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fanfic 1 B.W
Фандом: euphoria y supernatural
Создан: 04.04.2026
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El murmullo del orden y el caos
13 de junio de 2009. East Highland, California. 07:15 AM.
Benjamin Winchester se despertó antes de que la alarma de su reloj Casio siquiera considerara emitir un pitido. Se quedó mirando el techo de su pequeña habitación, donde las sombras de las ramas de los árboles dibujaban patrones que, para cualquier otro chico de quince años, serían simples manchas. Para Ben, eran vectores, ecuaciones de movimiento y mapas de densidad foliar que su cerebro procesaba sin permiso.
Hoy cumplía dieciséis años. O al menos, eso decía el certificado de nacimiento que su madre, Diana, guardaba con recelo antes de que la oscuridad se la llevara tres años atrás.
Se incorporó con un movimiento fluido. Al mirarse al espejo, vio el reflejo de un adolescente que parecía cargar con el peso de varias décadas. Tenía la mandíbula marcada y el cabello castaño corto, un estilo que recordaba vagamente al de un soldado, aunque todavía le faltaba la barba densa que su genética prometía para el futuro. Medía 1.77 metros, una estatura respetable, pero se sentía pequeño en un mundo que percibía con una intensidad aterradora.
Cerró los ojos y el mundo no se apagó. Al contrario, se encendió.
Podía oler el rastro de lavanda del suavizante de telas de la vecina a tres casas de distancia. Escuchaba el zumbido eléctrico de los cables de alta tensión y el latido rítmico de un gato callejero acechando a un pájaro en el jardín trasero. Su mente, potenciada por esa capacidad innata que él simplemente aceptaba como su "normalidad", empezó a filtrar datos.
*Estadísticas detectadas:*
**Benjamin Winchester**
**Raza:** Humano (Potencial Desconocido)
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Promedio (65 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.4 m/s)
**Inteligencia:** Supergenio
**Inteligencia para Combate:** Dotado
**Poderes:** Desarrollo de Habilidades (Activo), Hipermente (Efecto NZT-48 Natural).
—Feliz cumpleaños, Ben —susurró para sí mismo. Su voz era tranquila, teñida de un sarcasmo defensivo que usaba para lidiar con la soledad.
John, su padre, era un fantasma. Un nombre en un papel, un hombre que los abandonó para "protegerlos", según las pocas cartas que Diana nunca quemó. Ben no sabía nada de cacerías, de demonios o de hermanos llamados Sam y Dean. Solo sabía que el mundo era un lugar estadísticamente peligroso.
A las 08:30 AM, Ben caminaba hacia la preparatoria East Highland. El aire de 2009 traía consigo el aroma a asfalto caliente y el eco de canciones de Lady Gaga saliendo de los autos de los estudiantes.
Al cruzar el umbral del campus, su visión periférica se llenó de etiquetas flotantes. Era su forma de categorizar el entorno, una superposición visual de su capacidad de análisis instantáneo.
Vio a un grupo de atletas.
**Estudiante: Tyler Clarkson**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Superior al Promedio (90 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (8.1 m/s)
**Inteligencia:** Baja
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
—Un desperdicio de ATP —murmuró Ben, ajustándose la mochila.
Caminó por el pasillo, evitando el contacto visual. Su timidez no era falta de capacidad social —podía ser el orador más carismático del planeta si se lo proponía gracias a su carisma sobrehumano—, sino una elección. Hablar con la mayoría de la gente era como intentar descargar un archivo de varios terabytes a través de una conexión de módem de los años 90. Frustrante y lento.
Entonces la vio.
Cassie Howard estaba de pie junto a su casillero, hablando con su hermana Lexi. La luz de la mañana entraba por las ventanas superiores y la iluminaba de una forma que hacía que los cálculos de Ben se detuvieran por un milisegundo.
**Cassie Howard**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (38 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.2 m/s)
**Inteligencia:** Promedio
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
Ben notó el ligero temblor en las manos de Cassie y la microexpresión de inseguridad en sus ojos. Su sinestesia mejorada le permitió "ver" el rastro de su perfume, una mezcla de vainilla y algo floral que flotaba en el aire como una cinta de color dorado.
