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escape: my love awaits you

Фандом: enhypen

Создан: 14.03.2026

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El Latido Prohibido

El aire de la noche era denso, cargado con el dulce aroma de las flores de jazmín que trepaban por los muros de piedra. Ni-ki conducía su vieja motocicleta por las calles adoquinadas, el motor ronroneando suavemente como un gato. No era la ruta más directa a ningún lugar en particular, pero era la ruta que pasaba por su casa. La casa de Yeonhee.

Una luz brillaba en la ventana de su dormitorio, una pequeña estrella en la oscuridad. Ni-ki desaceleró, casi imperceptiblemente, y sus ojos se clavaron en ella. Era una luz suave, cálida, como la propia Yeonhee. Recordó la primera vez que la vio, bajo el sol abrasador de un día de verano, con el cabello suelto bailando al viento y una sonrisa que le robó el aliento. Desde entonces, el mundo había perdido un poco de su color. Todo era más vibrante cuando ella estaba cerca, y más apagado cuando no.

James. El nombre se sentía como una espina en su garganta. El novio de Yeonhee. Un buen tipo, según la gente. Estable, predecible, el tipo de novio que los padres aprueban. Pero Ni-ki sabía que Yeonhee no era para lo predecible. Sus ojos, cuando se encontraban con los suyos, brillaban con una chispa de anhelo, de un deseo de algo más, algo que James no podía ofrecerle. Él lo sentía. Lo sabía.

Estacionó la motocicleta a una distancia prudente, apagando el motor. El silencio de la noche lo envolvió, roto solo por el canto lejano de un grillo. Sacó su teléfono, sus dedos temblaron ligeramente mientras escribía el mensaje.

*Estoy aquí.*

No hubo respuesta inmediata. Ni-ki sintió un nudo en el estómago. ¿Quizás estaba dormida? ¿O con James? La idea le revolvió las entrañas. Pero luego, un destello de luz se encendió en su ventana y, un momento después, la luz se apagó. Una señal. Siempre una señal.

Unos minutos después, la puerta principal de la casa se abrió con un crujido apenas audible. Yeonhee salió, envolviéndose en una chaqueta ligera, su cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros. Su figura era esbelta y grácil, y Ni-ki sintió una punzada en el pecho. Era tan hermosa.

Se acercó a él con pasos silenciosos, sus ojos grandes y expresivos reflejando la luz de la luna. Había una mezcla de cautela y emoción en su mirada.

"Ni-ki," susurró, su voz apenas audible. "¿Qué haces aquí?"

"No podía dormir," respondió él, su voz ronca. "No sin pensar en ti."

Ella bajó la mirada, el rubor subiendo por sus mejillas. Ni-ki se bajó de la motocicleta y se acercó a ella, sus manos buscando las suyas. Sus dedos se entrelazaron, un pequeño chispazo eléctrico recorriendo sus venas.

"Yeonhee," comenzó, su voz llena de urgencia. "Necesito que dejes a James. Necesito que vengas conmigo."

Ella se sobresaltó, sus ojos se abrieron de par en par. "Ni-ki, no puedo. Sabes que no puedo."

"¿Por qué no?" él insistió, apretando sus manos. "Dime por qué no. ¿Acaso eres feliz con él? ¿Es lo que realmente quieres?"

Su silencio fue su respuesta. Él lo sabía. Él lo sentía. La forma en que sus ojos se desviaban cuando James la besaba, la forma en que su sonrisa se tensaba a veces.

"Sé que lo sientes," continuó Ni-ki, su voz suave pero firme. "Sé que hay algo más aquí. Entre nosotros. Algo que él no puede darte."

Ella liberó una de sus manos para tocar su mejilla, su pulgar acariciando suavemente su piel. Los ojos de Ni-ki se cerraron por un instante, saboreando el contacto.

"Tengo miedo, Ni-ki," admitió ella, su voz temblorosa. "Tengo miedo de lo que pasaría. De lo que dirían. De lo que James haría."

"No tienes que tener miedo," le aseguró él, abriendo los ojos y mirándola fijamente. "Estaré contigo. Te protegeré. No dejaré que nada te pase."

Su mirada era intensa, llena de una promesa que Ni-ki sabía que podía cumplir. Él era un espíritu libre, un alma rebelde, y estaba dispuesto a quemar el mundo por ella.

"Él no te entiende, Yeonhee," dijo Ni-ki, su voz bajando a un susurro. "No te ve como yo te veo. No ve la pasión que arde dentro de ti, la sed de aventura, la forma en que tu alma anhela algo más. Él quiere encerrarte en una jaula dorada, pero tú eres un pájaro libre. Y yo quiero volar contigo."

Una lágrima solitaria se deslizó por la mejilla de Yeonhee. Ni-ki la limpió con su pulgar, su corazón doliendo al ver su dolor.

"Sé que es mucho pedir," dijo él, "pero no puedo seguir fingiendo que no me importas. No puedo seguir viéndote con él, sabiendo que podrías ser mía. Que deberías ser mía."

Ella se mordió el labio inferior, sus ojos fijos en los de él. Había una lucha interna en su mirada, una batalla entre la razón y el deseo.

"¿Qué haríamos?" preguntó ella, su voz apenas un hilo. "¿A dónde iríamos?"

Una sonrisa se dibujó en los labios de Ni-ki. "A cualquier lugar. A donde el viento nos lleve. Podríamos ir a la costa, ver el amanecer sobre el océano. O a las montañas, bajo un cielo lleno de estrellas. No importa el destino, mientras estemos juntos."

