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Fushinoba
Фандом: Fushiguro megumi y nobara kugisaki
Создан: 12.03.2026
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РомантикаДрамаАнгстРевностьCharacter studyЗанавесочная историяРеализм
Un Nuevo Amigo, Un Viejo Problema
El sol de la tarde se filtraba por las ventanas del aula, pintando de dorado el polvo suspendido en el aire. Nobara Kugisaki, con su uniforme perfectamente planchado y una sonrisa resplandeciente, charlaba animadamente con un chico que no era ni Yuji ni Megumi. El recién llegado, un estudiante de intercambio del segundo año llamado Kaito, tenía una melena castaña ligeramente desordenada y una risa contagiosa que hacía que Nobara se doblara de la risa.
Megumi Fushiguro, sentado en su banco habitual, observaba la escena con una ceja ligeramente enarcada. La risa de Nobara era música para sus oídos, por supuesto, pero la presencia de Kaito era una nota disonante. No era que Kaito le cayera mal; de hecho, parecía un chico bastante agradable. Pero la forma en que Nobara se iluminaba cuando él hablaba, la forma en que sus ojos brillaban con un entusiasmo que Megumi no había visto en ella tan a menudo últimamente, eso era lo que le molestaba.
No, "molestar" era una palabra demasiado suave. "Inquietar" era más preciso. Y si era completamente honesto, una punzada de celos, pequeña pero insistente, se había instalado en su pecho.
Nobara y Megumi eran una pareja inusual. Ella, extrovertída, ruidosa y ferozmente independiente; él, reservado, pragmático y con una tendencia a mantener sus emociones bajo llave. Sin embargo, desde que se habían conocido en Jujutsu High, algo había florecido entre ellos, una conexión silenciosa pero profunda que se había transformado en un amor apasionado y, para Megumi, casi obsesivo.
Él amaba todo de ella: su determinación inquebrantable, su sentido del estilo impecable, su risa ruidosa, incluso su terquedad. La amaba tanto que a veces le costaba respirar. Y el pensamiento de que alguien más pudiera encantarla, de que su atención pudiera desviarse, era una perspectiva aterradora.
Se había acostumbrado a ser el centro de su mundo, o al menos, una parte muy importante de él. Habían pasado innumerables horas juntos, luchando contra maldiciones, estudiando, o simplemente sentados en silencio, disfrutando de la compañía del otro. La idea de que ese equilibrio pudiera romperse, aunque fuera por un "amigo", le revolvía el estómago.
"¿No es Kaito increíble, Megumi?" Nobara le preguntó más tarde ese día, mientras caminaban por el pasillo. Su voz era eufórica, y Megumi tuvo que morderse la lengua para no responder con sarcasmo.
"Supongo", murmuró, encogiéndose de hombros.
Nobara lo miró con el ceño fruncido. "¿"Supongo"? ¡Es genial! Es súper talentoso en combate cuerpo a cuerpo y tiene un sentido del humor increíble. Además, me está enseñando algunos trucos de moda que aprendió en su país."
Megumi sintió un nudo en el estómago. ¿Trucos de moda? ¿Kaito? Él había pasado horas, sí, HORAS, escuchando a Nobara hablar de moda, fingiendo interés en las últimas tendencias y los nuevos diseñadores. Había sacrificado su propio tiempo y energía para ser el oyente paciente que ella necesitaba. Y ahora, ¿este tipo llegaba de la nada y se ganaba su atención con eso?
"Ah, sí", dijo, con un tono más seco de lo que pretendía. "Qué suerte."
Nobara se detuvo en seco y lo miró, sus ojos marrones entrecerrados. "¿Qué te pasa, Megumi? Estás actuando raro."
Megumi suspiró. No quería tener esta conversación. No quería admitir lo que sentía, porque sonaba ridículo, incluso para él. Pero la mirada inquisitiva de Nobara exigía una respuesta.
"Nada", mintió, apartando la mirada.