—Hola, Ben —dijo una voz a su lado. Era Rue Bennett.
Rue se veía cansada, con las ojeras marcadas y esa mirada distante que Ben reconocía como una búsqueda de escape.
**Rue Bennett**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (42 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.8 m/s)
**Inteligencia:** Aprendido
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
—Hola, Rue —respondió Ben, suavizando su tono—. Tienes las pupilas dilatadas un 15% más de lo normal para este nivel de iluminación. ¿Dormiste algo o el Capitán Crunch te mantuvo despierta otra vez?
Rue soltó una risa seca, casi un carraspeo.
—Eres raro, Winchester. Un raro muy específico.
—Es un don y una maldición, principalmente una maldición cuando tengo que oler el sándwich de atún que alguien dejó en el casillero 402 —dijo Ben con una sonrisa irónica.
—¿Vas a ir a la fiesta de McKay esta noche? —preguntó Rue, rascándose el brazo.
Ben miró de reojo a Cassie. Ella estaba riendo ahora, pero era una risa que no llegaba a sus ojos. Su análisis instantáneo le indicó que Cassie buscaba validación externa en un 87% de sus interacciones sociales.
—Probablemente —dijo Ben—. Alguien tiene que asegurarse de que no quemen la casa por accidente al mezclar amoníaco con lejía.
***
13 de junio de 2009. "The Rusty Anchor" (El Ancla Oxidada). 06:00 PM.
Ben trabajaba como barman en un local cerca de los muelles. Era un lugar frecuentado por marineros de agua dulce, tipos duros de la construcción y gente que quería olvidar que vivía en un suburbio monótono. El dueño, un hombre llamado Gus, le permitía trabajar a pesar de su edad porque Ben podía llevar la contabilidad de tres meses en diez minutos y nunca fallaba en un inventario.
—Dos cervezas y un whisky, chico —gruñó un hombre en la barra.
Ben movió las manos con una destreza sobrehumana. Preparó las bebidas mientras, mentalmente, resolvía un problema de cálculo multivariable que había visto en un libro de la biblioteca esa mañana. Sus manos eran borrosas por la eficiencia, no por la velocidad bruta, sino por la ausencia total de movimientos innecesarios.
—Aquí tiene —dijo Ben, deslizando el vaso de whisky con la presión exacta para que se detuviera justo frente a la mano del cliente.
En un rincón del bar, la televisión mostraba las noticias.
—"...la policía de Nueva York sigue buscando pistas sobre el paradero de Wilson Fisk, el magnate inmobiliario que ha sido vinculado recientemente con actividades sospechosas en Hell's Kitchen..."
Ben levantó la vista. Fisk. Kingpin. Las etiquetas de su mente se dispararon. Había algo en ese hombre, incluso a través de la pantalla, que emanaba una densidad de poder que no era física, sino estructural.
—Ese tipo es un tiburón —comentó Gus, limpiando un vaso—. Aléjate de las ciudades grandes, Ben. El mal allí tiene nombre y apellido.
—El mal tiene nombre en todos lados, Gus —respondió Ben en voz baja, recordando la noche en que su madre murió.
No había sido un asalto. No había sido una enfermedad. Había sido una sombra, algo que desafiaba las leyes de la física que él tanto amaba. Su mente de Supergenio había intentado racionalizarlo durante años, pero la conclusión lógica siempre era la misma: lo sobrenatural existía.
***
13 de junio de 2009. Fiesta de McKay. 10:45 PM.
La música retumbaba en las paredes de la casa. El olor a cerveza barata y hormonas adolescentes era casi insoportable para los sentidos de Ben. Estaba apoyado contra una pared en la cocina, observando la habitación como un depredador silencioso o un antropólogo de otro planeta.
Vio a Nate Jacobs entrar en la habitación.
**Nate Jacobs**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Atlético (195 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (9.2 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Principiante (Boxeo básico)
Nate caminaba con una arrogancia que ocultaba una volatilidad extrema. Ben analizó su lenguaje corporal: hombros tensos, mandíbula apretada, mirada dominante. Nate era un problema estadístico esperando suceder.
