Fanfy
.studio
Загрузка...
Фоновое изображение
← Назад
0 лайков

nose

Фандом: Cortis

Создан: 14.03.2026

Теги

РомантикаПовседневностьФлаффСоулмейтыРеализмЗанавесочная историяЛирикаCharacter study
Содержание

Bailando con el Destino

El primer día de Keonho en el Instituto Cortis fue, para sorpresa de nadie, un torbellino. Era como si una estrella de rock hubiera aterrizado en nuestro monótono universo adolescente. Alto, con esa piel canela que brillaba bajo el sol, y el cabello castaño desordenado que le daba un aire de "acabo de levantarme de la cama y sigo siendo perfecto". Y luego, esa sonrisa. ¡Dios mío, esa sonrisa! Era contagiosa, un poco traviesa, y capaz de derretir el hielo más grueso. No pasó ni el primer recreo cuando ya se había convertido en el chico más popular del instituto. Las chicas suspiraban, los chicos lo miraban con una mezcla de admiración y envidia.

Yo, Fabiana, también era considerada bonita, o al menos eso decían. Esbelta, con mi tez canela algo pálida y el cabello corto suelto que me llegaba a los hombros. Pero a diferencia de Keonho, mi popularidad era más tranquila, casi pasiva. Me gustaba bailar y pasar tiempo con mis amigos, y evitaba el centro de atención si podía. No era que fuera tímida, simplemente prefería la periferia.

Keonho y yo compartíamos algunas clases, incluyendo Ciencias. Nuestras interacciones eran mínimas al principio, un roce de miradas en el pasillo, una sonrisa fugaz que él me dedicaba y que yo respondía con una leve inclinación de cabeza. Había una chispa, lo admito, una especie de tensión silenciosa que se manifestaba en el aire entre nosotros, pero era sutil, casi imperceptible para los demás.

Él era el centro de atención, siempre rodeado de gente. Yo, en cambio, solía estar en mi propio mundo, escuchando música o ensayando mentalmente nuevos pasos de baile. Pero Keonho tenía una forma de encontrarme, o de que nuestros caminos se cruzaran, sin importar dónde estuviera. Sus ojos marrones siempre me encontraban en el aula, o en la cafetería, o en el patio. Y cada vez que nuestras miradas se cruzaban, esa chispa se encendía un poco más.

La clase de Ciencias era el único lugar donde la interacción era más directa. El profesor, un hombre excéntrico con gafas gruesas, nos había emparejado para un proyecto semestral. Y, por supuesto, me había tocado con Keonho. Al principio, fue incómodo. Sus bromas y su carisma chocaban un poco con mi naturaleza más reservada. Pero poco a poco, a medida que trabajábamos en el proyecto, empecé a ver más allá de su fachada de chico popular. Era inteligente, aunque a veces un poco despistado, y tenía una curiosidad genuina por el mundo. Y esa sonrisa... esa sonrisa podía hacer que el día más gris se volviera soleado.

El día que todo cambió, el día que la chispa se convirtió en un incendio, fue el día del baile escolar. El tema era "Noche de Estrellas", y como era costumbre, algunos estudiantes presentaban números artísticos. Yo había estado practicando una coreografía durante semanas. No era solo un baile; era una expresión de todo lo que sentía, de mis anhelos, de mi fuerza, de mi feminidad. La canción, "SUPERSCAR-ÁDÉLA", era perfecta: una mezcla de sensualidad, poder y vulnerabilidad.

Mientras me preparaba backstage, sentía los nervios a flor de piel. Mis amigas me daban ánimos, retocando mi maquillaje y ajustando mi vestuario, un conjunto ceñido que resaltaba mis curvas y mis movimientos. Respiré hondo, tratando de calmar el latido acelerado de mi corazón. Sabía que Keonho estaría entre el público. De alguna manera, su presencia siempre se sentía, como un imán invisible que me atraía.

Cuando mi nombre fue anunciado, las luces del escenario se encendieron. La música comenzó, envolviéndome en sus notas seductoras y rítmicas. Al principio, mis movimientos eran cautelosos, exploratorios, como si estuviera tanteando el terreno. Pero a medida que la canción avanzaba, me dejé llevar. Cada paso, cada giro, cada extensión era una parte de mí que se revelaba. Mis caderas se movían con una fluidez natural, mis brazos dibujaban formas en el aire, y mi cabello, que ahora se había desordenado un poco, se movía con cada sacudida.

