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Harry Potter: Herencia Oculta

Фандом: Harry Potter

Создан: 05.04.2026

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Sangre de Sombras y Fuego: El Despertar del Heredero

El aire gélido de las profundidades de Gringotts siempre había resultado inquietante para Harry Potter, pero esa mañana, el frío parecía calarle hasta los huesos por una razón muy distinta. Sentado frente al duende Ragnok, el joven mago de doce años observaba con ojos desorbitados el pergamino que acababa de absorber sus gotas de sangre.

No había rastro de James o Lily Potter en el árbol genealógico que se extendía ante él. En su lugar, dos nombres brillaban con una intensidad sobrenatural, rodeados de un aura de magia que Harry no lograba identificar como puramente británica.

—¿Jinwoo Sung y Choi Jong-in? —susurró Harry, sintiendo que el mundo se inclinaba bajo sus pies—. Eso es... eso es imposible.

—La sangre no miente, Sr. Potter... o debería decir, Sr. Sung-Choi —respondió Ragnok con una sonrisa afilada—. Parece que el encantamiento de protección de Albus Dumbledore no solo ocultó su rastro de los mortífagos, sino que reescribió su identidad misma ante los ojos del mundo. Una falsificación magistral, si me permite la opinión profesional.

Harry sintió una oleada de náuseas. Pero antes de que pudiera procesar la identidad de sus padres, sus ojos bajaron hacia el desglose de sus cuentas bancarias. Allí, en tinta roja y negra, se detallaban retiros mensuales masivos desde el día en que entró en Hogwarts.

—"Fondo de manutención de los Dursley"... "Donación al Fondo de la Luz"... "Beca de estudios para Hermione Granger"... "Subsidio familiar para los Weasley" —leyó Harry, y cada palabra era como un latigazo—. ¿Me han estado robando?

—Bajo las órdenes del Guardián Mágico designado, Albus Dumbledore —confirmó el duende—. Quien, por cierto, no tiene autoridad legal sobre su herencia biológica, solo sobre la fiducia Potter que él mismo creó para usted.

—Harry, ¿estás bien? —Una voz suave y firme provino de las sombras de la oficina.

De la esquina surgió una chica de su misma edad, vestida con una elegancia que Harry no asociaba con los Gryffindor. Lyra Black, la hija secreta de Sirius Black, a quien todos creían muerta o inexistente, lo observaba con ojos grises llenos de una inteligencia helada. A diferencia de su padre, Lyra había sido seleccionada para Slytherin, un secreto que Harry había jurado guardar.

—Me han mentido toda mi vida, Lyra —dijo Harry, apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos—. Ron, Hermione... incluso la Sra. Weasley. Todos sabían.

—Por supuesto que sabían —siseó Lyra, acercándose para poner una mano sobre su hombro—. Eres su gallina de los huevos de oro, Harry. El "Niño que Vivió" es un concepto publicitario que Dumbledore usa para mantener su poder y financiar a sus peones. Pero se olvidaron de un detalle.

—¿Cuál?

—Que tu sangre no es débil.

En ese momento, la puerta de la oficina se abrió de par en par. No hubo necesidad de guardias. La presión mágica que inundó la habitación fue tan abrumadora que Harry sintió que el oxígeno desaparecía. Dos hombres entraron. Uno vestía un traje negro impecable, con una mirada tan profunda que parecía contener el vacío mismo; el otro, de cabello castaño y gafas elegantes, emanaba un calor radiante, como si un sol viviente caminara a su lado.

Jinwoo Sung y Choi Jong-in. El Monarca de las Sombras y el Soldado Definitivo.

—Mi hijo —dijo Jinwoo. Su voz no era alta, pero vibraba con una autoridad que hacía que las paredes de piedra de Gringotts temblaran.

Harry se puso de pie, temblando. El hombre de negro se acercó a él con una velocidad que el ojo humano no podía seguir y le puso una mano en la mejilla.