Cassie estaba cerca de la piscina, bebiendo de un vaso rojo. Se veía hermosa, pero su nivel de cortisol —detectable para Ben por el ligero cambio en el tono de su piel y el ritmo de su respiración— estaba por las nubes.
Ben decidió acercarse. No era el momento de ser el adolescente torpe. Usó su carisma, ajustando su postura y su tono de voz para proyectar una seguridad que no siempre sentía internamente.
—El ponche tiene un 40% de probabilidad de ser principalmente quitaesmalte —dijo Ben, parándose al lado de Cassie.
Ella se sobresaltó y luego sonrió, una sonrisa genuina esta vez.
—Hola, Ben. No sabía que venías a estas cosas.
—Normalmente no lo hago. Prefiero el silencio, pero es mi cumpleaños y decidí que necesitaba una dosis de caos social para mantener mis sinapsis alerta.
—¿Es tu cumpleaños? —Cassie abrió mucho los ojos—. ¡Felicidades! ¿Por qué no lo dijiste?
—No me gusta el centro de atención —admitió él, y era verdad. Su timidez era un refugio—. Además, dieciséis es solo un número. Aunque legalmente ahora puedo conducir un arma de metal de dos toneladas a alta velocidad.
Cassie soltó una risita y se acercó un poco más. El rastro de su aroma envolvió a Ben.
—Eres muy diferente a los demás, Ben Winchester. A veces parece que estás viendo algo que nadie más puede ver.
—A veces desearía no verlo —confesó él, mirándola a los ojos.
En ese momento, el instinto de Ben se disparó. No fue un pensamiento, fue una reacción visceral. Sus oídos captaron un sonido fuera de lugar: un crujido de madera y un susurro metálico en el bosque detrás de la casa de McKay.
Algo no era humano.
El ritmo cardíaco de Ben aumentó, pero su mente se mantuvo fría, procesando la amenaza. Sus instintos sobrehumanos le indicaban que algo acechaba en la oscuridad, algo que no encajaba en las estadísticas de una fiesta de preparatoria.
—Cassie, entra en la casa —dijo Ben, su tono cambiando instantáneamente de humorístico a imperativo.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó ella, confundida por el cambio repentino.
—Solo hazlo. Ahora.
Nate Jacobs se acercó, notando la intensidad de la conversación.
—¿Hay algún problema aquí, Winchester? —preguntó Nate, tratando de imponer su físico.
Ben ni siquiera lo miró. Su atención estaba en la línea de árboles.
—Nate, llévate a Cassie adentro. Hay algo en el jardín.
Nate soltó una carcajada burlona.
—¿Qué pasa? ¿Viste un fantasma, rarito?
—Vi una trayectoria de ataque —respondió Ben con una frialdad que hizo que Nate retrocediera un paso, instintivamente intimidado por algo que no podía comprender.
De las sombras emergió una figura. No era un hombre. Era una criatura de piel pálida y ojos demasiado grandes, con garras que goteaban algo oscuro. Un Cambiante, aunque Ben aún no conocía el término.
**Entidad Desconocida (Cambiante)**
**Fuerza de Levantamiento:** Clase 1 (800 kg)
**Velocidad:** Sobrehumano (25 m/s)
**Inteligencia:** Animal
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
El grito de Cassie rompió la música.
Ben Winchester no tenía armas. No tenía entrenamiento formal. Pero tenía un cerebro que podía calcular el ángulo exacto de un golpe antes de que se lanzara y un cuerpo que podía ejecutar movimientos con una precisión impecable.
—Nate, ¡muévete! —gritó Ben.
La criatura saltó. El tiempo pareció ralentizarse para Ben. Vio la contracción de los músculos de la bestia, la resistencia del aire y el punto débil en su tráquea expuesta.
Su habilidad de desarrollo de poderes vibró en la base de su cráneo. Un nuevo potencial estaba despertando, alimentado por la adrenalina y la necesidad de proteger.
Ben esquivó el primer ataque con un giro fluido, su destreza sobrehumana permitiéndole moverse con una gracia que desafiaba su falta de ejercicio. Recogió una botella de vidrio rota del suelo.