La coreografía era provocadora, sí, pero no de una manera vulgar. Era una provocación de la fuerza femenina, de la confianza en uno mismo, de la belleza inherente al movimiento. Podía sentir las miradas del público, pero no me importaban. Solo bailaba para mí, para la música, para la sensación de libertad que me embargaba.

En un momento, mientras mis ojos barrían la multitud, vi a Keonho. Estaba de pie en la parte de atrás, un poco apartado de la multitud, con los brazos cruzados. Sus ojos estaban fijos en mí, intensos, casi devoradores. No sonreía, pero su expresión era de pura admiración, una especie de asombro silencioso que me hizo sentir una descarga eléctrica por todo el cuerpo. En ese instante, supe que algo había cambiado irrevocablemente entre nosotros.

Cuando la música se detuvo, el aplauso fue ensordecedor. Me incliné, mi pecho subiendo y bajando rápidamente, el aliento entrecortado. La adrenalina aún corría por mis venas. Mientras salía del escenario, mis amigos me rodearon, felicitándome. Me sentía eufórica, agotada pero satisfecha.

Más tarde, mientras recogía mis cosas en el backstage, una figura se materializó a mi lado. Era Keonho. Mi corazón dio un vuelco. Estaba un poco sudado de tanto bailar, y mis mejillas aún estaban enrojecidas.

"Fabiana", dijo, su voz un poco ronca. Había una profundidad en sus ojos que nunca antes había visto.

"Keonho", respondí, tratando de sonar casual, aunque mi interior era un torbellino.

Él se acercó un paso, y pude sentir el calor de su cuerpo. Su mirada se deslizó por mi rostro, por mis hombros, por mis piernas. No era una mirada lasciva, sino una de aprecio, de fascinación.

"Eso fue... increíble", dijo finalmente, su voz un murmullo. "Nunca había visto a nadie bailar así."

Sentí un rubor subir por mi cuello. "Gracias", murmuré, bajando la mirada.

Él se rió suavemente, un sonido que me hizo vibrar. "No, en serio, Fabiana. Fue... hipnótico. Cada movimiento. La forma en que te movías, con tanta confianza, tanta... Pasión. Era como si la música cobrara vida a través de ti."

Mis ojos se encontraron con los suyos. Eran un pozo sin fondo, lleno de una emoción que no podía descifrar del todo, pero que me atraía irresistiblemente.

"Me sentía conectada con la canción", expliqué, mi voz apenas un susurro. "Era como si contara una historia."

"Y lo hizo", asintió, su mirada fija en mis labios. "Contó una historia de fuerza, de belleza, de algo... magnético. No podía apartar la vista."

La tensión entre nosotros era palpable, un campo de fuerza que nos envolvía. Podía sentir su aliento cálido en mi rostro. El aire a nuestro alrededor parecía vibrar con una energía innegable.

"Bueno, me alegro de que te haya gustado", dije, tratando de romper el hechizo, aunque en el fondo no quería.

Él sonrió, esa sonrisa que era mi perdición. "Me gustó es quedarme corto, Fabiana. Me dejó sin palabras."

En ese momento, el timbre sonó, anunciando el final del baile. La burbuja en la que estábamos se rompió.

"Tenemos que ir a tu casa", dije, recordando de repente nuestro proyecto de Ciencias. "Para terminar los ejercicios."

Keonho asintió, pero la intensidad en sus ojos no disminuyó. "Sí", dijo, su voz aún baja. "Tenemos que ir a tu casa."

El viaje a mi casa fue silencioso, pero no incómodo. La atmósfera en el coche de Keonho estaba cargada, llena de la electricidad que había surgido entre nosotros. Podía sentir su mirada sobre mí de vez en cuando, y cada vez que nuestros ojos se encontraban, el aire se volvía más denso.

Cuando llegamos a mi casa, mis padres no estaban. Habían salido a cenar con unos amigos, dejándome la casa para mí sola. Era una coincidencia que no pasó desapercibida para ninguno de los dos.

"Pasa", dije, abriendo la puerta.

Keonho entró, sus ojos recorriendo la sala. Mi casa era acogedora, llena de libros y plantas, con un gran ventanal que daba al jardín trasero.

"Bonita casa", comentó, su voz un poco más grave de lo normal.

"Gracias", respondí, indicándole que me siguiera a mi habitación, donde teníamos nuestros materiales de Ciencias.

Mi habitación era un reflejo de mi personalidad: un poco desordenada, con posters de mis bailarines favoritos, libros apilados en el suelo y una pequeña barra de ballet en una esquina.