—Siento el rastro de los bloqueos en tu núcleo —comentó Jinwoo, y sus ojos brillaron con un azul eléctrico—. Han intentado encadenar a un monarca.

—Y han estado usando su fuego para calentar sus propias casas —añadió Choi Jong-in, su mirada fija en el pergamino de Ragnok. Una pequeña llama bailó entre sus dedos—. Harry, lamentamos haber tardado tanto en encontrarte. El velo que ese viejo mago tejió era... complejo. Pero se acabó.

Harry sintió un nudo en la garganta. Por primera vez en su vida, no se sentía como una pieza en un tablero de ajedrez, sino como alguien que pertenecía a un lugar.

—Ellos vienen hacia aquí —dijo Lyra, mirando hacia la puerta—. Dumbledore y los Weasley. Deben haber recibido una alerta de que Harry entró en Gringotts sin supervisión.

Jinwoo sonrió, una expresión depredadora que habría hecho huir al mismísimo Voldemort.

—Que vengan. Es hora de que el espectáculo termine antes de que empiece el tercer acto.

Quince minutos después, la antecámara privada de Gringotts bullía de tensión. Albus Dumbledore entró con su habitual túnica estrellada, seguido de cerca por Molly Weasley, Ron y Hermione. Todos lucían expresiones de fingida preocupación que, a los ojos recién abiertos de Harry, resultaban repugnantes.

—¡Harry, querido! —exclamó la Sra. Weasley, intentando abalanzarse sobre él—. ¡Nos tenías tan preocupados! ¿Qué haces aquí solo?

—No está solo, Molly —intervino Dumbledore, su voz imbuida de esa calma decepcionante—. Pero Harry, muchacho, es peligroso que manejes tus asuntos financieros sin mi guía. Hay cosas que no entenderías...

—¿Como el hecho de que me robas tres mil galeones al mes para pagar la lealtad de mis supuestos amigos? —soltó Harry, saliendo de entre las sombras.

El silencio que siguió fue absoluto. Hermione se puso pálida, mientras que Ron empezó a balbucear, buscando una excusa que no llegaba.

—Harry, eso es una acusación muy grave —dijo Hermione, recuperando el tono de sabelotodo—. Seguramente hay una explicación lógica, el profesor Dumbledore solo busca tu protección.

—¿Protección? —Lyra Black salió de detrás de Harry, cruzada de brazos—. ¿O se refieren a la protección de sus cuentas bancarias? Porque he revisado las transferencias, Granger. Tu matrícula para este año fue pagada con el fondo de "Gastos Médicos" de Harry.

Dumbledore frunció el ceño, su aura de "abuelo bondadoso" empezando a agrietarse.

—Harry, vuelve con nosotros ahora mismo. Esto es una confusión. Estos... extranjeros que te acompañan no son de confianza.

—¿Extranjeros? —Jinwoo Sung dio un paso adelante. La temperatura de la habitación bajó diez grados de golpe. Sombras informes empezaron a emerger del suelo, rodeando a los magos británicos—. Te refieres a sus padres.

Dumbledore palideció. Sus ojos se fijaron en Jinwoo y luego en Choi Jong-in. Como mago experimentado, podía sentir que no se enfrentaba a simples humanos. Lo que tenía delante eran fuerzas de la naturaleza.

—Eso es imposible —susurró Dumbledore—. Lily y James eran sus padres. Yo mismo sellé el vínculo de sangre.

—Sellaste una mentira —dijo Choi Jong-in, dando un paso al frente. El aire a su alrededor comenzó a distorsionarse por el calor—. Usaste a un niño como escudo contra un señor oscuro de segunda categoría, mientras le robabas su herencia y su identidad. En mi país, eso se paga con fuego.

—¡Harry, no los escuches! —gritó Ron, rojo de ira y miedo—. ¡Son magos oscuros! ¡Míralos! ¡Están usando magia negra!

