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El Ascenso Del Lord

Фандом: Harry Potter

Создан: 30.03.2026

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El despertar del León y la Serpiente

El aire viciado de las oficinas subterráneas de Gringotts siempre había incomodado a Harriet Potter, pero hoy el ambiente se sentía particularmente gélido. Frente a ella, el duende Ragnok, encargado de las cuentas de la familia Potter, la observaba con una mezcla de curiosidad y un respeto que bordeaba la sospecha. Sobre el escritorio de obsidiana descansaba una daga de plata y un pergamino que prometía revelar verdades enterradas bajo años de manipulación.

—Señorita Potter —dijo Ragnok con voz rasposa—, la prueba de herencia de sangre es absoluta. No miente, no olvida y, lo más importante, no puede ser alterada por encantamientos de memoria o pociones de lealtad.

Harriet asintió, sintiendo un nudo en el estómago. A sus diecisiete años, tras la caída de Voldemort, esperaba finalmente encontrar algo de paz. Sin embargo, la sensación de que algo no encajaba en su vida —los lapsos de memoria, su repentino y casi forzado enamoramiento por Ron Weasley, y la extraña obediencia que sentía hacia Albus Dumbledore incluso después de muerto— la habían llevado hasta allí en secreto.

Tomó la daga y realizó un corte preciso en la palma de su mano. Tres gotas de sangre cayeron sobre el pergamino virgen. Al principio, la superficie permaneció blanca, pero pronto las vetas rojas comenzaron a ramificarse como raíces, formando letras elegantes y doradas.

—Por las barbas de Merlín —susurró Harriet, aunque sus ojos ardían de furia al leer las primeras líneas.

**Nombre:** Harriet Lily Potter.
**Títulos:** Lady de la Noble y Ancestral Casa Potter (por sangre); Lady de la Noble y Ancestral Casa Black (por testamento de Sirius Black).

—Soy la Lady de dos casas —murmuró ella, sintiendo cómo una chispa de poder antiguo despertaba en su pecho.

—Eso no es todo, Milady —señaló Ragnok, señalando la sección inferior del pergamino, donde los movimientos de las bóvedas comenzaban a aparecer—. Mire los registros de transferencias.

Harriet leyó y sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies.

*Transferencia mensual: 500 galeones a la cuenta personal de Albus Dumbledore (Fondo de la Orden).*
*Transferencia mensual: 200 galeones a la cuenta de Molly Weasley (Gastos de manutención).*
*Transferencia única: 5,000 galeones a la cuenta de Ronald Weasley (Fondo de "amistad fiel").*
*Transferencia única: 5,000 galeones a la cuenta de Hermione Granger (Fondo de "supervisión académica").*
*Retiro de objetos: Capa de Invisibilidad (entregada a Albus Dumbledore), Libros de la biblioteca Potter (entregados a Hermione Granger).*

El silencio en la cámara se volvió sepulcral. Harriet recordó cada vez que Molly Weasley le había dado un abrazo "maternal", cada vez que Ron la había "protegido" y cada vez que Hermione la había "guiado" hacia el camino que Dumbledore deseaba. Todo había sido una transacción.

—¿Hay más? —preguntó Harriet, su voz ahora era fría como el acero.

—Mucho más —respondió Ragnok, pasando a la segunda página—. Se han detectado rastros de pociones de amor de grado profesional vinculadas a la firma mágica de Ginevra Weasley, y bloqueos en su núcleo mágico realizados por Albus Dumbledore cuando usted tenía quince meses de edad. Actualmente, solo dispone del treinta por ciento de su capacidad mágica real.

Harriet cerró los puños, las uñas clavándose en su palma herida. La traición era un sabor amargo, como la bilis. Aquellos a quienes consideraba su familia, aquellos por los que estuvo dispuesta a morir en el Bosque Prohibido, la habían estado desangrando, tanto económica como espiritualmente.