"¡No es cierto!" replicó Nobara, cruzándose de brazos. "Sé cuándo mientes. ¿Es por Kaito?"
Megumi se mordió el labio. No podía negarlo. Ella lo conocía demasiado bien.
"Es solo que...", comenzó, buscando las palabras adecuadas. "Parece que te la pasas muy bien con él."
Nobara lo miró fijamente por un momento, y luego una sonrisa lenta y astuta se extendió por su rostro. "Ah, ya veo. ¿Estás celoso, Fushiguro?" Su voz era juguetona, pero había un matiz de curiosidad.
Megumi sintió que la sangre le subía a la cara. "¡No! Por supuesto que no."
"¡Sí que lo estás!" exclamó Nobara, riéndose. "¡Megumi Fushiguro, celoso! ¿Quién lo diría?"
La burla de Nobara, aunque no malintencionada, solo sirvió para aumentar la frustración de Megumi. "No es gracioso, Nobara. Es solo que... no me gusta que otros intenten... acaparar tu atención." Lo último lo dijo casi en un susurro, sintiéndose estúpido al instante.
Nobara se acercó a él, su risa cesó y sus ojos se suavizaron. Puso una mano en su brazo. "Megumi, eres ridículo. Kaito es solo un amigo. Un amigo interesante, sí, pero un amigo. Tú eres... tú eres mi Megumi."
La calidez de su toque y la sinceridad en su voz hicieron que la tensión en el pecho de Megumi disminuyera ligeramente. Pero la semilla de la duda ya estaba sembrada. Él sabía que ella lo amaba, pero ¿era suficiente? ¿Era su amor tan inquebrantable como el de él?
"Lo sé", murmuró, cubriendo su mano con la suya. "Pero... no puedo evitarlo."
Nobara suspiró, pero su expresión era de comprensión. "Lo sé, bobo. A veces eres tan... posesivo."
"No soy posesivo", refutó Megumi, aunque sabía que era una mentira descarada.
"Claro que sí", dijo Nobara con una sonrisa cariñosa. "Y en cierto modo, me gusta. Pero no dejes que te ciegue, ¿de acuerdo? Kaito es un buen tipo. Y no va a reemplazar a mi novio gruñón y adorable."
La palabra "novio" y "adorable" en la misma frase, refiriéndose a él, hizo que un pequeño rubor apareciera en las mejillas de Megumi. Se inclinó y la besó suavemente en la frente. "Lo intentaré."
Sin embargo, el "intento" de Megumi resultó ser más difícil de lo que pensaba. Los días siguientes, la presencia de Kaito en el círculo de Nobara se hizo más constante. Almorzaban juntos, entrenaban juntos y, lo más irritante para Megumi, Kaito parecía tener una habilidad innata para hacer reír a Nobara de una manera que Megumi rara vez lograba.
Megumi se encontraba observando a Nobara y Kaito desde la distancia, con una mirada sombría en su rostro. Su mente, generalmente enfocada en maldiciones y estrategias de combate, ahora estaba plagada de escenarios hipotéticos en los que Kaito se volvía más y más importante para Nobara.
Un día, mientras practicaban en el campo de entrenamiento, Kaito se acercó a Nobara y le susurró algo al oído, haciéndola reír a carcajadas. Nobara le dio un codazo juguetón en el brazo y luego le revolvió el pelo. Megumi observó la escena con los puños apretados. Era una interacción inocente, sí, pero la familiaridad, la facilidad con la que se tocaban, le revolvía el estómago.
"¿Estás bien, Fushiguro?", preguntó Yuji Itadori, que había estado observando a su amigo con preocupación. "Pareces que vas a vomitar."
Megumi gruñó. "Estoy bien."
"No, no lo estás", insistió Yuji. "Estás mirando a Nobara y Kaito como si fueran el mal encarnado. ¿Todavía estás celoso?"
Megumi suspiró. "No es celos, Yuji. Es... preocupación. No me fío de él."
