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La verdadera cara

Фандом: Harry Potter/ Marvel

Создан: 10.03.2026

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El Secreto del Linaje y el Despertar de la Magia Antigua

El aire en la biblioteca de Hogwarts siempre había sido un bálsamo para Hermione Granger. El olor a pergamino viejo y tinta, el murmullo suave de las páginas al ser volteadas, la hacían sentir en casa. Pero hoy, ese refugio familiar se sentía más como una jaula. Llevaba una semana sumida en la investigación, sus rizos castaños más desordenados de lo habitual, sus ojos almendrados inyectados en sangre por la falta de sueño. La carta que había llegado por una lechuza desconocida, sin sello de Hogwarts ni del Ministerio, había volcado su mundo.

"Querida Hermione," había comenzado, con una caligrafía elegante y desconocida, "sé que esto te parecerá una locura, pero eres mi hija. Mi nombre es Anthony Stark."

El nombre había resonado en su mente como un eco burlón. Anthony Stark. El multimillonario, genio, playboy, filántropo. El Iron Man. La idea era tan absurda que había desestimado la carta como una broma cruel, una elaborada treta de algún Slytherin aburrido. Pero la carta contenía detalles que nadie más que ella y sus padres "muggles" conocían. El nombre de su abuela materna, el apodo cariñoso que solo su padre le daba, un pequeño lunar en su omóplato izquierdo. El detalle final fue el que selló su destino: un colgante idéntico al que su madre muggle siempre llevaba, solo que este era de un material que no reconocía, brillante y con una runa grabada que no figuraba en ningún tomo de magia antigua que hubiera estudiado.

La carta también hablaba de una profecía. Una profecía que la involucraba a ella, a una magia ancestral, y a la necesidad de encontrar a sus "almas gemelas" para desbloquearla. Almas gemelas. La palabra se sentía tan ajena, tan romántica y a la vez tan aterradora para la pragmática Hermione.

Sus ojos escanearon el libro abierto frente a ella, un tomo polvoriento sobre linajes mágicos olvidados. Había pasado días buscando el nombre "Stark" en la historia mágica, sin éxito. Anthony Stark no era un mago. Eso significaba que su madre... o él... no eran lo que parecían.

Un golpe suave en la mesa la sacó de sus pensamientos. Levantó la vista para encontrarse con los ojos verdes de Harry Potter, su mejor amigo. Llevaba una pila de libros de Transformaciones.

"Hermione, ¿estás bien? Llevas días aquí metida. Ron y yo estábamos preocupados. Pareces un fantasma." La preocupación era genuina en su voz, y Hermione sintió una punzada de culpa por mantenerlo al margen.

"Lo estoy, Harry. Solo... mucha investigación para los ÉXTASIS." La mentira se sintió amarga en su boca. No podía contarle. No todavía. ¿Cómo le diría que era la hija de un superhéroe muggle y que una profecía la involucraba? Sonaba a fanfiction barato.

Harry frunció el ceño, no del todo convencido. "Bueno, deberías tomarte un descanso. Ginny y yo íbamos a ir a Hogsmeade este fin de semana, ¿quieres venir?"

Hermione sintió un dolor sordo en el pecho. Harry. Su mejor amigo. Su primer amor no correspondido. Verlo tan feliz con Ginny era una tortura diaria, una punzada constante que se esforzaba por ignorar. Pero sabía que su felicidad era genuina, y eso la hacía feliz a ella también, a su manera masoquista.

"No, gracias, Harry," dijo, intentando que su voz sonara casual. "Tengo mucho que hacer. Pero diviértanse."

Harry suspiró, pero no insistió. Conocía la determinación de Hermione. "Está bien. Pero en serio, descansa un poco. Estamos aquí para ti."

Le dio una palmada en el hombro antes de alejarse, sus pasos resonando suavemente en la biblioteca. Hermione lo observó irse, una mezcla de afecto y melancolía inundándola. Harry era su alma gemela en el sentido de la amistad, de la lealtad inquebrantable. Pero la profecía hablaba de almas gemelas románticas, de un vínculo más profundo.