—Quiero que se cierren todas las bóvedas de inmediato —ordenó Harriet, levantando la vista. Sus ojos verdes, antes cálidos, ahora brillaban con un poder gélido—. Quiero que se reclame cada galeón robado bajo la ley de "Retribución de la Casa". Si las cuentas de los Weasley o de Granger quedan en cero, no me importa. Si tienen que embargar sus propiedades, que así sea.

—Será un placer, Lady Potter-Black —dijo Ragnok con una sonrisa dentada—. Gringotts no tolera el robo a sus clientes más antiguos. ¿Y respecto a los bloqueos y las pociones?

—Límpienlo todo. No quiero ni un rastro de su suciedad en mi cuerpo.

El proceso de limpieza fue agónico, pero cuando Harriet salió de las profundidades de Gringotts horas después, se sentía como una persona nueva. Su magia rugía bajo su piel, vibrante y completa. Su mente estaba clara por primera vez en años. La niebla rosa que nublaba sus pensamientos sobre Ron se había disipado, dejando solo una profunda repulsión.

Se dirigió al Caldero Chorreante, ocultando su rostro bajo una capucha. Sabía que la "familia" estaría esperándola en La Madriguera para celebrar su cumpleaños. Habían planeado una cena, probablemente para que Ginny pudiera administrarle otra dosis de Amortentia.

Cuando Harriet apareció en el jardín de los Weasley, el sol se estaba poniendo. La mesa estaba puesta fuera, decorada con guirnaldas y flores. Molly Weasley fue la primera en verla.

—¡Oh, Harriet, querida! —exclamó la mujer, corriendo hacia ella con los brazos abiertos—. ¡Llegas tarde! Estábamos tan preocupados. Ron ha estado preguntando por ti cada cinco minutos.

Harriet se tensó y, con un movimiento fluido, evitó el abrazo. La expresión de Molly pasó de la sorpresa a la confusión en un segundo.

—No me toques, Molly —dijo Harriet. Su voz no era alta, pero cortó el aire como un látigo.

Desde la mesa, Ron y Hermione se levantaron. Ginny, que estaba sentada junto a su madre, entrecerró los ojos.

—¿Qué pasa, Harriet? —preguntó Ron, con la boca medio llena de pastel—. ¿Es por lo del Ministerio? Te dije que no debías preocuparte por esos trámites de las bóvedas, Hermione y yo podemos encargarnos de...

—¿Encargarse de qué, Ronald? —lo interrumpió Harriet, acercándose a la mesa—. ¿De vaciar lo que queda de la bóveda Potter? ¿O de decidir qué libro de mi familia es el siguiente que Hermione va a "tomar prestado" sin devolver jamás?

El color desapareció del rostro de Hermione. Dejó caer el tenedor, que tintineó ruidosamente contra el plato de porcelana.

—Harriet, no sé de qué estás hablando —tartamudeó Hermione, aunque sus ojos delataban su pánico—. Nosotros solo queríamos ayudarte, el profesor Dumbledore dijo que...

—¡Dumbledore está muerto! —gritó Harriet, y una onda de choque mágica hizo vibrar los vasos sobre la mesa—. Y sus órdenes de robarme terminaron en el momento en que puse un pie en Gringotts hoy. He visto los registros. He visto cada galeón, cada libro y cada poción que me han obligado a ingerir.

Molly Weasley se puso roja, pero esta vez no era de vergüenza, sino de una indignación fingida.

—¡Cómo te atreves! —bramó la matriarca—. ¡Te hemos dado un hogar! ¡Te hemos tratado como a una hija cuando no tenías a nadie!

—Me trataron como a una cuenta bancaria con patas —escupió Harriet—. Me dieron un hogar construido con mi propio dinero mientras me mantenían drogada y sumisa. ¿Creyeron que nunca me daría cuenta? ¿Creyeron que Lady Potter-Black sería su marioneta para siempre?

Ginny se levantó, su rostro transformado en una máscara de odio.