Yuji se rascó la cabeza. "Pero parece un buen tipo. Y a Nobara le agrada. ¿No crees que es un poco exagerado?"
"No lo entiendes", dijo Megumi, con la voz baja y tensa. "Nobara es... especial. Y hay gente que se aprovecha de eso. No quiero que la lastimen."
"Nobara es fuerte", dijo Yuji, con una sonrisa. "Puede cuidarse sola. Y si Kaito intentara algo, ella lo pondría en su lugar."
Megumi sabía que Yuji tenía razón. Nobara era feroz, y no se dejaba pisotear por nadie. Pero su obsesión con ella, el deseo de protegerla de todo daño, era más fuerte que la lógica.
Esa noche, Megumi no pudo dormir. Las imágenes de Nobara riendo con Kaito, tocándose, bailaban en su mente. Necesitaba hablar con ella, necesitaba asegurarle que él era el único, que ella no necesitaba a nadie más.
Se levantó de la cama, se puso una sudadera y salió de su habitación. Caminó por los pasillos silenciosos hasta la puerta de Nobara. Dudó por un momento, luego levantó la mano para tocar.
Antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió. Nobara estaba de pie allí, con el pelo un poco revuelto y los ojos somnolientos, pero aun así hermosa. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta grande de los Yankees que Megumi le había regalado.
"¿Megumi?", preguntó, sorprendida. "¿Qué haces aquí?"
Megumi se sintió instantáneamente avergonzado. "Yo... no podía dormir."
Nobara lo miró con el ceño fruncido. "Pareces preocupado. ¿Todo bien?"
Él asintió, luego negó con la cabeza. "No realmente."
Ella se hizo a un lado. "Pasa."
Megumi entró en su habitación, que estaba sorprendentemente ordenada para ser de Nobara. Se sentó en el borde de su cama mientras Nobara cerraba la puerta y se sentaba a su lado.
"¿Qué pasa?", preguntó ella, su voz suave y comprensiva.
Megumi respiró hondo. "Es Kaito."
Nobara suspiró. "Lo sabía. ¿Qué pasa con él?"
"No me gusta cómo te mira", dijo Megumi, las palabras saliendo de él en un torrente. "No me gusta cómo te hace reír. No me gusta cómo te toca. Él... él no te merece."
Nobara lo miró con una mezcla de sorpresa y exasperación. "Megumi, ¿de verdad? ¡Es solo un amigo!"
"No puedo evitarlo, Nobara", dijo Megumi, su voz llena de angustia. "Te amo. Te amo tanto que me duele. Y el pensamiento de que alguien más pueda... pueda acercarse a ti de esa manera, me vuelve loco."
Nobara lo miró fijamente, y Megumi pudo ver una lucha en sus ojos. Frustración, sí, pero también algo más. Algo tierno.
Ella tomó su mano, sus dedos entrelazándose con los suyos. "Megumi, escúchame. Eres mi novio. Eres la persona que amo. Kaito es un buen chico, sí, y me agrada pasar tiempo con él. Pero eso no cambia nada entre nosotros."
"Pero...", comenzó Megumi.
"No hay 'pero'", lo interrumpió Nobara, su voz firme. "Sé que eres posesivo. Y sé que a veces me irrita. Pero también sé que viene de un lugar de amor. Un amor que es tan fuerte que a veces te ciega."
Ella le apretó la mano. "Megumi, no tienes que preocuparte. No hay nadie más para mí. Solo tú. Siempre tú."
Megumi la miró, sus ojos oscuros llenos de una mezcla de alivio y vergüenza. La sinceridad en su voz, la calidez de su toque, todo lo calmó. Sabía que ella decía la verdad.
"Lo siento", murmuró. "Soy un idiota."
Nobara sonrió, una sonrisa suave que hizo que el corazón de Megumi se acelerara. "Sí, lo eres. Pero eres mi idiota. Y te amo."
