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Pornografía no tan obligada

Фандом: Kengan ashura

Создан: 02.04.2026

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AUДаркPWPНецензурная лексикаНарочитая жестокостьИзнасилованиеООСKinofic
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El Precio de la Permanencia

El ambiente en el set de rodaje era sofocante, cargado con el olor a laca, café barato y la tensión eléctrica que siempre rodeaba a los luchadores de Kengan. Ohma Tokita ajustó el cuello de su costoso traje de seda, sintiéndose ridículo. No era un hombre de negocios, era un guerrero, pero una serie de deudas y un contrato mal gestionado por Yamashita lo habían arrastrado a esta situación humillante: protagonizar una película pornográfica de alto presupuesto.

A unos metros, Raian Kure soltó una carcajada estridente que resonó en todo el estudio. Él parecía estar disfrutando de la situación, luciendo su traje con una arrogancia depredadora.

—¡Mírate, Ohma! —rugió Raian, señalándolo con un dedo—. Pareces un pingüino estreñido. ¿Quién diría que el "Asura" terminaría vendiendo el culo ante las cámaras?

Ohma lo ignoró, apretando los puños hasta que sus nudillos blanquearon. Su mirada se desvió hacia el otro lado del set, donde Kiryu Setsuna hablaba en voz baja con Tomoko y Shion. Shion, la directora de la producción, revisaba unos papeles con una sonrisa gélida, mientras Tomoko ajustaba el maquillaje de Setsuna, quien parecía inusualmente sumiso.

—¡Muy bien, todos a sus puestos! —gritó Shion, dando una palmada—. Ohma, Raian, siéntense detrás del escritorio. Setsuna, prepárate para entrar. ¡Acción!

El escenario representaba la oficina principal de una corporación multinacional. Ohma y Raian se sentaron en sillones de cuero negro, proyectando una imagen de poder absoluto. La puerta se abrió y Setsuna entró, caminando con una timidez que contrastaba con su usual locura. Llevaba un traje de empleado mal ajustado, con la mirada clavada en el suelo.

—Señores... me dijeron que querían verme —murmuró Setsuna, deteniéndose frente al imponente escritorio.

Raian se reclinó hacia atrás, cruzando las piernas sobre la madera pulida. Sus ojos oscuros brillaban con malicia.

—Setsuna, hemos estado revisando tu desempeño —dijo Raian con una voz cargada de una amenaza fingida que se sentía demasiado real—. Y honestamente, eres un desastre. Estábamos pensando en despedirte hoy mismo.

Setsuna palideció, sus manos temblaron visiblemente. Se dejó caer de rodillas, una reacción exagerada que formaba parte del guion, pero que en sus ojos reflejaba una desesperación genuina.

—¡Por favor! —suplicó, con la voz quebrada—. No pueden hacerme esto. Tengo que mantener a mi madre... haré lo que sea, lo que sea por no perder mi empleo.

Ohma observó la escena. Debía seguir el guion, pero la vulnerabilidad de Setsuna, aunque fuera actuada, estaba despertando algo oscuro en su interior.

—¿Lo que sea? —preguntó Ohma, su voz saliendo más ronca de lo planeado—. Es una promesa muy arriesgada, Setsuna.

—Lo que sea —repitió el pelilargo, mirando a Ohma con esos ojos que siempre parecían devorarlo.

—Entonces desnúdate —ordenó Raian con una sonrisa depredadora.

Setsuna se quedó helado. Sus labios temblaron y miró a su alrededor, como si buscara una salida que no existía.

—Pero... señor, eso no puede ser... aquí no... —balbuceó.

—¿Quieres conservar tu empleo o no? —intervino Ohma, dando un paso hacia él y rodeando el escritorio—. Haz lo que te ordenamos. Ahora.

Con las mejillas encendidas en un rojo violento por la vergüenza, Setsuna llevó sus manos temblorosas a los botones de su camisa. Uno a uno, los desabrochó bajo la mirada intensa de los dos hombres. La prenda se deslizó por sus hombros, cayendo al suelo con un suave siseo de tela.

—Vaya, vaya —se burló Raian, levantándose para caminar alrededor de él—. Tienes cuerpo de puta, Setsuna. Tan delgado y blanco... das asco y ganas al mismo tiempo.

El insulto hizo que Setsuna bajara la cabeza, ocultando su rostro tras su cabello oscuro. Sus dedos se dirigieron al cinturón de su pantalón. El metal de la hebilla tintineó en el silencio del set. El pantalón cayó a sus pies, dejándolo solo en ropa interior.

—¿Por qué dudas? —presionó Ohma, sintiendo cómo el calor subía por su propio cuerpo al ver la musculatura definida pero elegante de Setsuna.

Finalmente, la última prenda cayó. Setsuna se cubrió instintivamente sus partes privadas con las manos, temblando de pies a cabeza bajo los focos del estudio. Ohma lo recorrió con la mirada, detallando cada músculo, cada cicatriz, sintiendo una excitación que ya no tenía nada que ver con la actuación.

—Acércate —ordenó Raian.

Setsuna obedeció, caminando con pasos cortos y torpes. Cuando estuvo a centímetros de ellos, Raian le puso una mano pesada en el hombro.

—De rodillas, frente a mí.

