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Especial

Фандом: ENHYPEN

Создан: 26.03.2026

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Bajo la Piel del Ciervo

—Hyung, mírame... —susurró Sunoo, su voz era una caricia cargada de una autoridad suave pero ineludible.

Heeseung, con las mejillas encendidas y el pecho subiendo y bajando en un ritmo errático, obedeció. Sus muslos se separaron un poco más, temblando por el esfuerzo y la anticipación. La vulnerabilidad en sus ojos de ciervo era absoluta; allí, en la penumbra de la habitación, el líder fuerte y protector de ENHYPEN se había desvanecido, dejando solo a un hombre que ansiaba ser reclamado por el chico que el mundo entero consideraba "tierno".

—Tócame, Sunoo... por favor —suplicó Heeseung, su voz rompiéndose en un hilo de sonido.

Sunoo sonrió, una expresión que no tenía nada de inocente. Se acomodó con parsimonia, desplazando su peso hasta quedar apoyado firmemente sobre el muslo izquierdo de Heeseung. La cercanía permitió que el calor que emanaba de ambos cuerpos se fundiera. Sunoo alargó una mano, rozando primero la rodilla del mayor antes de subir lentamente por la cara interna del muslo, disfrutando de cómo la piel de Heeseung se erizaba ante su contacto.

Antes de llegar a su destino, Sunoo se inclinó hacia adelante, atrapando los labios de Heeseung en un beso profundo y posesivo. No era solo un beso; era una declaración de propiedad. Sus lenguas se entrelazaron con una urgencia que hizo que Heeseung soltara un quejido ahogado contra su boca. Mientras mantenía el beso, la mano derecha de Sunoo finalmente descendió hasta encontrar la humedad ardiente que esperaba entre las piernas del pelirrojo.

Al sentir el primer contacto directo de los dedos de Sunoo contra su intimidad, Heeseung arqueó la espalda, despegándose de la silla. Sunoo no se apresuró. Primero, rodeó con su palma toda la zona, distribuyendo la lubricación natural de Heeseung con movimientos circulares que le sacaron un gemido vibrante.

—Estás tan sensible, hyung —murmuró Sunoo separándose apenas unos milímetros de sus labios, su aliento caliente golpeando la boca de Heeseung—. Me encanta cómo reaccionas cuando te toco así.

Sunoo centró su atención en el pequeño botón de placer que sobresalía, hinchado y palpitante. Con una destreza que contrastaba con su imagen pública, comenzó a masajear el clítoris de Heeseung con la yema del pulgar. El mayor soltó un grito ahogado, su cabeza cayendo hacia atrás, exponiendo su cuello largo y elegante. Sunoo aprovechó para morder suavemente su mandíbula mientras sus dedos se volvían más audaces.

De repente, Sunoo atrapó el clítoris entre su pulgar e índice, dándole un pequeño y firme pellizco que hizo que Heeseung soltara un gemido agudo, casi un llanto de placer.

—¡Sunoo! —exclamó Heeseung, apretando los hombros del menor con desesperación.

—¿Te gusta eso? —preguntó Sunoo con una risita baja, volviendo a masajear la zona con una presión rítmica y constante—. Te ves tan hermoso cuando pierdes el control por mí. Nadie creería que el gran Heeseung-hyung puede sonar así de dulce.

Sunoo no dejó de estimular aquel punto sensible, variando la intensidad, alternando entre caricias circulares y presiones más directas que mantenían a Heeseung al borde de un abismo de sensaciones. Solo cuando sintió que el cuerpo del pelirrojo estaba lo suficientemente relajado y receptivo, deslizó dos de sus dedos hacia la entrada de su cavidad, hundiéndolos con lentitud, disfrutando de la calidez que lo rodeaba.

—Estás tan apretado... —susurró Sunoo, moviendo sus dedos en un gancho que buscaba las paredes internas de su hyung—. Y tan mojado por mí.