—Veamos si la biología básica se aplica a ti —murmuró Ben.
La pelea fue breve pero brutal. Ben no usó la fuerza bruta, sino la geometría. Cada golpe de la criatura era respondido con un movimiento que la desviaba, usando su propio impulso contra ella. Finalmente, Ben clavó el vidrio en un punto nervioso que su análisis instantáneo le dictó como crítico.
La criatura aulló y retrocedió hacia la oscuridad, herida y confundida por el humano que se movía como un depredador alfa.
El silencio cayó sobre el patio de la piscina. Todos miraban a Ben, quien respiraba con dificultad, pero cuyos ojos brillaban con una intensidad eléctrica.
Nate Jacobs estaba pálido. Cassie temblaba.
Ben miró sus manos. Estaban manchadas de una sangre negra y viscosa. Sus estadísticas parpadearon en su visión.
**Aviso de Sistema:**
**Habilidad Despertada:** Análisis de Combate (Evolucionando).
**Estado:** El usuario ha entrado en contacto con lo Sobrenatural. Inicio de la Fase 1.
—¿Qué... qué demonios era eso? —susurró Cassie, acercándose a Ben con cautela.
Ben la miró, y por un momento, el adolescente tímido e inseguro desapareció, reemplazado por alguien mucho más peligroso y capaz.
—Algo que no debería existir —respondió Ben—. Pero ahora sé que existe. Y eso cambia todos mis cálculos.
Esa noche, mientras regresaba a su casa solo, Ben Winchester comprendió que su vida normal había terminado. El mundo ya no era solo una serie de ecuaciones matemáticas y estadísticas de preparatoria. Era un tablero de ajedrez donde las piezas eran monstruos, mafiosos como Fisk y secretos familiares que su padre había intentado enterrar.
Pero Benjamin tenía una ventaja que nadie más poseía. Tenía una mente sin límites.
Y apenas estaba empezando a aprender.
Benjamin Winchester se despertó antes de que la alarma de su reloj Casio siquiera considerara emitir un pitido. Se quedó mirando el techo de su pequeña habitación, donde las sombras de las ramas de los árboles dibujaban patrones que, para cualquier otro chico de quince años, serían simples manchas. Para Ben, eran vectores, ecuaciones de movimiento y mapas de densidad foliar que su cerebro procesaba sin permiso.
Hoy cumplía dieciséis años. O al menos, eso decía el certificado de nacimiento que su madre, Diana, guardaba con recelo antes de que la oscuridad se la llevara tres años atrás.
Se incorporó con un movimiento fluido. Al mirarse al espejo, vio el reflejo de un adolescente que parecía cargar con el peso de varias décadas. Tenía la mandíbula marcada y el cabello castaño corto, un estilo que recordaba vagamente al de un soldado, aunque todavía le faltaba la barba densa que su genética prometía para el futuro. Medía 1.77 metros, una estatura respetable, pero se sentía pequeño en un mundo que percibía con una intensidad aterradora.
Cerró los ojos y el mundo no se apagó. Al contrario, se encendió.
Podía oler el rastro de lavanda del suavizante de telas de la vecina a tres casas de distancia. Escuchaba el zumbido eléctrico de los cables de alta tensión y el latido rítmico de un gato callejero acechando a un pájaro en el jardín trasero. Su mente, potenciada por esa capacidad innata que él simplemente aceptaba como su "normalidad", empezó a filtrar datos.
*Estadísticas detectadas:*
**Benjamin Winchester**
**Raza:** Humano (Potencial Desconocido)
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Promedio (65 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (6.4 m/s)
**Inteligencia:** Supergenio
**Inteligencia para Combate:** Dotado
**Poderes:** Desarrollo de Habilidades (Activo), Hipermente (Efecto NZT-48 Natural).
—Feliz cumpleaños, Ben —susurró para sí mismo. Su voz era tranquila, teñida de un sarcasmo defensivo que usaba para lidiar con la soledad.
