
← Назад
0 лайков
Goku el nuevo araña arácnido
Фандом: Spiderman Gwen
Создан: 28.03.2026
Теги
РомантикаAUЭкшнФантастикаПопаданчествоПриключенияКроссоверФлаффHurt/ComfortЗанавесочная историяБиопанкЭксперименты над людьми
Hilos del Destino y el Aroma a Curry
El cielo de Nueva York no se parecía en nada al de la Tierra que Goku conocía. Aquí, las luces de los carteles publicitarios eran tan brillantes que ocultaban las estrellas, y el aire tenía un olor metálico, mezclado con comida rápida y el rugido incesante de los motores. Sentado en el borde de una gárgola de piedra, Son Goku observaba el tráfico con una mezcla de fascinación y nostalgia.
Habían pasado semanas desde que Zeno-sama, en un arrebato de curiosidad cósmica, lo enviara a esta dimensión para "aprender a vivir como un mortal común". Pero las cosas se habían complicado. Una pequeña araña de colores neón lo había mordido en un laboratorio al que entró por error buscando comida, y ahora, sus sentidos estaban disparados. Ya no solo sentía el ki; ahora sentía las vibraciones del aire, el peligro antes de que ocurriera y una fuerza adhesiva en sus manos que lo hacía quedarse pegado a las paredes si no se concentraba.
—Vaya, este lugar sí que es ruidoso —murmuró Goku para sí mismo, rascándose la nuca con una sonrisa distraída—. Aunque esa chica rubia dice que me acostumbraré.
—No te acostumbras, solo aprendes a ignorar el ruido —dijo una voz femenina detrás de él.
Goku no necesitó voltear para saber quién era. Su "sentido arácnido", como ella lo llamaba, le avisó con un suave cosquilleo en la nuca, pero fue su olfato el que reconoció el aroma a chicle y laca para el cabello. Gwen Stacy, enfundada en su traje blanco, negro y rosa, aterrizó con una elegancia que Goku todavía envidiaba. Se quitó la máscara, dejando que su corta cabellera rubia se agitara con la brisa nocturna.
—¡Hola, Gwen! —saludó Goku, poniéndose de pie de un salto—. Llegaste justo a tiempo. Mi estómago ya estaba empezando a protestar.
Gwen soltó una pequeña risa y se acercó a él, observándolo con curiosidad. Todavía le costaba creer que este hombre, que parecía un modelo de gimnasio con el corazón de un niño, poseyera una fuerza física que ridiculizaba la de cualquier otro Spider-Man que hubiera conocido.
—¿Siempre tienes hambre, Goku? —preguntó ella, sentándose a su lado y balanceando las piernas sobre el vacío—. Acabamos de detener a esos asaltantes hace apenas una hora.
—Es que usar estos nuevos poderes gasta mucha energía —explicó él, sentándose de nuevo y cruzando las piernas—. Es raro. Antes podía volar por mi cuenta, pero ahora balancearme con estas telarañas es... ¡divertido! Aunque a veces me enredo un poco.
Gwen bajó la mirada, jugueteando con los bordes de su máscara. Había algo en Goku que la desarmaba. En su mundo, ser un héroe era una carga, una tragedia constante llena de culpa y secretos. Pero para Goku, ayudar a los demás era tan natural como respirar, y lo hacía con una alegría contagiosa que estaba empezando a derretir los muros que ella había construido alrededor de su corazón.
—Goku... —dijo ella en voz baja, cambiando el tono a uno más serio—. ¿Extrañas tu hogar? Me contaste que eras un guerrero, que tenías amigos... una vida entera.
Goku miró hacia el horizonte, donde el sol empezaba a ocultarse entre los rascacielos. Su expresión, usualmente alegre, se tornó serena y un poco melancólica.
—A veces los extraño mucho —confesó—. Pero Zeno-sama dijo que esto era importante. Y además, si no hubiera venido, no te habría conocido a ti. Eres la primera persona que me ayudó sin pedir nada a cambio en este mundo tan extraño.