Harry miró a Ron, el chico que consideraba su hermano, y solo sintió lástima.

—La única oscuridad que veo aquí, Ron, es la que hay en vuestras intenciones. Me usasteis. Me dejasteis en una casa donde me maltrataban mientras vosotros vivíais a mi costa.

—¡Lo hicimos por el bien mayor! —gritó Molly Weasley, perdiendo los papeles—. ¡Ese dinero no era nada para ti, y para nosotros lo era todo! ¡Dumbledore dijo que era lo justo por cuidarte!

—¿Cuidarme? —Harry se rió, una risa amarga que no sonaba como la de un niño de trece años—. No me habéis cuidado. Me habéis preparado para el matadero.

Dumbledore, viendo que perdía el control de la situación, sacó su varita con un movimiento fluido.

—Harry, me temo que debo insistir. Por tu propia seguridad...

Antes de que pudiera pronunciar un hechizo, una mano enguantada en sombras apretó su muñeca. Jinwoo estaba allí, su mirada fija en la del anciano.

—Levanta ese palito de madera contra mi hijo de nuevo —dijo Jinwoo en un susurro que resonó como un trueno— y borraré tu existencia de este plano.

Dumbledore sintió un terror que no había experimentado ni siquiera frente a Grindelwald. No era solo poder mágico; era una autoridad cósmica. La Varita de Saúco vibró en su mano, no para atacar, sino por el deseo de someterse ante el verdadero monarca.

—Ragnok —llamó Harry, sin apartar la vista de sus antiguos amigos—. Quiero que se ejecuten las cláusulas de recuperación inmediata. Todo el oro robado debe ser devuelto a mis bóvedas. Ahora.

—¡No puedes hacernos eso! —chilló Hermione—. ¡Ya he comprado mis libros y mis túnicas! ¡No tenemos ese dinero!

—Entonces Gringotts embargará vuestras propiedades y vuestras libertades hasta que la deuda sea saldada —respondió el duende con una alegría maliciosa—. Es la ley de los duendes.

—Y hay algo más —añadió Lyra, entregándole un documento a Harry—. Como heredera de la casa Black, y con el permiso de mi padre —que pronto será exonerado, gracias a las pruebas que mis nuevos aliados han proporcionado—, Harry queda bajo la protección de la Antigua y Noble Casa Black hasta que se formalice su traslado a la jurisdicción de sus padres.

—¿Traslado? —preguntó Dumbledore, su voz quebrada—. Harry, no puedes irte. Hogwarts es tu hogar. Tienes un destino...

—Mi destino ya no te pertenece, Albus —dijo Harry con firmeza—. No volveré a Hogwarts este año. Mis padres me enseñarán lo que es el verdadero poder. Y cuando regrese, no será para ser vuestro salvador.

Jinwoo puso una mano en el hombro de Harry.

—¿Estás listo, Harry? —preguntó su padre.

Harry miró hacia atrás una última vez. Vio a Hermione llorando, no por la pérdida de un amigo, sino por la pérdida de su futuro académico. Vio a Ron y a Molly gritando a los duendes mientras estos empezaban a confiscar sus pertenencias mágicas. Y vio a Dumbledore, un hombre que de repente parecía muy viejo y muy pequeño.

—Estoy listo —dijo Harry.

Choi Jong-in chasqueó los dedos y un círculo de llamas doradas los envolvió. Lyra Black se unió a ellos, con una sonrisa de triunfo en los labios. En un parpadeo, la oficina quedó vacía, dejando tras de sí solo el eco de una traición destruida y el inicio de una leyenda que el mundo mágico británico no estaba preparado para presenciar.

Lejos de allí, en un lugar donde las sombras obedecían a un solo rey y el fuego no quemaba a los justos, Harry Potter dejó de existir. Ese día, nació Harry Sung-Choi, y el mundo pronto aprendería a temer y respetar ese nombre.
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