Él se inclinó, su aliento cálido contra su piel. "Te prometo que te trataré como la reina que eres. Te escucharé cuando nadie más lo haga. Te haré reír cuando estés triste. Te amaré con cada fibra de mi ser. ¿Crees que él puede hacer eso?"

Yeonhee cerró los ojos, un suspiro escapándose de sus labios. La cercanía de Ni-ki era embriagadora, su aroma a cuero y gasolina, su energía salvaje y liberadora. Era todo lo que James no era.

"Ni-ki, esto está mal," murmuró ella, aunque no hizo ningún intento de alejarse.

"¿Está mal ser feliz?" preguntó él, su voz llena de convicción. "¿Está mal seguir tu corazón? ¿Está mal querer a alguien que te quiere de verdad, que te ve por quien eres?"

Abrió los ojos y lo miró. La intensidad de su mirada la desarmó. Ni-ki tenía una forma de ver a través de ella, de despojarla de todas sus defensas y llegar a lo más profundo de su ser.

"Él te aburre," dijo Ni-ki, con una certeza inquebrantable. "Lo veo en tus ojos. La forma en que se apagan cuando él habla de sus planes para el futuro, planes que no te incluyen realmente. Eres un espíritu libre, Yeonhee, y él te está asfixiando."

Ella bajó la mirada, las palabras de Ni-ki resonando en su mente. Era cierto. James era bueno, pero también era... predecible. Su vida con él se sentía como un camino recto y bien pavimentado, sin sorpresas, sin emoción. Y Yeonhee, en el fondo de su corazón, anhelaba las curvas y los desvíos, los senderos inexplorados.

"No puedo simplemente irme," dijo ella, su voz apenas un susurro. "Tengo una vida aquí. Una familia. Amigos."

"Yo también tengo una vida aquí," respondió Ni-ki, su voz suave. "Pero estoy dispuesto a dejarlo todo por ti. ¿No valgo la pena ese riesgo?"

Él tomó su rostro entre sus manos, sus pulgares acariciando sus pómulos. Sus ojos se encontraron, y en la profundidad de la mirada de Ni-ki, Yeonhee vio una promesa, una pasión que la asustaba y la excitaba a partes iguales.

"Quiero estar contigo, Yeonhee," susurró Ni-ki, su voz llena de una urgencia que la hizo temblar. "Quiero que seamos nosotros. Sin escondernos, sin miedo. Solo tú y yo, contra el mundo."

Ella sintió un torbellino de emociones dentro de ella. La culpa, el miedo, la emoción, el deseo. Era una mezcla embriagadora y peligrosa. Siempre había sido la chica buena, la que hacía lo correcto. Pero Ni-ki le estaba ofreciendo algo diferente, algo prohibido, algo que la llamaba desde lo más profundo de su alma.

"¿Y si me arrepiento?" preguntó ella, su voz apenas audible.

"No lo harás," respondió Ni-ki con firmeza. "Te prometo que no lo harás. Te haré la mujer más feliz del mundo. Te mostraré un mundo que nunca supiste que existía."

Él se inclinó un poco más, sus labios rozando los de ella. El aliento de Yeonhee se quedó atrapado en su garganta. El mundo se desvaneció, y solo existían ellos dos, bajo la luz de la luna, en la quietud de la noche.

"Deja de tener miedo, Yeonhee," susurró Ni-ki. "Deja que tu corazón te guíe. Sé que me quieres tanto como yo te quiero a ti."

Y en ese instante, en la mirada de Ni-ki, Yeonhee vio su propio reflejo, no la chica que pretendía ser, sino la mujer apasionada y aventurera que siempre había estado escondida dentro de ella. La mujer que anhelaba ser libre.

Sus labios se encontraron en un beso. Un beso urgente, desesperado, lleno de años de anhelo y deseo reprimido. Era un beso que lo decía todo, un beso que sellaba un destino incierto pero emocionante.

Cuando se separaron, Yeonhee estaba sin aliento, sus ojos brillando con una nueva determinación.

"Ni-ki," dijo ella, su voz firme. "Llévame contigo."

Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de Ni-ki, sus ojos brillando con una chispa salvaje. "Sabía que dirías que sí."

Él la ayudó a subirse a la motocicleta, su mano en su cintura. Yeonhee se aferró a él, su corazón latiendo con fuerza contra su espalda. Sintió la libertad, la emoción, la adrenalina corriendo por sus venas. Estaba haciendo lo que su corazón le pedía, y por primera vez en mucho tiempo, se sentía viva.

Ni-ki encendió el motor, el rugido rompiendo el silencio de la noche. Miró a Yeonhee por el espejo retrovisor, sus ojos llenos de una promesa silenciosa. Esta era su huida, su nueva vida.

"¿Estás lista?" preguntó Ni-ki, su voz llena de emoción.

Yeonhee asintió, su rostro iluminado por la luz de la luna. "Más que lista."

La motocicleta se alejó de la casa, dejando atrás la vida que Yeonhee había conocido. El viento soplaba en su cabello, y ella se aferró a Ni-ki, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. El futuro era incierto, pero por primera vez, Yeonhee no tenía miedo. Tenía a Ni-ki, y eso era todo lo que importaba.

Mientras se alejaban, las luces de la ciudad se desdibujaban en el horizonte, y el mundo se abría ante ellos, un lienzo en blanco esperando ser pintado con su propia historia. Una historia de amor prohibido, de rebeldía, de pasión desatada. Una historia que apenas comenzaba.
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