Fanfy
.studio
Загрузка...
Фоновое изображение
← Назад
0 лайков

Naruto

Фандом: Naruto

Создан: 06.04.2026

Теги

ДаркДрамаАнгстПсихологияООСИзнасилованиеНарочитая жестокостьСеттинг оригинального произведенияAUТрагедияНеожиданная/нежелательная беременностьТриллерНецензурная лексикаРевность
Содержание

El Heredero de la Oscuridad y las Flores del Engaño

El sol se filtraba por las cortinas de la residencia Haruno, pero el calor que emanaba de la habitación principal no tenía nada que ver con el clima de Konoha. Naruto Uzumaki, con una sonrisa depredadora, observaba a Mebuki Haruno mientras ella se vestía apresuradamente. La mujer, una vez orgullosa y firme, ahora era poco más que un juguete en las manos del joven Jinchuriki.

—Naruto, debes irte —susurró Mebuki, acariciando su vientre con una mezcla de terror y devoción—. Kizashi volverá pronto de su misión. Si nos encuentra así...

—No te preocupes por ese inútil, Mebuki —respondió Naruto, levantándose de la cama con una arrogancia que no admitía réplicas—. Él creerá lo que yo quiera que crea. Especialmente ahora que llevas mi semilla dentro.

Mebuki palideció. Recordaba claramente la orden de Naruto: nada de anticonceptivos. Él detestaba la sensación del látex y, más aún, disfrutaba de la idea de marcar su territorio de la forma más biológica posible.

—Él piensa que es suyo —murmuró ella, bajando la mirada—. Le dije que finalmente habíamos tenido suerte tras tantos años.

—Y así seguirá siendo —sentenció Naruto, tomándola por el mentón con fuerza—. Eres mi perra personal, Mebuki. Y mientras me sirvas bien, mantendré a tu preciosa Sakura a salvo de "peligros externos".

Lo que Mebuki no sabía, mientras veía a Naruto salir por la ventana, era que su hija ya era víctima del mismo juego. Naruto manipulaba a ambas con la misma mentira: "te uso a ti para proteger a la otra".

Unas horas más tarde, en un claro apartado del bosque, los gritos de Sakura Haruno no eran de placer, sino de una sumisión forzada que rozaba el quebranto. Naruto la tenía contra un árbol, su cuerpo moviéndose con una violencia rítmica que buscaba dominar cada fibra de la pelirrosa.

—¡Por favor, Naruto... duele! —sollozó Sakura, apretando los dientes.

—Cállate y aguanta —gruñó él, golpeando su cuerpo contra el de ella—. Lo haces por tu madre, ¿no? Para que yo no le haga daño. Eres una buena hija, Sakura.

Justo cuando Naruto estaba a punto de alcanzar el clímax, un crujido de ramas rompió la atmósfera. Entre los arbustos, una figura pálida y temblorosa observaba la escena con los ojos perlados inundados en lágrimas. Era Hinata Hyuga.

Naruto se detuvo abruptamente, soltando a una Sakura que cayó al suelo, temblando y tratando de cubrirse con sus ropas desgarradas. El rubio se giró, su rostro transformado por una furia fría al ver su orgasmo interrumpido.

—¿Por qué ella, Naruto-kun? —preguntó Hinata, su voz quebrándose en un sollozo desgarrador—. ¿Por qué ella y no yo? He estado esperándote... te he amado desde que éramos niños... ¿Por qué me haces esto?

Naruto caminó hacia ella con paso lento y pesado. Hinata no retrocedió, su desesperación superaba su miedo. Cuando Naruto estuvo frente a ella, levantó la mano y, sin previo aviso, le propinó una bofetada tan fuerte que la heredera Hyuga cayó de rodillas, con el labio partido.

—Me has hecho perder el ritmo, estúpida —dijo Naruto, su voz como el hielo—. Si tanto deseas estar en su lugar, demuestra que vales más que una molestia.