Gwen sintió un calor repentino en las mejillas. La honestidad brutal de Goku era su mayor arma. No había dobles intenciones, no había juegos mentales. Solo era él, siendo sincero.
—Yo también me alegro de que estés aquí —respondió ella, casi en un susurro—. A veces me siento muy sola en este trabajo. Mi padre es policía, mis amigos no saben quién soy... es difícil.
Goku la miró intensamente. Sin pensarlo mucho, extendió su mano grande y callosa y la puso sobre la de ella. Gwen se sobresaltó un poco, pero no se alejó. La piel de Goku estaba caliente, llena de una vitalidad que parecía irradiar luz propia.
—Ya no estás sola, Gwen —dijo él con firmeza—. Ahora somos un equipo, ¿no? Además, prometiste enseñarme dónde venden el mejor curry de la ciudad.
Gwen rió, esta vez con más ganas, y apretó la mano de Goku.
—Es cierto. Vamos, antes de que cierren.
Se pusieron las máscaras simultáneamente. Goku, que ahora vestía un traje naranja y azul reforzado con fibras de aramida que Gwen le había ayudado a diseñar, se lanzó al vacío primero, soltando un grito de júbilo. Gwen lo siguió de cerca, maravillada por la forma en que él combinaba los movimientos de artes marciales con el balanceo de las redes.
Sin embargo, la paz no duró mucho.
A mitad de camino hacia Queens, el sentido arácnido de ambos estalló como una alarma ensordecedora. Un estruendo sacudió los edificios cercanos y una ráfaga de energía purpúrea cruzó el cielo, impactando en un puente cercano.
—¿Qué fue eso? —preguntó Goku, deteniéndose en seco sobre una farola.
—Problemas —respondió Gwen, ajustándose los lanzatelarañas—. Y de los grandes. Parece tecnología de Industrias Oscorp, pero esa energía no es normal.
Desde las sombras de los escombros, una figura imponente emergió. Era un hombre acorazado, pero no con metal común; su armadura parecía estar viva, pulsando con una energía oscura que Goku reconoció de inmediato. No era ki, pero era algo igualmente destructivo.
—Vaya, vaya... —la voz del villano era metálica y distorsionada—. La araña blanca ha traído a un nuevo juguete. No importa. Los dos servirán para mis experimentos.
—¡Oye, tú! —gritó Goku, saltando al suelo y poniéndose frente a Gwen—. No sé quién eres, pero no me gusta tu energía. Tienes un olor a malicia que me molesta.
El villano soltó una carcajada y disparó un rayo de plasma. Goku, con una velocidad que dejó a Gwen sin aliento, no esquivó hacia los lados, sino que saltó hacia adelante, girando en el aire y desviando el ataque con el dorso de su mano, imbuida levemente en un brillo azulado.
—¡Goku, ten cuidado! —advirtió Gwen, lanzando redes para cegar los sensores del enemigo—. ¡Su armadura absorbe el impacto físico!
—¡Entendido! —respondió Goku—. ¡Entonces tendré que golpear más rápido de lo que pueda absorber!
La batalla fue un caos de luces y escombros. Gwen se movía como un rayo blanco, distrayendo al enemigo y rescatando a los civiles que habían quedado atrapados en sus autos. Mientras tanto, Goku estaba en su elemento. A pesar de que sus poderes de super saiyajin estaban bloqueados por las leyes de esa dimensión, su cuerpo seguía siendo el de un maestro de las artes marciales.
—¡Toma esto! —Goku se impulsó con una telaraña, usándola como una honda para lanzarse a una velocidad sónica.
El impacto contra el pecho del villano creó una onda de choque que rompió los cristales de los edificios circundantes. La armadura crujió, pero el enemigo contraatacó con un golpe de martillo que mandó a Goku a volar a través de un muro de ladrillos.