John, su padre, era un fantasma. Un nombre en un papel, un hombre que los abandonó para "protegerlos", según las pocas cartas que Diana nunca quemó. Ben no sabía nada de cacerías, de demonios o de hermanos llamados Sam y Dean. Solo sabía que el mundo era un lugar estadísticamente peligroso.
A las 08:30 AM, Ben caminaba hacia la preparatoria East Highland. El aire de 2009 traía consigo el aroma a asfalto caliente y el eco de canciones de Lady Gaga saliendo de los autos de los estudiantes.
Al cruzar el umbral del campus, su visión periférica se llenó de etiquetas flotantes. Era su forma de categorizar el entorno, una superposición visual de su capacidad de análisis instantáneo.
Vio a un grupo de atletas.
**Estudiante: Tyler Clarkson**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Superior al Promedio (90 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (8.1 m/s)
**Inteligencia:** Baja
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
—Un desperdicio de ATP —murmuró Ben, ajustándose la mochila.
Caminó por el pasillo, evitando el contacto visual. Su timidez no era falta de capacidad social —podía ser el orador más carismático del planeta si se lo proponía gracias a su carisma sobrehumano—, sino una elección. Hablar con la mayoría de la gente era como intentar descargar un archivo de varios terabytes a través de una conexión de módem de los años 90. Frustrante y lento.
Entonces la vio.
Cassie Howard estaba de pie junto a su casillero, hablando con su hermana Lexi. La luz de la mañana entraba por las ventanas superiores y la iluminaba de una forma que hacía que los cálculos de Ben se detuvieran por un milisegundo.
**Cassie Howard**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (38 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.2 m/s)
**Inteligencia:** Promedio
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
Ben notó el ligero temblor en las manos de Cassie y la microexpresión de inseguridad en sus ojos. Su sinestesia mejorada le permitió "ver" el rastro de su perfume, una mezcla de vainilla y algo floral que flotaba en el aire como una cinta de color dorado.
—Hola, Ben —dijo una voz a su lado. Era Rue Bennett.
Rue se veía cansada, con las ojeras marcadas y esa mirada distante que Ben reconocía como una búsqueda de escape.
**Rue Bennett**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano — Inferior al Promedio (42 kg)
**Velocidad:** Humano Promedio (5.8 m/s)
**Inteligencia:** Aprendido
**Inteligencia para Combate:** Sin Noción
—Hola, Rue —respondió Ben, suavizando su tono—. Tienes las pupilas dilatadas un 15% más de lo normal para este nivel de iluminación. ¿Dormiste algo o el Capitán Crunch te mantuvo despierta otra vez?
Rue soltó una risa seca, casi un carraspeo.
—Eres raro, Winchester. Un raro muy específico.
—Es un don y una maldición, principalmente una maldición cuando tengo que oler el sándwich de atún que alguien dejó en el casillero 402 —dijo Ben con una sonrisa irónica.
—¿Vas a ir a la fiesta de McKay esta noche? —preguntó Rue, rascándose el brazo.
Ben miró de reojo a Cassie. Ella estaba riendo ahora, pero era una risa que no llegaba a sus ojos. Su análisis instantáneo le indicó que Cassie buscaba validación externa en un 87% de sus interacciones sociales.
—Probablemente —dijo Ben—. Alguien tiene que asegurarse de que no quemen la casa por accidente al mezclar amoníaco con lejía.
***
13 de junio de 2009. "The Rusty Anchor" (El Ancla Oxidada). 06:00 PM.
Ben trabajaba como barman en un local cerca de los muelles. Era un lugar frecuentado por marineros de agua dulce, tipos duros de la construcción y gente que quería olvidar que vivía en un suburbio monótono. El dueño, un hombre llamado Gus, le permitía trabajar a pesar de su edad porque Ben podía llevar la contabilidad de tres meses en diez minutos y nunca fallaba en un inventario.
—Dos cervezas y un whisky, chico —gruñó un hombre en la barra.
Ben movió las manos con una destreza sobrehumana. Preparó las bebidas mientras, mentalmente, resolvía un problema de cálculo multivariable que había visto en un libro de la biblioteca esa mañana. Sus manos eran borrosas por la eficiencia, no por la velocidad bruta, sino por la ausencia total de movimientos innecesarios.