Ella se inclinó y lo besó, un beso tierno y dulce que disipó todas sus dudas. Megumi la abrazó con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. El aroma de su cabello, una mezcla de champú floral y su propio olor único, lo envolvió.
"No te vayas a ningún lado", susurró Megumi, su voz ronca.
Nobara se rió, su aliento cálido en su cuello. "No lo haré, bobo. No puedo librarme de ti tan fácilmente."
Megumi sonrió, sintiendo una paz que no había experimentado en días. Sabía que su obsesión por Nobara nunca desaparecería por completo. Era parte de él, parte de su amor por ella. Pero también sabía que ella era lo suficientemente fuerte como para manejarlo, y lo suficientemente amorosa como para tranquilizarlo.
"¿Quieres quedarte?", preguntó Nobara, su voz un poco más suave.
Megumi no dudó. "Sí."
Se acurrucaron en la cama de Nobara, el silencio de la noche roto solo por el sonido de sus propias respiraciones. Megumi la sostuvo cerca, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo. Sabía que Kaito seguiría siendo un amigo de Nobara, y que habría otros "Kaitos" en el futuro. Pero mientras Nobara lo mirara a él de esa manera, mientras sus manos se entrelazaran, mientras sus labios se encontraran, Megumi sabía que todo estaría bien.
Porque Nobara era suya. Y él era completamente de ella. Y eso era todo lo que importaba.
A la mañana siguiente, Megumi se encontró con Kaito en el pasillo. Kaito le sonrió y lo saludó con la cabeza. Megumi, para su propia sorpresa, le devolvió el saludo. Todavía sentía una punzada de inquietud, pero era mucho más manejable.
Más tarde, mientras desayunaban, Nobara le dio un codazo a Megumi. "Mira, Kaito está hablando con Yuji. ¡Parece que se están llevando bien!"
Megumi miró a los dos chicos, que reían de algo. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Quizás Kaito no era tan malo después de todo. O quizás, solo quizás, estaba aprendiendo a confiar un poco más.
Pero por si acaso, se acercó a Nobara y le tomó la mano debajo de la mesa, entrelazando sus dedos con los de ella. Nobara lo miró y le sonrió, una sonrisa que solo ella le dedicaba. Y en ese momento, Megumi supo que, a pesar de sus inseguridades, su amor era inquebrantable. Y eso era suficiente. Por ahora.
Megumi Fushiguro, sentado en su banco habitual, observaba la escena con una ceja ligeramente enarcada. La risa de Nobara era música para sus oídos, por supuesto, pero la presencia de Kaito era una nota disonante. No era que Kaito le cayera mal; de hecho, parecía un chico bastante agradable. Pero la forma en que Nobara se iluminaba cuando él hablaba, la forma en que sus ojos brillaban con un entusiasmo que Megumi no había visto en ella tan a menudo últimamente, eso era lo que le molestaba.
No, "molestar" era una palabra demasiado suave. "Inquietar" era más preciso. Y si era completamente honesto, una punzada de celos, pequeña pero insistente, se había instalado en su pecho.
Nobara y Megumi eran una pareja inusual. Ella, extrovertída, ruidosa y ferozmente independiente; él, reservado, pragmático y con una tendencia a mantener sus emociones bajo llave. Sin embargo, desde que se habían conocido en Jujutsu High, algo había florecido entre ellos, una conexión silenciosa pero profunda que se había transformado en un amor apasionado y, para Megumi, casi obsesivo.
Él amaba todo de ella: su determinación inquebrantable, su sentido del estilo impecable, su risa ruidosa, incluso su terquedad. La amaba tanto que a veces le costaba respirar. Y el pensamiento de que alguien más pudiera encantarla, de que su atención pudiera desviarse, era una perspectiva aterradora.
Se había acostumbrado a ser el centro de su mundo, o al menos, una parte muy importante de él. Habían pasado innumerables horas juntos, luchando contra maldiciones, estudiando, o simplemente sentados en silencio, disfrutando de la compañía del otro. La idea de que ese equilibrio pudiera romperse, aunque fuera por un "amigo", le revolvía el estómago.