—Tú no eres nada sin nosotros, Harriet —siseó la pelirroja—. Solo eres la "Niña que vivió". Nosotros te hicimos lo que eres. Ron te merece por todo lo que tuvo que aguantar siendo tu sombra.

Harriet soltó una carcajada seca y carente de alegría.

—Ron no se merece ni el aire que respira. Y tú, Ginny... espero que disfrutes de la pobreza, porque Gringotts acaba de vaciar cada una de sus cuentas para compensar lo que me robaron. Incluida la cuenta de ahorros de esta casa.

El silencio que siguió fue absoluto. Arthur Weasley, que acababa de salir de la casa con una jarra de cerveza de mantequilla, se quedó petrificado, mirando a su familia con horror puro. Él era el único que parecía no saber nada.

—¿Qué has hecho? —susurró Ron, su rostro pálido—. Harriet, somos amigos... somos...

—No somos nada —sentenció ella—. Hermione, espero que hayas disfrutado de los libros de los Potter, porque los Aurores estarán en tu casa mañana por la mañana para recuperarlos. Y no se molesten en buscar a Dumbledore en sus retratos para pedir ayuda; su legado de manipulación termina hoy.

Harriet dio un paso atrás, sintiendo el peso de los anillos de Lady Potter y Lady Black arder en sus dedos. La magia de la casa Black, oscura y protectora, se arremolinaba a su alrededor como un manto.

—Si vuelven a acercarse a mí, si intentan enviarme una sola carta o mencionan mi nombre en público como si fuéramos cercanos, usaré todo el peso de mi poder político para hundirlos —amenazó Harriet—. He ganado una guerra contra el mago más oscuro del siglo, ¿realmente creen que una familia de ladrones y una sabelotodo envidiosa van a detenerme?

—Harriet, por favor —suplicó Hermione, con lágrimas en los ojos—, lo hicimos por el Bien Mayor. El mundo mágico necesitaba que estuvieras bajo control, que fueras...

—¿Suya? —intervino Harriet—. El "Bien Mayor" murió con el hombre que inventó esa excusa para justificar su crueldad.

Sin decir una palabra más, Harriet se dio la vuelta. Sintió que una mano intentaba agarrar su hombro —probablemente Ron, en un último intento desesperado—, pero su magia reaccionó instintivamente, lanzándolo contra la pared de la casa con un estruendo.

—No vuelvan a tocarme —dijo por encima del hombro.

Con un chasquido sónico que resonó en todo el valle, Harriet Potter desapareció de La Madriguera.

Apareció en el número 12 de Grimmauld Place. La casa, que antes le parecía lúgubre y opresiva, ahora la recibía con un calor familiar. Los retratos en las paredes se inclinaron ante ella. Ya no era la huérfana perdida que buscaba la aprobación de figuras paternas mediocres. Era la jefa de dos de las casas más poderosas de Gran Bretaña.

Se sentó en el sillón de la biblioteca, observando el fuego crepitar en la chimenea. Por primera vez en su vida, Harriet era dueña de su destino, de su fortuna y de su magia. La traición le había quitado su pasado, pero ella se encargaría de que su futuro fuera exclusivamente suyo.

—Kreacher —llamó en voz baja.

El elfo doméstico apareció con una reverencia más profunda de la que jamás le había dedicado a Sirius.

—¿Qué desea la Noble Lady Black? —preguntó el elfo con reverencia.

—Trae el vino de reserva de mi abuelo —ordenó Harriet, con una sonrisa gélida—. Tenemos mucho que planear. Mañana, el mundo mágico conocerá a la verdadera Lady Potter-Black, y no creo que estén preparados para lo que viene.

La guerra había terminado, pero para Harriet, la verdadera batalla por su libertad acababa de ser ganada. Y mientras bebía el primer sorbo de su nueva vida, supo que nunca más volvería a ser la pieza de ajedrez de nadie. Ahora, ella era la reina.
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