Heeseung no podía articular palabras, solo jadeos entrecortados. Sunoo, al verlo así, recordó cuánto le gustaba el contraste entre la fuerza del cuerpo de su mayor y la suavidad de su piel. Deslizó su mano izquierda hacia arriba, bajo la camiseta de Heeseung, hasta encontrar uno de sus pectorales. Lo masajeó con firmeza, apreciando el músculo sólido bajo su palma, mientras que, con un movimiento ágil, se inclinó para capturar el otro pezón con sus labios.

El efecto fue inmediato. Heeseung soltó un gemido que vibró en todo su pecho. Mientras la mano derecha de Sunoo seguía trabajando rítmicamente en su interior, su boca succionaba y jugaba con el pectoral derecho de Heeseung, provocando una sobrecarga sensorial en el mayor.

—Ah... Sunoo, por favor... no puedo... —Heeseung comenzó a mover sus caderas de forma instintiva, buscando más de aquel contacto que lo estaba volviendo loco.

En medio de la bruma del placer, Heeseung bajó sus manos y rozó accidentalmente la entrepierna de Sunoo. Se detuvo un segundo, notando la dureza evidente que se escondía tras la tela del pantalón del pelinegro. Con una valentía nacida del deseo, Heeseung comenzó a acariciar la erección de Sunoo por encima de la ropa, escuchando cómo el menor soltaba un gruñido de satisfacción.

—¿Quieres esto, hyung? —preguntó Sunoo, deteniendo un momento el movimiento de sus dedos para liberar su propio miembro—. Adelante, tócalo. Es todo para ti.

Heeseung envolvió la erección de Sunoo con su mano, maravillado por el calor y la firmeza. El pelinegro cerró los ojos un momento, disfrutando del toque de su hyung, pero no permitió que Heeseung tomara el mando por mucho tiempo. Con un movimiento decidido, Sunoo aceleró el ritmo de sus dedos dentro de Heeseung, volviendo a presionar con el pulgar el clítoris del pelirrojo.

La combinación fue demasiado. Heeseung sintió cómo la tensión en su vientre bajo explotaba en una oleada de calor cegador. Sus espasmos apretaron los dedos de Sunoo mientras se corría con un grito que quedó ahogado en el cuello del menor. Sunoo continuó masajeándolo un momento más, asegurándose de que Heeseung disfrutara cada segundo del descenso del orgasmo.

Cuando el mayor finalmente recuperó un poco el aliento, Sunoo se puso de pie, extendiendo una mano hacia él.

—Ven aquí, hyung. La silla es incómoda para lo que sigue —dijo Sunoo con una sonrisa cargada de ternura y promesa.

Guió a un Heeseung todavía tembloroso hacia la cama de una plaza en el rincón de la habitación. Lo ayudó a recostarse boca arriba, posicionándose entre sus piernas con una lentitud tortuosa. Heeseung lo miraba con esos ojos de ciervo, brillantes y llenos de una devoción absoluta.

—Te amo, Sunoo... —susurró Heeseung, estirando la mano para acariciar la mejilla del pelinegro.

—Lo sé, hyung —respondió Sunoo, inclinándose para darle un beso casto en la frente antes de buscar la entrada de Heeseung con su propia virilidad—. Y yo te amo a ti, aunque me guste verte así de vulnerable.

Sunoo entró en él con un empuje suave pero decidido, llenándolo por completo. El sexo que siguió no fue apresurado; fue una danza de roces, palabras dulces al oído y miradas que decían más que cualquier discurso frente a las cámaras. Sunoo fue considerado, deteniéndose cuando Heeseung parecía sobrepasado y acelerando cuando el mayor se lo pedía con gemidos desesperados.

Al final, cuando ambos llegaron al clímax casi al unísono, Sunoo se dejó caer con cuidado sobre el pecho de Heeseung, escuchando el latido acelerado de su corazón.

—Eres perfecto —susurró Sunoo, acomodándose a su lado en la pequeña cama y cubriendo a ambos con la manta—. Descansa, hyung. Yo te cuido.

Heeseung sonrió, cerrando los ojos mientras se acurrucaba contra el pecho de Sunoo, sintiéndose, por fin, en su lugar seguro. En la oscuridad de la habitación, ya no eran el ídolo perfecto y el chico tierno; eran simplemente dos personas que se amaban sin condiciones.
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