"¿No es Kaito increíble, Megumi?" Nobara le preguntó más tarde ese día, mientras caminaban por el pasillo. Su voz era eufórica, y Megumi tuvo que morderse la lengua para no responder con sarcasmo.
"Supongo", murmuró, encogiéndose de hombros.
Nobara lo miró con el ceño fruncido. "¿"Supongo"? ¡Es genial! Es súper talentoso en combate cuerpo a cuerpo y tiene un sentido del humor increíble. Además, me está enseñando algunos trucos de moda que aprendió en su país."
Megumi sintió un nudo en el estómago. ¿Trucos de moda? ¿Kaito? Él había pasado horas, sí, HORAS, escuchando a Nobara hablar de moda, fingiendo interés en las últimas tendencias y los nuevos diseñadores. Había sacrificado su propio tiempo y energía para ser el oyente paciente que ella necesitaba. Y ahora, ¿este tipo llegaba de la nada y se ganaba su atención con eso?
"Ah, sí", dijo, con un tono más seco de lo que pretendía. "Qué suerte."
Nobara se detuvo en seco y lo miró, sus ojos marrones entrecerrados. "¿Qué te pasa, Megumi? Estás actuando raro."
Megumi suspiró. No quería tener esta conversación. No quería admitir lo que sentía, porque sonaba ridículo, incluso para él. Pero la mirada inquisitiva de Nobara exigía una respuesta.
"Nada", mintió, apartando la mirada.
"¡No es cierto!" replicó Nobara, cruzándose de brazos. "Sé cuándo mientes. ¿Es por Kaito?"
Megumi se mordió el labio. No podía negarlo. Ella lo conocía demasiado bien.
"Es solo que...", comenzó, buscando las palabras adecuadas. "Parece que te la pasas muy bien con él."
Nobara lo miró fijamente por un momento, y luego una sonrisa lenta y astuta se extendió por su rostro. "Ah, ya veo. ¿Estás celoso, Fushiguro?" Su voz era juguetona, pero había un matiz de curiosidad.
Megumi sintió que la sangre le subía a la cara. "¡No! Por supuesto que no."
"¡Sí que lo estás!" exclamó Nobara, riéndose. "¡Megumi Fushiguro, celoso! ¿Quién lo diría?"
La burla de Nobara, aunque no malintencionada, solo sirvió para aumentar la frustración de Megumi. "No es gracioso, Nobara. Es solo que... no me gusta que otros intenten... acaparar tu atención." Lo último lo dijo casi en un susurro, sintiéndose estúpido al instante.
Nobara se acercó a él, su risa cesó y sus ojos se suavizaron. Puso una mano en su brazo. "Megumi, eres ridículo. Kaito es solo un amigo. Un amigo interesante, sí, pero un amigo. Tú eres... tú eres mi Megumi."
La calidez de su toque y la sinceridad en su voz hicieron que la tensión en el pecho de Megumi disminuyera ligeramente. Pero la semilla de la duda ya estaba sembrada. Él sabía que ella lo amaba, pero ¿era suficiente? ¿Era su amor tan inquebrantable como el de él?
"Lo sé", murmuró, cubriendo su mano con la suya. "Pero... no puedo evitarlo."
Nobara suspiró, pero su expresión era de comprensión. "Lo sé, bobo. A veces eres tan... posesivo."
"No soy posesivo", refutó Megumi, aunque sabía que era una mentira descarada.
"Claro que sí", dijo Nobara con una sonrisa cariñosa. "Y en cierto modo, me gusta. Pero no dejes que te ciegue, ¿de acuerdo? Kaito es un buen tipo. Y no va a reemplazar a mi novio gruñón y adorable."
La palabra "novio" y "adorable" en la misma frase, refiriéndose a él, hizo que un pequeño rubor apareciera en las mejillas de Megumi. Se inclinó y la besó suavemente en la frente. "Lo intentaré."