Volvió a la carta, sus ojos posándose en la frase: "La magia ancestral reside en ti, Hermione. Un poder que duerme, esperando ser despertado por la unión de tres almas. La primera, el corazón puro y valiente, el elegido. La segunda, la mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa. La tercera, el espíritu sereno y observador, el que equilibra."

El elegido. Harry. Eso era obvio.

La mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa. Su mente voló instantáneamente a un nombre que la hacía hervir de rabia y, a veces, de una extraña fascinación: Draco Malfoy.

La idea era absurda. Draco Malfoy. Su dolor de cabeza, su tormento, el que la había llamado "sangre sucia" innumerables veces. ¿Cómo podría él ser una de sus almas gemelas? La mera idea le revolvió el estómago. Pero no podía negar la innegable chispa, la tensión eléctrica que siempre existía entre ellos, ya fuera en una discusión acalorada o en un duelo improvisado. Había algo en su mirada gris tormentosa que la atraía y la repelía a partes iguales.

Y luego, el tercero: el espíritu sereno y observador, el que equilibra. Este era el más enigmático. Su mente repasó a todos los chicos de su año, de los cursos superiores e inferiores. Nadie encajaba perfectamente.

Un susurro la hizo levantar la cabeza. Un chico de Slytherin, con el cabello castaño liso y ojos pensativos, estaba sentado en una mesa cercana, absorto en un libro de Astronomía. Theodore Nott. El chico callado de la clase. Siempre en la periferia, observando, rara vez hablando. Nunca había tenido una interacción significativa con él, más allá de alguna clase compartida. Pero al observarlo ahora, noto una calma en él, una serenidad que no había visto en nadie más. ¿Podría ser él?

La carta le pedía que encontrara a estas almas gemelas, que se abriera a la posibilidad. Pero, ¿cómo? ¿Cómo se acercaba a Draco Malfoy y le decía que una profecía los unía? ¿Y a Theodore Nott, a quien apenas conocía?

Un escalofrío recorrió su espalda. La profecía hablaba de "magia ancestral". Había un capítulo en el libro que estaba leyendo sobre la Magia Primordial, una fuerza anterior a la magia de varita, de runas, de pociones. Una magia que se creía extinta, solo accesible a linajes muy específicos, a menudo conectados con la tierra, las estrellas o incluso con el cosmos. ¿Podría ser esa la magia de la que hablaba su "padre"?

Decidió que necesitaba más información, no solo de los libros, sino de la fuente. Anthony Stark. Pero, ¿cómo contactar a un muggle desde Hogwarts? Especialmente a uno tan famoso y, suponía, tan custodiado.

De repente, una idea brillante (y peligrosa) cruzó su mente. El Espejo de Ojesed. Si la profecía era real, si realmente era la hija de Tony Stark, el espejo tal vez le mostraría algo. O, mejor aún, el Pensadero de Dumbledore. Pero no podía simplemente irrumpir en la oficina del director.

No, la forma más lógica era investigar a fondo a Anthony Stark en el mundo muggle. Necesitaba acceso a un ordenador, a internet. No había forma de hacerlo en Hogwarts.

Esa noche, mientras sus compañeras de cuarto dormían, Hermione se sentó en su cama, la carta de Stark en una mano, el colgante idéntico al de su madre en la otra. La runa en el colgante brillaba débilmente en la oscuridad, un pulso suave de luz que parecía latir con su propio corazón.

El día siguiente fue un torbellino de decisiones. Hermione sabía que no podía hacer esto sola. Necesitaba un confidente, alguien en quien confiar plenamente. Y aunque Harry era su mejor amigo, su mente estaba demasiado ocupada con Ginny y la constante amenaza de Voldemort. Ron... Ron era leal, pero no era el más discreto ni el más abierto a ideas descabelladas.

Necesitaba a alguien que pensara fuera de lo común, alguien que pudiera ayudarla a navegar por el mundo muggle y el mágico simultáneamente.