—Aquí tiene —dijo Ben, deslizando el vaso de whisky con la presión exacta para que se detuviera justo frente a la mano del cliente.
En un rincón del bar, la televisión mostraba las noticias.
—"...la policía de Nueva York sigue buscando pistas sobre el paradero de Wilson Fisk, el magnate inmobiliario que ha sido vinculado recientemente con actividades sospechosas en Hell's Kitchen..."
Ben levantó la vista. Fisk. Kingpin. Las etiquetas de su mente se dispararon. Había algo en ese hombre, incluso a través de la pantalla, que emanaba una densidad de poder que no era física, sino estructural.
—Ese tipo es un tiburón —comentó Gus, limpiando un vaso—. Aléjate de las ciudades grandes, Ben. El mal allí tiene nombre y apellido.
—El mal tiene nombre en todos lados, Gus —respondió Ben en voz baja, recordando la noche en que su madre murió.
No había sido un asalto. No había sido una enfermedad. Había sido una sombra, algo que desafiaba las leyes de la física que él tanto amaba. Su mente de Supergenio había intentado racionalizarlo durante años, pero la conclusión lógica siempre era la misma: lo sobrenatural existía.
***
13 de junio de 2009. Fiesta de McKay. 10:45 PM.
La música retumbaba en las paredes de la casa. El olor a cerveza barata y hormonas adolescentes era casi insoportable para los sentidos de Ben. Estaba apoyado contra una pared en la cocina, observando la habitación como un depredador silencioso o un antropólogo de otro planeta.
Vio a Nate Jacobs entrar en la habitación.
**Nate Jacobs**
**Fuerza de Levantamiento:** Humano Atlético (195 kg)
**Velocidad:** Humano Atlético (9.2 m/s)
**Inteligencia:** Brillante
**Inteligencia para Combate:** Principiante (Boxeo básico)
Nate caminaba con una arrogancia que ocultaba una volatilidad extrema. Ben analizó su lenguaje corporal: hombros tensos, mandíbula apretada, mirada dominante. Nate era un problema estadístico esperando suceder.
Cassie estaba cerca de la piscina, bebiendo de un vaso rojo. Se veía hermosa, pero su nivel de cortisol —detectable para Ben por el ligero cambio en el tono de su piel y el ritmo de su respiración— estaba por las nubes.
Ben decidió acercarse. No era el momento de ser el adolescente torpe. Usó su carisma, ajustando su postura y su tono de voz para proyectar una seguridad que no siempre sentía internamente.
—El ponche tiene un 40% de probabilidad de ser principalmente quitaesmalte —dijo Ben, parándose al lado de Cassie.
Ella se sobresaltó y luego sonrió, una sonrisa genuina esta vez.
—Hola, Ben. No sabía que venías a estas cosas.
—Normalmente no lo hago. Prefiero el silencio, pero es mi cumpleaños y decidí que necesitaba una dosis de caos social para mantener mis sinapsis alerta.
—¿Es tu cumpleaños? —Cassie abrió mucho los ojos—. ¡Felicidades! ¿Por qué no lo dijiste?
—No me gusta el centro de atención —admitió él, y era verdad. Su timidez era un refugio—. Además, dieciséis es solo un número. Aunque legalmente ahora puedo conducir un arma de metal de dos toneladas a alta velocidad.
Cassie soltó una risita y se acercó un poco más. El rastro de su aroma envolvió a Ben.
—Eres muy diferente a los demás, Ben Winchester. A veces parece que estás viendo algo que nadie más puede ver.
—A veces desearía no verlo —confesó él, mirándola a los ojos.
En ese momento, el instinto de Ben se disparó. No fue un pensamiento, fue una reacción visceral. Sus oídos captaron un sonido fuera de lugar: un crujido de madera y un susurro metálico en el bosque detrás de la casa de McKay.
Algo no era humano.
El ritmo cardíaco de Ben aumentó, pero su mente se mantuvo fría, procesando la amenaza. Sus instintos sobrehumanos le indicaban que algo acechaba en la oscuridad, algo que no encajaba en las estadísticas de una fiesta de preparatoria.