—¡Goku! —gritó Gwen, desesperada.
—Estoy bien... —la voz de Goku salió de entre los escombros. Se puso de pie, sacudiéndose el polvo y con una pequeña gota de sangre recorriendo su labio—. Je, hacía tiempo que no sentía un golpe así. Esto se está poniendo divertido.
Gwen aterrizó a su lado, jadeando.
—No es divertido, Goku. Está sobrecargando el núcleo de energía. Si explota, se llevará media manzana con él.
Goku miró a Gwen y luego al núcleo brillante en el pecho del villano. Su instinto de lucha se mezcló con su nuevo instinto protector. No podía dejar que Gwen saliera herida, ni que la gente de esta ciudad sufriera.
—Gwen, necesito que uses tus redes para sujetar sus brazos —dijo Goku con un tono de voz que ella nunca le había escuchado. Era la voz de un general, de un guerrero experimentado—. Yo me encargaré del resto. Confía en mí.
Gwen asintió sin dudar. Saltó hacia lo alto, disparando múltiples hilos de seda reforzada que se enredaron en las extremidades del gigante acorazado. El villano forcejeó, pero Gwen puso todo su peso y fuerza, anclándose a dos columnas de acero.
—¡Ahora, Goku!
Goku juntó sus manos a un costado. No era el Kamehameha que solía usar, pues no podía canalizar tanta energía sin destruir el planeta, pero concentró toda la fuerza de su mordida arácnida y su entrenamiento en un solo punto.
—¡Golpe del Dragón... Arácnido! —rugió.
Se lanzó como un proyectil dorado. Su puño impactó directamente en el núcleo de energía. Hubo un destello cegador y una explosión de luz blanca que obligó a Gwen a cerrar los ojos. Cuando el humo se disipó, el villano estaba inconsciente en el suelo, con la armadura hecha pedazos.
Goku estaba de pie sobre él, respirando con dificultad, pero con una sonrisa triunfal.
—Lo... lo logramos —dijo, antes de dejarse caer sentado, exhausto.
Gwen corrió hacia él y, sin poder contenerse, lo rodeó con sus brazos en un abrazo apretado.
—¡Idiota! ¡Casi me matas del susto! —exclamó ella, hundiendo su rostro en el hombro de él.
Goku se quedó rígido un momento, sorprendido, pero luego correspondió el abrazo con ternura. El corazón de Gwen latía con fuerza contra su pecho, y por primera vez, Goku sintió algo que no era hambre ni ganas de pelear. Era un calor dulce, una punzada en el pecho que lo hacía querer quedarse así para siempre.
—Perdón, Gwen —susurró él, acariciando su cabello rubio—. Pero sabía que tú me sostendrías.
Se separaron apenas unos centímetros. Sus máscaras habían caído durante la pelea. Los ojos azules de Gwen se encontraron con los ojos negros y profundos de Goku. El silencio de la noche, roto solo por las sirenas a lo lejos, se volvió denso y cargado de una electricidad que no venía de ninguna armadura.
—Goku... —murmuró ella, acercándose un poco más.
—¿Sí?
—Creo que el curry puede esperar un poco más.
Gwen acortó la distancia y presionó sus labios contra los de él. Fue un beso torpe al principio, fruto de la inexperiencia de Goku y los nervios de Gwen, pero rápidamente se transformó en algo más profundo. Para Goku, fue como descubrir un nuevo tipo de energía, una que no se sentía en los músculos, sino en el alma.
Se separaron jadeando, con las frentes unidas.
—Eso fue... —Goku buscó la palabra correcta—... mejor que cualquier comida que haya probado.
Gwen soltó una carcajada, con las lágrimas asomando en sus ojos por la adrenalina y la felicidad.
—Eres un caso perdido, Son Goku. Pero eres mi caso perdido.