Sin embargo, el "intento" de Megumi resultó ser más difícil de lo que pensaba. Los días siguientes, la presencia de Kaito en el círculo de Nobara se hizo más constante. Almorzaban juntos, entrenaban juntos y, lo más irritante para Megumi, Kaito parecía tener una habilidad innata para hacer reír a Nobara de una manera que Megumi rara vez lograba.
Megumi se encontraba observando a Nobara y Kaito desde la distancia, con una mirada sombría en su rostro. Su mente, generalmente enfocada en maldiciones y estrategias de combate, ahora estaba plagada de escenarios hipotéticos en los que Kaito se volvía más y más importante para Nobara.
Un día, mientras practicaban en el campo de entrenamiento, Kaito se acercó a Nobara y le susurró algo al oído, haciéndola reír a carcajadas. Nobara le dio un codazo juguetón en el brazo y luego le revolvió el pelo. Megumi observó la escena con los puños apretados. Era una interacción inocente, sí, pero la familiaridad, la facilidad con la que se tocaban, le revolvía el estómago.
"¿Estás bien, Fushiguro?", preguntó Yuji Itadori, que había estado observando a su amigo con preocupación. "Pareces que vas a vomitar."
Megumi gruñó. "Estoy bien."
"No, no lo estás", insistió Yuji. "Estás mirando a Nobara y Kaito como si fueran el mal encarnado. ¿Todavía estás celoso?"
Megumi suspiró. "No es celos, Yuji. Es... preocupación. No me fío de él."
Yuji se rascó la cabeza. "Pero parece un buen tipo. Y a Nobara le agrada. ¿No crees que es un poco exagerado?"
"No lo entiendes", dijo Megumi, con la voz baja y tensa. "Nobara es... especial. Y hay gente que se aprovecha de eso. No quiero que la lastimen."
"Nobara es fuerte", dijo Yuji, con una sonrisa. "Puede cuidarse sola. Y si Kaito intentara algo, ella lo pondría en su lugar."
Megumi sabía que Yuji tenía razón. Nobara era feroz, y no se dejaba pisotear por nadie. Pero su obsesión con ella, el deseo de protegerla de todo daño, era más fuerte que la lógica.
Esa noche, Megumi no pudo dormir. Las imágenes de Nobara riendo con Kaito, tocándose, bailaban en su mente. Necesitaba hablar con ella, necesitaba asegurarle que él era el único, que ella no necesitaba a nadie más.
Se levantó de la cama, se puso una sudadera y salió de su habitación. Caminó por los pasillos silenciosos hasta la puerta de Nobara. Dudó por un momento, luego levantó la mano para tocar.
Antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió. Nobara estaba de pie allí, con el pelo un poco revuelto y los ojos somnolientos, pero aun así hermosa. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta grande de los Yankees que Megumi le había regalado.
"¿Megumi?", preguntó, sorprendida. "¿Qué haces aquí?"
Megumi se sintió instantáneamente avergonzado. "Yo... no podía dormir."
Nobara lo miró con el ceño fruncido. "Pareces preocupado. ¿Todo bien?"
Él asintió, luego negó con la cabeza. "No realmente."
Ella se hizo a un lado. "Pasa."
Megumi entró en su habitación, que estaba sorprendentemente ordenada para ser de Nobara. Se sentó en el borde de su cama mientras Nobara cerraba la puerta y se sentaba a su lado.
"¿Qué pasa?", preguntó ella, su voz suave y comprensiva.
Megumi respiró hondo. "Es Kaito."
Nobara suspiró. "Lo sabía. ¿Qué pasa con él?"
"No me gusta cómo te mira", dijo Megumi, las palabras saliendo de él en un torrente. "No me gusta cómo te hace reír. No me gusta cómo te toca. Él... él no te merece."