—Cassie, entra en la casa —dijo Ben, su tono cambiando instantáneamente de humorístico a imperativo.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó ella, confundida por el cambio repentino.
—Solo hazlo. Ahora.
Nate Jacobs se acercó, notando la intensidad de la conversación.
—¿Hay algún problema aquí, Winchester? —preguntó Nate, tratando de imponer su físico.
Ben ni siquiera lo miró. Su atención estaba en la línea de árboles.
—Nate, llévate a Cassie adentro. Hay algo en el jardín.
Nate soltó una carcajada burlona.
—¿Qué pasa? ¿Viste un fantasma, rarito?
—Vi una trayectoria de ataque —respondió Ben con una frialdad que hizo que Nate retrocediera un paso, instintivamente intimidado por algo que no podía comprender.
De las sombras emergió una figura. No era un hombre. Era una criatura de piel pálida y ojos demasiado grandes, con garras que goteaban algo oscuro. Un Cambiante, aunque Ben aún no conocía el término.
**Entidad Desconocida (Cambiante)**
**Fuerza de Levantamiento:** Clase 1 (800 kg)
**Velocidad:** Sobrehumano (25 m/s)
**Inteligencia:** Animal
**Inteligencia para Combate:** Callejeros
El grito de Cassie rompió la música.
Ben Winchester no tenía armas. No tenía entrenamiento formal. Pero tenía un cerebro que podía calcular el ángulo exacto de un golpe antes de que se lanzara y un cuerpo que podía ejecutar movimientos con una precisión impecable.
—Nate, ¡muévete! —gritó Ben.
La criatura saltó. El tiempo pareció ralentizarse para Ben. Vio la contracción de los músculos de la bestia, la resistencia del aire y el punto débil en su tráquea expuesta.
Su habilidad de desarrollo de poderes vibró en la base de su cráneo. Un nuevo potencial estaba despertando, alimentado por la adrenalina y la necesidad de proteger.
Ben esquivó el primer ataque con un giro fluido, su destreza sobrehumana permitiéndole moverse con una gracia que desafiaba su falta de ejercicio. Recogió una botella de vidrio rota del suelo.
—Veamos si la biología básica se aplica a ti —murmuró Ben.
La pelea fue breve pero brutal. Ben no usó la fuerza bruta, sino la geometría. Cada golpe de la criatura era respondido con un movimiento que la desviaba, usando su propio impulso contra ella. Finalmente, Ben clavó el vidrio en un punto nervioso que su análisis instantáneo le dictó como crítico.
La criatura aulló y retrocedió hacia la oscuridad, herida y confundida por el humano que se movía como un depredador alfa.
El silencio cayó sobre el patio de la piscina. Todos miraban a Ben, quien respiraba con dificultad, pero cuyos ojos brillaban con una intensidad eléctrica.
Nate Jacobs estaba pálido. Cassie temblaba.
Ben miró sus manos. Estaban manchadas de una sangre negra y viscosa. Sus estadísticas parpadearon en su visión.
**Aviso de Sistema:**
**Habilidad Despertada:** Análisis de Combate (Evolucionando).
**Estado:** El usuario ha entrado en contacto con lo Sobrenatural. Inicio de la Fase 1.
—¿Qué... qué demonios era eso? —susurró Cassie, acercándose a Ben con cautela.
Ben la miró, y por un momento, el adolescente tímido e inseguro desapareció, reemplazado por alguien mucho más peligroso y capaz.
—Algo que no debería existir —respondió Ben—. Pero ahora sé que existe. Y eso cambia todos mis cálculos.
Esa noche, mientras regresaba a su casa solo, Ben Winchester comprendió que su vida normal había terminado. El mundo ya no era solo una serie de ecuaciones matemáticas y estadísticas de preparatoria. Era un tablero de ajedrez donde las piezas eran monstruos, mafiosos como Fisk y secretos familiares que su padre había intentado enterrar.
Pero Benjamin tenía una ventaja que nadie más poseía. Tenía una mente sin límites.
Y apenas estaba empezando a aprender.
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