Se levantaron juntos, tomados de la mano, mientras la policía empezaba a rodear la zona. Sabían que su historia apenas comenzaba, que habría más villanos y más dramas interdimensionales, pero en ese momento, bajo la luz de neón de Nueva York, solo importaban ellos dos.
—Vamos a casa, Goku —dijo ella suavemente.
—Sí —respondió él, apretando su mano—. A casa.
Habían pasado semanas desde que Zeno-sama, en un arrebato de curiosidad cósmica, lo enviara a esta dimensión para "aprender a vivir como un mortal común". Pero las cosas se habían complicado. Una pequeña araña de colores neón lo había mordido en un laboratorio al que entró por error buscando comida, y ahora, sus sentidos estaban disparados. Ya no solo sentía el ki; ahora sentía las vibraciones del aire, el peligro antes de que ocurriera y una fuerza adhesiva en sus manos que lo hacía quedarse pegado a las paredes si no se concentraba.
—Vaya, este lugar sí que es ruidoso —murmuró Goku para sí mismo, rascándose la nuca con una sonrisa distraída—. Aunque esa chica rubia dice que me acostumbraré.
—No te acostumbras, solo aprendes a ignorar el ruido —dijo una voz femenina detrás de él.
Goku no necesitó voltear para saber quién era. Su "sentido arácnido", como ella lo llamaba, le avisó con un suave cosquilleo en la nuca, pero fue su olfato el que reconoció el aroma a chicle y laca para el cabello. Gwen Stacy, enfundada en su traje blanco, negro y rosa, aterrizó con una elegancia que Goku todavía envidiaba. Se quitó la máscara, dejando que su corta cabellera rubia se agitara con la brisa nocturna.
—¡Hola, Gwen! —saludó Goku, poniéndose de pie de un salto—. Llegaste justo a tiempo. Mi estómago ya estaba empezando a protestar.
Gwen soltó una pequeña risa y se acercó a él, observándolo con curiosidad. Todavía le costaba creer que este hombre, que parecía un modelo de gimnasio con el corazón de un niño, poseyera una fuerza física que ridiculizaba la de cualquier otro Spider-Man que hubiera conocido.
—¿Siempre tienes hambre, Goku? —preguntó ella, sentándose a su lado y balanceando las piernas sobre el vacío—. Acabamos de detener a esos asaltantes hace apenas una hora.
—Es que usar estos nuevos poderes gasta mucha energía —explicó él, sentándose de nuevo y cruzando las piernas—. Es raro. Antes podía volar por mi cuenta, pero ahora balancearme con estas telarañas es... ¡divertido! Aunque a veces me enredo un poco.
Gwen bajó la mirada, jugueteando con los bordes de su máscara. Había algo en Goku que la desarmaba. En su mundo, ser un héroe era una carga, una tragedia constante llena de culpa y secretos. Pero para Goku, ayudar a los demás era tan natural como respirar, y lo hacía con una alegría contagiosa que estaba empezando a derretir los muros que ella había construido alrededor de su corazón.
—Goku... —dijo ella en voz baja, cambiando el tono a uno más serio—. ¿Extrañas tu hogar? Me contaste que eras un guerrero, que tenías amigos... una vida entera.
Goku miró hacia el horizonte, donde el sol empezaba a ocultarse entre los rascacielos. Su expresión, usualmente alegre, se tornó serena y un poco melancólica.
—A veces los extraño mucho —confesó—. Pero Zeno-sama dijo que esto era importante. Y además, si no hubiera venido, no te habría conocido a ti. Eres la primera persona que me ayudó sin pedir nada a cambio en este mundo tan extraño.
Gwen sintió un calor repentino en las mejillas. La honestidad brutal de Goku era su mayor arma. No había dobles intenciones, no había juegos mentales. Solo era él, siendo sincero.
—Yo también me alegro de que estés aquí —respondió ella, casi en un susurro—. A veces me siento muy sola en este trabajo. Mi padre es policía, mis amigos no saben quién soy... es difícil.