Nos sentamos en mi escritorio, abriendo nuestros cuadernos y libros. Pero la concentración era difícil. La imagen de Keonho viéndome bailar seguía reproduciéndose en mi mente, y la forma en que me había mirado, la forma en que me seguía mirando ahora.

"Entonces", empezó Keonho, su voz baja. "Los problemas de equilibrio en la ecuación química."

Intenté centrarme en los números y las fórmulas, pero mi mente divagaba. Podía sentir su presencia a mi lado, el calor de su brazo rozando el mío de vez en cuando. El aroma de su colonia, una mezcla de sándalo y algo fresco, me envolvía.

"Sí, los de la página 78", dije, mi voz un poco temblorosa.

Empezamos a trabajar, pero la conversación se desviaba constantemente. Hablábamos de la escuela, de nuestros sueños, de nuestros miedos. Era la primera vez que hablábamos de cosas tan personales, y cada palabra compartida profundizaba la conexión entre nosotros.

"¿Siempre has bailado?", preguntó Keonho, sus ojos fijos en un poster de una bailarina de ballet.

Asentí. "Desde que era pequeña. Es mi forma de expresarme, de sentirme libre."

Él sonrió. "Se notó hoy. En cada movimiento. Era como si cada parte de ti estuviera contando una historia." Se inclinó un poco más hacia mí, su voz bajando a un susurro. "¿Qué historia contabas hoy, Fabiana?"

Mis mejillas se encendieron. "Una historia de... de ser yo misma. De sentirme poderosa."

"Y lo eras", dijo, su voz llena de admiración. "Poderosa y... cautivadora."

Nuestras miradas se encontraron de nuevo, y esta vez, la chispa no era una chispa, era una llama. El aire se volvió más denso, más cargado. Podía sentir el latido de mi corazón en mis oídos.

Keonho extendió una mano y tocó mi cabello, un gesto suave y delicado que me hizo estremecer. "Tu cabello es suave", murmuró, sus dedos rozando mi mejilla.

Cerré los ojos por un instante, disfrutando de la sensación. Cuando los abrí, Keonho estaba aún más cerca. Sus ojos estaban fijos en mis labios.

"Fabiana", dijo, su voz apenas audible.

No pude responder. Solo podía mirarlo, mi cuerpo vibrando con anticipación.

Él se inclinó, lenta y deliberadamente, dándome tiempo para retroceder si quería. Pero yo no quería. Quería que se acercara, que me besara.

Nuestros labios se encontraron, un roce suave al principio, luego más profundo, más urgente. El beso fue como un estallido, un torbellino de emociones que me arrastró. Sus labios eran suaves y cálidos, y su sabor... su sabor era embriagador.

Mis manos se aferraron a sus hombros, mis dedos apretando la tela de su camiseta. Él me atrajo más cerca, su brazo rodeando mi cintura, su otra mano en mi nuca, profundizando el beso.

Era un beso lleno de la tensión acumulada, de la atracción innegable que habíamos sentido desde el primer día. Era un beso que lo decía todo, sin necesidad de palabras. Era el inicio de algo nuevo, algo emocionante, algo que nos cambiaría para siempre.

Nos separamos un poco, nuestras frentes apoyadas una contra la otra, el aliento entrecortado. Mis ojos estaban cerrados, mi mente nadando en sensaciones.

"Fabiana", repitió, su voz llena de una ternura que me derritió.

Abrí los ojos y lo miré. Sus ojos brillaban con una intensidad que reflejaba la mía.

"Keonho", susurré, mi voz apenas un hilo.

Él me besó de nuevo, esta vez con más pasión, con más urgencia. Mis manos se enredaron en su cabello desordenado, tirando suavemente. Su boca se movía con la mía en una danza perfecta, una danza que era tan provocadora y sensual como mi propio baile.

Nos besamos durante lo que parecieron horas, perdiéndonos en el momento, en la sensación, en el otro. El proyecto de Ciencias, el baile escolar, el mundo exterior, todo se desvaneció. Solo existíamos nosotros dos, en mi habitación, bajo la luz tenue de la lámpara, explorando los límites de esta nueva y emocionante conexión.

La tensión se había convertido en un fuego, y ese fuego estaba apenas comenzando a arder. Y yo, Fabiana, estaba más que dispuesta a dejarme consumir por sus llamas.
Содержание

Хотите создать свой фанфик?

Зарегистрируйтесь на Fanfy и создавайте свои собственные истории!

Создать свой фанфик