Setsuna se hundió en la alfombra. Raian, sin ninguna ceremonia, sacó su miembro, que ya estaba rígido.

—Hazme una mamada —le ordenó con brusquedad.

Con una mezcla de humillación y sumisión, Setsuna tomó el miembro de Raian entre sus manos. Sus labios se abrieron lentamente y comenzó a succionar, sus ojos llenándose de lágrimas por la invasión repentina. Ohma observaba la escena con una respiración pesada. La lengua de Setsuna trabajaba con una desesperación que parecía real, tratando de complacer al hombre que lo dominaba.

Después de unos minutos, Raian lo apartó bruscamente por el cabello.

—Suficiente de esto. Quiero algo más —dijo Raian, mirando a Ohma—. Pon tu cuerpo de puta sobre el escritorio, Setsuna.

El joven obedeció, subiendo a la superficie de madera y apoyando el torso, quedando inclinado. Raian no perdió tiempo; levantó una mano y descargó una nalgada sonora que dejó una marca roja instantánea en la piel pálida de Setsuna.

—¡Levanta ese trasero de puta! —rugió Raian.

Setsuna sollozó, arqueando la espalda para elevar sus caderas. Raian introdujo dos dedos sin ninguna delicadeza, lubricándolo apenas un poco antes de posicionarse. Con un empuje violento y salvaje, Raian lo penetró por completo.

—¡Agh! —Setsuna soltó un grito de dolor puro, sus uñas arañando la madera del escritorio. Lágrimas gruesas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Ohma aprovechó el momento. Se acercó por delante de Setsuna, sacando su propio miembro y forzándolo dentro de la boca del hombre para silenciar sus gemidos. El sonido que emitía Setsuna era una mezcla de ahogos y sollozos, atrapado entre los dos luchadores de élite.

La escena se volvió un caos de carne y sudor. Después de un rato, cambiaron de posición. Ohma ahora estaba detrás, sujetando las caderas de Setsuna con una fuerza que seguramente dejaría moratones. Raian estaba frente a ellos, agarrando los muslos de Setsuna y levantándolo, obligándolo a abrirse por completo.

—¡Ohma, acércate! —gritó Raian, poseído por el frenesí—. ¡También tengo ganas de llenar a esta sucia puta por el ano!

Ohma no necesitó que se lo dijeran dos veces. Mientras Raian lo penetraba por delante, Ohma buscó su entrada trasera, entrando con fuerza bruta. Setsuna gritó y gimió, su voz rompiéndose en el aire. Ohma lo obligó a besarlo, una unión forzada y violenta donde el sabor del sudor y las lágrimas se mezclaban. La dominación era absoluta; Setsuna no era más que un juguete entre las dos bestias.

Llegaron al clímax casi al mismo tiempo. Ohma se corrió profundamente dentro de Setsuna, sintiendo las contracciones del cuerpo del otro. Raian, sin embargo, se retiró en el último segundo.

—¡Abre la boca, perra! —ordenó Raian.

Setsuna, aturdido y con la mirada perdida, obedeció mecánicamente. Raian se corrió sobre su rostro y dentro de su boca, el semen blanco bajando por su barbilla y manchando sus pectorales.

—¡Corten! —gritó Shion desde la oscuridad detrás de las cámaras—. ¡Excelente toma! Vayan a limpiarse.

Setsuna se dejó caer del escritorio, temblando, y caminó hacia los baños del set sin decir una palabra, tratando de cubrirse con los restos de su ropa.

Ohma se quedó de pie, respirando con dificultad. La excitación no se había ido; al contrario, el hecho de que la escena hubiera terminado solo lo hacía sentir más hambriento. Miró hacia los baños y, sin pensarlo, caminó hacia allá.

Al entrar, escuchó el sonido del agua corriendo. Setsuna estaba bajo la ducha, frotándose la piel con desesperación, tratando de quitarse el rastro de Raian y de Ohma. El vapor llenaba el pequeño cubículo.

Ohma entró en la ducha sin quitarse lo que quedaba de su traje, acorralando a Setsuna contra los azulejos fríos.

—¿Qué haces aquí? —susurró Setsuna, su voz era un hilo de esperanza y miedo.

—Vine a acabar con esto —dijo Ohma, su voz vibrando con una intención depredadora—. La cámara ya no está grabando, Setsuna. Ahora esto es real.

Sin esperar respuesta, Ohma lo tomó por el cuello y lo besó con una violencia que hizo que el labio de Setsuna sangrara. Lo giró bruscamente, presionando su rostro contra la pared de la ducha.

—¡Ohma, por favor! —suplicó Setsuna, aunque su cuerpo traidor se arqueaba hacia el contacto.

—Cállate —gruñó Ohma, entrando en él de nuevo, esta vez sin guion, sin directores, solo con la intención de reclamar lo que consideraba suyo por derecho de fuerza.

Los gritos de Setsuna se perdieron entre el estruendo del agua y las paredes de azulejos, mientras Ohma lo tomaba una y otra vez, asegurándose de que el "empleado" supiera exactamente quién era su verdadero dueño. La sumisión de Setsuna fue total, sus piernas fallando mientras se aferraba a la grifería, aceptando cada embestida salvaje hasta que ambos quedaron exhaustos bajo el agua fría, marcados por la violencia de un deseo que no conocía límites.
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