Goku la miró intensamente. Sin pensarlo mucho, extendió su mano grande y callosa y la puso sobre la de ella. Gwen se sobresaltó un poco, pero no se alejó. La piel de Goku estaba caliente, llena de una vitalidad que parecía irradiar luz propia.
—Ya no estás sola, Gwen —dijo él con firmeza—. Ahora somos un equipo, ¿no? Además, prometiste enseñarme dónde venden el mejor curry de la ciudad.
Gwen rió, esta vez con más ganas, y apretó la mano de Goku.
—Es cierto. Vamos, antes de que cierren.
Se pusieron las máscaras simultáneamente. Goku, que ahora vestía un traje naranja y azul reforzado con fibras de aramida que Gwen le había ayudado a diseñar, se lanzó al vacío primero, soltando un grito de júbilo. Gwen lo siguió de cerca, maravillada por la forma en que él combinaba los movimientos de artes marciales con el balanceo de las redes.
Sin embargo, la paz no duró mucho.
A mitad de camino hacia Queens, el sentido arácnido de ambos estalló como una alarma ensordecedora. Un estruendo sacudió los edificios cercanos y una ráfaga de energía purpúrea cruzó el cielo, impactando en un puente cercano.
—¿Qué fue eso? —preguntó Goku, deteniéndose en seco sobre una farola.
—Problemas —respondió Gwen, ajustándose los lanzatelarañas—. Y de los grandes. Parece tecnología de Industrias Oscorp, pero esa energía no es normal.
Desde las sombras de los escombros, una figura imponente emergió. Era un hombre acorazado, pero no con metal común; su armadura parecía estar viva, pulsando con una energía oscura que Goku reconoció de inmediato. No era ki, pero era algo igualmente destructivo.
—Vaya, vaya... —la voz del villano era metálica y distorsionada—. La araña blanca ha traído a un nuevo juguete. No importa. Los dos servirán para mis experimentos.
—¡Oye, tú! —gritó Goku, saltando al suelo y poniéndose frente a Gwen—. No sé quién eres, pero no me gusta tu energía. Tienes un olor a malicia que me molesta.
El villano soltó una carcajada y disparó un rayo de plasma. Goku, con una velocidad que dejó a Gwen sin aliento, no esquivó hacia los lados, sino que saltó hacia adelante, girando en el aire y desviando el ataque con el dorso de su mano, imbuida levemente en un brillo azulado.
—¡Goku, ten cuidado! —advirtió Gwen, lanzando redes para cegar los sensores del enemigo—. ¡Su armadura absorbe el impacto físico!
—¡Entendido! —respondió Goku—. ¡Entonces tendré que golpear más rápido de lo que pueda absorber!
La batalla fue un caos de luces y escombros. Gwen se movía como un rayo blanco, distrayendo al enemigo y rescatando a los civiles que habían quedado atrapados en sus autos. Mientras tanto, Goku estaba en su elemento. A pesar de que sus poderes de super saiyajin estaban bloqueados por las leyes de esa dimensión, su cuerpo seguía siendo el de un maestro de las artes marciales.
—¡Toma esto! —Goku se impulsó con una telaraña, usándola como una honda para lanzarse a una velocidad sónica.
El impacto contra el pecho del villano creó una onda de choque que rompió los cristales de los edificios circundantes. La armadura crujió, pero el enemigo contraatacó con un golpe de martillo que mandó a Goku a volar a través de un muro de ladrillos.
—¡Goku! —gritó Gwen, desesperada.
—Estoy bien... —la voz de Goku salió de entre los escombros. Se puso de pie, sacudiéndose el polvo y con una pequeña gota de sangre recorriendo su labio—. Je, hacía tiempo que no sentía un golpe así. Esto se está poniendo divertido.
Gwen aterrizó a su lado, jadeando.
—No es divertido, Goku. Está sobrecargando el núcleo de energía. Si explota, se llevará media manzana con él.