Su mirada se posó en Neville Longbottom durante la clase de Herbología. Neville había crecido mucho en los últimos años, su coraje brillaba más fuerte que nunca. Pero no, Neville era demasiado tradicionalmente mágico.

Mientras caminaba por los pasillos, su mente seguía dándole vueltas a la profecía. La tercera alma gemela. El espíritu sereno y observador. Theodore Nott.

Lo vio de nuevo en la biblioteca esa tarde, en su rincón habitual, leyendo. Se armó de valor y se acercó a su mesa.

"Nott," dijo, su voz un poco más tensa de lo que pretendía.

Theodore levantó la vista, sus ojos grises encontrándose con los de ella. Había una curiosidad tranquila en ellos.

"Granger," respondió, su voz sorprendentemente suave para un Slytherin.

"Necesito tu ayuda. Es sobre algo... muy importante. Y muy secreto."

Theodore cerró su libro, marcando la página con un dedo. "Soy todo oídos."

Hermione vaciló. ¿Estaba haciendo lo correcto? Pero algo en la calma de Nott la impulsó a continuar.

"No puedo hablar de esto aquí. ¿Podríamos encontrarnos en algún lugar más privado? Esta noche, después de la cena, en la Sala de los Menesteres."

Nott la miró evaluadoramente por un momento, un destello de inteligencia en sus ojos. "Muy bien, Granger. Estaré allí."

Hermione se fue, su corazón latiendo con fuerza. Había dado el primer paso.

Esa noche, la Sala de los Menesteres se manifestó como una pequeña sala de estudio, con una chimenea crepitante, cómodas butacas y estanterías llenas de libros sobre temas esotéricos. Theodore Nott ya estaba allí, sentado en una de las butacas, con las manos entrelazadas y una expresión expectante.

Hermione se sentó frente a él, sacando la carta de su túnica y el colgante. Le extendió ambos objetos.

"Esto es lo que me trajo aquí," dijo, su voz temblorosa. "Léelo."

Theodore tomó la carta, sus ojos escaneando las palabras con rapidez. Su expresión se mantuvo imperturbable hasta que llegó al nombre "Anthony Stark". Una ceja se alzó ligeramente. Luego, miró el colgante, la runa brillando tenuemente.

Cuando terminó de leer, devolvió la carta y el colgante a Hermione. "Anthony Stark. Interesante." Su voz era neutral.

"¿Interesante? ¡Nott, esto es una locura! Soy la hija de Iron Man. Y hay una profecía involucrándome a mí y a... a mis almas gemelas." Hermione se sintió un poco histérica al decirlo en voz alta.

Theodore la observó con calma. "La profecía. 'El corazón puro y valiente, el elegido'. Potter, sin duda."

Hermione asintió. "Sí. Y 'la mente aguda y atormentada, el que se opone y complementa'."

Theodore hizo una mueca apenas perceptible. "Malfoy."

Hermione asintió de nuevo, con una expresión de disgusto. "Sí. Y 'el espíritu sereno y observador, el que equilibra'." Sus ojos se fijaron en Theodore.

Theodore la miró fijamente. Un momento de silencio se extendió entre ellos.

"¿Crees que podrías ser tú?" preguntó Hermione, sintiéndose ridícula.

Theodore inclinó la cabeza ligeramente. "No es la primera vez que escucho hablar de profecías que conectan a personas de formas extrañas, Granger. Mi familia tiene algunos tomos antiguos sobre ese tipo de cosas. Pero... ¿yo? No soy exactamente el tipo de persona que se asocia con 'almas gemelas'." Había un toque de ironía en su voz.

"Lo sé," dijo Hermione, sintiéndose un poco avergonzada. "Pero la descripción... encaja. Eres sereno, observador. Y equilibrado."

Theodore sonrió débilmente. "O simplemente callado y un poco aburrido."

"No, Nott. Hay una diferencia. Siempre te he visto en clase, observando todo, sin involucrarte en el drama. Hay una calma en ti que es... inusual."