Nobara lo miró con una mezcla de sorpresa y exasperación. "Megumi, ¿de verdad? ¡Es solo un amigo!"
"No puedo evitarlo, Nobara", dijo Megumi, su voz llena de angustia. "Te amo. Te amo tanto que me duele. Y el pensamiento de que alguien más pueda... pueda acercarse a ti de esa manera, me vuelve loco."
Nobara lo miró fijamente, y Megumi pudo ver una lucha en sus ojos. Frustración, sí, pero también algo más. Algo tierno.
Ella tomó su mano, sus dedos entrelazándose con los suyos. "Megumi, escúchame. Eres mi novio. Eres la persona que amo. Kaito es un buen chico, sí, y me agrada pasar tiempo con él. Pero eso no cambia nada entre nosotros."
"Pero...", comenzó Megumi.
"No hay 'pero'", lo interrumpió Nobara, su voz firme. "Sé que eres posesivo. Y sé que a veces me irrita. Pero también sé que viene de un lugar de amor. Un amor que es tan fuerte que a veces te ciega."
Ella le apretó la mano. "Megumi, no tienes que preocuparte. No hay nadie más para mí. Solo tú. Siempre tú."
Megumi la miró, sus ojos oscuros llenos de una mezcla de alivio y vergüenza. La sinceridad en su voz, la calidez de su toque, todo lo calmó. Sabía que ella decía la verdad.
"Lo siento", murmuró. "Soy un idiota."
Nobara sonrió, una sonrisa suave que hizo que el corazón de Megumi se acelerara. "Sí, lo eres. Pero eres mi idiota. Y te amo."
Ella se inclinó y lo besó, un beso tierno y dulce que disipó todas sus dudas. Megumi la abrazó con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. El aroma de su cabello, una mezcla de champú floral y su propio olor único, lo envolvió.
"No te vayas a ningún lado", susurró Megumi, su voz ronca.
Nobara se rió, su aliento cálido en su cuello. "No lo haré, bobo. No puedo librarme de ti tan fácilmente."
Megumi sonrió, sintiendo una paz que no había experimentado en días. Sabía que su obsesión por Nobara nunca desaparecería por completo. Era parte de él, parte de su amor por ella. Pero también sabía que ella era lo suficientemente fuerte como para manejarlo, y lo suficientemente amorosa como para tranquilizarlo.
"¿Quieres quedarte?", preguntó Nobara, su voz un poco más suave.
Megumi no dudó. "Sí."
Se acurrucaron en la cama de Nobara, el silencio de la noche roto solo por el sonido de sus propias respiraciones. Megumi la sostuvo cerca, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo. Sabía que Kaito seguiría siendo un amigo de Nobara, y que habría otros "Kaitos" en el futuro. Pero mientras Nobara lo mirara a él de esa manera, mientras sus manos se entrelazaran, mientras sus labios se encontraran, Megumi sabía que todo estaría bien.
Porque Nobara era suya. Y él era completamente de ella. Y eso era todo lo que importaba.
A la mañana siguiente, Megumi se encontró con Kaito en el pasillo. Kaito le sonrió y lo saludó con la cabeza. Megumi, para su propia sorpresa, le devolvió el saludo. Todavía sentía una punzada de inquietud, pero era mucho más manejable.
Más tarde, mientras desayunaban, Nobara le dio un codazo a Megumi. "Mira, Kaito está hablando con Yuji. ¡Parece que se están llevando bien!"
Megumi miró a los dos chicos, que reían de algo. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Quizás Kaito no era tan malo después de todo. O quizás, solo quizás, estaba aprendiendo a confiar un poco más.
Pero por si acaso, se acercó a Nobara y le tomó la mano debajo de la mesa, entrelazando sus dedos con los de ella. Nobara lo miró y le sonrió, una sonrisa que solo ella le dedicaba. Y en ese momento, Megumi supo que, a pesar de sus inseguridades, su amor era inquebrantable. Y eso era suficiente. Por ahora.
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