Goku miró a Gwen y luego al núcleo brillante en el pecho del villano. Su instinto de lucha se mezcló con su nuevo instinto protector. No podía dejar que Gwen saliera herida, ni que la gente de esta ciudad sufriera.
—Gwen, necesito que uses tus redes para sujetar sus brazos —dijo Goku con un tono de voz que ella nunca le había escuchado. Era la voz de un general, de un guerrero experimentado—. Yo me encargaré del resto. Confía en mí.
Gwen asintió sin dudar. Saltó hacia lo alto, disparando múltiples hilos de seda reforzada que se enredaron en las extremidades del gigante acorazado. El villano forcejeó, pero Gwen puso todo su peso y fuerza, anclándose a dos columnas de acero.
—¡Ahora, Goku!
Goku juntó sus manos a un costado. No era el Kamehameha que solía usar, pues no podía canalizar tanta energía sin destruir el planeta, pero concentró toda la fuerza de su mordida arácnida y su entrenamiento en un solo punto.
—¡Golpe del Dragón... Arácnido! —rugió.
Se lanzó como un proyectil dorado. Su puño impactó directamente en el núcleo de energía. Hubo un destello cegador y una explosión de luz blanca que obligó a Gwen a cerrar los ojos. Cuando el humo se disipó, el villano estaba inconsciente en el suelo, con la armadura hecha pedazos.
Goku estaba de pie sobre él, respirando con dificultad, pero con una sonrisa triunfal.
—Lo... lo logramos —dijo, antes de dejarse caer sentado, exhausto.
Gwen corrió hacia él y, sin poder contenerse, lo rodeó con sus brazos en un abrazo apretado.
—¡Idiota! ¡Casi me matas del susto! —exclamó ella, hundiendo su rostro en el hombro de él.
Goku se quedó rígido un momento, sorprendido, pero luego correspondió el abrazo con ternura. El corazón de Gwen latía con fuerza contra su pecho, y por primera vez, Goku sintió algo que no era hambre ni ganas de pelear. Era un calor dulce, una punzada en el pecho que lo hacía querer quedarse así para siempre.
—Perdón, Gwen —susurró él, acariciando su cabello rubio—. Pero sabía que tú me sostendrías.
Se separaron apenas unos centímetros. Sus máscaras habían caído durante la pelea. Los ojos azules de Gwen se encontraron con los ojos negros y profundos de Goku. El silencio de la noche, roto solo por las sirenas a lo lejos, se volvió denso y cargado de una electricidad que no venía de ninguna armadura.
—Goku... —murmuró ella, acercándose un poco más.
—¿Sí?
—Creo que el curry puede esperar un poco más.
Gwen acortó la distancia y presionó sus labios contra los de él. Fue un beso torpe al principio, fruto de la inexperiencia de Goku y los nervios de Gwen, pero rápidamente se transformó en algo más profundo. Para Goku, fue como descubrir un nuevo tipo de energía, una que no se sentía en los músculos, sino en el alma.
Se separaron jadeando, con las frentes unidas.
—Eso fue... —Goku buscó la palabra correcta—... mejor que cualquier comida que haya probado.
Gwen soltó una carcajada, con las lágrimas asomando en sus ojos por la adrenalina y la felicidad.
—Eres un caso perdido, Son Goku. Pero eres mi caso perdido.
Se levantaron juntos, tomados de la mano, mientras la policía empezaba a rodear la zona. Sabían que su historia apenas comenzaba, que habría más villanos y más dramas interdimensionales, pero en ese momento, bajo la luz de neón de Nueva York, solo importaban ellos dos.
—Vamos a casa, Goku —dijo ella suavemente.
—Sí —respondió él, apretando su mano—. A casa.
Хотите создать свой фанфик?
Зарегистрируйтесь на Fanfy и создавайте свои собственные истории!
Создать свой фанфик