Theodore se recostó en la butaca, pensativo. "La profecía habla de magia ancestral. Mi abuela solía contar historias sobre un linaje de magos que podían manipular la energía pura, sin varita. Decía que se había extinguido, pero que quizás algún día volvería a manifestarse."

Hermione sintió un atisbo de esperanza. "¡Eso es! La carta habla de magia primordial. Necesito entender qué es esto, Nott. Y necesito contactar a Anthony Stark. Necesito saber la verdad."

"Contactar a Anthony Stark desde Hogwarts no es tarea fácil," dijo Theodore. "Está fuertemente protegido, incluso contra la magia. Pero tengo algunas conexiones. Mi padre tiene negocios con algunas empresas muggles de alta tecnología. Podría usar eso para intentar establecer un contacto indirecto."

"¿Lo harías?" preguntó Hermione, sintiendo un alivio inmenso.

"Si la profecía es real, y si yo soy parte de ella, entonces tengo un interés en entenderla," respondió Theodore. "Además, la idea de una magia ancestral volviendo a la vida... es fascinante. Y peligrosa."

"Peligrosa, sí," coincidió Hermione. "La carta no da muchos detalles, pero sugiere que este poder, si no se controla, podría ser destructivo."

"Entonces, necesitamos investigar. Tú, tus libros. Yo, mis conexiones y los archivos de mi familia," dijo Theodore. "¿Y qué hay de Malfoy? Y de Potter?"

"Harry... no puedo decirle todavía. Está muy preocupado con Voldemort y con Ginny. No quiero añadirle más a su plato. Y Malfoy... no tengo idea de cómo acercarme a él. Es... Malfoy."

Theodore soltó una pequeña risa. "Sí, es Malfoy. Un dolor de cabeza andante. Pero si la profecía es correcta, entonces su mente aguda y su naturaleza conflictiva son necesarios. Quizás necesitemos una situación que lo obligue a involucrarse."

Hermione frunció el ceño. "No me gusta la idea de manipular a nadie, Nott."

"No se trata de manipular, Granger. Se trata de crear las circunstancias adecuadas. Si la magia ancestral requiere la unión de los tres, entonces su activación puede ser el detonante para que él vea la verdad."

"¿Y cómo activamos una magia que ni siquiera sabemos cómo funciona?"

"Esa es la pregunta del millón, ¿no?" Theodore se puso de pie, su expresión más seria. "Tendremos que ser cuidadosos, Granger. Si esta magia es tan poderosa como suena, hay quienes querrán controlarla. Y si eres la heredera, serás un objetivo."

Hermione sintió un nudo en el estómago. La idea de ser un objetivo no era nueva para ella, con Harry siempre en peligro, pero esta era una amenaza diferente, una que no comprendía del todo.

"Gracias, Nott. Por escucharme. Por creerme."

Theodore asintió con la cabeza. "Los secretos en el mundo mágico son más comunes de lo que crees, Granger. Y las verdades más extrañas a menudo son las más importantes. Empecemos por buscar a tu padre. Y mientras tanto, intentaré encontrar algo en los archivos de mi familia sobre la Magia Primordial."

Mientras Theodore se alejaba de la Sala de los Menesteres, Hermione se quedó sola, el colgante de la runa en su mano. Había dado un salto de fe, había compartido su secreto más grande con un Slytherin al que apenas conocía. Pero la calma de Theodore, su mente analítica y su inesperada disposición a ayudar, le daban una pizca de esperanza.

Sabía que el camino por delante sería peligroso y lleno de incertidumbre. Pero por primera vez en días, Hermione no se sentía completamente sola con el peso de la profecía. Tenía un aliado inesperado, y quizás, solo quizás, las piezas de su increíble destino estaban empezando a encajar. Y en algún lugar, en el fondo de su mente, la tensión con Malfoy, la lealtad inquebrantable de Harry y la enigmática calma de Nott, empezaban a formar un patrón. Un patrón que, según la profecía, la llevaría a desatar un poder que el mundo no había visto en siglos.
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