vicerrector lo analizaba. "Hmm. Diferente. Eso es bueno, Ace. Eso es bueno."
Ace se dio cuenta de que, sin querer, había dicho la verdad. Sabo lo hacía sentir diferente. Lo hacía pensar, lo hacía cuestionar, lo hacía sentir… algo.
***
Mientras tanto, Koala, la mejor amiga de Sabo, observaba la farsa con una mezcla de diversión y preocupación. Ella era el termómetro de la verdad y la mentira para Sabo.
"Sabo," Koala dijo un día, mientras estaban en la biblioteca. "Estás empezando a sonar demasiado convincente. Te he visto sonreír más en las últimas semanas que en todo el año."
Sabo la miró, su expresión tranquila. "Es parte del contrato, Koala. Tengo que ser creíble."
"¿Creíble, o te estás creyendo tu propia mentira?" Koala preguntó, con una ceja levantada. "He visto cómo miras a Ace. No es solo una actuación."
Sabo se quedó en silencio, y Ace, que estaba escuchando desde una mesa cercana, sintió que el corazón le daba un vuelco.
"Ace es… un buen tipo," Sabo finalmente dijo, con una voz más suave de lo habitual. "Es impulsivo, sí. Y un poco terco. Pero es leal. Y tiene un gran corazón."
Koala sonrió. "Ves. Lo conoces bien. Demasiado bien para una 'farsa'."
Ace se levantó y se acercó a ellos. "Bueno, la farsa tiene que ser convincente, ¿no?" Dijo, tratando de sonar casual.
Koala los miró a ambos, una sonrisa en su rostro. "Claro, Ace. Convincente."
Ace sintió que la presión aumentaba. La beca de Sabo estaba en juego. Su propia reputación. Y ahora, una extraña sensación en su pecho cada vez que Sabo lo miraba.
***
Una tarde, Ace y Sabo estaban estudiando juntos en la biblioteca. Ace, como de costumbre, se quedó dormido, su cabeza cayendo sobre el hombro de Sabo.
Sabo, en lugar de apartarlo, se quedó quieto, sintiendo el peso de Ace contra él. Observó el rostro tranquilo de Ace dormido, la forma en que sus pestañas se agitaban ligeramente. Ace era un caos andante, un desastre con buen corazón, y por alguna razón, Sabo se encontraba cada vez más atraído por ese caos.
La beca era importante. Su futuro dependía de ella. Pero la calidez que sentía al lado de Ace, la risa fácil que Ace le provocaba, el sentido de pertenencia que Ace y su familia le brindaban… eso era algo que el planificado mundo de Sabo nunca había tenido.
Ace se despertó con un sobresalto, su cabeza aún apoyada en el hombro de Sabo. "¡Lo siento! ¡La narcolepsia!"
Sabo sonrió. "Está bien, Ace. Parecías cómodo."
Ace sintió que el rubor subía por su cuello. Se apartó rápidamente. "Uhm… ¿qué estábamos haciendo?"
Sabo cerró su libro. "Estudiando. Pero creo que ya es suficiente por hoy."
Mientras recogían sus cosas, Ace no pudo evitar la pregunta que le rondaba la cabeza. "Sabo… lo que le dijiste a Koala… sobre mí. ¿Lo decías en serio?"
Sabo lo miró, sus ojos azules fijos en los de Ace. "Sí, Ace. Lo decía en serio. Eres… una buena persona."
Ace sintió que el corazón le daba un vuelco. Era una buena persona. Sabo lo veía así.
Mientras salían de la biblioteca, Ace se dio cuenta de algo. La farsa había comenzado como una necesidad, un contrato. Pero en algún momento, sin que se diera cuenta, la línea entre el engaño y la realidad se había desdibujado. Y Ace no estaba seguro de si quería que volviera a ser clara.
El contrato del novio falso. Había reglas claras, actuación convincente y cero enamoramiento. Pero Ace se dio cuenta de que había roto la última regla. Y sospechaba que Sabo también. Y eso, en el complicado mundo de los D. y los Monkey, era lo más peligroso de todo.
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