Sin darle tiempo a reaccionar, Naruto la agarró por el cabello, obligándola a levantar la cabeza.

—Si estás tan dispuesta a ser mi mujer, empieza por esto —sentenció.

Naruto procedió a violar su boca con una brutalidad que dejó a Hinata sin aliento, obligándola a aceptar cada centímetro de su desprecio. Cuando terminó, se limpió con indiferencia mientras Hinata tosía en el suelo, tratando de recuperar el aire.

—Ve a mi casa esta noche —ordenó Naruto, mirando a la Hyuga con asco—. Veremos si tienes lo necesario para ser mi puta. Si llegas un minuto tarde, no te molestes en aparecer nunca más.

Esa noche, Hinata llegó a la residencia de Naruto con el corazón latiendo desbocado. En su mente, todavía existía la retorcida esperanza de que esto fuera el inicio de una relación, que Naruto finalmente la aceptara. Pero la realidad fue un martillazo de dolor.

Naruto no la llevó a la cama. La lanzó sobre una mesa de madera y, sin preámbulos, rasgó su ropa interior. Hinata gritó cuando sintió el desgarro en un lugar que nunca pensó que sería tocado de esa manera. El dolor en su ano fue cegador, una agonía que la hizo perder el conocimiento por unos instantes.

Cuando volvió en sí, Naruto seguía sobre ella, usándola como un objeto inanimado. Las lágrimas corrían por las mejillas de Hinata, empapando la madera.

—¿Por qué... por qué así? —preguntó Hinata entre sollozos cuando Naruto finalmente se retiró—. ¿Por qué no tomaste mi virginidad vaginal? ¿Por qué tanta violencia?

Naruto se rió, un sonido carente de toda calidez.

—¿Eres estúpida? Tu familia tiene ese maldito Byakugan —dijo él, vistiéndose—. Si tomo tu himen, se darían cuenta al instante de que ya no eres "pura". Pero por el momento, me conformo con tu ano. Ahí no pueden ver las marcas tan fácilmente.

Hinata cerró los ojos, procesando las palabras. En su mente quebrada, encontró una lógica retorcida: Naruto la estaba "protegiendo" de su familia a su manera. Si eso significaba que él la tocaría, no importaba el dolor.

—Haré lo que quieras —susurró ella, levantándose con dificultad, la sangre manchando sus piernas—. Solo... no me dejes. Mírame.

Naruto se detuvo en la puerta y la observó de arriba abajo.

—Si quieres formar parte de mi harem, Hinata, tienes que convertirte en una bomba sexual para mí —dijo él con una sonrisa maliciosa—. Quiero que esas tetas crezcan, quiero un culo enorme con el que pueda jugar. No quiero a una niña tímida, quiero a una perra que viva para complacerme.

Hinata asintió frenéticamente, dispuesta a transformar su cuerpo y su alma con tal de retener su atención.

—Y hay más —continuó Naruto—. Si estás tan dispuesta, harás que tu hermana Hanabi también me entregue todas sus virginidades. Y no me olvido de Natsu, tu sirvienta. Sé que también es virgen. Las quiero a todas, Hinata. Y tú serás quien me las entregue.

Hinata dudó por un segundo, la imagen de su pequeña hermana cruzando su mente. Pero luego miró a Naruto, vio la oscuridad en sus ojos azules y el deseo de posesión, y su voluntad se dobló por completo.

—Lo haré —respondió Hinata, su voz ahora firme con una resolución oscura—. Haré que todas sean tuyas, Naruto-kun. Todo lo que desees, será tuyo.

Naruto sonrió, sabiendo que tenía a la heredera del clan más poderoso de Konoha comiendo de su mano, dispuesta a traicionar a su propia sangre por una migaja de su atención. El juego apenas comenzaba, y las flores de Konoha estaban destinadas a marchitarse bajo su sombra.
Содержание

Хотите создать свой фанфик?

Зарегистрируйтесь на Fanfy и создавайте свои собственные истории!

Создать свой фанфик